Primera mañana de verano en Burgos, con un sol intenso en el cielo azul y las margaritas felices en el campo, cuando se monta la marabunta en la puerta del Cernégula. Se bajan hasta los auxiliares de la ambulancia de Protección Civil. “¡Sois unos artistas!”, exclama un anciano llamado Paco en la puerta de la antigua fonda de la carretera de Arcos, abierta durante 70 años en el actual barrio de San Felices y de la que queda hoy solo el estanco, lugar de peregrinaje de los chicos de la Maravillosa Orquesta del Alcohol (M.O.D.A.) para pillar bocadillos, bebidas y tabaco cuando se escapan de su estudio de grabación a tan solo 200 metros ladera bajo en el parque del Hangar. “Estáis en casa. Venga, pa’ dentro, coged botellas de agua que hace mucho calor”, pide a todos Rosa Melgosa, dueña del Cernégula y citada en la canción de la M.O.D.A. ‘San Felices’: “Y sé que ya hemos vuelto a casa al ver a Rosa en el Cernégula”. Esa casa está ahora repleta de personas que han visto llegar a los miembros de la banda más importante de la ciudad y se han ido directos a por ellos. Algunos estaban en el estanco, otros han salido de un bar cercano, otras han cruzado desde la otra acera, uno se ha bajado de la moto y otros dos de la ambulancia, resuelta la urgencia, se han arrimado también. Incluso un grupo de niños con autismo que sale con sus tutoras “muy fans” del colegio Sagrado Corazón Hermanas Salesianas, justo enfrente del Cernégula, se ha parado para fotografiarse con ellos. Fotos, autógrafos, besos, abrazos y palabras de cariño por todas partes: “sois los mejores”, “gracias por todo”, “no dejéis de tocar”, “Burgos os quiere”… Los seis integrantes de la M.O.D.A. atienden a todos, uno por uno. “Todo esto se monta por las camisetas de tirantes”, asegura David Ruiz, cantante y compositor del grupo. “Si no las llevamos puestas, la gente no nos reconoce. Cuando vamos vestidos de paisanos normales, pasamos desapercibidos en todo Burgos como si fuéramos Clark Kent”, añade. “Al ponernos estas camisetas, es como si fueran el traje y la capa de Superman”, dice el baterista Caleb Melguizo con media sonrisa. “O Superlópez, que nos pega más”, añade Ruiz.
Primera mañana de verano en Burgos, con un sol intenso en el cielo azul y las margaritas felices en el campo, cuando se monta la marabunta en la puerta del Cernégula. Se bajan hasta los auxiliares de la ambulancia de Protección Civil. “¡Sois unos artistas!”, exclama un anciano llamado Paco en la puerta de la antigua fonda de la carretera de Arcos, abierta durante 70 años en el actual barrio de San Felices y de la que queda hoy solo el estanco, lugar de peregrinaje de los chicos de la Maravillosa Orquesta del Alcohol (M.O.D.A.) para pillar bocadillos, bebidas y tabaco cuando se escapan de su estudio de grabación a tan solo 200 metros ladera bajo en el parque del Hangar. “Estáis en casa. Venga, pa’ dentro, coged botellas de agua que hace mucho calor”, pide a todos Rosa Melgosa, dueña del Cernégula y citada en la canción de la M.O.D.A. ‘San Felices’: “Y sé que ya hemos vuelto a casa al ver a Rosa en el Cernégula”. Esa casa está ahora repleta de personas que han visto llegar a los miembros de la banda más importante de la ciudad y se han ido directos a por ellos. Algunos estaban en el estanco, otros han salido de un bar cercano, otras han cruzado desde la otra acera, uno se ha bajado de la moto y otros dos de la ambulancia, resuelta la urgencia, se han arrimado también. Incluso un grupo de niños con autismo que sale con sus tutoras “muy fans” del colegio Sagrado Corazón Hermanas Salesianas, justo enfrente del Cernégula, se ha parado para fotografiarse con ellos. Fotos, autógrafos, besos, abrazos y palabras de cariño por todas partes: “sois los mejores”, “gracias por todo”, “no dejéis de tocar”, “Burgos os quiere”… Los seis integrantes de la M.O.D.A. atienden a todos, uno por uno. “Todo esto se monta por las camisetas de tirantes”, asegura David Ruiz, cantante y compositor del grupo. “Si no las llevamos puestas, la gente no nos reconoce. Cuando vamos vestidos de paisanos normales, pasamos desapercibidos en todo Burgos como si fuéramos Clark Kent”, añade. “Al ponernos estas camisetas, es como si fueran el traje y la capa de Superman”, dice el baterista Caleb Melguizo con media sonrisa. “O Superlópez, que nos pega más”, añade Ruiz. Seguir leyendo
Primera mañana de verano en Burgos, con un sol intenso en el cielo azul y las margaritas felices en el campo, cuando se monta la marabunta en la puerta del Cernégula. Se bajan hasta los auxiliares de la ambulancia de Protección Civil. “¡Sois unos artistas!”, exclama un anciano llamado Paco en la puerta de la antigua fonda de la carretera de Arcos, abierta durante 70 años en el actual barrio de San Felices y de la que queda hoy solo el estanco, lugar de peregrinaje de los chicos de la Maravillosa Orquesta del Alcohol (M.O.D.A.) para pillar bocadillos, bebidas y tabaco cuando se escapan de su estudio de grabación a tan solo 200 metros ladera bajo en el parque del Hangar. “Estáis en casa. Venga, pa’ dentro, coged botellas de agua que hace mucho calor”, pide a todos Rosa Melgosa, dueña del Cernégula y citada en la canción de la M.O.D.A. ‘San Felices’: “Y sé que ya hemos vuelto a casa al ver a Rosa en el Cernégula”. Esa casa está ahora repleta de personas que han visto llegar a los miembros de la banda más importante de la ciudad y se han ido directos a por ellos. Algunos estaban en el estanco, otros han salido de un bar cercano, otras han cruzado desde la otra acera, uno se ha bajado de la moto y otros dos de la ambulancia, resuelta la urgencia, se han arrimado también. Incluso un grupo de niños con autismo que sale con sus tutoras “muy fans” del colegio Sagrado Corazón Hermanas Salesianas, justo enfrente del Cernégula, se ha parado para fotografiarse con ellos. Fotos, autógrafos, besos, abrazos y palabras de cariño por todas partes: “sois los mejores”, “gracias por todo”, “no dejéis de tocar”, “Burgos os quiere”… Los seis integrantes de la M.O.D.A. atienden a todos, uno por uno. “Todo esto se monta por las camisetas de tirantes”, asegura David Ruiz, cantante y compositor del grupo. “Si no las llevamos puestas, la gente no nos reconoce. Cuando vamos vestidos de paisanos normales, pasamos desapercibidos en todo Burgos como si fuéramos Clark Kent”, añade. “Al ponernos estas camisetas, es como si fueran el traje y la capa de Superman”, dice el baterista Caleb Melguizo con media sonrisa. “O Superlópez, que nos pega más”, añade Ruiz.
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