Antonio Banderas (1960) está a punto de cumplir nueve años (desde que sufriera un infarto el 25 de enero de 2017) y lo celebra, aunque lo diga con la voz muy bajita. No termina de salir de un «trancazo», apunta, que le ha tenido a medio gas los últimos días y que ahora combate, entre otras, con una bufanda morada y un jersey de los gordos. Y es que el deber le llama: toca presentar ‘Godspell’ (de John-Michael Tebelak y con música Stephen Schwartz) en Madrid tras su estreno en el Soho malagueño, donde bajó el telón hace apenas diez días. Una fecha que, por circunstancias de la vida, vuelve a celebrar.
–¿Cuántas veces ha pasado usted por Adamuz con el tren?
–[Resopla] Muchas. Cientos. Fíjate: estuvimos pensando terminar las funciones en Málaga el día 18, pero finalmente lo adelantamos al 11; y los domingos la función es las dos de la tarde, lo que significa que acaba un poco antes de las cinco… ¿Qué hicieron los actores una semana antes? Cogieron ese tren. De haber mantenido el día 18, hubieran ido en el Iryo que descarriló.
«Vivimos en un mundo donde hay más miedo que en el que yo conocí con quince años»
–Hay una frase en la obra que va al pelo: «Vivís como si nunca fuerais a morir». Y continúa: «No parece lo más inteligente».
–Esa es una frase mía. Viene del ataque al corazón y de eso que me dicen continuamente: «Tío, has hecho una empresa sin ánimo de lucro, te estás gastando mucho dinero». Ya, es que sé que me voy a morir…, les respondo. Aunque realmente es algo que siempre he sabido, pero ahora, más.
–El ‘Lux’ de Rosalía, la nueva canción de La oreja de Van Gogh, ‘Los domingos’, este ‘Godspell‘ [que sigue el Evangelio de San Mateo]… ¿Hay un resurgimiento de la fe?
–Sí, –Sí, pero no es tanto religioso como espiritual; incluso yo diría que humanista. La palabra de Jesús es irrefutable. Absolutamente irrebatible: el perdón, la humildad, la caridad, la esperanza... Conceptos que son muy difíciles de rechazar desde un punto de vista humano. Decir que no perdonas o que no quieres amar no es cierto. No funciona por mucho que así parezca en épocas, como esta, de confusión y de violencia, de violencia vista, porque lo que está pasando es eso: la visibilización. Probablemente haya habido en la historia de la humanidad momentos mucho más violentos que ahora, pero no creo que en lo que hoy es Suecia o Finlandia supieran quién era el César y lo que hacían con la gente. No había información en directo, la gente no lo vivía. Hoy, nos hemos inventado un montón de espejos en los que mirarnos.
–¿Pero es solo cosa de esa multipantalla en vivo o de la existencia de un discurso violento?
–Existe ese discurso. El ser humano es violento y lo vemos constantemente en el espejo que hemos inventado y llevamos en el bolsillo. Eso está desquiciando a la humanidad. Por tanto, lanzar mensajes de esperanza es siempre positivo, porque no hay nada en esta obra de evangelizador, ni mucho menos; es, como he dicho, la parte humanista de la palabra de Jesús, que se teatraliza mucho. Por eso he querido dar carácter e identidad al grupo, que no ha estado nunca en ‘Godspell‘. Son actores que están escondidos en una iglesia en ruinas en mitad de un conflicto bélico. Esa es mi propuesta. Y Judas es el contrapunto con Jesús. Se necesita esa traición en mitad de la dominación romana y en medio del fariseísmo judío que no permitía profetas que les hicieran frente. Si Jesús hubiera muerto de viejo o de cáncer el cristianismo probablemente no hubiera existido. Necesitaba ese efecto potente que le da Judas.
–¿Cuál es ese contrapunto actual a la palabra de Jesús?
–Hay muchos más Judas que Jesuses. La traición se impone, pero no se le llama así, sino «inteligencia política«. Es como decir que el que no roba es tonto.
«La gente tiene una capacidad extraordinaria para convertirse en aquello que critica»
–Muy español eso de señalar al bondadoso por «parecer tonto».
–Machado ya lo decía: «Es una persona buena en el buen sentido de la palabra».
–¿Qué tendrían que aprender los políticos de esta obra que invita a ir de la mano del otro?
–Hay un momento de la obra en el que Jesús se presenta también como un actor y el grupo le dice que son «simplemente actores». Él responde: «Yo también». «¿Cuál es tu método?», le preguntan. Y dice: «Mi método es la verdad»… La obra también trata de quitarle mucho peso a la espiritualidad y aquello que consideramos que es trascendente y que siempre lo envolvemos en un halo de muchísima gravedad. En ‘Godspell‘ se visten de payasos en un intento de reírnos de nosotros mismos y de la vida. Pero los personajes van evolucionando. En el primer acto no sabes si los actores están jugando o mintiendo. Entran y salen hasta que poco a poco empiezan a recibir los mensajes de estos dos seres inquietantes que han aparecido por allí.
–Hace cuatro años, junto a Andrew Lloyd Webber, dio una rueda aquí en Madrid para presentar su empresa, APS, dijeron que querían quitarle el aroma a «rancio» al teatro. ¿Cómo llevan ese objetivo?
–Seguimos trabajando a pérdidas porque ahora mismo hago lo que quiero con la gente que quiero. Para mí, lo rancio es pregrabar voces y la orquesta. Si la partitura dice que hay once piezas de cuerdas: tres chelos, violas… así será. ¿Se puede grabar? Perfectamente. Incluso puede que se vaya más seguro, pero no es lo mismo. Es la política: la música, los coros, las voces individuales… todo es en absoluto directo. Es esencial. No es normal. La gente no habla cantando. Pero cuando está bien hecho en ópera, teatro musical o zarzuela, entonces, no parece que estén cantando. Simplemente, las emociones necesitan de la música para poder expresarse mejor; pero no solo un sentimiento cursi, también un puñetazo en la boca.
–Vamos a Hollywood: parece que han bajado las reivindicaciones contra Trump. ¿A qué se debe?
–Por una parte, es un síntoma de agotamiento, pero por otra, es miedo. Vivimos en un mundo donde hay más miedo que el que yo conocí con quince años.
«Las denuncias a Julio Iglesias tienen que pasar, sin duda, por las manos de un juez»
–¿Es el momento de ser valiente?
–Sí, pero hay que tener mucho cuidado con la valentía. Yo trato de serlo en el escenario. Es mi espacio para comunicarme con mis verdades. La gente tiene ahora una capacidad extraordinaria para convertirse en aquello que critica.
–»Verás la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio», que dice el refrán.
–Eso mismo está en la obra. La doble moral. Lo pongo muy claro en el segundo acto. Aquellas cosas que este hombre dijo hace más de 2.000 años siguen pasando con la misma virulencia hoy. Es curioso que todas las artes hayan tocado la vida de Jesús. En el Renacimiento, en el Barroco… Sin él no existiría el ‘Réquiem’ de Mozart o ‘La última cena’ de Leonardo da Vinci.
–Seas o no creyente, es la gran figura de la sociedad occidental.
–Sin embargo, el teatro es más antiguo que Jesús, lleva casi 3.000 años y nació casi como un acto religioso.
–Para terminar: Julio Iglesias. Usted, que iguala si es posible esa universalidad del cantante, ¿cómo encaja unas acusaciones tan duras como los abusos que se han denunciado?
–Eso tiene que pasar, sin duda, por las manos de un juez. No hay otra. Yo lo conozco lo justo, de «hola», de una cena en Marbella con un montón de gente, pero nada más. Sí he conocido mucha gente que ha trabajado con él y nunca me han dicho nada malo; al contrario, que era muy generoso y amable. Lo que es indudable es que lo que se está diciendo es muy grave y tendrá que ponerse ante un juez y que hable todo el mundo. Ahí saldrá la verdad.
- Dónde: Teatro Pavón, Madrid. Cuándo: del 21 de enero al 1 de marzo. Cuánto: desde 25 euros.
Dirige la versión de Emilio Aragón de ‘Godspell’ y aprovecha para abrazar conceptos «humanos», afirma: perdón, caridad, humildad, esperanza…
Antonio Banderas (1960) está a punto de cumplir nueve años (desde que sufriera un infarto el 25 de enero de 2017) y lo celebra, aunque lo diga con la voz muy bajita. No termina de salir de un «trancazo», apunta, que le ha tenido a medio gas los últimos días y que ahora combate, entre otras, con una bufanda morada y un jersey de los gordos. Y es que el deber le llama: toca presentar ‘Godspell’ (de John-Michael Tebelak y con música Stephen Schwartz) en Madrid tras su estreno en el Soho malagueño, donde bajó el telón hace apenas diez días. Una fecha que, por circunstancias de la vida, vuelve a celebrar.
–¿Cuántas veces ha pasado usted por Adamuz con el tren?
–[Resopla] Muchas. Cientos. Fíjate: estuvimos pensando terminar las funciones en Málaga el día 18, pero finalmente lo adelantamos al 11; y los domingos la función es las dos de la tarde, lo que significa que acaba un poco antes de las cinco… ¿Qué hicieron los actores una semana antes? Cogieron ese tren. De haber mantenido el día 18, hubieran ido en el Iryo que descarriló.
«Vivimos en un mundo donde hay más miedo que en el que yo conocí con quince años»
–Hay una frase en la obra que va al pelo: «Vivís como si nunca fuerais a morir». Y continúa: «No parece lo más inteligente».
–Esa es una frase mía. Viene del ataque al corazón y de eso que me dicen continuamente: «Tío, has hecho una empresa sin ánimo de lucro, te estás gastando mucho dinero». Ya, es que sé que me voy a morir…, les respondo. Aunque realmente es algo que siempre he sabido, pero ahora, más.
–El ‘Lux’ de Rosalía, la nueva canción de La oreja de Van Gogh, ‘Los domingos’, este ‘Godspell’ [que sigue el Evangelio de San Mateo]… ¿Hay un resurgimiento de la fe?
–Sí, –Sí, pero no es tanto religioso como espiritual;incluso yo diría que humanista. La palabra de Jesús es irrefutable. Absolutamente irrebatible: el perdón, la humildad, la caridad, la esperanza… Conceptos que son muy difíciles de rechazar desde un punto de vista humano. Decir que no perdonas o que no quieres amar no es cierto. No funciona por mucho que así parezca en épocas, como esta, de confusión y de violencia, de violencia vista, porque lo que está pasando es eso: la visibilización. Probablemente haya habido enla historia de la humanidad momentos mucho más violentos que ahora, pero no creo que en lo que hoy es Suecia o Finlandia supieran quién era el César y lo que hacían con la gente. No había información en directo, la gente no lo vivía. Hoy, nos hemos inventado un montón de espejos en los que mirarnos.
–¿Pero es solo cosa de esa multipantalla en vivo o de la existencia de un discurso violento?
–Existe ese discurso. El ser humano es violento y lo vemos constantemente en el espejo que hemos inventado y llevamos en el bolsillo. Eso está desquiciando a la humanidad. Por tanto, lanzar mensajes de esperanza es siempre positivo, porque no hay nada en esta obra de evangelizador, ni mucho menos; es, como he dicho, la parte humanista de la palabra de Jesús, que se teatraliza mucho. Por eso he querido dar carácter e identidad al grupo, que no ha estado nunca en ‘Godspell’. Son actores que están escondidos en una iglesia en ruinas en mitad de un conflicto bélico. Esa es mi propuesta. Y Judas es el contrapunto con Jesús. Se necesita esa traición en mitad de la dominación romana y en medio del fariseísmo judío que no permitía profetas que les hicieran frente. Si Jesús hubiera muerto de viejo o de cáncer el cristianismo probablemente no hubiera existido. Necesitaba ese efecto potente que le da Judas.
–¿Cuál es ese contrapunto actual a la palabra de Jesús?
–Hay muchos más Judas que Jesuses. La traición se impone, pero no se le llama así, sino «inteligencia política». Es como decir que el que no roba es tonto.
«La gente tiene una capacidad extraordinaria para convertirse en aquello que critica»
–Muy español eso de señalar al bondadosopor»parecer tonto».
–Machado ya lo decía: «Es una persona buena en el buen sentido de la palabra».
–¿Qué tendrían que aprender los políticos de esta obra que invita a ir de la mano del otro?
–Hay un momento de la obra en el que Jesús se presenta también como un actor y el grupo le dice que son «simplemente actores». Él responde: «Yo también». «¿Cuál es tu método?», le preguntan. Y dice: «Mi método es la verdad»… La obra también trata de quitarle mucho peso a la espiritualidad y aquello que consideramos que es trascendente y que siempre lo envolvemos en un halo de muchísima gravedad.En ‘Godspell’ se visten de payasos en un intento de reírnos de nosotros mismos y de la vida. Pero los personajes van evolucionando. En el primer acto no sabes si los actores están jugando o mintiendo. Entran y salen hasta que poco a poco empiezan a recibir los mensajes de estos dos seres inquietantes que han aparecido por allí.
–Hace cuatro años, junto a Andrew Lloyd Webber, dio una rueda aquí en Madrid para presentar su empresa, APS, dijeron que querían quitarle el aroma a «rancio» al teatro. ¿Cómo llevan ese objetivo?
–Seguimos trabajando a pérdidas porque ahora mismo hago lo que quiero con la gente que quiero. Para mí, lo rancio es pregrabar voces y la orquesta. Si la partitura dice que hay once piezas de cuerdas: tres chelos, violas… así será. ¿Se puede grabar? Perfectamente. Incluso puede que se vaya más seguro, pero no es lo mismo. Es la política: la música, los coros, las voces individuales… todo es en absoluto directo. Es esencial. No es normal. La gente no habla cantando. Pero cuando está bien hecho en ópera, teatro musical o zarzuela, entonces, no parece que estén cantando.Simplemente, las emociones necesitan de la música para poder expresarse mejor; pero no solo un sentimiento cursi, también un puñetazo en la boca.
–Vamos a Hollywood: parece que han bajado las reivindicaciones contra Trump. ¿A qué se debe?
–Por una parte, es un síntoma de agotamiento, pero por otra, es miedo. Vivimos en un mundo donde hay más miedo que el que yo conocí con quince años.
«Las denuncias a Julio Iglesias tienen que pasar, sin duda, por las manos de un juez»
–¿Es el momento de ser valiente?
–Sí, pero hay que tener mucho cuidado con la valentía.Yo trato de serlo en el escenario. Es mi espacio para comunicarme con mis verdades. La gente tiene ahora una capacidad extraordinaria para convertirse en aquello que critica.
–»Verás la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio», que dice el refrán.
–Eso mismo está en la obra. La doble moral. Lo pongomuy claro en el segundo acto.Aquellas cosas que este hombre dijo hacemás de 2.000 años siguen pasando con la misma virulencia hoy. Es curioso que todas las artes hayan tocado la vida de Jesús. En el Renacimiento, en el Barroco… Sin él no existiría el ‘Réquiem’ de Mozart o ‘La última cena’ de Leonardo da Vinci.
–Seas o no creyente, es la gran figura de la sociedad occidental.
–Sin embargo, el teatro es más antiguo que Jesús, lleva casi 3.000 años y nació casi como un acto religioso.
–Paraterminar: Julio Iglesias. Usted, que iguala si es posible esa universalidad del cantante, ¿cómo encajaunas acusaciones tanduras como los abusos que se han denunciado?
–Eso tiene que pasar, sin duda, por las manos de un juez. No hay otra. Yo lo conozco lo justo, de «hola», de una cena en Marbella con un montón de gente, pero nada más. Sí he conocido mucha gente que ha trabajado con él y nunca me han dicho nada malo; al contrario, que era muy generoso y amable. Lo que es indudable es que lo que se está diciendo es muy grave y tendrá que ponerse ante un juezy que hable todo el mundo. Ahí saldrá la verdad.
- Dónde: Teatro Pavón, Madrid. Cuándo: del 21 de enero al 1 de marzo. Cuánto: desde 25 euros.
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