El éxito de Claudia Durastanti con ‘La extranjera’ (Anagrama) fue fulgurante. Esta historia íntima, en que la autora italiana de origen estadounidense hablaba de desarraigo, inmigración y extrañeza a través de su convivencia con sus padres sordos, tocó la fibra sensible de muchos lectores y se tradujo a más de 20 países . «La verdad es que lo que más me asombró de su éxito es cómo en los diferentes países se leía diferente. En Estados Unidos sólo hablaban de migración. En Alemania, sobre políticas de discapacidad. En Francia, se hablaba más de clase social y en Italia, claro, se hablaba sobre todo de la figura de ‘la mamma’», recuerda Durastanti en declaraciones a ABC.Todos estos temas también están presentes en ‘Missitalia’ (Anagrama) , la nueva novela de la escritora italiana que abandona su historia personal y los guiños del género de la autoficción para adentrarse en la imaginación más pura. A través de un tríptico que funciona como tres novelas independientes, recorremos los últimos 200 años de la historia del sur de Italia, desde los difíciles años de la unificación a mediados del siglo XIX hasta un futuro cercano donde la luna se ha convertido en ese viejo sueño del nuevo mundo. «Cuando acabé ‘La extranjera’ pensé que ya no me quedaba nada más que escribir, que mi historia ya había acabado. Pero entonces llevó el covid, todos nos encerramos en casa y vivimos vidas similares. No tenía mucho sentido explicar lo que te sucedía, porque le sucedía a todo el mundo, y me pareció que era momento para bucear en la ficción y experimentar con diferentes géneros», comenta la escritora italiana.De esta forma, ‘Missitalia’ nos traslada, primero, al sur de Italia, a la región de Basilicata , donde es originaria la familia de Durastanti y donde ella regresó en su niñez cuando abandonó su Brooklyn natal . Los áridos espacios, la lucha contra las nuevas formas de progreso, como las fábricas o el descubrimiento del petróleo, además de una gran protagonista femenina como Amalia Spada, gran matriarca de delincuentes y jóvenes sin expectativas, le dan a la novela un aire de western crepuscular dentro de un mundo que se acaba. «Me interesaba ver el papel de la mujer en la época de la unificación italiana. Lo que descubrí es que no está documentado, como si no existiese, salvo alguna referencia a ciertas bandidas, lo que me dio libertad para ficcionar su papel y darle mayor relevancia», asegura Durastanti.Noticia relacionada general No No Niklas Natt Och Dag: «El poder es como el agua del mar, si la pruebas siempre querrás más» Carlos SalaLa segunda historia da un salto de cien años, a los años 50, en la figura de una joven periodista romana que narra en primera persona sus incursiones al sur, en un tiempo en que la región de la Basilicata se ha establecido como el yacimiento de petróleo más importante de toda Europa y la industrialización da pie a la corrupción y el espionaje. «Es una mujer que busca su propia voz a través de los múltiples errores que comete. Como hacía en ‘La extranjera’, utilizo la primera persona como mecanismo para reforzar esta idea, no para curar mis traumas o desahogarme de alguna manera», afirma divertida.La última historia cierra el círculo. Vuelve a saltar un siglo para hablarnos de una agencia espacial mediterránea situada en la Basilicata, que ahora tiene un paisaje similar a la luna y desde donde parten las personas que quieren ir a los centros de progreso situados en la luna. Aquí, los códigos narrativos se acercan a la ciencia ficción , con una mujer en la luna que lo único que desea es volver a la tierra. «Quería jugar con la paradoja de que el progreso nunca es completo y siempre mantiene códigos del pasado. Por ejemplo, si tu te paseas por internet, símbolo de modernidad, los discursos que encuentras se han vuelto propios de la edad media, de la superstición y la ‘conspiranoia’».’Missitalia’ analiza la paradoja del progreso, un futuro lunar y los ecos del pasado Porque la novela juega con la circularidad de la historia. Al principio del relato, cuando las protagonistas se evaden de la realidad o piensan en sus cosas, las acusan de vivir en la luna. Al final, cuando la protagonista vive en la luna, lo único que hace es evadirse pensando en su vuelta a casa. «Quería utilizar la luna como antes se pensaba en Estados Unidos, como ese mundo nuevo lleno de oportunidades, pero que al final siempre descubres quizá demasiado tarde que no guardaba oportunidad alguna». Al mismo tiempo, presenta los peligros de romantizar el pasado. «Cuando la escribía, estaba traduciendo ‘El gran Gatsby’, que no deja de ser un personaje que no para de pensar en su amor del pasado y lo que encuentra en Daisy, ese amor, en realidad no se parece en nada a lo que recordaba», comenta Durastanti. Las dos primeras partes son la documentación fidedigna que la romantización del pasado es igual de mala que la romantización del futuro.Puede que la novela no trate directamente su propia vida como en ‘La extranjera’, pero se mezcla en muchos de los fragmentos de la ficción. Como el momento en que uno de los personajes recuerda cuando entraba en una cabina de teléfonos, hoy totalmente desaparecida, y tenía la impresión de entrar en una nave espacial y volar a universos extraños. «A mi me pasaba de pequeña. Iba a la cabina que había en el pueblo a hablar con mi familia que vivía en Nueva York y sentía que era como entrar en una nave espacial que me llevaba a un mundo maravilloso. La sensación era tan extraña y fascinante. Ahora que no hay cabinas, eso se ha perdido», dice Durastanti con un pelín de nostalgia.Hombres y maternidadDespués de probar la autoficción y la ficción más pura, ahora está trabajando en el siguiente escalón literario, la no ficción . Prepara una antología de textos en los que habla de fascismo, violencia, hombres y maternidad. «Me sorprende como desde la extrema derecha se quiere separar cada vez más a hombres y mujeres, como si fueran criaturas ajenas. Crecí leyendo a Stephen King y grandes novelas sobre la amistad entre hombres, y ahora se han perdido por completo. En un mundo como el actual, es imposible que no te afecte la incertidumbre y la violencia y respondas a ello en lo que escribes. Me apetecía hablar de los hombres que me han marcado, no sentimentalmente, sino los que me han ayudado a moldear mis ideas», asegura la escritora.La última pregunta es obligada: ¿todavía se siente una extranjera? «Por supuesto, es algo que tengo interiorizado. He vivido en muchos lugares, en Londres, en Nueva York, en el sur de Italia. Desde hace cinco años vivo en Roma y me sigo sintiendo fuera de lugar. A veces creo que cada día cambian las calles sólo para fastidiarme. Y esta extrañeza es la que utilizo todos los días para escribir», concluye Durastanti. El éxito de Claudia Durastanti con ‘La extranjera’ (Anagrama) fue fulgurante. Esta historia íntima, en que la autora italiana de origen estadounidense hablaba de desarraigo, inmigración y extrañeza a través de su convivencia con sus padres sordos, tocó la fibra sensible de muchos lectores y se tradujo a más de 20 países . «La verdad es que lo que más me asombró de su éxito es cómo en los diferentes países se leía diferente. En Estados Unidos sólo hablaban de migración. En Alemania, sobre políticas de discapacidad. En Francia, se hablaba más de clase social y en Italia, claro, se hablaba sobre todo de la figura de ‘la mamma’», recuerda Durastanti en declaraciones a ABC.Todos estos temas también están presentes en ‘Missitalia’ (Anagrama) , la nueva novela de la escritora italiana que abandona su historia personal y los guiños del género de la autoficción para adentrarse en la imaginación más pura. A través de un tríptico que funciona como tres novelas independientes, recorremos los últimos 200 años de la historia del sur de Italia, desde los difíciles años de la unificación a mediados del siglo XIX hasta un futuro cercano donde la luna se ha convertido en ese viejo sueño del nuevo mundo. «Cuando acabé ‘La extranjera’ pensé que ya no me quedaba nada más que escribir, que mi historia ya había acabado. Pero entonces llevó el covid, todos nos encerramos en casa y vivimos vidas similares. No tenía mucho sentido explicar lo que te sucedía, porque le sucedía a todo el mundo, y me pareció que era momento para bucear en la ficción y experimentar con diferentes géneros», comenta la escritora italiana.De esta forma, ‘Missitalia’ nos traslada, primero, al sur de Italia, a la región de Basilicata , donde es originaria la familia de Durastanti y donde ella regresó en su niñez cuando abandonó su Brooklyn natal . Los áridos espacios, la lucha contra las nuevas formas de progreso, como las fábricas o el descubrimiento del petróleo, además de una gran protagonista femenina como Amalia Spada, gran matriarca de delincuentes y jóvenes sin expectativas, le dan a la novela un aire de western crepuscular dentro de un mundo que se acaba. «Me interesaba ver el papel de la mujer en la época de la unificación italiana. Lo que descubrí es que no está documentado, como si no existiese, salvo alguna referencia a ciertas bandidas, lo que me dio libertad para ficcionar su papel y darle mayor relevancia», asegura Durastanti.Noticia relacionada general No No Niklas Natt Och Dag: «El poder es como el agua del mar, si la pruebas siempre querrás más» Carlos SalaLa segunda historia da un salto de cien años, a los años 50, en la figura de una joven periodista romana que narra en primera persona sus incursiones al sur, en un tiempo en que la región de la Basilicata se ha establecido como el yacimiento de petróleo más importante de toda Europa y la industrialización da pie a la corrupción y el espionaje. «Es una mujer que busca su propia voz a través de los múltiples errores que comete. Como hacía en ‘La extranjera’, utilizo la primera persona como mecanismo para reforzar esta idea, no para curar mis traumas o desahogarme de alguna manera», afirma divertida.La última historia cierra el círculo. Vuelve a saltar un siglo para hablarnos de una agencia espacial mediterránea situada en la Basilicata, que ahora tiene un paisaje similar a la luna y desde donde parten las personas que quieren ir a los centros de progreso situados en la luna. Aquí, los códigos narrativos se acercan a la ciencia ficción , con una mujer en la luna que lo único que desea es volver a la tierra. «Quería jugar con la paradoja de que el progreso nunca es completo y siempre mantiene códigos del pasado. Por ejemplo, si tu te paseas por internet, símbolo de modernidad, los discursos que encuentras se han vuelto propios de la edad media, de la superstición y la ‘conspiranoia’».’Missitalia’ analiza la paradoja del progreso, un futuro lunar y los ecos del pasado Porque la novela juega con la circularidad de la historia. Al principio del relato, cuando las protagonistas se evaden de la realidad o piensan en sus cosas, las acusan de vivir en la luna. Al final, cuando la protagonista vive en la luna, lo único que hace es evadirse pensando en su vuelta a casa. «Quería utilizar la luna como antes se pensaba en Estados Unidos, como ese mundo nuevo lleno de oportunidades, pero que al final siempre descubres quizá demasiado tarde que no guardaba oportunidad alguna». Al mismo tiempo, presenta los peligros de romantizar el pasado. «Cuando la escribía, estaba traduciendo ‘El gran Gatsby’, que no deja de ser un personaje que no para de pensar en su amor del pasado y lo que encuentra en Daisy, ese amor, en realidad no se parece en nada a lo que recordaba», comenta Durastanti. Las dos primeras partes son la documentación fidedigna que la romantización del pasado es igual de mala que la romantización del futuro.Puede que la novela no trate directamente su propia vida como en ‘La extranjera’, pero se mezcla en muchos de los fragmentos de la ficción. Como el momento en que uno de los personajes recuerda cuando entraba en una cabina de teléfonos, hoy totalmente desaparecida, y tenía la impresión de entrar en una nave espacial y volar a universos extraños. «A mi me pasaba de pequeña. Iba a la cabina que había en el pueblo a hablar con mi familia que vivía en Nueva York y sentía que era como entrar en una nave espacial que me llevaba a un mundo maravilloso. La sensación era tan extraña y fascinante. Ahora que no hay cabinas, eso se ha perdido», dice Durastanti con un pelín de nostalgia.Hombres y maternidadDespués de probar la autoficción y la ficción más pura, ahora está trabajando en el siguiente escalón literario, la no ficción . Prepara una antología de textos en los que habla de fascismo, violencia, hombres y maternidad. «Me sorprende como desde la extrema derecha se quiere separar cada vez más a hombres y mujeres, como si fueran criaturas ajenas. Crecí leyendo a Stephen King y grandes novelas sobre la amistad entre hombres, y ahora se han perdido por completo. En un mundo como el actual, es imposible que no te afecte la incertidumbre y la violencia y respondas a ello en lo que escribes. Me apetecía hablar de los hombres que me han marcado, no sentimentalmente, sino los que me han ayudado a moldear mis ideas», asegura la escritora.La última pregunta es obligada: ¿todavía se siente una extranjera? «Por supuesto, es algo que tengo interiorizado. He vivido en muchos lugares, en Londres, en Nueva York, en el sur de Italia. Desde hace cinco años vivo en Roma y me sigo sintiendo fuera de lugar. A veces creo que cada día cambian las calles sólo para fastidiarme. Y esta extrañeza es la que utilizo todos los días para escribir», concluye Durastanti.
El éxito de Claudia Durastanti con ‘La extranjera’ (Anagrama) fue fulgurante. Esta historia íntima, en que la autora italiana de origen estadounidense hablaba de desarraigo, inmigración y extrañeza a través de su convivencia con sus padres sordos, tocó la fibra sensible de muchos lectores … y se tradujo a más de 20 países. «La verdad es que lo que más me asombró de su éxito es cómo en los diferentes países se leía diferente. En Estados Unidos sólo hablaban de migración. En Alemania, sobre políticas de discapacidad. En Francia, se hablaba más de clase social y en Italia, claro, se hablaba sobre todo de la figura de ‘la mamma’», recuerda Durastanti en declaraciones a ABC.
Todos estos temas también están presentes en ‘Missitalia’ (Anagrama), la nueva novela de la escritora italiana que abandona su historia personal y los guiños del género de la autoficción para adentrarse en la imaginación más pura. A través de un tríptico que funciona como tres novelas independientes, recorremos los últimos 200 años de la historia del sur de Italia, desde los difíciles años de la unificación a mediados del siglo XIX hasta un futuro cercano donde la luna se ha convertido en ese viejo sueño del nuevo mundo. «Cuando acabé ‘La extranjera’ pensé que ya no me quedaba nada más que escribir, que mi historia ya había acabado. Pero entonces llevó el covid, todos nos encerramos en casa y vivimos vidas similares. No tenía mucho sentido explicar lo que te sucedía, porque le sucedía a todo el mundo, y me pareció que era momento para bucear en la ficción y experimentar con diferentes géneros», comenta la escritora italiana.
De esta forma, ‘Missitalia’ nos traslada, primero, al sur de Italia, a la región de Basilicata, donde es originaria la familia de Durastanti y donde ella regresó en su niñez cuando abandonó su Brooklyn natal. Los áridos espacios, la lucha contra las nuevas formas de progreso, como las fábricas o el descubrimiento del petróleo, además de una gran protagonista femenina como Amalia Spada, gran matriarca de delincuentes y jóvenes sin expectativas, le dan a la novela un aire de western crepuscular dentro de un mundo que se acaba. «Me interesaba ver el papel de la mujer en la época de la unificación italiana. Lo que descubrí es que no está documentado, como si no existiese, salvo alguna referencia a ciertas bandidas, lo que me dio libertad para ficcionar su papel y darle mayor relevancia», asegura Durastanti.
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La segunda historia da un salto de cien años, a los años 50, en la figura de una joven periodista romana que narra en primera persona sus incursiones al sur, en un tiempo en que la región de la Basilicata se ha establecido como el yacimiento de petróleo más importante de toda Europa y la industrialización da pie a la corrupción y el espionaje. «Es una mujer que busca su propia voz a través de los múltiples errores que comete. Como hacía en ‘La extranjera’, utilizo la primera persona como mecanismo para reforzar esta idea, no para curar mis traumas o desahogarme de alguna manera», afirma divertida.
La última historia cierra el círculo. Vuelve a saltar un siglo para hablarnos de una agencia espacial mediterránea situada en la Basilicata, que ahora tiene un paisaje similar a la luna y desde donde parten las personas que quieren ir a los centros de progreso situados en la luna. Aquí, los códigos narrativos se acercan a la ciencia ficción, con una mujer en la luna que lo único que desea es volver a la tierra. «Quería jugar con la paradoja de que el progreso nunca es completo y siempre mantiene códigos del pasado. Por ejemplo, si tu te paseas por internet, símbolo de modernidad, los discursos que encuentras se han vuelto propios de la edad media, de la superstición y la ‘conspiranoia’».
‘Missitalia’ analiza la paradoja del progreso, un futuro lunar y los ecos del pasado
Porque la novela juega con la circularidad de la historia. Al principio del relato, cuando las protagonistas se evaden de la realidad o piensan en sus cosas, las acusan de vivir en la luna. Al final, cuando la protagonista vive en la luna, lo único que hace es evadirse pensando en su vuelta a casa. «Quería utilizar la luna como antes se pensaba en Estados Unidos, como ese mundo nuevo lleno de oportunidades, pero que al final siempre descubres quizá demasiado tarde que no guardaba oportunidad alguna». Al mismo tiempo, presenta los peligros de romantizar el pasado. «Cuando la escribía, estaba traduciendo ‘El gran Gatsby’, que no deja de ser un personaje que no para de pensar en su amor del pasado y lo que encuentra en Daisy, ese amor, en realidad no se parece en nada a lo que recordaba», comenta Durastanti. Las dos primeras partes son la documentación fidedigna que la romantización del pasado es igual de mala que la romantización del futuro.
Puede que la novela no trate directamente su propia vida como en ‘La extranjera’, pero se mezcla en muchos de los fragmentos de la ficción. Como el momento en que uno de los personajes recuerda cuando entraba en una cabina de teléfonos, hoy totalmente desaparecida, y tenía la impresión de entrar en una nave espacial y volar a universos extraños. «A mi me pasaba de pequeña. Iba a la cabina que había en el pueblo a hablar con mi familia que vivía en Nueva York y sentía que era como entrar en una nave espacial que me llevaba a un mundo maravilloso. La sensación era tan extraña y fascinante. Ahora que no hay cabinas, eso se ha perdido», dice Durastanti con un pelín de nostalgia.
Hombres y maternidad
Después de probar la autoficción y la ficción más pura, ahora está trabajando en el siguiente escalón literario, la no ficción. Prepara una antología de textos en los que habla de fascismo, violencia, hombres y maternidad. «Me sorprende como desde la extrema derecha se quiere separar cada vez más a hombres y mujeres, como si fueran criaturas ajenas. Crecí leyendo a Stephen King y grandes novelas sobre la amistad entre hombres, y ahora se han perdido por completo. En un mundo como el actual, es imposible que no te afecte la incertidumbre y la violencia y respondas a ello en lo que escribes. Me apetecía hablar de los hombres que me han marcado, no sentimentalmente, sino los que me han ayudado a moldear mis ideas», asegura la escritora.
La última pregunta es obligada: ¿todavía se siente una extranjera? «Por supuesto, es algo que tengo interiorizado. He vivido en muchos lugares, en Londres, en Nueva York, en el sur de Italia. Desde hace cinco años vivo en Roma y me sigo sintiendo fuera de lugar. A veces creo que cada día cambian las calles sólo para fastidiarme. Y esta extrañeza es la que utilizo todos los días para escribir», concluye Durastanti.
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