Shane Hollander. Canadiense. Pelo negro azabache, ojos muy oscuros, una constelación de pecas sobre la nariz y los pómulos. Retrato que se completa con: cara de niño y piel perfecta, suave, bronceada. Su madre es de origen japonés; su padre, de origen angloeuropeo, así que él es una mezcla… cautivadora. «Un tío interesante». Simpático, amable, educado. De los que se ruboriza enseguida. El hijo, el novio, el yerno perfecto . Gay (aunque aún no lo sabe) . Diez centímetros más bajito que:Ilya Rozanov. Ruso. Rizos castaños, ojos color avellana, cejas oscuras y gruesas, mandíbula fuerte y barbilla con hoyuelo; ah, y barba de tres días –no de un día ni de dos; de tres, justo de tres días, que en esto Rachel Reid , la autora de ‘Más que rivales’, es muy precisa–. Continúo con el retrato de Ilya: piel dorada, sonrisa pícara, nariz torcida por habérsela roto unas cuantas veces. Cruz de oro al cuello, tatuaje encima del pectoral izquierdo –nota para los lectores curiosos: un oso pardo que enseña los dientes–. «Un hombre guapísimo», Ilya. Además de impertinente y bravucón . Con fama –merecida– de mujeriego. Pero, en el fondo y en secreto, bisexual. Y, según la primera impresión de Shane: «Bastante capullo».Ambos son jóvenes, ambos son atléticos, ambos son capitanes de sus respectivos equipos de hockey . Ambos son los máximos anotadores de la Liga Nacional. Competitivos y, en la pista de hielo, despiadados.Novela ‘Más que rivales’ Autora Rachel Reid Editorial Montena Año 2026 Precio 19,90 Páginas 432 Traducción Anaís Badilla y Ana Mata Buil Valoración ***Los mejores jugadores del mundo (o casi).¿He mencionado ya lo atractivos que son? Dos hombres de toma pan y moja.Desde la contracubierta de ‘Más que rivales’ se nos advierte: «Contenido explícito» . Y desde la primera página: «En este libro podrás encontrar escenas y conversaciones sexuales explícitas, consumo de alcohol y lenguaje malsonante». ¿Eso es porque la editorial Montena es una editorial juvenil?Noticia relacionada No No Vuelve el fenómeno adolescente ‘Crepúsculo’ veinte años después, el vampiro romántico revive en 2025 Celia Fraile GilPero, qué quieren ustedes que les diga: a mí lo de «podrás encontrar» me suena más a invitación que a advertencia . Llámenme raro.¿Por dónde iba? Ah, sí: por Shane Hollander; por Ilya Rozanov. Que se van a enfrentar en las pistas de hielo . Que van a edir sus fuerzas. Que empezarán a sentirse atraídos el uno por el otro.«En cada saque que había hecho contra Rozanov, el ruso lo había mirado fijamente a los ojos y había sonreído con sorna. No era fácil hacer perder los estribos a Shane, pero esa maldita sonrisa le había puesto al límite una vez tras otra».Normal. Si te miran así…Normal, también, que salten chispas. Que, en menos que canta un gallo, pasen a la acción, al aquí te pillo, aquí te mato. De temporada en temporada. Cuando sus equipos coinciden en la misma ciudad. Siempre a escondidas, siempre disimulando. Porque se imaginan los titulares: ¡Escándalo! Salir del armario no es que sea una tarea imposible: salir del armario es, prácticamente, ciencia ficción. No olvidemos que Ilya y Shane se mueven en el mundo del deporte de élite, inclusivo solo en teoría.Extraña relación la suya, al principio. Tóxica, me atrevería a decir. Y tan chocante, a ratos, como el lenguaje del que se sirveAsí que, al principio, «eso» que les ocurre es un arrebato; y lo que tienen, o contra lo que luchan, es «esa cosa ridícula» que «no iba a durar para siempre». Mejor dicho: que no puede –no debe– durar para siempre. Algo, simplemente, «práctico para ambos». Un desahogo. «La rivalidad era buena para la liga, buena para sus carreras y, lo más importante, era ideal para ocultar la verdad».Sexo, sexo, sexo. En ‘Más que rivales’, el segundo título de la saga ‘Game Changers’ –pero el primero que se publica en España, al calor del éxito de la serie ‘Heated Rivalry ‘, creada por Jacob Tierney e interpretada por Connor Storrie (Ilya) y Hudson Williams (Shane)–, hay sexo a chorro libre. Con las piernas para acá, con las piernas para allá, de lado, de medio lado, boca abajo, boca arriba. Con la mano, con la lengua, con más partes del cuerpo. Sexo seguro, que conste; aunque no siempre. ¡Y sin pijama, lo cual es muy de agradecer! Porque parece que a la hora de mostrar abiertamente cualquier escena de sexo gay haya que ser pacato y moderadito. Aviso: la escritora canadiense Rachel Reid, seudónimo de Rachelle Goguen, no es ni una cosa ni la otra.Además de ardor, pasión y erecciones, en las páginas de ‘Más que rivales’ hay besos, ternura, preliminares, compañerismo. Mientras Ilya juega a avergonzar a Shane y a sacarlo de sus casillas. Mientras a Shane le molestar empapar las sábanas.Inciso: lo de este chico con la limpieza es digno de estudio. También las conversaciones que los dos amantes mantienen en la cama y fuera de la cama:–Joder. Vete a la mierda.–Calla la puta boca.–Déjame en paz.–Que te den.Extraña relación la suya, al principio. Tóxica, me atrevería a decir. Y tan chocante, a ratos, como el lenguaje del que se sirve esta historia. Varios ejemplos: «No es que fueran amigos y tal» (¿«y tal»?); «E Ilya… se rio. Porque era puto divertido» (¿«puto»?). O: «Pudo ver cómo se le movía bruscamente la nuez al tragar saliva, cómo se mordía el labio inferior con los dientes». (A ver, que yo me aclare: con qué, si no es con los dientes, se va a morder uno –o una– el labio, ya sea el inferior o el superior). No digo yo que la juventud de hoy no hable así, pero… ¡madre mía, qué pobreza!Un lenguaje muy básico y justito , el de ‘Más que rivales’; al servicio de unos personajes bien definidos y un argumento mejor, infinitamente mejor y más ágil que el de ‘Crepúsculo’ , y a años luz del de ‘Cincuenta sombras de Grey’.En resumen: una historia morbosa que consigue lo que busca –cierto temblorcillo ahí abajo– y en la que el amor, poco a poco, se irá abriendo camino hasta alcanzar esta declaración final: «Nos quiero a nosotros».¿Suenan a lo lejos campanas de boda?Apostaría a que sí: suenan a lo lejos campanas de boda. Shane Hollander. Canadiense. Pelo negro azabache, ojos muy oscuros, una constelación de pecas sobre la nariz y los pómulos. Retrato que se completa con: cara de niño y piel perfecta, suave, bronceada. Su madre es de origen japonés; su padre, de origen angloeuropeo, así que él es una mezcla… cautivadora. «Un tío interesante». Simpático, amable, educado. De los que se ruboriza enseguida. El hijo, el novio, el yerno perfecto . Gay (aunque aún no lo sabe) . Diez centímetros más bajito que:Ilya Rozanov. Ruso. Rizos castaños, ojos color avellana, cejas oscuras y gruesas, mandíbula fuerte y barbilla con hoyuelo; ah, y barba de tres días –no de un día ni de dos; de tres, justo de tres días, que en esto Rachel Reid , la autora de ‘Más que rivales’, es muy precisa–. Continúo con el retrato de Ilya: piel dorada, sonrisa pícara, nariz torcida por habérsela roto unas cuantas veces. Cruz de oro al cuello, tatuaje encima del pectoral izquierdo –nota para los lectores curiosos: un oso pardo que enseña los dientes–. «Un hombre guapísimo», Ilya. Además de impertinente y bravucón . Con fama –merecida– de mujeriego. Pero, en el fondo y en secreto, bisexual. Y, según la primera impresión de Shane: «Bastante capullo».Ambos son jóvenes, ambos son atléticos, ambos son capitanes de sus respectivos equipos de hockey . Ambos son los máximos anotadores de la Liga Nacional. Competitivos y, en la pista de hielo, despiadados.Novela ‘Más que rivales’ Autora Rachel Reid Editorial Montena Año 2026 Precio 19,90 Páginas 432 Traducción Anaís Badilla y Ana Mata Buil Valoración ***Los mejores jugadores del mundo (o casi).¿He mencionado ya lo atractivos que son? Dos hombres de toma pan y moja.Desde la contracubierta de ‘Más que rivales’ se nos advierte: «Contenido explícito» . Y desde la primera página: «En este libro podrás encontrar escenas y conversaciones sexuales explícitas, consumo de alcohol y lenguaje malsonante». ¿Eso es porque la editorial Montena es una editorial juvenil?Noticia relacionada No No Vuelve el fenómeno adolescente ‘Crepúsculo’ veinte años después, el vampiro romántico revive en 2025 Celia Fraile GilPero, qué quieren ustedes que les diga: a mí lo de «podrás encontrar» me suena más a invitación que a advertencia . Llámenme raro.¿Por dónde iba? Ah, sí: por Shane Hollander; por Ilya Rozanov. Que se van a enfrentar en las pistas de hielo . Que van a edir sus fuerzas. Que empezarán a sentirse atraídos el uno por el otro.«En cada saque que había hecho contra Rozanov, el ruso lo había mirado fijamente a los ojos y había sonreído con sorna. No era fácil hacer perder los estribos a Shane, pero esa maldita sonrisa le había puesto al límite una vez tras otra».Normal. Si te miran así…Normal, también, que salten chispas. Que, en menos que canta un gallo, pasen a la acción, al aquí te pillo, aquí te mato. De temporada en temporada. Cuando sus equipos coinciden en la misma ciudad. Siempre a escondidas, siempre disimulando. Porque se imaginan los titulares: ¡Escándalo! Salir del armario no es que sea una tarea imposible: salir del armario es, prácticamente, ciencia ficción. No olvidemos que Ilya y Shane se mueven en el mundo del deporte de élite, inclusivo solo en teoría.Extraña relación la suya, al principio. Tóxica, me atrevería a decir. Y tan chocante, a ratos, como el lenguaje del que se sirveAsí que, al principio, «eso» que les ocurre es un arrebato; y lo que tienen, o contra lo que luchan, es «esa cosa ridícula» que «no iba a durar para siempre». Mejor dicho: que no puede –no debe– durar para siempre. Algo, simplemente, «práctico para ambos». Un desahogo. «La rivalidad era buena para la liga, buena para sus carreras y, lo más importante, era ideal para ocultar la verdad».Sexo, sexo, sexo. En ‘Más que rivales’, el segundo título de la saga ‘Game Changers’ –pero el primero que se publica en España, al calor del éxito de la serie ‘Heated Rivalry ‘, creada por Jacob Tierney e interpretada por Connor Storrie (Ilya) y Hudson Williams (Shane)–, hay sexo a chorro libre. Con las piernas para acá, con las piernas para allá, de lado, de medio lado, boca abajo, boca arriba. Con la mano, con la lengua, con más partes del cuerpo. Sexo seguro, que conste; aunque no siempre. ¡Y sin pijama, lo cual es muy de agradecer! Porque parece que a la hora de mostrar abiertamente cualquier escena de sexo gay haya que ser pacato y moderadito. Aviso: la escritora canadiense Rachel Reid, seudónimo de Rachelle Goguen, no es ni una cosa ni la otra.Además de ardor, pasión y erecciones, en las páginas de ‘Más que rivales’ hay besos, ternura, preliminares, compañerismo. Mientras Ilya juega a avergonzar a Shane y a sacarlo de sus casillas. Mientras a Shane le molestar empapar las sábanas.Inciso: lo de este chico con la limpieza es digno de estudio. También las conversaciones que los dos amantes mantienen en la cama y fuera de la cama:–Joder. Vete a la mierda.–Calla la puta boca.–Déjame en paz.–Que te den.Extraña relación la suya, al principio. Tóxica, me atrevería a decir. Y tan chocante, a ratos, como el lenguaje del que se sirve esta historia. Varios ejemplos: «No es que fueran amigos y tal» (¿«y tal»?); «E Ilya… se rio. Porque era puto divertido» (¿«puto»?). O: «Pudo ver cómo se le movía bruscamente la nuez al tragar saliva, cómo se mordía el labio inferior con los dientes». (A ver, que yo me aclare: con qué, si no es con los dientes, se va a morder uno –o una– el labio, ya sea el inferior o el superior). No digo yo que la juventud de hoy no hable así, pero… ¡madre mía, qué pobreza!Un lenguaje muy básico y justito , el de ‘Más que rivales’; al servicio de unos personajes bien definidos y un argumento mejor, infinitamente mejor y más ágil que el de ‘Crepúsculo’ , y a años luz del de ‘Cincuenta sombras de Grey’.En resumen: una historia morbosa que consigue lo que busca –cierto temblorcillo ahí abajo– y en la que el amor, poco a poco, se irá abriendo camino hasta alcanzar esta declaración final: «Nos quiero a nosotros».¿Suenan a lo lejos campanas de boda?Apostaría a que sí: suenan a lo lejos campanas de boda.
Shane Hollander. Canadiense. Pelo negro azabache, ojos muy oscuros, una constelación de pecas sobre la nariz y los pómulos. Retrato que se completa con: cara de niño y piel perfecta, suave, bronceada. Su madre es de origen japonés; su padre, de origen angloeuropeo, así que … él es una mezcla… cautivadora. «Un tío interesante». Simpático, amable, educado. De los que se ruboriza enseguida. El hijo, el novio, el yerno perfecto. Gay (aunque aún no lo sabe). Diez centímetros más bajito que:
Ilya Rozanov. Ruso. Rizos castaños, ojos color avellana, cejas oscuras y gruesas, mandíbula fuerte y barbilla con hoyuelo; ah, y barba de tres días –no de un día ni de dos; de tres, justo de tres días, que en esto Rachel Reid, la autora de ‘Más que rivales’, es muy precisa–. Continúo con el retrato de Ilya: piel dorada, sonrisa pícara, nariz torcida por habérsela roto unas cuantas veces. Cruz de oro al cuello, tatuaje encima del pectoral izquierdo –nota para los lectores curiosos: un oso pardo que enseña los dientes–. «Un hombre guapísimo», Ilya. Además de impertinente y bravucón. Con fama –merecida– de mujeriego. Pero, en el fondo y en secreto, bisexual. Y, según la primera impresión de Shane: «Bastante capullo».
Ambos son jóvenes, ambos son atléticos, ambos son capitanes de sus respectivos equipos de hockey. Ambos son los máximos anotadores de la Liga Nacional. Competitivos y, en la pista de hielo, despiadados.
Novela
-
‘Más que rivales’

-
Autora
Rachel Reid -
Editorial
Montena -
Año
2026 -
Precio
19,90 -
Páginas
432 -
Traducción
Anaís Badilla y Ana Mata Buil -
Valoración
***
-
Los mejores jugadores del mundo (o casi).
¿He mencionado ya lo atractivos que son? Dos hombres de toma pan y moja.
Desde la contracubierta de ‘Más que rivales’ se nos advierte: «Contenido explícito». Y desde la primera página: «En este libro podrás encontrar escenas y conversaciones sexuales explícitas, consumo de alcohol y lenguaje malsonante». ¿Eso es porque la editorial Montena es una editorial juvenil?
Pero, qué quieren ustedes que les diga: a mí lo de «podrás encontrar» me suena más a invitación que a advertencia. Llámenme raro.
¿Por dónde iba? Ah, sí: por Shane Hollander; por Ilya Rozanov. Que se van a enfrentar en las pistas de hielo. Que van a edir sus fuerzas. Que empezarán a sentirse atraídos el uno por el otro.
«En cada saque que había hecho contra Rozanov, el ruso lo había mirado fijamente a los ojos y había sonreído con sorna. No era fácil hacer perder los estribos a Shane, pero esa maldita sonrisa le había puesto al límite una vez tras otra».
Normal. Si te miran así…
Normal, también, que salten chispas. Que, en menos que canta un gallo, pasen a la acción, al aquí te pillo, aquí te mato. De temporada en temporada. Cuando sus equipos coinciden en la misma ciudad. Siempre a escondidas, siempre disimulando. Porque se imaginan los titulares: ¡Escándalo! Salir del armario no es que sea una tarea imposible: salir del armario es, prácticamente, ciencia ficción. No olvidemos que Ilya y Shane se mueven en el mundo del deporte de élite, inclusivo solo en teoría.
Extraña relación la suya, al principio. Tóxica, me atrevería a decir. Y tan chocante, a ratos, como el lenguaje del que se sirve
Así que, al principio, «eso» que les ocurre es un arrebato; y lo que tienen, o contra lo que luchan, es «esa cosa ridícula» que «no iba a durar para siempre». Mejor dicho: que no puede –no debe– durar para siempre. Algo, simplemente, «práctico para ambos». Un desahogo. «La rivalidad era buena para la liga, buena para sus carreras y, lo más importante, era ideal para ocultar la verdad».
Sexo, sexo, sexo. En ‘Más que rivales’, el segundo título de la saga ‘Game Changers’ –pero el primero que se publica en España, al calor del éxito de la serie ‘Heated Rivalry‘, creada por Jacob Tierney e interpretada por Connor Storrie (Ilya) y Hudson Williams (Shane)–, hay sexo a chorro libre. Con las piernas para acá, con las piernas para allá, de lado, de medio lado, boca abajo, boca arriba. Con la mano, con la lengua, con más partes del cuerpo. Sexo seguro, que conste; aunque no siempre. ¡Y sin pijama, lo cual es muy de agradecer! Porque parece que a la hora de mostrar abiertamente cualquier escena de sexo gay haya que ser pacato y moderadito. Aviso: la escritora canadiense Rachel Reid, seudónimo de Rachelle Goguen, no es ni una cosa ni la otra.
Además de ardor, pasión y erecciones, en las páginas de ‘Más que rivales’ hay besos, ternura, preliminares, compañerismo. Mientras Ilya juega a avergonzar a Shane y a sacarlo de sus casillas. Mientras a Shane le molestar empapar las sábanas.
Inciso: lo de este chico con la limpieza es digno de estudio. También las conversaciones que los dos amantes mantienen en la cama y fuera de la cama:
–Joder. Vete a la mierda.
–Calla la puta boca.
–Déjame en paz.
–Que te den.
Extraña relación la suya, al principio. Tóxica, me atrevería a decir. Y tan chocante, a ratos, como el lenguaje del que se sirve esta historia. Varios ejemplos: «No es que fueran amigos y tal» (¿«y tal»?); «E Ilya… se rio. Porque era puto divertido» (¿«puto»?). O: «Pudo ver cómo se le movía bruscamente la nuez al tragar saliva, cómo se mordía el labio inferior con los dientes». (A ver, que yo me aclare: con qué, si no es con los dientes, se va a morder uno –o una– el labio, ya sea el inferior o el superior). No digo yo que la juventud de hoy no hable así, pero… ¡madre mía, qué pobreza!
Un lenguaje muy básico y justito, el de ‘Más que rivales’; al servicio de unos personajes bien definidos y un argumento mejor, infinitamente mejor y más ágil que el de ‘Crepúsculo’, y a años luz del de ‘Cincuenta sombras de Grey’.
En resumen: una historia morbosa que consigue lo que busca –cierto temblorcillo ahí abajo– y en la que el amor, poco a poco, se irá abriendo camino hasta alcanzar esta declaración final: «Nos quiero a nosotros».
¿Suenan a lo lejos campanas de boda?
Apostaría a que sí: suenan a lo lejos campanas de boda.
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