Tiago Rodrigues (Lisboa, 1977) ha decidido viajar al futuro. En esta ocasión, en ‘La distance‘ (Teatro María Guerrero, del 15 al 18 de enero), el dramaturgo y director ha decidido irse hasta 2077, hasta un mundo hoy ficticio en el que un padre (Adama Diop) habla desde la Tierra con su hija (Alison Dechamps), en Marte. Un momento en el que, explica la sinopsis, una parte de la humanidad ya habita en el Planeta Rojo; mientras, «otra parte significativa» permanece aquí «en condiciones cada vez más difíciles».
Para el portugués, fue fundamental preguntarse cómo de grande será la brecha generacional en un futuro distópico, «pero cada vez más realista», sostiene de «un tiempo de luchas por los recursos y catástrofes medioambientales». También busca «comprender si los jóvenes del presente y del futuro verán el mundo (o los mundos) de forma tan diferente a nosotros y a nuestros ancestros que les resulte difícil entendernos».
Un futuro relativamente distante
De este modo, Rodrigues se interesa en proyectar una narrativa hacia un futuro relativamente distante, de aquí a cincuenta años, con el propósito de interrogar qué camino debería tomar la humanidad llegado el momento en el que se colonice Marte. ¿Cómo se seleccionarán los habitantes? ¿Cómo ser á la vida en Marte y en la Tierra? ¿Qué significa pertenecer a una especie que habita dos planetas? ¿Cómo se verán transformados los comportamientos familiares, sociales y privados por este proyecto de diáspora espacial?
En ‘La distance‘ llama la atención de primeras su escenografía rotativa: el tratamiento de los espacios escénicos no es realista, pero ilustra simbólicamente las diferencias entre los dos planetas y los contextos que rodean a los personajes, afirma el equipo. Al ocupar cada uno la mitad del escenario, el padre y su hija no pueden verse el uno al otro. En cambio, el público sí puede verles, alternativamente, gracias a la rotación del escenario, que evoca el movimiento elíptico de los planetas y que inspira la iluminación y el sonido del espectáculo.
La imposibilidad de mirarse a los ojos
«Quizá,esta imposibilidad de que los intérpretes se miren a los ojos durante toda la función conduce a un final compuesto por una única y larga mirada entre ellos –presentan–. La velocidad de rotación del escenario varía en diferentes momentos del espectáculo, acentuando tensiones o suspendiendo el tiempo. «El padre y su hija pueden hablar solo cuando son visibles para el público. Esto implica que el ritmo y la duración del texto están en constante diálogo con la velocidad de rotación del escenario, enfatizando la dimensión musical [en la que se incluye la canción ‘Sonhos’, de Caetano Veloso.] y rítmica de un texto que puede contener tanto diálogos crudamente realistas como pasajes atiborrados por el lirismo y la abstracción«.
Otra de las cuestiones que Rodrigues se ha planteado en este título es «qué temas son de una urgencia íntima y política para traducirlos al teatro«: «Porque en el pasado me he inclinado a traducir una especie de destilación de mis preocupaciones como ciudadano, junto con mis propias angustias íntimas,en una sensación de urgencia artística«, explica.
El director del Festival de Aviñón ocupa la sala grande del María Guerrero durante este fin de semana con una ficción que traslada al espectador a dos mundos de 2077: a la Tierra y a Marte
Tiago Rodrigues (Lisboa, 1977) ha decidido viajar al futuro. En esta ocasión, en ‘La distance‘ (Teatro María Guerrero, del 15 al 18 de enero), el dramaturgo y director ha decidido irse hasta 2077, hasta un mundo hoy ficticio en el que un padre (Adama Diop) habla desde la Tierra con su hija (Alison Dechamps), en Marte. Un momento en el que, explica la sinopsis, una parte de la humanidad ya habita en el Planeta Rojo; mientras, «otra parte significativa» permanece aquí «en condiciones cada vez más difíciles».
Para el portugués, fue fundamental preguntarse cómo de grande será la brecha generacional en un futuro distópico, «pero cada vez más realista», sostiene de «un tiempo de luchas por los recursos y catástrofes medioambientales». También busca «comprender si los jóvenes del presente y del futuro verán el mundo (o los mundos) de forma tan diferente a nosotros y a nuestros ancestros que les resulte difícil entendernos».
Un futuro relativamente distante
De este modo, Rodrigues se interesa en proyectar una narrativa hacia un futuro relativamente distante, de aquí a cincuenta años, con el propósito de interrogar qué camino debería tomar la humanidad llegado el momentoen el que se colonice Marte. ¿Cómose seleccionarán los habitantes? ¿Cómo será la vida en Marte y en la Tierra?¿Qué significa pertenecer a una especie que habita dos planetas? ¿Cómo severán transformados los comportamientos familiares, sociales y privados poreste proyecto de diáspora espacial?
En ‘La distance’ llama la atención de primeras su escenografía rotativa: el tratamiento de los espacios escénicos no es realista, pero ilustra simbólicamente las diferencias entre los dos planetas y los contextos que rodean a los personajes, afirma el equipo. Al ocupar cada uno la mitad del escenario, el padre ysu hija no pueden verse el uno al otro. Encambio, elpúblico sí puedeverles, alternativamente, gracias a la rotación del escenario, que evoca el movimiento elíptico de los planetas y que inspira la iluminación y elsonido del espectáculo.
La imposibilidad de mirarse a los ojos
«Quizá,estaimposibilidad dequelosintérpretessemirena los ojos durante toda la función conduce a un final compuesto por una única ylarga mirada entre ellos –presentan–.La velocidadde rotación delescenariovaríaendiferentesmomentosdelespectáculo, acentuando tensiones o suspendiendo el tiempo. «Elpadreysuhijapueden hablar solo cuando son visibles parael público. Estoimplicaqueelritmoy la duración del texto están en constante diálogocon la velocidadderotacióndelescenario,enfatizandoladimensiónmusical [en la que se incluye la canción ‘Sonhos’, de Caetano Veloso.] y rítmicadeun texto quepuedecontenertanto diálogos crudamente realistas comopasajesatiborradosporellirismo y la abstracción».
Otra de las cuestiones que Rodrigues se ha planteado en este título es «qué temas son de una urgencia íntima y política para traducirlos al teatro»: «Porque en el pasado me he inclinado a traducir una especie de destilación de mis preocupaciones como ciudadano, junto con mis propias angustias íntimas,en una sensación de urgenciaartística», explica.
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