Aunque ha publicado algunas novelas bajo el pseudónimo de Fernanda Kubbs y nos entregó un hermoso libro memorialista titulado ‘Cosas que ya no existen’ (reeditado recientemente), Cristina Fernández Cubas recibe ahora el premio Cervantes por ser la mejor escritora de cuentos que tiene hoy la literatura española. El de este año es por tanto el Cervantes del género cuento, y bien está que tal cosa ocurra. Los cuentos de Fernández Cubas la muestran heredera de Edgar Allan Poe , su maestro en lidiar con ese límite, no siempre preciso y por tal cosa más inquietante, que existe entre lo fantástico y lo cotidiano. Fernández Cubas nos enseña las múltiples maneras en que lo fantástico anida en lo cotidiano, y lo desarrolla fundamentalmente en temas familiares y con el mito del doble. Sigmund Freud creó la categoría que denominó ‘lo ominoso’, una dimensión del horror que Edgar Allan Poe desarrolló incluso mejor que Hoffmann, que fue su modelo. Tal categoría se mostró así en los dos libros de cuentos que la hicieron famosa, ‘Mi hermana Elba’ (1980) y ‘Los altillos de Brumal’ (1983). Cristina Fernández Cubas suele proceder al contrario de lo que ocurre en la narración novelística: sus historias tienen más en lo que ocultan que en lo que muestran, viven de la típica economía que Cortázar teorizó a partir de la ‘Filosofía de la composición’ de su maestro Allan Poe: la estructura en tensión, ese ir creciendo en intensidad, pero no hacerlo nunca lo suficiente, de manera que al lector le queda siempre una faena por realizar. Otro gran tema que ha fertilizado la imaginación de Cristina Fernández Cubas es el del doble, y su prolongación en el espejo alcanzó en su cuento ‘Lúnula y Violeta’ cimas del género pocas veces alcanzadas por nadie. La dualidad que implica la figura del doble, desde Poe a Borges, dos maestros directos de la escritora catalana, se prolonga en su último libro de cuentos publicado, bajo el título ‘Lo que no se ve’ (2025). Ahí de modo perfecto aplica la cuestión del doble a la situación de las hermanas gemelas. El cuento que abre el volumen, titulado ‘Tú, Joan, yo Bette’ inmediatamente lleva al lector a ver realizada una excelente versión de la admirable película titulada ‘¿Qué fue de Baby Jane?’ que rodaron juntas Joan Crawford y Bette Davis .En medio de su trayectoria como cuentista nos entregó ‘La habitación de Nona’ (2015). Allí lo irracional vivido en los sueños, los miedos o las fantasías puede cruzar el umbral de un mundo posible para instalarse en el nuestro. Basa su eficacia en el uso de la voz narrativa, y lo bien que desarrolla las posibilidades que encierra el mecanismo conocido como el amigo imaginario. Otro ingrediente fundamental de los cuentos de Fernández Cubas es que son piezas narrativas redondas, perfectas. Contienen lo que es fundamental en el género cuento y que muchos de sus cultivadores parecen olvidar hoy día: albergan una historia completa, en la cual algo general de la experiencia humana se dice desde una anécdota breve. Como novelista ha cultivado la novela corta, en especial destaca su novela de 1993 titulada ‘ El columpio’. Tengo por seguro que de ser Cristina Fernández Cubas escritora inglesa o norteamericana esta novela, en la estirpe de ‘Otra vuelta de tuerca’ de Henry James, habría constituido un hito universalmente reconocido. Aunque ha publicado algunas novelas bajo el pseudónimo de Fernanda Kubbs y nos entregó un hermoso libro memorialista titulado ‘Cosas que ya no existen’ (reeditado recientemente), Cristina Fernández Cubas recibe ahora el premio Cervantes por ser la mejor escritora de cuentos que tiene hoy la literatura española. El de este año es por tanto el Cervantes del género cuento, y bien está que tal cosa ocurra. Los cuentos de Fernández Cubas la muestran heredera de Edgar Allan Poe , su maestro en lidiar con ese límite, no siempre preciso y por tal cosa más inquietante, que existe entre lo fantástico y lo cotidiano. Fernández Cubas nos enseña las múltiples maneras en que lo fantástico anida en lo cotidiano, y lo desarrolla fundamentalmente en temas familiares y con el mito del doble. Sigmund Freud creó la categoría que denominó ‘lo ominoso’, una dimensión del horror que Edgar Allan Poe desarrolló incluso mejor que Hoffmann, que fue su modelo. Tal categoría se mostró así en los dos libros de cuentos que la hicieron famosa, ‘Mi hermana Elba’ (1980) y ‘Los altillos de Brumal’ (1983). Cristina Fernández Cubas suele proceder al contrario de lo que ocurre en la narración novelística: sus historias tienen más en lo que ocultan que en lo que muestran, viven de la típica economía que Cortázar teorizó a partir de la ‘Filosofía de la composición’ de su maestro Allan Poe: la estructura en tensión, ese ir creciendo en intensidad, pero no hacerlo nunca lo suficiente, de manera que al lector le queda siempre una faena por realizar. Otro gran tema que ha fertilizado la imaginación de Cristina Fernández Cubas es el del doble, y su prolongación en el espejo alcanzó en su cuento ‘Lúnula y Violeta’ cimas del género pocas veces alcanzadas por nadie. La dualidad que implica la figura del doble, desde Poe a Borges, dos maestros directos de la escritora catalana, se prolonga en su último libro de cuentos publicado, bajo el título ‘Lo que no se ve’ (2025). Ahí de modo perfecto aplica la cuestión del doble a la situación de las hermanas gemelas. El cuento que abre el volumen, titulado ‘Tú, Joan, yo Bette’ inmediatamente lleva al lector a ver realizada una excelente versión de la admirable película titulada ‘¿Qué fue de Baby Jane?’ que rodaron juntas Joan Crawford y Bette Davis .En medio de su trayectoria como cuentista nos entregó ‘La habitación de Nona’ (2015). Allí lo irracional vivido en los sueños, los miedos o las fantasías puede cruzar el umbral de un mundo posible para instalarse en el nuestro. Basa su eficacia en el uso de la voz narrativa, y lo bien que desarrolla las posibilidades que encierra el mecanismo conocido como el amigo imaginario. Otro ingrediente fundamental de los cuentos de Fernández Cubas es que son piezas narrativas redondas, perfectas. Contienen lo que es fundamental en el género cuento y que muchos de sus cultivadores parecen olvidar hoy día: albergan una historia completa, en la cual algo general de la experiencia humana se dice desde una anécdota breve. Como novelista ha cultivado la novela corta, en especial destaca su novela de 1993 titulada ‘ El columpio’. Tengo por seguro que de ser Cristina Fernández Cubas escritora inglesa o norteamericana esta novela, en la estirpe de ‘Otra vuelta de tuerca’ de Henry James, habría constituido un hito universalmente reconocido.
Aunque ha publicado algunas novelas bajo el pseudónimo de Fernanda Kubbs y nos entregó un hermoso libro memorialista titulado ‘Cosas que ya no existen’ (reeditado recientemente), Cristina Fernández Cubas recibe ahora el premio Cervantes por ser la mejor escritora de cuentos que tiene … hoy la literatura española. El de este año es por tanto el Cervantes del género cuento, y bien está que tal cosa ocurra. Los cuentos de Fernández Cubas la muestran heredera de Edgar Allan Poe, su maestro en lidiar con ese límite, no siempre preciso y por tal cosa más inquietante, que existe entre lo fantástico y lo cotidiano.
Fernández Cubas nos enseña las múltiples maneras en que lo fantástico anida en lo cotidiano, y lo desarrolla fundamentalmente en temas familiares y con el mito del doble. Sigmund Freud creó la categoría que denominó ‘lo ominoso’, una dimensión del horror que Edgar Allan Poe desarrolló incluso mejor que Hoffmann, que fue su modelo. Tal categoría se mostró así en los dos libros de cuentos que la hicieron famosa, ‘Mi hermana Elba’ (1980) y ‘Los altillos de Brumal’ (1983).
Cristina Fernández Cubas suele proceder al contrario de lo que ocurre en la narración novelística: sus historias tienen más en lo que ocultan que en lo que muestran, viven de la típica economía que Cortázar teorizó a partir de la ‘Filosofía de la composición’ de su maestro Allan Poe: la estructura en tensión, ese ir creciendo en intensidad, pero no hacerlo nunca lo suficiente, de manera que al lector le queda siempre una faena por realizar.
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Otro gran tema que ha fertilizado la imaginación de Cristina Fernández Cubas es el del doble, y su prolongación en el espejo alcanzó en su cuento ‘Lúnula y Violeta’ cimas del género pocas veces alcanzadas por nadie. La dualidad que implica la figura del doble, desde Poe a Borges, dos maestros directos de la escritora catalana, se prolonga en su último libro de cuentos publicado, bajo el título ‘Lo que no se ve’ (2025). Ahí de modo perfecto aplica la cuestión del doble a la situación de las hermanas gemelas. El cuento que abre el volumen, titulado ‘Tú, Joan, yo Bette’ inmediatamente lleva al lector a ver realizada una excelente versión de la admirable película titulada ‘¿Qué fue de Baby Jane?’ que rodaron juntas Joan Crawford y Bette Davis.
En medio de su trayectoria como cuentista nos entregó ‘La habitación de Nona’ (2015). Allí lo irracional vivido en los sueños, los miedos o las fantasías puede cruzar el umbral de un mundo posible para instalarse en el nuestro. Basa su eficacia en el uso de la voz narrativa, y lo bien que desarrolla las posibilidades que encierra el mecanismo conocido como el amigo imaginario. Otro ingrediente fundamental de los cuentos de Fernández Cubas es que son piezas narrativas redondas, perfectas. Contienen lo que es fundamental en el género cuento y que muchos de sus cultivadores parecen olvidar hoy día: albergan una historia completa, en la cual algo general de la experiencia humana se dice desde una anécdota breve.
Como novelista ha cultivado la novela corta, en especial destaca su novela de 1993 titulada ‘El columpio’. Tengo por seguro que de ser Cristina Fernández Cubas escritora inglesa o norteamericana esta novela, en la estirpe de ‘Otra vuelta de tuerca’ de Henry James, habría constituido un hito universalmente reconocido.
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