Ahora que los escenarios anticipados por la ciencia ficción están empezando a cobrar realidad, con empresas de inteligencia artificial que cotizan en bolsa o anuncios de ordenadores cuánticos que están a punto de transformar el mundo hasta hacerlo irreconocible, no está de más recordar que la teoría que los hizo posible, y que puso patas arriba la física del siglo XX, dio sus primeros pasos en forma de experimentos mentales. Claro que quienes los diseñaban y discutían eran algunas de las mentes más privilegiadas de los últimos doscientos años, nombres como los de Planck , Bohr, Heisenberg o De Broglie . Y, por encima de todos ellos, Einstein.ENSAYO ‘Si Einstein lo hubiera sabido’ Autor Alain Aspect Editorial Debate Año 2025 Páginas 400 Precio 24,90 euros 3Cuando era un joven profesor que realizaba su servicio social en Camerún, Alain Aspect , que llegaría a ganar el premio Nobel en 2022, quedó subyugado por el punto al que habían llegado las enconadas discusiones con las que aquellos pioneros buscaban comprender aquel vasto y aparentemente inextricable universo que las nuevas teorías físicas iban desvelando. Aquel joven Aspect se puso por objetivo realizar los experimentos que demostraran lo que, hasta entonces, parecía limitarse al mundo de la teoría. Con tenacidad y pocos medios fue consiguiendo resultados hasta que, en 1982, demostró que las predicciones de la física sobre el entrelazamiento cuántico anticipadas por John Bell eran correctas.Noticia Relacionada ‘Los malentendidos de la ciencia’ 100 años de física cuántica: la teoría que tenía gato encerrado Carlos Manuel Sánchez | Ilustración: Mekakushi Hace ahora un siglo, un puñado de ‘cerebritos’ destrozó nuestra concepción de la realidad con una teoría incomprensible. «Y el que diga que la entiende miente», añadiría el premio Nobel Richard Feynman. La ONU ha declarado 2025 Año Cuántico para celebrar la extraña física que hace funcionar tu móvil. Esta es la historia que nunca te contaron del gato de Schrödinger, el felino con más memes de la ciencia. Con este reportaje iniciamos una serie sobre los malentendidos científicos más curiosos.Aspect podía habernos simplemente contado su trabajo, aunque lo de ‘simplemente’ pueda sonar un poco osado ante la complejidad del tema. Pero en este libro va más allá, pues lo inserta en el camino construido desde la primera definición del cuanto por Max Planck y las encendidas polémicas subsiguientes entre Einstein y Bohr. Una discusión que ya Bell demostraría en los sesenta que podían ser traídas a tierra, abandonando el entorno casi filosófico en el que hasta entonces se habían desarrollado, labor que culminaría Aspect.Como demuestra el título, si hay un nombre que sobrevuela cada una de sus páginas es el de Albert Einstein. Una simplificación que se ha vuelto casi lugar común retrata al padre de la relatividad como alguien que siempre se arrepintió de las consecuencias últimas que sus ideas provocaron, y que acabaron dando carta de naturaleza a la cuántica. Dada la ambición del empeño, el libro puede ofrecer cierta dificultad para el lector no iniciadoPara Aspect, sin embargo, el genio de Ulm, tanto por sus aportaciones como por ser el principal generador de los debates, fue alguien fundamental para el avance de unas ideas que, desde el principio, parecían tan extrañas que su acomodo en un modelo funcional parecía poco menos que imposible.A través de las páginas de este libro, Aspect nos lleva por ese viaje que acaba en nuestros días, con las nuevas tecnologías que están empezando a tomar forma basadas en aspectos como la no localidad cuántica. Un viaje para el que hace un formidable esfuerzo de síntesis en el que también podemos entrever la pasión del explorador que se adentra en terrenos inexplorados. Sin embargo, hay que advertir que, dada la ambición del empeño, el libro puede ofrecer cierta dificultad para el lector no iniciado. Pero, si de verdad está interesado en adentrarse en él, difícilmente encontrará un guía mejor. Ahora que los escenarios anticipados por la ciencia ficción están empezando a cobrar realidad, con empresas de inteligencia artificial que cotizan en bolsa o anuncios de ordenadores cuánticos que están a punto de transformar el mundo hasta hacerlo irreconocible, no está de más recordar que la teoría que los hizo posible, y que puso patas arriba la física del siglo XX, dio sus primeros pasos en forma de experimentos mentales. Claro que quienes los diseñaban y discutían eran algunas de las mentes más privilegiadas de los últimos doscientos años, nombres como los de Planck , Bohr, Heisenberg o De Broglie . Y, por encima de todos ellos, Einstein.ENSAYO ‘Si Einstein lo hubiera sabido’ Autor Alain Aspect Editorial Debate Año 2025 Páginas 400 Precio 24,90 euros 3Cuando era un joven profesor que realizaba su servicio social en Camerún, Alain Aspect , que llegaría a ganar el premio Nobel en 2022, quedó subyugado por el punto al que habían llegado las enconadas discusiones con las que aquellos pioneros buscaban comprender aquel vasto y aparentemente inextricable universo que las nuevas teorías físicas iban desvelando. Aquel joven Aspect se puso por objetivo realizar los experimentos que demostraran lo que, hasta entonces, parecía limitarse al mundo de la teoría. Con tenacidad y pocos medios fue consiguiendo resultados hasta que, en 1982, demostró que las predicciones de la física sobre el entrelazamiento cuántico anticipadas por John Bell eran correctas.Noticia Relacionada ‘Los malentendidos de la ciencia’ 100 años de física cuántica: la teoría que tenía gato encerrado Carlos Manuel Sánchez | Ilustración: Mekakushi Hace ahora un siglo, un puñado de ‘cerebritos’ destrozó nuestra concepción de la realidad con una teoría incomprensible. «Y el que diga que la entiende miente», añadiría el premio Nobel Richard Feynman. La ONU ha declarado 2025 Año Cuántico para celebrar la extraña física que hace funcionar tu móvil. Esta es la historia que nunca te contaron del gato de Schrödinger, el felino con más memes de la ciencia. Con este reportaje iniciamos una serie sobre los malentendidos científicos más curiosos.Aspect podía habernos simplemente contado su trabajo, aunque lo de ‘simplemente’ pueda sonar un poco osado ante la complejidad del tema. Pero en este libro va más allá, pues lo inserta en el camino construido desde la primera definición del cuanto por Max Planck y las encendidas polémicas subsiguientes entre Einstein y Bohr. Una discusión que ya Bell demostraría en los sesenta que podían ser traídas a tierra, abandonando el entorno casi filosófico en el que hasta entonces se habían desarrollado, labor que culminaría Aspect.Como demuestra el título, si hay un nombre que sobrevuela cada una de sus páginas es el de Albert Einstein. Una simplificación que se ha vuelto casi lugar común retrata al padre de la relatividad como alguien que siempre se arrepintió de las consecuencias últimas que sus ideas provocaron, y que acabaron dando carta de naturaleza a la cuántica. Dada la ambición del empeño, el libro puede ofrecer cierta dificultad para el lector no iniciadoPara Aspect, sin embargo, el genio de Ulm, tanto por sus aportaciones como por ser el principal generador de los debates, fue alguien fundamental para el avance de unas ideas que, desde el principio, parecían tan extrañas que su acomodo en un modelo funcional parecía poco menos que imposible.A través de las páginas de este libro, Aspect nos lleva por ese viaje que acaba en nuestros días, con las nuevas tecnologías que están empezando a tomar forma basadas en aspectos como la no localidad cuántica. Un viaje para el que hace un formidable esfuerzo de síntesis en el que también podemos entrever la pasión del explorador que se adentra en terrenos inexplorados. Sin embargo, hay que advertir que, dada la ambición del empeño, el libro puede ofrecer cierta dificultad para el lector no iniciado. Pero, si de verdad está interesado en adentrarse en él, difícilmente encontrará un guía mejor.
Ahora que los escenarios anticipados por la ciencia ficción están empezando a cobrar realidad, con empresas de inteligencia artificial que cotizan en bolsa o anuncios de ordenadores cuánticos que están a punto de transformar el mundo hasta hacerlo irreconocible, no está de más recordar … que la teoría que los hizo posible, y que puso patas arriba la física del siglo XX, dio sus primeros pasos en forma de experimentos mentales.
Claro que quienes los diseñaban y discutían eran algunas de las mentes más privilegiadas de los últimos doscientos años, nombres como los de Planck, Bohr, Heisenberg o De Broglie. Y, por encima de todos ellos, Einstein.

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Autor
Alain Aspect -
Editorial
Debate -
Año
2025 -
Páginas
400 -
Precio
24,90 euros
Cuando era un joven profesor que realizaba su servicio social en Camerún, Alain Aspect, que llegaría a ganar el premio Nobel en 2022, quedó subyugado por el punto al que habían llegado las enconadas discusiones con las que aquellos pioneros buscaban comprender aquel vasto y aparentemente inextricable universo que las nuevas teorías físicas iban desvelando.
Aquel joven Aspect se puso por objetivo realizar los experimentos que demostraran lo que, hasta entonces, parecía limitarse al mundo de la teoría. Con tenacidad y pocos medios fue consiguiendo resultados hasta que, en 1982, demostró que las predicciones de la física sobre el entrelazamiento cuántico anticipadas por John Bell eran correctas.
Aspect podía habernos simplemente contado su trabajo, aunque lo de ‘simplemente’ pueda sonar un poco osado ante la complejidad del tema. Pero en este libro va más allá, pues lo inserta en el camino construido desde la primera definición del cuanto por Max Planck y las encendidas polémicas subsiguientes entre Einstein y Bohr. Una discusión que ya Bell demostraría en los sesenta que podían ser traídas a tierra, abandonando el entorno casi filosófico en el que hasta entonces se habían desarrollado, labor que culminaría Aspect.
Como demuestra el título, si hay un nombre que sobrevuela cada una de sus páginas es el de Albert Einstein. Una simplificación que se ha vuelto casi lugar común retrata al padre de la relatividad como alguien que siempre se arrepintió de las consecuencias últimas que sus ideas provocaron, y que acabaron dando carta de naturaleza a la cuántica.
Dada la ambición del empeño, el libro puede ofrecer cierta dificultad para el lector no iniciado
Para Aspect, sin embargo, el genio de Ulm, tanto por sus aportaciones como por ser el principal generador de los debates, fue alguien fundamental para el avance de unas ideas que, desde el principio, parecían tan extrañas que su acomodo en un modelo funcional parecía poco menos que imposible.
A través de las páginas de este libro, Aspect nos lleva por ese viaje que acaba en nuestros días, con las nuevas tecnologías que están empezando a tomar forma basadas en aspectos como la no localidad cuántica. Un viaje para el que hace un formidable esfuerzo de síntesis en el que también podemos entrever la pasión del explorador que se adentra en terrenos inexplorados.
Sin embargo, hay que advertir que, dada la ambición del empeño, el libro puede ofrecer cierta dificultad para el lector no iniciado. Pero, si de verdad está interesado en adentrarse en él, difícilmente encontrará un guía mejor.
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