Raina Telgemeier ha vendido más de cuatro millones de sus novelas gráficas para preadolescentes en todo el mundo. En 2010 publicó ‘Sonríe’ , en la que volcó su experiencia con la ortodoncia y su impacto en las hormonas propias de esa etapa, y su éxito promovió un cambio en la forma en la que el cómic infantil y juvenil aborda las emociones. Hoy día resulta fácil encontrar referentes, pero en aquella época apenas se les podía seguir el rastro. «No he sido la primera, pero sí la que ha tenido una aceptación esta escala, sobre todo en Estados Unidos, por eso me gusta pensar que he abierto esa puertecita y es una sensación muy bonita», explica a ABC la autora, que visita España por primera vez para presentar su último título ‘El club de los dibujantes’ (Maeva Young), que ha escrito en colaboración con el teórico del cómic Scott McCloud .«No encajaba en ninguno de los dos géneros, y aunque luego llegó el boom del manga, tampoco era para mí. Así que decidí escribir lo que quisiera, saliera como saliera. Así fue como nació ‘Sonríe’. En esa misma época, en Scholastic, mi editorial estadounidense, me ofrecieron ilustrar ‘El club de las canguros’. Cuando acabamos, me ofrecieron publicarlo. Y después se publicaron ‘Coraje’ [en la que narra su experiencia con la ansiedad y la emetofobia (miedo al vómito)], y ‘Hermanas’. Y, poco a poco, se fueron haciendo un hueco en las baldas de las bibliotecas y librerías, junto a la de otros autores que se animaron, y se han ido animando, a hacer lo mismo», indica. Noticia relacionada general No No Los 5 cómics más singulares de 2026 Asier MensuroLa obra que le mostró la potencia de una narración gráfica fue el manga ‘Barefoot Gen’ , uno de los testimonios más crudos sobre la bomba atómica de Hiroshima . Su autor, Keiji Nakazawa, fue uno de los supervivientes y volcó en esa obra, años después, una experiencia narrada sin concesiones. Su padre le dio a leer este manga cuando tenía 10 años y su lectura le cambió. «Le dije a mi padre que no quería que volviera a haber nunca más una guerra nuclear y se lo pasé a mis amigos para que también lo leyeran. Estoy muy agradecida de haber leído ese libro. Me convirtió en la persona que soy hoy», añade.Con el tiempo, comprendió que un cómic no puede cambiar el mundo, pero sí puede transformar la manera en que lo miramos. Aquel fue el germen de su vocación: entendió que las viñetas podían ser un vehículo poderoso para dar nombre a las emociones difíciles y, con el tiempo, ella misma abriría camino en un territorio que hoy vive una auténtica explosión: el de las novelas gráficas para preadolescentes que hablan sin rodeos de miedo, ansiedad, amistad, identidad o la necesidad de encajar. Cara a caraTelgemeier piensa que el hecho de que ahora los preadolescentes hablen más abiertamente de todo ello tiene que ver con las redes sociales , claro, pero no en el sentido de la exposición 24/7 sino más bien como reacción a ella. «Siento que lo que se está perdiendo es justamente lo que se hacía antes: poder hablar con una persona cara a cara. Ahora mismo, se ven las emociones que tiene la gente a través de la pantalla. Y en cambio, una de las cosas que a mí más me gusta es justamente esa relación física . Por ejemplo, ahora que estoy en Madrid, no puedo esperar a ir a los museos para poder examinar y observar los cuadros antiguos. Me gusta intentar ver la mano que se esconde detrás de la obra, la persona que ideó el cuadro. No necesitamos perseguir la perfección. Solo necesitamos tener manos, caras y sonrisas humanas para conectarnos».De arriba a abajo, viñetas de ‘Sonríe’, ‘El club de los dibujantes’ y ‘Coraje’La autora no usa ni tableta gráfica ni programa alguno para crear sus novelas. Todo su trabajo lo hace a mano. «Siento que eso hace que mantenga una conversación directa con el lector, que puede verme a través de mi obra, a través de mis trazos. Y creo que ese tipo de conversación la da el cómic. No se produciría en ningún otro formato. Es un valor intrínseco».Esa conexión las sintieron las hijas preadolescentes de Scott McCloud, el influyente teórico de cómics estadounidense. Telgemeier había leído su gran ensayo, ‘Entender el cómic’, a los 16 años. «Mi padre me pasó su ejemplar porque me encantaba leer cómics y estaba intentando hacer los míos propios. Después, sus hijas se convirtieron en fans de mi trabajo y entablamos una gran amistad. Siempre he pensado que sería maravilloso si hubiera un libro como ‘Entender el cómic’ para niños».Tras cientos de encuentros con jóvenes en los que le preguntaban cómo podían aprender a hacer sus propias historias, le sugirió a McCloud que lo hicieran entre ambos y ‘El club de los dibujantes’ es el resultado. «Ya sea en cómics, novelas o películas tenemos que hacer arte, tenemos que hacer contenido sobre la realidad por cruda que sea. Leer ‘Barefoot Gen’ me convenció del poder que tiene. No estoy diciendo que vaya a hacer un libro que provoque lo mismo que ese manga provocó en mí, pero he llevado ese mensaje conmigo toda mi vida y sé que es importante». Raina Telgemeier ha vendido más de cuatro millones de sus novelas gráficas para preadolescentes en todo el mundo. En 2010 publicó ‘Sonríe’ , en la que volcó su experiencia con la ortodoncia y su impacto en las hormonas propias de esa etapa, y su éxito promovió un cambio en la forma en la que el cómic infantil y juvenil aborda las emociones. Hoy día resulta fácil encontrar referentes, pero en aquella época apenas se les podía seguir el rastro. «No he sido la primera, pero sí la que ha tenido una aceptación esta escala, sobre todo en Estados Unidos, por eso me gusta pensar que he abierto esa puertecita y es una sensación muy bonita», explica a ABC la autora, que visita España por primera vez para presentar su último título ‘El club de los dibujantes’ (Maeva Young), que ha escrito en colaboración con el teórico del cómic Scott McCloud .«No encajaba en ninguno de los dos géneros, y aunque luego llegó el boom del manga, tampoco era para mí. Así que decidí escribir lo que quisiera, saliera como saliera. Así fue como nació ‘Sonríe’. En esa misma época, en Scholastic, mi editorial estadounidense, me ofrecieron ilustrar ‘El club de las canguros’. Cuando acabamos, me ofrecieron publicarlo. Y después se publicaron ‘Coraje’ [en la que narra su experiencia con la ansiedad y la emetofobia (miedo al vómito)], y ‘Hermanas’. Y, poco a poco, se fueron haciendo un hueco en las baldas de las bibliotecas y librerías, junto a la de otros autores que se animaron, y se han ido animando, a hacer lo mismo», indica. Noticia relacionada general No No Los 5 cómics más singulares de 2026 Asier MensuroLa obra que le mostró la potencia de una narración gráfica fue el manga ‘Barefoot Gen’ , uno de los testimonios más crudos sobre la bomba atómica de Hiroshima . Su autor, Keiji Nakazawa, fue uno de los supervivientes y volcó en esa obra, años después, una experiencia narrada sin concesiones. Su padre le dio a leer este manga cuando tenía 10 años y su lectura le cambió. «Le dije a mi padre que no quería que volviera a haber nunca más una guerra nuclear y se lo pasé a mis amigos para que también lo leyeran. Estoy muy agradecida de haber leído ese libro. Me convirtió en la persona que soy hoy», añade.Con el tiempo, comprendió que un cómic no puede cambiar el mundo, pero sí puede transformar la manera en que lo miramos. Aquel fue el germen de su vocación: entendió que las viñetas podían ser un vehículo poderoso para dar nombre a las emociones difíciles y, con el tiempo, ella misma abriría camino en un territorio que hoy vive una auténtica explosión: el de las novelas gráficas para preadolescentes que hablan sin rodeos de miedo, ansiedad, amistad, identidad o la necesidad de encajar. Cara a caraTelgemeier piensa que el hecho de que ahora los preadolescentes hablen más abiertamente de todo ello tiene que ver con las redes sociales , claro, pero no en el sentido de la exposición 24/7 sino más bien como reacción a ella. «Siento que lo que se está perdiendo es justamente lo que se hacía antes: poder hablar con una persona cara a cara. Ahora mismo, se ven las emociones que tiene la gente a través de la pantalla. Y en cambio, una de las cosas que a mí más me gusta es justamente esa relación física . Por ejemplo, ahora que estoy en Madrid, no puedo esperar a ir a los museos para poder examinar y observar los cuadros antiguos. Me gusta intentar ver la mano que se esconde detrás de la obra, la persona que ideó el cuadro. No necesitamos perseguir la perfección. Solo necesitamos tener manos, caras y sonrisas humanas para conectarnos».De arriba a abajo, viñetas de ‘Sonríe’, ‘El club de los dibujantes’ y ‘Coraje’La autora no usa ni tableta gráfica ni programa alguno para crear sus novelas. Todo su trabajo lo hace a mano. «Siento que eso hace que mantenga una conversación directa con el lector, que puede verme a través de mi obra, a través de mis trazos. Y creo que ese tipo de conversación la da el cómic. No se produciría en ningún otro formato. Es un valor intrínseco».Esa conexión las sintieron las hijas preadolescentes de Scott McCloud, el influyente teórico de cómics estadounidense. Telgemeier había leído su gran ensayo, ‘Entender el cómic’, a los 16 años. «Mi padre me pasó su ejemplar porque me encantaba leer cómics y estaba intentando hacer los míos propios. Después, sus hijas se convirtieron en fans de mi trabajo y entablamos una gran amistad. Siempre he pensado que sería maravilloso si hubiera un libro como ‘Entender el cómic’ para niños».Tras cientos de encuentros con jóvenes en los que le preguntaban cómo podían aprender a hacer sus propias historias, le sugirió a McCloud que lo hicieran entre ambos y ‘El club de los dibujantes’ es el resultado. «Ya sea en cómics, novelas o películas tenemos que hacer arte, tenemos que hacer contenido sobre la realidad por cruda que sea. Leer ‘Barefoot Gen’ me convenció del poder que tiene. No estoy diciendo que vaya a hacer un libro que provoque lo mismo que ese manga provocó en mí, pero he llevado ese mensaje conmigo toda mi vida y sé que es importante».
Raina Telgemeier ha vendido más de cuatro millones de sus novelas gráficas para preadolescentes en todo el mundo. En 2010 publicó ‘Sonríe’, en la que volcó su experiencia con la ortodoncia y su impacto en las hormonas propias de esa etapa, … y su éxito promovió un cambio en la forma en la que el cómic infantil y juvenil aborda las emociones. Hoy día resulta fácil encontrar referentes, pero en aquella época apenas se les podía seguir el rastro.
«No he sido la primera, pero sí la que ha tenido una aceptación esta escala, sobre todo en Estados Unidos, por eso me gusta pensar que he abierto esa puertecita y es una sensación muy bonita», explica a ABC la autora, que visita España por primera vez para presentar su último título ‘El club de los dibujantes’ (Maeva Young), que ha escrito en colaboración con el teórico del cómic Scott McCloud.
«No encajaba en ninguno de los dos géneros, y aunque luego llegó el boom del manga, tampoco era para mí. Así que decidí escribir lo que quisiera, saliera como saliera. Así fue como nació ‘Sonríe’. En esa misma época, en Scholastic, mi editorial estadounidense, me ofrecieron ilustrar ‘El club de las canguros’. Cuando acabamos, me ofrecieron publicarlo. Y después se publicaron ‘Coraje’ [en la que narra su experiencia con la ansiedad y la emetofobia (miedo al vómito)], y ‘Hermanas’. Y, poco a poco, se fueron haciendo un hueco en las baldas de las bibliotecas y librerías, junto a la de otros autores que se animaron, y se han ido animando, a hacer lo mismo», indica.
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Asier Mensuro
La obra que le mostró la potencia de una narración gráfica fue el manga ‘Barefoot Gen’, uno de los testimonios más crudos sobre la bomba atómica de Hiroshima. Su autor, Keiji Nakazawa, fue uno de los supervivientes y volcó en esa obra, años después, una experiencia narrada sin concesiones. Su padre le dio a leer este manga cuando tenía 10 años y su lectura le cambió. «Le dije a mi padre que no quería que volviera a haber nunca más una guerra nuclear y se lo pasé a mis amigos para que también lo leyeran. Estoy muy agradecida de haber leído ese libro. Me convirtió en la persona que soy hoy», añade.
Con el tiempo, comprendió que un cómic no puede cambiar el mundo, pero sí puede transformar la manera en que lo miramos. Aquel fue el germen de su vocación: entendió que las viñetas podían ser un vehículo poderoso para dar nombre a las emociones difíciles y, con el tiempo, ella misma abriría camino en un territorio que hoy vive una auténtica explosión: el de las novelas gráficas para preadolescentes que hablan sin rodeos de miedo, ansiedad, amistad, identidad o la necesidad de encajar.
Cara a cara
Telgemeier piensa que el hecho de que ahora los preadolescentes hablen más abiertamente de todo ello tiene que ver con las redes sociales, claro, pero no en el sentido de la exposición 24/7 sino más bien como reacción a ella. «Siento que lo que se está perdiendo es justamente lo que se hacía antes: poder hablar con una persona cara a cara. Ahora mismo, se ven las emociones que tiene la gente a través de la pantalla. Y en cambio, una de las cosas que a mí más me gusta es justamente esa relación física. Por ejemplo, ahora que estoy en Madrid, no puedo esperar a ir a los museos para poder examinar y observar los cuadros antiguos. Me gusta intentar ver la mano que se esconde detrás de la obra, la persona que ideó el cuadro. No necesitamos perseguir la perfección. Solo necesitamos tener manos, caras y sonrisas humanas para conectarnos».
La autora no usa ni tableta gráfica ni programa alguno para crear sus novelas. Todo su trabajo lo hace a mano. «Siento que eso hace que mantenga una conversación directa con el lector, que puede verme a través de mi obra, a través de mis trazos. Y creo que ese tipo de conversación la da el cómic. No se produciría en ningún otro formato. Es un valor intrínseco».
Esa conexión las sintieron las hijas preadolescentes de Scott McCloud, el influyente teórico de cómics estadounidense. Telgemeier había leído su gran ensayo, ‘Entender el cómic’, a los 16 años. «Mi padre me pasó su ejemplar porque me encantaba leer cómics y estaba intentando hacer los míos propios. Después, sus hijas se convirtieron en fans de mi trabajo y entablamos una gran amistad. Siempre he pensado que sería maravilloso si hubiera un libro como ‘Entender el cómic’ para niños».
Tras cientos de encuentros con jóvenes en los que le preguntaban cómo podían aprender a hacer sus propias historias, le sugirió a McCloud que lo hicieran entre ambos y ‘El club de los dibujantes’ es el resultado. «Ya sea en cómics, novelas o películas tenemos que hacer arte, tenemos que hacer contenido sobre la realidad por cruda que sea. Leer ‘Barefoot Gen’ me convenció del poder que tiene. No estoy diciendo que vaya a hacer un libro que provoque lo mismo que ese manga provocó en mí, pero he llevado ese mensaje conmigo toda mi vida y sé que es importante».
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