Una baraja antigua pintada a mano, encontrada durante la reforma de una posada, propició a mediados del siglo pasado el descubrimiento del Corral de Comedias de Almagro , un espacio único en el mundo. No es extraño por tanto que el certamen que dirige Irene Pardo haya elegido como lema para su 49ª edición la frase «El clásico se juega en Almagro». Y no es extraño tampoco que una figura que lleva ‘jugando’ sobre las tablas –y haciendo partícipe al público de su juego– haya recibido este año el premio Corral de Comedias, con el que habitualmente se levanta el telón del certamen.Pepe Viyuela –desde su propio nombre muestra su familiaridad– ha recibido el premio Corral de Comedias 2026. Lo ha hecho en un acto entrañable y literalmente familiar, en el que su familia, una familia enteramente de cómicos –su mujer, Elena González, y sus dos hijos, Camila y Samuel, además de su nieta, Lola– le ha acompañado sobre las tablas (junto a la arpista Sara Águeda, con la que el actor ha realizado varios proyectos).«Esperaba emocionarme, pero no tanto», confesaba el actor minutos después del acto –donde, por una vez, los representantes políticos estuvieron moderadamente contenidos en sus discursos–, que presentó la periodista de RNE Olga Baeza y en la que los elogios hacia Viyuela se sucedieron en cascada. «Tiene aspecto de buena persona», se oyó en más de una intervención.Actor, payaso, poeta… Pepe Viyuela pisó por primera vez las tablas del Festival de Almagro hace más de un cuarto de siglo; fue con el papel de Rebolledo en ‘El alcalde de Zalamea’, de Calderón de la Barca , con dirección de Sergi Belbel. El Corral de Comedias, ha dicho el galardonado, es «toda una metáfora de la capacidad de supervivencia del teatro. Pese a haber desaparecido durante un tiempo, hoy es un lugar emblemático desde el que soñar el mundo de nuevo. Es una especie de ave fénix llena de fantasmas, no sólo de los actores y actrices que han pasado por él, sino de las historias que allí se han contado y que nos han hecho imaginarnos, criticarnos, discutir y, al mismo tiempo, acercarnos como seres humanos».«El teatro –ha continuado– es una herramienta para conocernos, para imaginarnos y para intentar construir un mundo mejor. No creo estar siendo exagerado. El teatro no es un mero entretenimiento –aunque pueda serlo también, no es nada malo– sino que es un lugar para reconstruir el mundo y para reformularlo». De hecho, ha concluido, «el teatro es una ceremonia que va más allá de lo comercial y tiene que ver con lo espiritual: un montón de espíritus que convergen y conviven en un momento determinado que, además, es irrepetible. Tengo la sensación de que el ser humano inventó el teatro para acabar con las guerras. Quizás no se haya conseguido todavía, pero estamos en ello».Una escena de ‘El caballero de Olmedo’ Pablo Lorente’ El caballero de Olmedo ‘, uno de los textos fundamentales de Lope de Vega y, por tanto, de nuestro Siglo de Oro, no habla de guerras, pero sí de odio y venganza. Ha sido la obra elegida por la Compañía Nacional de Teatro Clásico para abrir el festival –en Almagro está su segunda sede– en un año en el que la CNTC –concebida precisamente en esta localidad, concretamente en la piscina de su parador, por José Manuel Garrido y Adolfo Marsillach– cumple cuatro décadas de vida. Ernest Urtasun anunció que las celebraciones del 50º aniversario de la compañía, han sido declaradas ‘Acontecimiento de Excepcional Interés Público’, y declaró su deseo de vivir ese momento todavía como ministro de Cultura.Laila Ripoll, directora de la Compañía, es también la autora de la versión del texto de Lope, fechado en 1620, y la directora del montaje, lleva la obra al siglo XIX; concretamente a 1816, el ‘año sin verano’. Inspiró el texto una canción popular: «Que de noche le mataron / al caballero, / la gala de Medina, / la flor de Olmedo». Don Alonso, el Caballero de Olmedo, «es asesinado a traición –dice Laila Ripoll– y es un claro precedente del drama romántico que aparecerá como tal dos siglos más tarde; ‘El caballero de Olmedo’ también es un cuento de miedo alrededor de la lumbre en una fría y oscura noche de difuntos, es una historia de aparecidos, de emplazados, del destino inevitable. Nos encontramos en un ambiente propio del romanticismo más temprano, pero también de los cuentos populares, del folklore y la tradición más profunda: pactos con el diablo, fantasmas que aparecen en los caminos, brujas, sombras que avisan y asesinos que esperan escondidos en el bosque’.La producción de Laia Ripoll es elegantemente lúgubre, apoyado en unas gasas que dominan la escenografía de Arturo Martín Burgos y se enriquecen con la iluminación de Luis Perdiguero y la videoescena de Álvaro Luna y Elvira Ruiz Zurita. La música de Mariano Marín y el vestuario de Almudena R. Huertas completa la atmósfera romántica que invade el escenario. Una versión ‘clásica’, correcta, clara, bien dicha e interpretada por Elisabet Altube, Arantxa Aranguren, Clara Cabrera, Javier Diaz Gil, Carlos Jiménez Alfaro, Sandra Landin, David Lorente –su Tello destaca por la indudable personalidad del actor–, Teo Maiztegi, José Luis Martínez, Gerardo Quintana, Mateo Rubistein, Víctor Sáinz y Jorge Varandela.’El caballero de Olmedo’ (que se podrá ver en Almagro hasta el 12 de julio y estará en el Teatro de la Comedia de Madrid del 24 de septiembre al 22 de noviembre) es uno de los siete montajes que la CNTC presenta en el festival este año; el resto de propuestas incluye ‘Laurencia’, de Alberto Conejero, con dirección de Aitana Galán; ‘Préstame tus palabras’, un trabajo de mediación dirigido a estudiantes de secundaria; ‘La vengadora de las mujeres’, coproducida con Teatro del Temple y dirigida por Carlos Martín; ‘El escondido y la tapada’, de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, bajo la dirección de Beatriz Argüello; y ‘Bruja!’, con dirección y coreografía de Manuela Barrero dlcAos. Además, en el Espacio de Arte Contemporáneo se puede ver la exposición Lope para todos: Lope de Vega y la CNTC: 40 años de sintonía’, comisariada por Cristina Santolaria. Una baraja antigua pintada a mano, encontrada durante la reforma de una posada, propició a mediados del siglo pasado el descubrimiento del Corral de Comedias de Almagro , un espacio único en el mundo. No es extraño por tanto que el certamen que dirige Irene Pardo haya elegido como lema para su 49ª edición la frase «El clásico se juega en Almagro». Y no es extraño tampoco que una figura que lleva ‘jugando’ sobre las tablas –y haciendo partícipe al público de su juego– haya recibido este año el premio Corral de Comedias, con el que habitualmente se levanta el telón del certamen.Pepe Viyuela –desde su propio nombre muestra su familiaridad– ha recibido el premio Corral de Comedias 2026. Lo ha hecho en un acto entrañable y literalmente familiar, en el que su familia, una familia enteramente de cómicos –su mujer, Elena González, y sus dos hijos, Camila y Samuel, además de su nieta, Lola– le ha acompañado sobre las tablas (junto a la arpista Sara Águeda, con la que el actor ha realizado varios proyectos).«Esperaba emocionarme, pero no tanto», confesaba el actor minutos después del acto –donde, por una vez, los representantes políticos estuvieron moderadamente contenidos en sus discursos–, que presentó la periodista de RNE Olga Baeza y en la que los elogios hacia Viyuela se sucedieron en cascada. «Tiene aspecto de buena persona», se oyó en más de una intervención.Actor, payaso, poeta… Pepe Viyuela pisó por primera vez las tablas del Festival de Almagro hace más de un cuarto de siglo; fue con el papel de Rebolledo en ‘El alcalde de Zalamea’, de Calderón de la Barca , con dirección de Sergi Belbel. El Corral de Comedias, ha dicho el galardonado, es «toda una metáfora de la capacidad de supervivencia del teatro. Pese a haber desaparecido durante un tiempo, hoy es un lugar emblemático desde el que soñar el mundo de nuevo. Es una especie de ave fénix llena de fantasmas, no sólo de los actores y actrices que han pasado por él, sino de las historias que allí se han contado y que nos han hecho imaginarnos, criticarnos, discutir y, al mismo tiempo, acercarnos como seres humanos».«El teatro –ha continuado– es una herramienta para conocernos, para imaginarnos y para intentar construir un mundo mejor. No creo estar siendo exagerado. El teatro no es un mero entretenimiento –aunque pueda serlo también, no es nada malo– sino que es un lugar para reconstruir el mundo y para reformularlo». De hecho, ha concluido, «el teatro es una ceremonia que va más allá de lo comercial y tiene que ver con lo espiritual: un montón de espíritus que convergen y conviven en un momento determinado que, además, es irrepetible. Tengo la sensación de que el ser humano inventó el teatro para acabar con las guerras. Quizás no se haya conseguido todavía, pero estamos en ello».Una escena de ‘El caballero de Olmedo’ Pablo Lorente’ El caballero de Olmedo ‘, uno de los textos fundamentales de Lope de Vega y, por tanto, de nuestro Siglo de Oro, no habla de guerras, pero sí de odio y venganza. Ha sido la obra elegida por la Compañía Nacional de Teatro Clásico para abrir el festival –en Almagro está su segunda sede– en un año en el que la CNTC –concebida precisamente en esta localidad, concretamente en la piscina de su parador, por José Manuel Garrido y Adolfo Marsillach– cumple cuatro décadas de vida. Ernest Urtasun anunció que las celebraciones del 50º aniversario de la compañía, han sido declaradas ‘Acontecimiento de Excepcional Interés Público’, y declaró su deseo de vivir ese momento todavía como ministro de Cultura.Laila Ripoll, directora de la Compañía, es también la autora de la versión del texto de Lope, fechado en 1620, y la directora del montaje, lleva la obra al siglo XIX; concretamente a 1816, el ‘año sin verano’. Inspiró el texto una canción popular: «Que de noche le mataron / al caballero, / la gala de Medina, / la flor de Olmedo». Don Alonso, el Caballero de Olmedo, «es asesinado a traición –dice Laila Ripoll– y es un claro precedente del drama romántico que aparecerá como tal dos siglos más tarde; ‘El caballero de Olmedo’ también es un cuento de miedo alrededor de la lumbre en una fría y oscura noche de difuntos, es una historia de aparecidos, de emplazados, del destino inevitable. Nos encontramos en un ambiente propio del romanticismo más temprano, pero también de los cuentos populares, del folklore y la tradición más profunda: pactos con el diablo, fantasmas que aparecen en los caminos, brujas, sombras que avisan y asesinos que esperan escondidos en el bosque’.La producción de Laia Ripoll es elegantemente lúgubre, apoyado en unas gasas que dominan la escenografía de Arturo Martín Burgos y se enriquecen con la iluminación de Luis Perdiguero y la videoescena de Álvaro Luna y Elvira Ruiz Zurita. La música de Mariano Marín y el vestuario de Almudena R. Huertas completa la atmósfera romántica que invade el escenario. Una versión ‘clásica’, correcta, clara, bien dicha e interpretada por Elisabet Altube, Arantxa Aranguren, Clara Cabrera, Javier Diaz Gil, Carlos Jiménez Alfaro, Sandra Landin, David Lorente –su Tello destaca por la indudable personalidad del actor–, Teo Maiztegi, José Luis Martínez, Gerardo Quintana, Mateo Rubistein, Víctor Sáinz y Jorge Varandela.’El caballero de Olmedo’ (que se podrá ver en Almagro hasta el 12 de julio y estará en el Teatro de la Comedia de Madrid del 24 de septiembre al 22 de noviembre) es uno de los siete montajes que la CNTC presenta en el festival este año; el resto de propuestas incluye ‘Laurencia’, de Alberto Conejero, con dirección de Aitana Galán; ‘Préstame tus palabras’, un trabajo de mediación dirigido a estudiantes de secundaria; ‘La vengadora de las mujeres’, coproducida con Teatro del Temple y dirigida por Carlos Martín; ‘El escondido y la tapada’, de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, bajo la dirección de Beatriz Argüello; y ‘Bruja!’, con dirección y coreografía de Manuela Barrero dlcAos. Además, en el Espacio de Arte Contemporáneo se puede ver la exposición Lope para todos: Lope de Vega y la CNTC: 40 años de sintonía’, comisariada por Cristina Santolaria.
Una baraja antigua pintada a mano, encontrada durante la reforma de una posada, propició a mediados del siglo pasado el descubrimiento del Corral de Comedias de Almagro, un espacio único en el mundo. No es extraño por tanto que el certamen que dirige Irene … Pardo haya elegido como lema para su 49ª edición la frase «El clásico se juega en Almagro». Y no es extraño tampoco que una figura que lleva ‘jugando’ sobre las tablas –y haciendo partícipe al público de su juego– haya recibido este año el premio Corral de Comedias, con el que habitualmente se levanta el telón del certamen.
Pepe Viyuela –desde su propio nombre muestra su familiaridad– ha recibido el premio Corral de Comedias 2026. Lo ha hecho en un acto entrañable y literalmente familiar, en el que su familia, una familia enteramente de cómicos –su mujer, Elena González, y sus dos hijos, Camila y Samuel, además de su nieta, Lola– le ha acompañado sobre las tablas (junto a la arpista Sara Águeda, con la que el actor ha realizado varios proyectos).
«Esperaba emocionarme, pero no tanto», confesaba el actor minutos después del acto –donde, por una vez, los representantes políticos estuvieron moderadamente contenidos en sus discursos–, que presentó la periodista de RNE Olga Baeza y en la que los elogios hacia Viyuela se sucedieron en cascada. «Tiene aspecto de buena persona», se oyó en más de una intervención.
Actor, payaso, poeta… Pepe Viyuela pisó por primera vez las tablas del Festival de Almagro hace más de un cuarto de siglo; fue con el papel de Rebolledo en ‘El alcalde de Zalamea’, de Calderón de la Barca, con dirección de Sergi Belbel. El Corral de Comedias, ha dicho el galardonado, es «toda una metáfora de la capacidad de supervivencia del teatro. Pese a haber desaparecido durante un tiempo, hoy es un lugar emblemático desde el que soñar el mundo de nuevo. Es una especie de ave fénix llena de fantasmas, no sólo de los actores y actrices que han pasado por él, sino de las historias que allí se han contado y que nos han hecho imaginarnos, criticarnos, discutir y, al mismo tiempo, acercarnos como seres humanos».
«El teatro –ha continuado– es una herramienta para conocernos, para imaginarnos y para intentar construir un mundo mejor. No creo estar siendo exagerado. El teatro no es un mero entretenimiento –aunque pueda serlo también, no es nada malo– sino que es un lugar para reconstruir el mundo y para reformularlo». De hecho, ha concluido, «el teatro es una ceremonia que va más allá de lo comercial y tiene que ver con lo espiritual: un montón de espíritus que convergen y conviven en un momento determinado que, además, es irrepetible. Tengo la sensación de que el ser humano inventó el teatro para acabar con las guerras. Quizás no se haya conseguido todavía, pero estamos en ello».

(Pablo Lorente)
‘El caballero de Olmedo‘, uno de los textos fundamentales de Lope de Vega y, por tanto, de nuestro Siglo de Oro, no habla de guerras, pero sí de odio y venganza. Ha sido la obra elegida por la Compañía Nacional de Teatro Clásico para abrir el festival –en Almagro está su segunda sede– en un año en el que la CNTC –concebida precisamente en esta localidad, concretamente en la piscina de su parador, por José Manuel Garrido y Adolfo Marsillach– cumple cuatro décadas de vida. Ernest Urtasun anunció que las celebraciones del 50º aniversario de la compañía, han sido declaradas ‘Acontecimiento de Excepcional Interés Público’, y declaró su deseo de vivir ese momento todavía como ministro de Cultura.
Laila Ripoll, directora de la Compañía, es también la autora de la versión del texto de Lope, fechado en 1620, y la directora del montaje, lleva la obra al siglo XIX; concretamente a 1816, el ‘año sin verano’. Inspiró el texto una canción popular: «Que de noche le mataron / al caballero, / la gala de Medina, / la flor de Olmedo». Don Alonso, el Caballero de Olmedo, «es asesinado a traición –dice Laila Ripoll– y es un claro precedente del drama romántico que aparecerá como tal dos siglos más tarde; ‘El caballero de Olmedo’ también es un cuento de miedo alrededor de la lumbre en una fría y oscura noche de difuntos, es una historia de aparecidos, de emplazados, del destino inevitable. Nos encontramos en un ambiente propio del romanticismo más temprano, pero también de los cuentos populares, del folklore y la tradición más profunda: pactos con el diablo, fantasmas que aparecen en los caminos, brujas, sombras que avisan y asesinos que esperan escondidos en el bosque’.
La producción de Laia Ripoll es elegantemente lúgubre, apoyado en unas gasas que dominan la escenografía de Arturo Martín Burgos y se enriquecen con la iluminación de Luis Perdiguero y la videoescena de Álvaro Luna y Elvira Ruiz Zurita. La música de Mariano Marín y el vestuario de Almudena R. Huertas completa la atmósfera romántica que invade el escenario. Una versión ‘clásica’, correcta, clara, bien dicha e interpretada por Elisabet Altube, Arantxa Aranguren, Clara Cabrera, Javier Diaz Gil, Carlos Jiménez Alfaro, Sandra Landin, David Lorente –su Tello destaca por la indudable personalidad del actor–, Teo Maiztegi, José Luis Martínez, Gerardo Quintana, Mateo Rubistein, Víctor Sáinz y Jorge Varandela.
‘El caballero de Olmedo’ (que se podrá ver en Almagro hasta el 12 de julio y estará en el Teatro de la Comedia de Madrid del 24 de septiembre al 22 de noviembre) es uno de los siete montajes que la CNTC presenta en el festival este año; el resto de propuestas incluye ‘Laurencia’, de Alberto Conejero, con dirección de Aitana Galán; ‘Préstame tus palabras’, un trabajo de mediación dirigido a estudiantes de secundaria; ‘La vengadora de las mujeres’, coproducida con Teatro del Temple y dirigida por Carlos Martín; ‘El escondido y la tapada’, de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, bajo la dirección de Beatriz Argüello; y ‘Bruja!’, con dirección y coreografía de Manuela Barrero dlcAos. Además, en el Espacio de Arte Contemporáneo se puede ver la exposición Lope para todos: Lope de Vega y la CNTC: 40 años de sintonía’, comisariada por Cristina Santolaria.
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