A Stephan Bibrowski no le habría hecho falta ponerse ninguna careta pintada, ni pelos y bigotes sintéticos para haberse unido a los ‘ therians’ de ahora. Este joven de 17 años nacido en el todavía existente Imperio ruso tenía la cabeza, el rostro y el cuello completamente cubiertos por su propio pelo rubio, que formaba melenas de hasta 40 centímetros de largo. Conocido como Lionel, el ‘hombre león’ , se paseó por medio mundo a principios del siglo XX, llamando poderosamente la atención de cuantos le vieron en el circo Barnum & Bailey. «No se trata, en el caso de este fenómeno extraordinario, de una de esas trampas o simulaciones hábiles que cautivan a tantos incautos en muchas ferias, no», aseguraba la prensa de la época. Las fotografías publicadas en este y otros periódicos en 1910 daban fe de su impresionante aspecto, causado por la hipertricosis que padecía.A pesar de su fiera apariencia, el robusto muchacho nunca dijo sentirse como el ‘rey de la selva’, ni se identificó psicológicamente con ningún otro cuadrúpedo, como los adolescentes que abrazan el movimiento ‘ therian ‘ (del griego ‘therion’, que significa ‘bestia’ o ‘animal salvaje’). Estos jóvenes dicen tener una conexión espiritual o simbólica con perros, gatos, zorros o lobos y en ocasiones se disfrazan con máscaras y colas de pega, imitan sus aullidos y se entrenan para saltar, andar y correr a cuatro patas. Lo llaman practicar ‘quadrobics’, ‘cuadrupedismo’ que diríamos en un término castellano más pedestre. Ojalá solo sea un juego que los adolescentes usan para definir cómo se sienten, como defienden algunos psicólogos. Un fenómeno inflado en las redes y por los medios, que despertó expectación el pasado fin de semana, ante las quedadas previstas en varias ciudades españolas. Se esperaban manadas de ‘therians’, pero solo se vieron a unos pocos zorros solitarios entre rebaños de curiosos y pandas de hostigadores. Un joven de la comunidad ‘therian’ que se identifica con un lobo gris albino. EFETambién Lionel atraía la atención y el morbo del público. Desde niño fue exhibido en ferias y parques de atracciones y se ganó la vida en el circo, donde exhibía su cuerpo piloso y realizaba acrobacias y pruebas de fuerza. Sin embargo, lejos de comportarse como un animal, se expresaba con corrección en cinco idiomas y tocaba perfectamente el piano y la lira . Omar López Mato lo describió en su libro ‘Monstruos como nosotros: Historias de freaks, colosos y prodigios’ como «un perfecto caballero, siempre impecablemente vestido con sus trajes cortados a medida, luciendo camisas de seda y corbatas al tono». Según este autor, con su elocuencia, podría haber vivido como un ‘gentleman’, si sus interlocutores hubieran logrado vencer su sorpresa y su miedo al contemplar su rostro leonino. Noticia relacionada general No No Decíamos ayer El misterio de la caja olvidada durante un año en la Estación del Norte Mónica ArrizabalagaA diferencia de Julia Pastrana , una artista mexicana con hipertricosis que fue objeto de humillaciones y trato denigrante en el siglo XIX, el médico e investigador Manuel Moros Peña sostiene que Lionel «disfrutaba haciendo su trabajo y el público salía encantado». Era un hombre «culto, divertido y un gran ‘showman’ » al que le gustaba hacer deporte y su portentoso físico, unido a su larga cabellera, «lo convertía en objeto de admiración por parte del público femenino», según el escritor de ‘Seres extraordinarios, anomalías, deformidades y rarezas humanas’. Bibrowski residió durante unos años en Estados Unidos, en el parque de atracciones de Coney Island antes de alistarse en el ejército para combatir en la Primera Guerra Mundial y murió de un ataque al corazón en Berlín en 1931. Hay quien lo ha relacionado con el cuento de ‘La Bella y la Bestia’, pero el archifamoso relato de 1740 se inspiró en otro hombre con hipertricosis, el canario Pedro González , que llegó a convertirse en gentilhombre de la corte de Enrique II de Francia. Ambos, como muchos hombres y mujeres con este crecimiento excesivo de pelo en su cuerpo, no buscaron ser mirados por los demás de otra manera. Sólo como personas. A Stephan Bibrowski no le habría hecho falta ponerse ninguna careta pintada, ni pelos y bigotes sintéticos para haberse unido a los ‘ therians’ de ahora. Este joven de 17 años nacido en el todavía existente Imperio ruso tenía la cabeza, el rostro y el cuello completamente cubiertos por su propio pelo rubio, que formaba melenas de hasta 40 centímetros de largo. Conocido como Lionel, el ‘hombre león’ , se paseó por medio mundo a principios del siglo XX, llamando poderosamente la atención de cuantos le vieron en el circo Barnum & Bailey. «No se trata, en el caso de este fenómeno extraordinario, de una de esas trampas o simulaciones hábiles que cautivan a tantos incautos en muchas ferias, no», aseguraba la prensa de la época. Las fotografías publicadas en este y otros periódicos en 1910 daban fe de su impresionante aspecto, causado por la hipertricosis que padecía.A pesar de su fiera apariencia, el robusto muchacho nunca dijo sentirse como el ‘rey de la selva’, ni se identificó psicológicamente con ningún otro cuadrúpedo, como los adolescentes que abrazan el movimiento ‘ therian ‘ (del griego ‘therion’, que significa ‘bestia’ o ‘animal salvaje’). Estos jóvenes dicen tener una conexión espiritual o simbólica con perros, gatos, zorros o lobos y en ocasiones se disfrazan con máscaras y colas de pega, imitan sus aullidos y se entrenan para saltar, andar y correr a cuatro patas. Lo llaman practicar ‘quadrobics’, ‘cuadrupedismo’ que diríamos en un término castellano más pedestre. Ojalá solo sea un juego que los adolescentes usan para definir cómo se sienten, como defienden algunos psicólogos. Un fenómeno inflado en las redes y por los medios, que despertó expectación el pasado fin de semana, ante las quedadas previstas en varias ciudades españolas. Se esperaban manadas de ‘therians’, pero solo se vieron a unos pocos zorros solitarios entre rebaños de curiosos y pandas de hostigadores. Un joven de la comunidad ‘therian’ que se identifica con un lobo gris albino. EFETambién Lionel atraía la atención y el morbo del público. Desde niño fue exhibido en ferias y parques de atracciones y se ganó la vida en el circo, donde exhibía su cuerpo piloso y realizaba acrobacias y pruebas de fuerza. Sin embargo, lejos de comportarse como un animal, se expresaba con corrección en cinco idiomas y tocaba perfectamente el piano y la lira . Omar López Mato lo describió en su libro ‘Monstruos como nosotros: Historias de freaks, colosos y prodigios’ como «un perfecto caballero, siempre impecablemente vestido con sus trajes cortados a medida, luciendo camisas de seda y corbatas al tono». Según este autor, con su elocuencia, podría haber vivido como un ‘gentleman’, si sus interlocutores hubieran logrado vencer su sorpresa y su miedo al contemplar su rostro leonino. Noticia relacionada general No No Decíamos ayer El misterio de la caja olvidada durante un año en la Estación del Norte Mónica ArrizabalagaA diferencia de Julia Pastrana , una artista mexicana con hipertricosis que fue objeto de humillaciones y trato denigrante en el siglo XIX, el médico e investigador Manuel Moros Peña sostiene que Lionel «disfrutaba haciendo su trabajo y el público salía encantado». Era un hombre «culto, divertido y un gran ‘showman’ » al que le gustaba hacer deporte y su portentoso físico, unido a su larga cabellera, «lo convertía en objeto de admiración por parte del público femenino», según el escritor de ‘Seres extraordinarios, anomalías, deformidades y rarezas humanas’. Bibrowski residió durante unos años en Estados Unidos, en el parque de atracciones de Coney Island antes de alistarse en el ejército para combatir en la Primera Guerra Mundial y murió de un ataque al corazón en Berlín en 1931. Hay quien lo ha relacionado con el cuento de ‘La Bella y la Bestia’, pero el archifamoso relato de 1740 se inspiró en otro hombre con hipertricosis, el canario Pedro González , que llegó a convertirse en gentilhombre de la corte de Enrique II de Francia. Ambos, como muchos hombres y mujeres con este crecimiento excesivo de pelo en su cuerpo, no buscaron ser mirados por los demás de otra manera. Sólo como personas.
A Stephan Bibrowski no le habría hecho falta ponerse ninguna careta pintada, ni pelos y bigotes sintéticos para haberse unido a los ‘therians’ de ahora. Este joven de 17 años nacido en el todavía existente Imperio ruso tenía la cabeza, el rostro y el … cuello completamente cubiertos por su propio pelo rubio, que formaba melenas de hasta 40 centímetros de largo. Conocido como Lionel, el ‘hombre león’, se paseó por medio mundo a principios del siglo XX, llamando poderosamente la atención de cuantos le vieron en el circo Barnum & Bailey. «No se trata, en el caso de este fenómeno extraordinario, de una de esas trampas o simulaciones hábiles que cautivan a tantos incautos en muchas ferias, no», aseguraba la prensa de la época. Las fotografías publicadas en este y otros periódicos en 1910 daban fe de su impresionante aspecto, causado por la hipertricosis que padecía.
A pesar de su fiera apariencia, el robusto muchacho nunca dijo sentirse como el ‘rey de la selva’, ni se identificó psicológicamente con ningún otro cuadrúpedo, como los adolescentes que abrazan el movimiento ‘therian‘ (del griego ‘therion’, que significa ‘bestia’ o ‘animal salvaje’). Estos jóvenes dicen tener una conexión espiritual o simbólica con perros, gatos, zorros o lobos y en ocasiones se disfrazan con máscaras y colas de pega, imitan sus aullidos y se entrenan para saltar, andar y correr a cuatro patas. Lo llaman practicar ‘quadrobics’, ‘cuadrupedismo’ que diríamos en un término castellano más pedestre. Ojalá solo sea un juego que los adolescentes usan para definir cómo se sienten, como defienden algunos psicólogos. Un fenómeno inflado en las redes y por los medios, que despertó expectación el pasado fin de semana, ante las quedadas previstas en varias ciudades españolas. Se esperaban manadas de ‘therians’, pero solo se vieron a unos pocos zorros solitarios entre rebaños de curiosos y pandas de hostigadores.

(EFE)
También Lionel atraía la atención y el morbo del público. Desde niño fue exhibido en ferias y parques de atracciones y se ganó la vida en el circo, donde exhibía su cuerpo piloso y realizaba acrobacias y pruebas de fuerza. Sin embargo, lejos de comportarse como un animal, se expresaba con corrección en cinco idiomas y tocaba perfectamente el piano y la lira. Omar López Mato lo describió en su libro ‘Monstruos como nosotros: Historias de freaks, colosos y prodigios’ como «un perfecto caballero, siempre impecablemente vestido con sus trajes cortados a medida, luciendo camisas de seda y corbatas al tono». Según este autor, con su elocuencia, podría haber vivido como un ‘gentleman’, si sus interlocutores hubieran logrado vencer su sorpresa y su miedo al contemplar su rostro leonino.
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Decíamos ayer
Mónica Arrizabalaga
A diferencia de Julia Pastrana, una artista mexicana con hipertricosis que fue objeto de humillaciones y trato denigrante en el siglo XIX, el médico e investigador Manuel Moros Peña sostiene que Lionel «disfrutaba haciendo su trabajo y el público salía encantado». Era un hombre «culto, divertido y un gran ‘showman’» al que le gustaba hacer deporte y su portentoso físico, unido a su larga cabellera, «lo convertía en objeto de admiración por parte del público femenino», según el escritor de ‘Seres extraordinarios, anomalías, deformidades y rarezas humanas’.
Bibrowski residió durante unos años en Estados Unidos, en el parque de atracciones de Coney Island antes de alistarse en el ejército para combatir en la Primera Guerra Mundial y murió de un ataque al corazón en Berlín en 1931. Hay quien lo ha relacionado con el cuento de ‘La Bella y la Bestia’, pero el archifamoso relato de 1740 se inspiró en otro hombre con hipertricosis, el canario Pedro González, que llegó a convertirse en gentilhombre de la corte de Enrique II de Francia. Ambos, como muchos hombres y mujeres con este crecimiento excesivo de pelo en su cuerpo, no buscaron ser mirados por los demás de otra manera. Sólo como personas.
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