“Visualizar un lugar puede ser imaginarlo o hacerlo visible”, señala la periodista británica Amelia Abraham en la introducción de Sex. Clubs. Dissent: Visualising Queer Nightlife. A partir de esa premisa, el libro no se limita a reunir imágenes de la vida nocturna queer, sino que explora cómo la creación de imágenes ha contribuido a formar —y en ocasiones también a poner en riesgo— las prácticas, subculturas y formas de resistencia que han habitado esos espacios. Indaga en cómo esos espacios han sido vistos, registrados y narrados, y en el modo en que esas formas de representación han influido en su propia existencia.
“Visualizar un lugar puede ser imaginarlo o hacerlo visible”, señala la periodista británica Amelia Abraham en la introducción de Sex. Clubs. Dissent: Visualising Queer Nightlife. A partir de esa premisa, el libro no se limita a reunir imágenes de la vida nocturna queer, sino que explora cómo la creación de imágenes ha contribuido a formar —y en ocasiones también a poner en riesgo— las prácticas, subculturas y formas de resistencia que han habitado esos espacios. Indaga en cómo esos espacios han sido vistos, registrados y narrados, y en el modo en que esas formas de representación han influido en su propia existencia. Seguir leyendo
“Visualizar un lugar puede ser imaginarlo o hacerlo visible”, señala la periodista británica Amelia Abraham en la introducción de Sex. Clubs. Dissent: Visualising Queer Nightlife. A partir de esa premisa, el libro no se limita a reunir imágenes de la vida nocturna queer, sino que explora cómo la creación de imágenes ha contribuido a formar —y en ocasiones también a poner en riesgo— las prácticas, subculturas y formas de resistencia que han habitado esos espacios. Indaga en cómo esos espacios han sido vistos, registrados y narrados, y en el modo en que esas formas de representación han influido en su propia existencia.






Vinculada desde hace años a los clubes londinenses, Abraham ha dado forma a una antología que recorre la fotografía de la vida nocturna queer desde los años 60 hasta la actualidad, destacando su valor documental y estético en contextos festivos, políticos y comunitarios. Si en su anterior libro Queer Intentions (2019), la autora aborda las tensiones que aún atraviesan la vida cotidiana queer, pese a los avances en visibilidad y derechos, en este nuevo proyecto desplaza el foco hacia el propio acto de la representación. “Fue algo natural reunir algunas de las entrevistas llevadas a cabo a lo largo de años, en un solo lugar, en parte como una celebración, pero también con el fin de explorar la relación entre la vida nocturna queer y la fotografía, el papel del artista, la razón por la que se tomaron fotografías en estos espacios y lo que estos lugares nos aportan”, advierte la autora durante una entrevista telefónica.
Aunque el libro está dirigido principalmente a un público familiarizado con la cultura queer, una de sus mayores virtudes es que el texto y las imágenes consiguen transmitir algo mucho más universal: la experiencia emocional de la noche. Las promesas que conlleva, pero también los desencantos, la noche como lugar de posibilidad y de autoexpresión. “Tanto el club como la fotografía, cada uno a su manera, son espacios de experimentación y vectores de fantasía”, apunta Abraham. En las páginas del libro no aparecen únicamente clubes o fiestas, sino esa mezcla de deseo, libertad, intimidad, vulnerabilidad y euforia que acompaña al caer el sol. La noche aparece como un territorio donde las identidades pueden ensayarse, transformarse o simplemente existir lejos de la vigilancia cotidiana.

Abraham evita cualquier tentación de romantizar el archivo fotográfico. Una de las ideas que atraviesa el libro parte de una cita del crítico David Campany: “Estar representado en una imagen no significa estar representado de ninguna otra manera.” La advertencia resulta especialmente pertinente cuando se trabaja con comunidades históricamente marginadas. Una fotografía puede preservar una memoria, pero también puede exponer, fetichizar, violentar o incluso poner en peligro a quienes aparecen en ella. «Quería pensar cuidadosamente quién tomó cada fotografía, cuál era su relación con las personas retratadas y dónde terminaron circulando esas imágenes», explica la autora. Más que ofrecer respuestas definitivas, el libro invita a hacerse preguntas sobre la ética de la representación y sobre el poder —y los límites— de la fotografía como herramienta política.
La periodista pasó cerca de dos años investigando archivos, entrevistando a fotógrafos y ordenando un material extraordinariamente diverso para construir un retrato coral donde convive la obra de artistas como Wolfgang Tillmans, Sunil Gupta, Kia LaBeija y David Wojnarowicz, con instantáneas como las que conforman el Archivo de la Memoria Trans Argentina (AMT): fotografías familiares, alejadas de cualquier mirada espectacular, que muestran amistades, besos, celebraciones y momentos cotidianos. “La importancia de este último archivo radica precisamente en desplazar un relato que durante demasiado tiempo ha asociado las vidas trans exclusivamente con la violencia. Hay alegría, amor y cuidado en estas imágenes”, destaca Abraham, quien también subraya un efecto inesperado: al difundirse ampliamente, estas fotografías han contribuido a transformar los resultados de las búsquedas en internet sobre mujeres trans argentinas, ofreciendo representaciones mucho más diversas y humanas.

No es casual que la primera palabra del título sea precisamente Sex. La autora se opone deliberadamente a esa tendencia a ‘limpiar’ la imagen de la cultura queer para hacerla más aceptable. Recupera una idea del escritor Jeremy Atherton Lin, acerca de la progresiva desaparición del ‘pervertido’ del imaginario gay contemporáneo y defiende que el sexo, el deseo, el cruising, la intimidad o el placer forman parte de la historia de estos espacios tanto como la reivindicación política. Ignorar esa dimensión supondría ofrecer una versión incompleta de la experiencia queer.
La tercera palabra del título, Dissent (disidencia), remite tanto a la marginalidad como a la resistencia. Para Abraham, la disidencia puede adoptar múltiples formas: “Puede manifestarse como una protesta, una performance drag o como expresiones subversivas del género y la identidad. Pero también está presente en las imágenes que aparecen hacia el final del libro, que muestran pequeños momentos que transcurren a la luz del día. Crear pequeños mundos alternativos ya es una forma de disidencia”, sostiene. La definición es deliberadamente abierta, porque también lo son las múltiples estrategias con las que las comunidades queer han cuestionado el orden establecido en distintas épocas y contextos.

Esa idea conecta con una de las preguntas que sobrevuelan el libro: ¿siguen siendo necesarios los espacios específicamente queer? Hace apenas una década, el cierre masivo de bares y clubes alimentó el temor de que la identidad gay acabara diluyéndose en una sociedad aparentemente más inclusiva. Abraham reconoce que ese diagnóstico ha cambiado. Si bien muchos locales desaparecieron debido a la presión inmobiliaria o a los cambios tecnológicos, en ciudades como Londres, París o Nueva York la autora observa un renovado interés por organizar fiestas, crear clubes efímeros y nuevas formas de encuentro. En un contexto político marcado por el ascenso de la extrema derecha, esos espacios vuelven a entenderse como lugares de refugio, comunidad y libertad.
Sex. Clubs. Dissent no es solo un libro sobre la vida nocturna queer, sino una reflexión sobre el poder de las imágenes para construir, preservar y también tensionar las formas de vida que representan. Toda imagen implica una relación de poder, una forma de selección y una responsabilidad ética. Es en ese cruce entre memoria, representación y archivo donde se sitúa la apuesta del proyecto de Amelia Abraham.
Sex, Clubs, Dissent: Visualising Queer Nightlife. Amelia Abraham. MACK (2026). 284 páginas. 65 euros.
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