El tenis es un deporte muy solitario. Aunque, como en todo en esta vida, hay diferentes niveles de soledad. La que engloba a todos los jugadores sucede en la pista: un partido es una constante toma de decisiones y, en los momentos de mayor tensión, no hay un compañero al que pasarle la pelota para descargar un poco. Esa soledad tiene, además, una peculiar banda sonora: el diálogo consigo mismo de cada tenista. A saber las conversaciones que tendrán lugar en esas cabezas cuando disponen de tres puntos para romper el servicio del rival o cuando hay que salvar un punto de partido.
El extenista irlandés Conor Niland expone en un libro el camino que recorre el 99% de los que aspiran a llegar a la élite
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
El extenista irlandés Conor Niland expone en un libro el camino que recorre el 99% de los que aspiran a llegar a la élite


El tenis es un deporte muy solitario. Aunque, como en todo en esta vida, hay diferentes niveles de soledad. La que engloba a todos los jugadores sucede en la pista: un partido es una constante toma de decisiones y, en los momentos de mayor tensión, no hay un compañero al que pasarle la pelota para descargar un poco. Esa soledad tiene, además, una peculiar banda sonora: el diálogo consigo mismo de cada tenista. A saber las conversaciones que tendrán lugar en esas cabezas cuando disponen de tres puntos para romper el servicio del rival o cuando hay que salvar un punto de partido.
Pero hay otra soledad en la que no participan los deportistas que forman parte de la élite. Y es una soledad muy mayoritaria. Antes de llegar a la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) están los circuitos Futures y Challenger. Es un mundo de viajes por el planeta para disputar torneos e intentar escalar posiciones hacia la élite. En esos niveles pasó la mayor parte de su carrera el tenista irlandés Conor Niland, que llegó a ser el 129 del mundo. Niland, que durante su etapa como jugador de la universidad de Berkeley se especializó en literatura inglesa —hizo su tesina sobre Jane Austen— escribió Contra las cuerdas(Contra), un fantástico libro sobre el universo del tenis.
Narrado desde la propia experiencia, con la distancia justa y la sorna necesaria, Niland ofrece imágenes muy poderosas sobre la realidad a la que se enfrenta el 99% de las personas que decide dedicar su vida a la raqueta —“los que triunfan sacrifican su infancia para lograrlo, pero los que fracasan también”—. La sensación de soledad extendida a los pasillos, la búsqueda de jugadores para pelotear y no parecer desesperado —en una ocasión, antes de una final, calentó contra una pared, ya que todos los jugadores a excepción de su rival estaban ya en aviones hacia otros torneos—, los encuentros con Federer, Murray o Djokovic. Niland se retiró por una lesión con 30 años. Un día, hizo el cálculo de lo que había ganado en toda su carrera: le salieron 247.686 dólares. A descontar: viajes, hoteles, entrenadores, una infancia y horas y horas de soledad.
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