Aina Clotet (Barcelona, 1982) escribe, dirige y protagoniza ‘Viva’, una película con un fondo oscuro, tremendo, pero que ella llena dentro del personaje y detrás de la cámara de una ligereza y luminosidad que voltea todo lo previsible. Porque la protagonista, Nora, es inasible en su huida marcada por una enfermedad desoladora y unos convencionalismos sociales que la atosigan. Así que decide dejarse llevar hacia un sitio que ni ella sabe ni el espectador imagina. Porque ‘Viva’, que recibió el premio revelación de la Semana de la Crítica de Cannes, es una película que habla sobre lo que significa vivir pero, también, sobre lo que realmente importa cuando el mañana se pone en cuestión. Aunque todo esto suena demasiado serio y si hay algo en la película es humor (que no comedia) y futilidad.–El miedo a la muerte, la necesidad de evasión, las dependencias románticas… Son temas muy serios que afronta desde un lugar muy lejano al cine dramático…–El humor era la idea que tenía más clara al ponerme en la dirección; me quiero acercar a los proyectos desde ahí. Como actriz, tenía muchas ganas de hacer personajes con sentido del humor y que mezclaran el tono, porque la vida es una mezcla permanente de tonos. Mi faro era el humor y la ligereza. La mejor manera que tengo para aprender cosas es reírme de mí misma y, después, reírme de todo lo demás. Con Valentina Viso (guionista) pudimos hallar este tono funambulista para acercarnos a cuestiones profundas que nos preocupan, pero buscando hacer una película ligera.En su serie ‘Esto no es Suecia’ ya exploró la maternidad desde una visión muy generacional. Con este nuevo largometraje aborda la enfermedad y el cáncer en esa misma franja de edad. ¿Al cine español le faltaba una mirada al presente?–No me acerco a las historias pensando en qué está faltando, sino en lo que tenemos ganas de explorar. Me hace feliz ver que la sociedad lo abraza porque siente que era algo que no se estaba contando. Con ‘Esto no es Suecia’ retratamos a una generación cargada de teorías a la que le cuesta llevarlas a la práctica, llena de miedos pero bienintencionada; dialogaba mucho conmigo y con mi entorno. Con ‘Viva’ tocamos temas muy universales como las dependencias románticas o el miedo a la muerte, aunque la forma de entrar en ellos quizás sea generacional.–En ‘Viva’ hay también un sutil acercamiento a la maternidad a través del personaje de la amiga embarazada…–Nora es una mujer que probablemente no vaya a tener hijos. Me parecía bonito contar el viaje de liberación de una mujer que no pasa por la maternidad y que debe encontrar su fortaleza interior. Ella tenía una estructura de vida preestablecida al lado de Tom, que representa la nobleza en cuanto a valores, pero se sentía asfixiada. Tras la enfermedad y la huella del miedo en su cuerpo, necesita romper con todo para volver a sentirse viva y reapropiarse de su existencia.–Existe una máxima que vincula estrechamente las óperas primas con las vivencias personales de sus autores. ¿Cuánto de autobiográfico tiene ‘Viva’?–Es una contradicción: es ficción, pero hay un montón de cosas mías. Aunque yo no he pasado por la historia de Nora, hay muchísimo de mí en su energía y sus miedos. Escribí esto para explorar la conexión entre el miedo a la soledad —que en el fondo es el miedo a la muerte— y las dependencias en el amor romántico, como el apego ansioso o la necesidad de encontrar un amor que te dé un lugar en el mundo. Pese a haber tenido una educación sexual muy buena y liberal por parte de mis padres, yo misma sentía esa necesidad a los veinte años. Al final, si uno no está bien consigo mismo, no puede generar relaciones saludables. Nora debe hacer un viaje para aprender a estar sola ella misma. Y estar solo, en el fondo, consiste en enfrentar nuestra propia impermanencia y asumir el hecho de que las cosas no duran para siempre.– El personaje de Nora avanza en una huida constante sin un rumbo nítido, y la sensación es que usted, como directora, no quiere que el espectador lo pueda imaginar…–Yo tenía muy claro que su destino era la liberación y el aprendizaje de estar sola, aunque para ello tuviera que romper sus relaciones. Quería que la película se recibiera ligera y te mantuviera pegado a ella, sin anticipar lo que va a suceder. Esto exige algo del espectador debido a las idas y venidas de Nora, pero es porque ella misma se está buscando, duda y está enganchada a una dualidad. Siente un deseo feroz por el chico joven, pero le cuesta soltar las estructuras y la seguridad que le da Tom. Soltar vínculos es una dificultad muy universal.En relación con la necesidad de soltar vínculos y tomar las riendas de la propia vida, ¿responde su paso a la dirección a una escasez de personajes femeninos que le interesasen o era el destino que le gustaba?–Nace más de querer dar salida a una pulsión creadora sobre los temas que me inquietan y que tengo ganas de explorar. Entro al guion y a la dirección por eso, y también para crear personajes poderosos. En ‘Viva’, inicialmente no iba a interpretar a la protagonista, pero escribo porque me gusta contar historias; lógicamente, me interesa que haya personajes de mi edad. Como actriz me siento afortunada por las oportunidades que he tenido, pero los personajes de ‘Esto no es Suecia’ y ‘Viva’ los he gozado infinito porque son muy poliédricos y se mueven en un tono cómico y dramático que no había podido transitar tanto. Por eso decidí hacerlo yo misma y no esperar.–De cara a levantar la financiación, ¿su experiencia previa como actriz le ayudó o al revés, le miraron con más distancia?–Ha sido una historia de resiliencia, pero muy bien acompañada. El camino de levantar una película durante muchos años es arduo y nos denegaron las primeras ayudas, pero me siento privilegiada porque he podido vivir de ser actriz mientras tanto. Admiro profundamente a los guionistas porque vivir de escribir y dirigir es complicadísimo; yo podía invertir mi tiempo libre entre trabajos de interpretación sin la urgencia de acelerar el proyecto hasta que estuviera listo. Con los años, el guion fue sumando capas esenciales, como el contexto de la sequía extrema y la salud mental, que aparecieron un año antes de rodar para enmarcar mejor la crisis del personaje.–Tras un proceso tan prolongado de escritura, rodaje y montaje, el inicio de la promoción la obliga a verbalizar la obra de manera constante ante los medios. ¿Modifica este ejercicio de análisis posterior la percepción que tenía de su propia película?–Totalmente. Al contar la historia te das cuenta de cosas que habías hecho desde un lugar puramente intuitivo, y terminas teorizando sobre la película. A nivel interpretativo trabajo mucho desde la intuición y de forma poco reflexiva, por lo que al analizar ahora a Nora descubro aspectos a posteriori. Me alegra que me gusten tanto los temas de la película, porque tras pasar por Cannes la promoción está siendo muy intensa. Hablar de la impermanencia y de los miedos resulta incluso terapéutico para mí.–¿Cómo gestionó la investigación sobre una patología tan sensible como el cáncer de mama para integrarla en la ficción?–Vengo de una familia de médicos y científicos, y tenía mujeres y amigas cercanas que habían pasado por un cáncer. Además, los oncólogos del Hospital de Can Ruti, como Javier Mariscal y Kiko Julián, me ayudaron muchísimo. Vimos muchas imágenes de cicatrices para diseñar la prótesis de la forma más fidedigna posible. Decidimos que a Nora le habían practicado una tumorectomía y reflejar por qué no se había reconstruido el pecho, ya que técnicamente no es tan sencillo tras esa intervención. Nos acercamos desde el máximo respeto a una historia particular, sabiendo que cada caso es distinto. Todas las mujeres con las que hablé compartían el haberse cuestionado sus vidas a raíz de la enfermedad. Cualquier patología grave o accidente te sitúa ante nuestra condición de mortales, obligándote a replantearte si estás conforme con la vida que tienes. Aina Clotet (Barcelona, 1982) escribe, dirige y protagoniza ‘Viva’, una película con un fondo oscuro, tremendo, pero que ella llena dentro del personaje y detrás de la cámara de una ligereza y luminosidad que voltea todo lo previsible. Porque la protagonista, Nora, es inasible en su huida marcada por una enfermedad desoladora y unos convencionalismos sociales que la atosigan. Así que decide dejarse llevar hacia un sitio que ni ella sabe ni el espectador imagina. Porque ‘Viva’, que recibió el premio revelación de la Semana de la Crítica de Cannes, es una película que habla sobre lo que significa vivir pero, también, sobre lo que realmente importa cuando el mañana se pone en cuestión. Aunque todo esto suena demasiado serio y si hay algo en la película es humor (que no comedia) y futilidad.–El miedo a la muerte, la necesidad de evasión, las dependencias románticas… Son temas muy serios que afronta desde un lugar muy lejano al cine dramático…–El humor era la idea que tenía más clara al ponerme en la dirección; me quiero acercar a los proyectos desde ahí. Como actriz, tenía muchas ganas de hacer personajes con sentido del humor y que mezclaran el tono, porque la vida es una mezcla permanente de tonos. Mi faro era el humor y la ligereza. La mejor manera que tengo para aprender cosas es reírme de mí misma y, después, reírme de todo lo demás. Con Valentina Viso (guionista) pudimos hallar este tono funambulista para acercarnos a cuestiones profundas que nos preocupan, pero buscando hacer una película ligera.En su serie ‘Esto no es Suecia’ ya exploró la maternidad desde una visión muy generacional. Con este nuevo largometraje aborda la enfermedad y el cáncer en esa misma franja de edad. ¿Al cine español le faltaba una mirada al presente?–No me acerco a las historias pensando en qué está faltando, sino en lo que tenemos ganas de explorar. Me hace feliz ver que la sociedad lo abraza porque siente que era algo que no se estaba contando. Con ‘Esto no es Suecia’ retratamos a una generación cargada de teorías a la que le cuesta llevarlas a la práctica, llena de miedos pero bienintencionada; dialogaba mucho conmigo y con mi entorno. Con ‘Viva’ tocamos temas muy universales como las dependencias románticas o el miedo a la muerte, aunque la forma de entrar en ellos quizás sea generacional.–En ‘Viva’ hay también un sutil acercamiento a la maternidad a través del personaje de la amiga embarazada…–Nora es una mujer que probablemente no vaya a tener hijos. Me parecía bonito contar el viaje de liberación de una mujer que no pasa por la maternidad y que debe encontrar su fortaleza interior. Ella tenía una estructura de vida preestablecida al lado de Tom, que representa la nobleza en cuanto a valores, pero se sentía asfixiada. Tras la enfermedad y la huella del miedo en su cuerpo, necesita romper con todo para volver a sentirse viva y reapropiarse de su existencia.–Existe una máxima que vincula estrechamente las óperas primas con las vivencias personales de sus autores. ¿Cuánto de autobiográfico tiene ‘Viva’?–Es una contradicción: es ficción, pero hay un montón de cosas mías. Aunque yo no he pasado por la historia de Nora, hay muchísimo de mí en su energía y sus miedos. Escribí esto para explorar la conexión entre el miedo a la soledad —que en el fondo es el miedo a la muerte— y las dependencias en el amor romántico, como el apego ansioso o la necesidad de encontrar un amor que te dé un lugar en el mundo. Pese a haber tenido una educación sexual muy buena y liberal por parte de mis padres, yo misma sentía esa necesidad a los veinte años. Al final, si uno no está bien consigo mismo, no puede generar relaciones saludables. Nora debe hacer un viaje para aprender a estar sola ella misma. Y estar solo, en el fondo, consiste en enfrentar nuestra propia impermanencia y asumir el hecho de que las cosas no duran para siempre.– El personaje de Nora avanza en una huida constante sin un rumbo nítido, y la sensación es que usted, como directora, no quiere que el espectador lo pueda imaginar…–Yo tenía muy claro que su destino era la liberación y el aprendizaje de estar sola, aunque para ello tuviera que romper sus relaciones. Quería que la película se recibiera ligera y te mantuviera pegado a ella, sin anticipar lo que va a suceder. Esto exige algo del espectador debido a las idas y venidas de Nora, pero es porque ella misma se está buscando, duda y está enganchada a una dualidad. Siente un deseo feroz por el chico joven, pero le cuesta soltar las estructuras y la seguridad que le da Tom. Soltar vínculos es una dificultad muy universal.En relación con la necesidad de soltar vínculos y tomar las riendas de la propia vida, ¿responde su paso a la dirección a una escasez de personajes femeninos que le interesasen o era el destino que le gustaba?–Nace más de querer dar salida a una pulsión creadora sobre los temas que me inquietan y que tengo ganas de explorar. Entro al guion y a la dirección por eso, y también para crear personajes poderosos. En ‘Viva’, inicialmente no iba a interpretar a la protagonista, pero escribo porque me gusta contar historias; lógicamente, me interesa que haya personajes de mi edad. Como actriz me siento afortunada por las oportunidades que he tenido, pero los personajes de ‘Esto no es Suecia’ y ‘Viva’ los he gozado infinito porque son muy poliédricos y se mueven en un tono cómico y dramático que no había podido transitar tanto. Por eso decidí hacerlo yo misma y no esperar.–De cara a levantar la financiación, ¿su experiencia previa como actriz le ayudó o al revés, le miraron con más distancia?–Ha sido una historia de resiliencia, pero muy bien acompañada. El camino de levantar una película durante muchos años es arduo y nos denegaron las primeras ayudas, pero me siento privilegiada porque he podido vivir de ser actriz mientras tanto. Admiro profundamente a los guionistas porque vivir de escribir y dirigir es complicadísimo; yo podía invertir mi tiempo libre entre trabajos de interpretación sin la urgencia de acelerar el proyecto hasta que estuviera listo. Con los años, el guion fue sumando capas esenciales, como el contexto de la sequía extrema y la salud mental, que aparecieron un año antes de rodar para enmarcar mejor la crisis del personaje.–Tras un proceso tan prolongado de escritura, rodaje y montaje, el inicio de la promoción la obliga a verbalizar la obra de manera constante ante los medios. ¿Modifica este ejercicio de análisis posterior la percepción que tenía de su propia película?–Totalmente. Al contar la historia te das cuenta de cosas que habías hecho desde un lugar puramente intuitivo, y terminas teorizando sobre la película. A nivel interpretativo trabajo mucho desde la intuición y de forma poco reflexiva, por lo que al analizar ahora a Nora descubro aspectos a posteriori. Me alegra que me gusten tanto los temas de la película, porque tras pasar por Cannes la promoción está siendo muy intensa. Hablar de la impermanencia y de los miedos resulta incluso terapéutico para mí.–¿Cómo gestionó la investigación sobre una patología tan sensible como el cáncer de mama para integrarla en la ficción?–Vengo de una familia de médicos y científicos, y tenía mujeres y amigas cercanas que habían pasado por un cáncer. Además, los oncólogos del Hospital de Can Ruti, como Javier Mariscal y Kiko Julián, me ayudaron muchísimo. Vimos muchas imágenes de cicatrices para diseñar la prótesis de la forma más fidedigna posible. Decidimos que a Nora le habían practicado una tumorectomía y reflejar por qué no se había reconstruido el pecho, ya que técnicamente no es tan sencillo tras esa intervención. Nos acercamos desde el máximo respeto a una historia particular, sabiendo que cada caso es distinto. Todas las mujeres con las que hablé compartían el haberse cuestionado sus vidas a raíz de la enfermedad. Cualquier patología grave o accidente te sitúa ante nuestra condición de mortales, obligándote a replantearte si estás conforme con la vida que tienes.
Aina Clotet (Barcelona, 1982) escribe, dirige y protagoniza ‘Viva’, una película con un fondo oscuro, tremendo, pero que ella llena dentro del personaje y detrás de la cámara de una ligereza y luminosidad que voltea todo lo previsible. Porque la protagonista, Nora, es inasible en … su huida marcada por una enfermedad desoladora y unos convencionalismos sociales que la atosigan. Así que decide dejarse llevar hacia un sitio que ni ella sabe ni el espectador imagina. Porque ‘Viva’, que recibió el premio revelación de la Semana de la Crítica de Cannes, es una película que habla sobre lo que significa vivir pero, también, sobre lo que realmente importa cuando el mañana se pone en cuestión. Aunque todo esto suena demasiado serio y si hay algo en la película es humor (que no comedia) y futilidad.
–El miedo a la muerte, la necesidad de evasión, las dependencias románticas… Son temas muy serios que afronta desde un lugar muy lejano al cine dramático…
–El humor era la idea que tenía más clara al ponerme en la dirección; me quiero acercar a los proyectos desde ahí. Como actriz, tenía muchas ganas de hacer personajes con sentido del humor y que mezclaran el tono, porque la vida es una mezcla permanente de tonos. Mi faro era el humor y la ligereza. La mejor manera que tengo para aprender cosas es reírme de mí misma y, después, reírme de todo lo demás. Con Valentina Viso (guionista) pudimos hallar este tono funambulista para acercarnos a cuestiones profundas que nos preocupan, pero buscando hacer una película ligera.
En su serie ‘Esto no es Suecia’ ya exploró la maternidad desde una visión muy generacional. Con este nuevo largometraje aborda la enfermedad y el cáncer en esa misma franja de edad. ¿Al cine español le faltaba una mirada al presente?
–No me acerco a las historias pensando en qué está faltando, sino en lo que tenemos ganas de explorar. Me hace feliz ver que la sociedad lo abraza porque siente que era algo que no se estaba contando. Con ‘Esto no es Suecia’ retratamos a una generación cargada de teorías a la que le cuesta llevarlas a la práctica, llena de miedos pero bienintencionada; dialogaba mucho conmigo y con mi entorno. Con ‘Viva’ tocamos temas muy universales como las dependencias románticas o el miedo a la muerte, aunque la forma de entrar en ellos quizás sea generacional.
–En ‘Viva’ hay también un sutil acercamiento a la maternidad a través del personaje de la amiga embarazada…
–Nora es una mujer que probablemente no vaya a tener hijos. Me parecía bonito contar el viaje de liberación de una mujer que no pasa por la maternidad y que debe encontrar su fortaleza interior. Ella tenía una estructura de vida preestablecida al lado de Tom, que representa la nobleza en cuanto a valores, pero se sentía asfixiada. Tras la enfermedad y la huella del miedo en su cuerpo, necesita romper con todo para volver a sentirse viva y reapropiarse de su existencia.
–Existe una máxima que vincula estrechamente las óperas primas con las vivencias personales de sus autores. ¿Cuánto de autobiográfico tiene ‘Viva’?
–Es una contradicción: es ficción, pero hay un montón de cosas mías. Aunque yo no he pasado por la historia de Nora, hay muchísimo de mí en su energía y sus miedos. Escribí esto para explorar la conexión entre el miedo a la soledad —que en el fondo es el miedo a la muerte— y las dependencias en el amor romántico, como el apego ansioso o la necesidad de encontrar un amor que te dé un lugar en el mundo. Pese a haber tenido una educación sexual muy buena y liberal por parte de mis padres, yo misma sentía esa necesidad a los veinte años. Al final, si uno no está bien consigo mismo, no puede generar relaciones saludables. Nora debe hacer un viaje para aprender a estar sola ella misma. Y estar solo, en el fondo, consiste en enfrentar nuestra propia impermanencia y asumir el hecho de que las cosas no duran para siempre.
–El personaje de Nora avanza en una huida constante sin un rumbo nítido, y la sensación es que usted, como directora, no quiere que el espectador lo pueda imaginar…
–Yo tenía muy claro que su destino era la liberación y el aprendizaje de estar sola, aunque para ello tuviera que romper sus relaciones. Quería que la película se recibiera ligera y te mantuviera pegado a ella, sin anticipar lo que va a suceder. Esto exige algo del espectador debido a las idas y venidas de Nora, pero es porque ella misma se está buscando, duda y está enganchada a una dualidad. Siente un deseo feroz por el chico joven, pero le cuesta soltar las estructuras y la seguridad que le da Tom. Soltar vínculos es una dificultad muy universal.
En relación con la necesidad de soltar vínculos y tomar las riendas de la propia vida, ¿responde su paso a la dirección a una escasez de personajes femeninos que le interesasen o era el destino que le gustaba?
–Nace más de querer dar salida a una pulsión creadora sobre los temas que me inquietan y que tengo ganas de explorar. Entro al guion y a la dirección por eso, y también para crear personajes poderosos. En ‘Viva’, inicialmente no iba a interpretar a la protagonista, pero escribo porque me gusta contar historias; lógicamente, me interesa que haya personajes de mi edad. Como actriz me siento afortunada por las oportunidades que he tenido, pero los personajes de ‘Esto no es Suecia’ y ‘Viva’ los he gozado infinito porque son muy poliédricos y se mueven en un tono cómico y dramático que no había podido transitar tanto. Por eso decidí hacerlo yo misma y no esperar.
–De cara a levantar la financiación, ¿su experiencia previa como actriz le ayudó o al revés, le miraron con más distancia?
–Ha sido una historia de resiliencia, pero muy bien acompañada. El camino de levantar una película durante muchos años es arduo y nos denegaron las primeras ayudas, pero me siento privilegiada porque he podido vivir de ser actriz mientras tanto. Admiro profundamente a los guionistas porque vivir de escribir y dirigir es complicadísimo; yo podía invertir mi tiempo libre entre trabajos de interpretación sin la urgencia de acelerar el proyecto hasta que estuviera listo. Con los años, el guion fue sumando capas esenciales, como el contexto de la sequía extrema y la salud mental, que aparecieron un año antes de rodar para enmarcar mejor la crisis del personaje.
–Tras un proceso tan prolongado de escritura, rodaje y montaje, el inicio de la promoción la obliga a verbalizar la obra de manera constante ante los medios. ¿Modifica este ejercicio de análisis posterior la percepción que tenía de su propia película?
–Totalmente. Al contar la historia te das cuenta de cosas que habías hecho desde un lugar puramente intuitivo, y terminas teorizando sobre la película. A nivel interpretativo trabajo mucho desde la intuición y de forma poco reflexiva, por lo que al analizar ahora a Nora descubro aspectos a posteriori. Me alegra que me gusten tanto los temas de la película, porque tras pasar por Cannes la promoción está siendo muy intensa. Hablar de la impermanencia y de los miedos resulta incluso terapéutico para mí.
–¿Cómo gestionó la investigación sobre una patología tan sensible como el cáncer de mama para integrarla en la ficción?
–Vengo de una familia de médicos y científicos, y tenía mujeres y amigas cercanas que habían pasado por un cáncer. Además, los oncólogos del Hospital de Can Ruti, como Javier Mariscal y Kiko Julián, me ayudaron muchísimo. Vimos muchas imágenes de cicatrices para diseñar la prótesis de la forma más fidedigna posible. Decidimos que a Nora le habían practicado una tumorectomía y reflejar por qué no se había reconstruido el pecho, ya que técnicamente no es tan sencillo tras esa intervención. Nos acercamos desde el máximo respeto a una historia particular, sabiendo que cada caso es distinto. Todas las mujeres con las que hablé compartían el haberse cuestionado sus vidas a raíz de la enfermedad. Cualquier patología grave o accidente te sitúa ante nuestra condición de mortales, obligándote a replantearte si estás conforme con la vida que tienes.
RSS de noticias de cultura
