Corría el año 2010 y España enfrentaba una profunda crisis económica cuando Alfonso Tordesillas, Curro Llorca y Gonzalo Queipo fundaron Tipos Infames. Vinos y libros (C/ San Joaquín, 3 y 6) , un lugar que cambió por completo el concepto de la librería de barrio. Beber un vino, ver una exposición, comprar un libro y sentarse a leerlo. Empezaron en aquella Malasaña más canalla que gentrificada. A lo largo de sus quince años de vida, han sobrevivido a las vacas flacas y a una epidemia, incluso a la desidia lectora, que aún ronda el 40% en España. Y lo han hecho siendo fieles a sus criterios. En 2010, ‘ The Economist’ los señaló como un ejemplo de emprendimiento en una España quebrada. No sólo los distinguió como librería, sino también como un proyecto de calidad en medio del caos: «Atormentada por el desempleo, España necesita nuevos proyectos como el de Tipos Infames». Después de años de brega, los libreros han anunciado que cierran. ¿El motivo? La gentrificación, el encarecimiento de los costes, el fin de un ciclo. Hay que decir, sin embargo, algunas cosas. Mientras permanezca abierta, al menos hasta febrero, Tipos Infames seguirá siendo el punto de encuentro. Las razones no son pocas: su extraordinario fondo literario, las jornadas en las que por un día convierten a un autor en librero, las catas de vino, las presentaciones y talleres, pero, sobre todo, la conversación inteligente de sus responsables, que han dedicado a este local cerca de 15 años de sus vidas. En esta librería se está a gusto, siempre. Al menos así será hasta que echen abajo la persiana. Están curtidos Tordesillas y Queipo. Tras la marcha de Curro, se entregaron en cuerpo y alma a una librería que no tiene nada que envidiar a la neoyorquina Stramp o la lisboeta Bertrand, ni siquiera el espacio. Confío en los libreros tanto o más que en los propios editores. Sin ellos, lo libros están incompletos. Son necesarios para llegar al lector. Y a cuantos más mejor. Confío, Infames, en la cultura del esfuerzo, en la tozudez y talento que los ha distinguido siempre. Vaya por delante mi abrazo y mi eterna gratitud. Corría el año 2010 y España enfrentaba una profunda crisis económica cuando Alfonso Tordesillas, Curro Llorca y Gonzalo Queipo fundaron Tipos Infames. Vinos y libros (C/ San Joaquín, 3 y 6) , un lugar que cambió por completo el concepto de la librería de barrio. Beber un vino, ver una exposición, comprar un libro y sentarse a leerlo. Empezaron en aquella Malasaña más canalla que gentrificada. A lo largo de sus quince años de vida, han sobrevivido a las vacas flacas y a una epidemia, incluso a la desidia lectora, que aún ronda el 40% en España. Y lo han hecho siendo fieles a sus criterios. En 2010, ‘ The Economist’ los señaló como un ejemplo de emprendimiento en una España quebrada. No sólo los distinguió como librería, sino también como un proyecto de calidad en medio del caos: «Atormentada por el desempleo, España necesita nuevos proyectos como el de Tipos Infames». Después de años de brega, los libreros han anunciado que cierran. ¿El motivo? La gentrificación, el encarecimiento de los costes, el fin de un ciclo. Hay que decir, sin embargo, algunas cosas. Mientras permanezca abierta, al menos hasta febrero, Tipos Infames seguirá siendo el punto de encuentro. Las razones no son pocas: su extraordinario fondo literario, las jornadas en las que por un día convierten a un autor en librero, las catas de vino, las presentaciones y talleres, pero, sobre todo, la conversación inteligente de sus responsables, que han dedicado a este local cerca de 15 años de sus vidas. En esta librería se está a gusto, siempre. Al menos así será hasta que echen abajo la persiana. Están curtidos Tordesillas y Queipo. Tras la marcha de Curro, se entregaron en cuerpo y alma a una librería que no tiene nada que envidiar a la neoyorquina Stramp o la lisboeta Bertrand, ni siquiera el espacio. Confío en los libreros tanto o más que en los propios editores. Sin ellos, lo libros están incompletos. Son necesarios para llegar al lector. Y a cuantos más mejor. Confío, Infames, en la cultura del esfuerzo, en la tozudez y talento que los ha distinguido siempre. Vaya por delante mi abrazo y mi eterna gratitud. Corría el año 2010 y España enfrentaba una profunda crisis económica cuando Alfonso Tordesillas, Curro Llorca y Gonzalo Queipo fundaron Tipos Infames. Vinos y libros (C/ San Joaquín, 3 y 6) , un lugar que cambió por completo el concepto de la librería de barrio. Beber un vino, ver una exposición, comprar un libro y sentarse a leerlo. Empezaron en aquella Malasaña más canalla que gentrificada. A lo largo de sus quince años de vida, han sobrevivido a las vacas flacas y a una epidemia, incluso a la desidia lectora, que aún ronda el 40% en España. Y lo han hecho siendo fieles a sus criterios. En 2010, ‘ The Economist’ los señaló como un ejemplo de emprendimiento en una España quebrada. No sólo los distinguió como librería, sino también como un proyecto de calidad en medio del caos: «Atormentada por el desempleo, España necesita nuevos proyectos como el de Tipos Infames». Después de años de brega, los libreros han anunciado que cierran. ¿El motivo? La gentrificación, el encarecimiento de los costes, el fin de un ciclo. Hay que decir, sin embargo, algunas cosas. Mientras permanezca abierta, al menos hasta febrero, Tipos Infames seguirá siendo el punto de encuentro. Las razones no son pocas: su extraordinario fondo literario, las jornadas en las que por un día convierten a un autor en librero, las catas de vino, las presentaciones y talleres, pero, sobre todo, la conversación inteligente de sus responsables, que han dedicado a este local cerca de 15 años de sus vidas. En esta librería se está a gusto, siempre. Al menos así será hasta que echen abajo la persiana. Están curtidos Tordesillas y Queipo. Tras la marcha de Curro, se entregaron en cuerpo y alma a una librería que no tiene nada que envidiar a la neoyorquina Stramp o la lisboeta Bertrand, ni siquiera el espacio. Confío en los libreros tanto o más que en los propios editores. Sin ellos, lo libros están incompletos. Son necesarios para llegar al lector. Y a cuantos más mejor. Confío, Infames, en la cultura del esfuerzo, en la tozudez y talento que los ha distinguido siempre. Vaya por delante mi abrazo y mi eterna gratitud. RSS de noticias de cultura
