Bienvenidos al nuevo teatro del absurdo, el del ‘therianismo’, ese fenómeno donde individuos supuestamente en sus cabales -que diría mi abuela- se autoconvencen de que su alma es la de un lobo, un gato o, por qué no, un ornitorrinco. ¿Imbecilidad? Ni confirmo ni desmiento. Lo que aseguro es que se trata de la cumbre de la evolución inversa. Un auténtico despropósito que, en una sociedad sensata, debería ser penalizado con multas que abonen una oportuna terapia. No sé usted, pero yo me niego a ver con ojos de normalidad adultos ladrando en el Retiro o a ese otro vestido de ciervo ramoneando en Malasaña un bocata vegetal… ¡Vaya tropa! Como para que la manzana de Newton y los genomas de Darwin se golpeen de nuevo. Menos mal que el ‘Gobierno de la Ilustración Progresista’ ha desenvainado su espada de justicia social para guillotinar los espectáculos del bombero torero . ¡Por fin! Ya no tendremos que soportar tal ignominia. Porque, claro, lo verdaderamente denigrante no es que un chaval de 19 años se arrastre por la Gran Vía creyéndose un lobo ártico, no: lo escandaloso es que un hombre de pequeña estatura cobre capote en mano. Prioridades, señores. Prioridades.Pues bien, en su infinita sabiduría progresista, el Ministerio de Derechos Sociales y no sé qué apellidos más (estas carteras de hoy tienen más pompa que las casas nobiliarias) ha decidido ‘reprohibir’ (ya lo había hecho con la ley de discapacidad) los espectáculos de enanitos toreros, artistas que se ganan con ingenio y coraje la vida como les sale de los bemoles, que decía Campmany. La enésima maniobra de distracción del verdadero circo que tiene este Gobierno, al que ya saben lo que le crecen… Pues eso, con el máximo respeto para ellos.Noticia relacionada No No ajuste de cuentas El bombero torero John Müller¿Y qué me dicen de los bufones de la corte? Sí, de esos que gatean por la aceras, rebuznan en el súper y hacen el mono en la telaraña de las redes sociales. ¿Por qué penalizan el trabajo honrado de unos pocos mientras la calle contempla semejante esperpento? Los mismos a los que les sale sarpullido cuando un niño pinta verónicas ven tan graciosete y normal un joven con orejas postizas y colita de peluche sin desfile de carnaval. Es el arte de la tontería: pan y circo, pero sin pan y con un circo de mamarrachos.Pues nada, progres, prohíban el bombero torero. Y desvíen la mirada de lo que de verdad importa: el no a la corrupción, el no al paro, el no a los delincuentes, el sí al pan en la mesa, el sí a la seguridad, el sí al trabajo… Corto y cierro antes de que me pille el atasco y tenga que toparme con un rebaño de ‘therians’ pastando en los semáforos. Qué manera literal de hacer el ganso. Los del avance social y el animalismo ya están tardando en subvencionar zoológicos humanos. El colmo de la estupidez, lo único que no está en peligro de extinción. ¿Imbecilidad? Confirmo, confirmo. (Posdata: Al final, va a resultar que el sentido común es un toro al que algunos se han empeñado en torear hasta la muerte). Bienvenidos al nuevo teatro del absurdo, el del ‘therianismo’, ese fenómeno donde individuos supuestamente en sus cabales -que diría mi abuela- se autoconvencen de que su alma es la de un lobo, un gato o, por qué no, un ornitorrinco. ¿Imbecilidad? Ni confirmo ni desmiento. Lo que aseguro es que se trata de la cumbre de la evolución inversa. Un auténtico despropósito que, en una sociedad sensata, debería ser penalizado con multas que abonen una oportuna terapia. No sé usted, pero yo me niego a ver con ojos de normalidad adultos ladrando en el Retiro o a ese otro vestido de ciervo ramoneando en Malasaña un bocata vegetal… ¡Vaya tropa! Como para que la manzana de Newton y los genomas de Darwin se golpeen de nuevo. Menos mal que el ‘Gobierno de la Ilustración Progresista’ ha desenvainado su espada de justicia social para guillotinar los espectáculos del bombero torero . ¡Por fin! Ya no tendremos que soportar tal ignominia. Porque, claro, lo verdaderamente denigrante no es que un chaval de 19 años se arrastre por la Gran Vía creyéndose un lobo ártico, no: lo escandaloso es que un hombre de pequeña estatura cobre capote en mano. Prioridades, señores. Prioridades.Pues bien, en su infinita sabiduría progresista, el Ministerio de Derechos Sociales y no sé qué apellidos más (estas carteras de hoy tienen más pompa que las casas nobiliarias) ha decidido ‘reprohibir’ (ya lo había hecho con la ley de discapacidad) los espectáculos de enanitos toreros, artistas que se ganan con ingenio y coraje la vida como les sale de los bemoles, que decía Campmany. La enésima maniobra de distracción del verdadero circo que tiene este Gobierno, al que ya saben lo que le crecen… Pues eso, con el máximo respeto para ellos.Noticia relacionada No No ajuste de cuentas El bombero torero John Müller¿Y qué me dicen de los bufones de la corte? Sí, de esos que gatean por la aceras, rebuznan en el súper y hacen el mono en la telaraña de las redes sociales. ¿Por qué penalizan el trabajo honrado de unos pocos mientras la calle contempla semejante esperpento? Los mismos a los que les sale sarpullido cuando un niño pinta verónicas ven tan graciosete y normal un joven con orejas postizas y colita de peluche sin desfile de carnaval. Es el arte de la tontería: pan y circo, pero sin pan y con un circo de mamarrachos.Pues nada, progres, prohíban el bombero torero. Y desvíen la mirada de lo que de verdad importa: el no a la corrupción, el no al paro, el no a los delincuentes, el sí al pan en la mesa, el sí a la seguridad, el sí al trabajo… Corto y cierro antes de que me pille el atasco y tenga que toparme con un rebaño de ‘therians’ pastando en los semáforos. Qué manera literal de hacer el ganso. Los del avance social y el animalismo ya están tardando en subvencionar zoológicos humanos. El colmo de la estupidez, lo único que no está en peligro de extinción. ¿Imbecilidad? Confirmo, confirmo. (Posdata: Al final, va a resultar que el sentido común es un toro al que algunos se han empeñado en torear hasta la muerte).
Bienvenidos al nuevo teatro del absurdo, el del ‘therianismo’, ese fenómeno donde individuos supuestamente en sus cabales -que diría mi abuela- se autoconvencen de que su alma es la de un lobo, un gato o, por qué no, un ornitorrinco. ¿Imbecilidad? Ni confirmo … ni desmiento. Lo que aseguro es que se trata de la cumbre de la evolución inversa. Un auténtico despropósito que, en una sociedad sensata, debería ser penalizado con multas que abonen una oportuna terapia. No sé usted, pero yo me niego a ver con ojos de normalidad adultos ladrando en el Retiro o a ese otro vestido de ciervo ramoneando en Malasaña un bocata vegetal… ¡Vaya tropa! Como para que la manzana de Newton y los genomas de Darwin se golpeen de nuevo.
Menos mal que el ‘Gobierno de la Ilustración Progresista’ ha desenvainado su espada de justicia social para guillotinar los espectáculos del bombero torero. ¡Por fin! Ya no tendremos que soportar tal ignominia. Porque, claro, lo verdaderamente denigrante no es que un chaval de 19 años se arrastre por la Gran Vía creyéndose un lobo ártico, no: lo escandaloso es que un hombre de pequeña estatura cobre capote en mano. Prioridades, señores. Prioridades.
Pues bien, en su infinita sabiduría progresista, el Ministerio de Derechos Sociales y no sé qué apellidos más (estas carteras de hoy tienen más pompa que las casas nobiliarias) ha decidido ‘reprohibir’ (ya lo había hecho con la ley de discapacidad) los espectáculos de enanitos toreros, artistas que se ganan con ingenio y coraje la vida como les sale de los bemoles, que decía Campmany. La enésima maniobra de distracción del verdadero circo que tiene este Gobierno, al que ya saben lo que le crecen… Pues eso, con el máximo respeto para ellos.
¿Y qué me dicen de los bufones de la corte? Sí, de esos que gatean por la aceras, rebuznan en el súper y hacen el mono en la telaraña de las redes sociales. ¿Por qué penalizan el trabajo honrado de unos pocos mientras la calle contempla semejante esperpento? Los mismos a los que les sale sarpullido cuando un niño pinta verónicas ven tan graciosete y normal un joven con orejas postizas y colita de peluche sin desfile de carnaval. Es el arte de la tontería: pan y circo, pero sin pan y con un circo de mamarrachos.
Pues nada, progres, prohíban el bombero torero. Y desvíen la mirada de lo que de verdad importa: el no a la corrupción, el no al paro, el no a los delincuentes, el sí al pan en la mesa, el sí a la seguridad, el sí al trabajo…
Corto y cierro antes de que me pille el atasco y tenga que toparme con un rebaño de ‘therians’ pastando en los semáforos. Qué manera literal de hacer el ganso. Los del avance social y el animalismo ya están tardando en subvencionar zoológicos humanos. El colmo de la estupidez, lo único que no está en peligro de extinción. ¿Imbecilidad? Confirmo, confirmo.
(Posdata: Al final, va a resultar que el sentido común es un toro al que algunos se han empeñado en torear hasta la muerte).
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