Hay toreros que se miden en las tardes grandes y otros que se explican en los días pequeños. En ese terreno, donde no hay focos ni ruido, es donde se está construyendo el Borja Jiménez que vuelve a Sevilla. Un torero hecho a base de campo, disciplina y una idea muy clara de lo que quiere ser delante del toro.«Ya está aquí Sevilla… y la afronto con mucha ilusión», dice. Pero en esa palabra cabe mucho más. Cabe el recuerdo de lo ya conseguido, sí, pero sobre todo el anhelo de lo que aún falta. Porque no se conforma. «He podido cuajar tardes, cortar orejas… pero me gustaría redondearla. Esa tarde que tengo en la mente y en el sueño ».El comienzo de temporada ha tenido ese pulso desigual que suele marcar los primeros compases del año. Valdemorillo abrió el camino, después llegó Olivenza, mientras que en Valencia las cosas no terminaron de romper. Pero el torero se queda con lo que de verdad pesa: «En Cabra hubo una faena que se te queda grabada», recuerda. Porque más allá del resultado, lo que busca es ese sitio interior donde el toreo empieza a fluir. Y en ese terreno, asegura, «estamos cogiendo un ritmo bueno de cara a Sevilla». Y ese sueño no es otro que emocionar a la Maestranza.La Puerta del Príncipe en la cabezaHay objetivos que no se esconden. El de Borja Jiménez es uno de ellos. «Es algo que me quita el sueño», admite cuando se le menciona la Puerta del Príncipe. Forma parte de su día a día, de su pensamiento constante.Pero no lo plantea como una obsesión hueca. Tiene fondo. «Sobre todo quiero que me vean cuajar los toros como a mí me gusta torear» . Es decir, que el triunfo llegue desde la autenticidad.Porque si algo define su momento es ese intento constante de ser un torero completo. «Trabajo para hacer siempre el toreo con verdad. Y cuando el toro no te lo permite, buscarle las teclas para sacar lo mejor» , explica.Sara de la FuenteEl campo: donde empieza todoAntes de Sevilla, antes de Madrid, está el campo. Asentado en Salamanca —«este es ya mi cuarto año allí»—, Borja reparte su vida entre el tentadero y la preparación física, de la mano de su apoderado Julián Guerra. «Estoy haciendo muchísimo campo, con una preparación muy intensa», cuenta.No hay descanso. No lo busca. «Que no quede nada por mí. Si las cosas salen de una manera u otra, que sea por las circunstancias, no por la preparación». En esa frase está su forma de entender el toreo.Desde allí baja con frecuencia a Andalucía. A Sevilla. A las ganaderías donde sigue afinando el pulso. Porque sabe que lo que viene no admite medias tintas.Dos tardes de peso… y San MiguelSu paso por Sevilla se articula en dos comparecencias de máximo nivel… y una tercera en el horizonte de San Miguel.La primera, este sábado, en un mano a mano con Manuel Escribano frente a toros de Victorino Martín . Una cita de las que marcan. «Es una tarde muy importante, con mucha aceptación», explica.Y ahí aparece un contraste interesante: Escribano es el torero que ha logrado los grandes triunfos con Victorino en Sevilla, mientras que Borja ha firmado sus páginas más rotundas con este hierro en Madrid. Dos caminos distintos hacia una misma ganadería. Dos formas de entenderla. «Es una ganadería muy compleja, que no te deja relajarte. Pero cuando le coges el pulso, tiene una profundidad diferente» , apunta.La segunda cita será el Lunes de Farolillos, junto a Morante de la Puebla y Tomás Rufo con una corrida de la casa Matilla. Un cartel de relumbrón. «Torear con Morante es un privilegio. Se aprende incluso desde el callejón» , reconoce. Y en septiembre, San Miguel. Donde todo puede volver a decidirse. Donde Sevilla suele cerrar —o abrir— caminos.Sara de la FuenteMadrid: seis toros para responderDespués llegará Madrid. Y no de cualquier forma. Borja Jiménez se encerrará en solitario con seis toros en la Feria de San Isidro , en una corrida especial in memoriam de Ignacio Sánchez Mejías . Un gesto de máxima responsabilidad. El cartel reunirá los hierros de Domingo Hernández y Victoriano del Río, en una tarde concebida como homenaje y como desafío personal.Una encerrona que no es casual. Es una decisión. «Madrid es la plaza que me cambió la vida» , afirma. Allí ha abierto la Puerta Grande en tres ocasiones consecutivas. Ahora quiere devolverle ese crédito. «He querido hacerlo así. Es una forma de corresponder a todo lo que me ha dado».No será su única cita en Las Ventas. Tres días antes de la encerrona, el 4 de junio, volverá a hacer el paseíllo con toros de Jandilla, junto a Emilio de Justo y Víctor Hernández. Otra tarde de responsabilidad antes del gran reto.La preparación, por tanto, es total. Física y mental. «Intento no pensar en Madrid hasta que llegue el momento. Antes está Sevilla… pero sé que es un reto muy importante».En ese contexto, también aparece un nombre que sobrevuela cualquier conversación taurina actual: Roca Rey. Su ausencia en los carteles compartidos con Borja Jiménez no pasa desapercibida para el aficionado. Sin embargo, el de Espartinas no entra en polémicas. «A mí me gusta torear con todos los toreros, y con los que están arriba, por supuesto» , responde con naturalidad. Sin ruido. Con la serenidad de quien prefiere hablar en la plaza. Porque, en el fondo, ese cruce de caminos que hoy se echa en falta es también uno de los que el público espera… y que el tiempo, si todo sigue su curso, terminará poniendo en el sitio que corresponde.El oficio invisibleEl día a día del torero no entiende de focos. Madrugones, kilómetros, tentaderos, preparación física… una liturgia callada que no sale en los carteles, pero que sostiene cada paseíllo. «Esto es muy bonito, pero también muy duro» , resume Jiménez, sin una queja, con la serenidad del que sabe lo que se juega.Y quizá por eso hay una frase que lo explica todo. «Daría mucho por Sevilla… por emocionar de verdad» . No habla de trofeos. Habla de lo único que aquí importa de verdad.Porque Sevilla no se entrega por decreto. Sevilla se conmueve. Y cuando eso ocurre, cuando el toreo cala y prende en el tendido, ya no hacen falta cuentas ni estadísticas. Solo queda el silencio roto con los ‘bien’ del respetable. Ahí es donde empiezan los toreros que no pasan. Los que se quedan como Borja Jiménez. Hay toreros que se miden en las tardes grandes y otros que se explican en los días pequeños. En ese terreno, donde no hay focos ni ruido, es donde se está construyendo el Borja Jiménez que vuelve a Sevilla. Un torero hecho a base de campo, disciplina y una idea muy clara de lo que quiere ser delante del toro.«Ya está aquí Sevilla… y la afronto con mucha ilusión», dice. Pero en esa palabra cabe mucho más. Cabe el recuerdo de lo ya conseguido, sí, pero sobre todo el anhelo de lo que aún falta. Porque no se conforma. «He podido cuajar tardes, cortar orejas… pero me gustaría redondearla. Esa tarde que tengo en la mente y en el sueño ».El comienzo de temporada ha tenido ese pulso desigual que suele marcar los primeros compases del año. Valdemorillo abrió el camino, después llegó Olivenza, mientras que en Valencia las cosas no terminaron de romper. Pero el torero se queda con lo que de verdad pesa: «En Cabra hubo una faena que se te queda grabada», recuerda. Porque más allá del resultado, lo que busca es ese sitio interior donde el toreo empieza a fluir. Y en ese terreno, asegura, «estamos cogiendo un ritmo bueno de cara a Sevilla». Y ese sueño no es otro que emocionar a la Maestranza.La Puerta del Príncipe en la cabezaHay objetivos que no se esconden. El de Borja Jiménez es uno de ellos. «Es algo que me quita el sueño», admite cuando se le menciona la Puerta del Príncipe. Forma parte de su día a día, de su pensamiento constante.Pero no lo plantea como una obsesión hueca. Tiene fondo. «Sobre todo quiero que me vean cuajar los toros como a mí me gusta torear» . Es decir, que el triunfo llegue desde la autenticidad.Porque si algo define su momento es ese intento constante de ser un torero completo. «Trabajo para hacer siempre el toreo con verdad. Y cuando el toro no te lo permite, buscarle las teclas para sacar lo mejor» , explica.Sara de la FuenteEl campo: donde empieza todoAntes de Sevilla, antes de Madrid, está el campo. Asentado en Salamanca —«este es ya mi cuarto año allí»—, Borja reparte su vida entre el tentadero y la preparación física, de la mano de su apoderado Julián Guerra. «Estoy haciendo muchísimo campo, con una preparación muy intensa», cuenta.No hay descanso. No lo busca. «Que no quede nada por mí. Si las cosas salen de una manera u otra, que sea por las circunstancias, no por la preparación». En esa frase está su forma de entender el toreo.Desde allí baja con frecuencia a Andalucía. A Sevilla. A las ganaderías donde sigue afinando el pulso. Porque sabe que lo que viene no admite medias tintas.Dos tardes de peso… y San MiguelSu paso por Sevilla se articula en dos comparecencias de máximo nivel… y una tercera en el horizonte de San Miguel.La primera, este sábado, en un mano a mano con Manuel Escribano frente a toros de Victorino Martín . Una cita de las que marcan. «Es una tarde muy importante, con mucha aceptación», explica.Y ahí aparece un contraste interesante: Escribano es el torero que ha logrado los grandes triunfos con Victorino en Sevilla, mientras que Borja ha firmado sus páginas más rotundas con este hierro en Madrid. Dos caminos distintos hacia una misma ganadería. Dos formas de entenderla. «Es una ganadería muy compleja, que no te deja relajarte. Pero cuando le coges el pulso, tiene una profundidad diferente» , apunta.La segunda cita será el Lunes de Farolillos, junto a Morante de la Puebla y Tomás Rufo con una corrida de la casa Matilla. Un cartel de relumbrón. «Torear con Morante es un privilegio. Se aprende incluso desde el callejón» , reconoce. Y en septiembre, San Miguel. Donde todo puede volver a decidirse. Donde Sevilla suele cerrar —o abrir— caminos.Sara de la FuenteMadrid: seis toros para responderDespués llegará Madrid. Y no de cualquier forma. Borja Jiménez se encerrará en solitario con seis toros en la Feria de San Isidro , en una corrida especial in memoriam de Ignacio Sánchez Mejías . Un gesto de máxima responsabilidad. El cartel reunirá los hierros de Domingo Hernández y Victoriano del Río, en una tarde concebida como homenaje y como desafío personal.Una encerrona que no es casual. Es una decisión. «Madrid es la plaza que me cambió la vida» , afirma. Allí ha abierto la Puerta Grande en tres ocasiones consecutivas. Ahora quiere devolverle ese crédito. «He querido hacerlo así. Es una forma de corresponder a todo lo que me ha dado».No será su única cita en Las Ventas. Tres días antes de la encerrona, el 4 de junio, volverá a hacer el paseíllo con toros de Jandilla, junto a Emilio de Justo y Víctor Hernández. Otra tarde de responsabilidad antes del gran reto.La preparación, por tanto, es total. Física y mental. «Intento no pensar en Madrid hasta que llegue el momento. Antes está Sevilla… pero sé que es un reto muy importante».En ese contexto, también aparece un nombre que sobrevuela cualquier conversación taurina actual: Roca Rey. Su ausencia en los carteles compartidos con Borja Jiménez no pasa desapercibida para el aficionado. Sin embargo, el de Espartinas no entra en polémicas. «A mí me gusta torear con todos los toreros, y con los que están arriba, por supuesto» , responde con naturalidad. Sin ruido. Con la serenidad de quien prefiere hablar en la plaza. Porque, en el fondo, ese cruce de caminos que hoy se echa en falta es también uno de los que el público espera… y que el tiempo, si todo sigue su curso, terminará poniendo en el sitio que corresponde.El oficio invisibleEl día a día del torero no entiende de focos. Madrugones, kilómetros, tentaderos, preparación física… una liturgia callada que no sale en los carteles, pero que sostiene cada paseíllo. «Esto es muy bonito, pero también muy duro» , resume Jiménez, sin una queja, con la serenidad del que sabe lo que se juega.Y quizá por eso hay una frase que lo explica todo. «Daría mucho por Sevilla… por emocionar de verdad» . No habla de trofeos. Habla de lo único que aquí importa de verdad.Porque Sevilla no se entrega por decreto. Sevilla se conmueve. Y cuando eso ocurre, cuando el toreo cala y prende en el tendido, ya no hacen falta cuentas ni estadísticas. Solo queda el silencio roto con los ‘bien’ del respetable. Ahí es donde empiezan los toreros que no pasan. Los que se quedan como Borja Jiménez.
Hay toreros que se miden en las tardes grandes y otros que se explican en los días pequeños. En ese terreno, donde no hay focos ni ruido, es donde se está construyendo el Borja Jiménez que vuelve a Sevilla. Un torero hecho a base de … campo, disciplina y una idea muy clara de lo que quiere ser delante del toro.
«Ya está aquí Sevilla… y la afronto con mucha ilusión», dice. Pero en esa palabra cabe mucho más. Cabe el recuerdo de lo ya conseguido, sí, pero sobre todo el anhelo de lo que aún falta. Porque no se conforma. «He podido cuajar tardes, cortar orejas… pero me gustaría redondearla. Esa tarde que tengo en la mente y en el sueño».
El comienzo de temporada ha tenido ese pulso desigual que suele marcar los primeros compases del año. Valdemorillo abrió el camino, después llegó Olivenza, mientras que en Valencia las cosas no terminaron de romper. Pero el torero se queda con lo que de verdad pesa: «En Cabra hubo una faena que se te queda grabada», recuerda. Porque más allá del resultado, lo que busca es ese sitio interior donde el toreo empieza a fluir. Y en ese terreno, asegura, «estamos cogiendo un ritmo bueno de cara a Sevilla». Y ese sueño no es otro que emocionar a la Maestranza.
La Puerta del Príncipe en la cabeza
Hay objetivos que no se esconden. El de Borja Jiménez es uno de ellos. «Es algo que me quita el sueño», admite cuando se le menciona la Puerta del Príncipe. Forma parte de su día a día, de su pensamiento constante.
Pero no lo plantea como una obsesión hueca. Tiene fondo. «Sobre todo quiero que me vean cuajar los toros como a mí me gusta torear». Es decir, que el triunfo llegue desde la autenticidad.
Porque si algo define su momento es ese intento constante de ser un torero completo. «Trabajo para hacer siempre el toreo con verdad. Y cuando el toro no te lo permite, buscarle las teclas para sacar lo mejor», explica.

El campo: donde empieza todo
Antes de Sevilla, antes de Madrid, está el campo. Asentado en Salamanca —«este es ya mi cuarto año allí»—, Borja reparte su vida entre el tentadero y la preparación física, de la mano de su apoderado Julián Guerra. «Estoy haciendo muchísimo campo, con una preparación muy intensa», cuenta.
No hay descanso. No lo busca. «Que no quede nada por mí. Si las cosas salen de una manera u otra, que sea por las circunstancias, no por la preparación». En esa frase está su forma de entender el toreo.
Desde allí baja con frecuencia a Andalucía. A Sevilla. A las ganaderías donde sigue afinando el pulso. Porque sabe que lo que viene no admite medias tintas.
Dos tardes de peso… y San Miguel
Su paso por Sevilla se articula en dos comparecencias de máximo nivel… y una tercera en el horizonte de San Miguel.
La primera, este sábado, en un mano a mano con Manuel Escribano frente a toros de Victorino Martín. Una cita de las que marcan. «Es una tarde muy importante, con mucha aceptación», explica.
Y ahí aparece un contraste interesante: Escribano es el torero que ha logrado los grandes triunfos con Victorino en Sevilla, mientras que Borja ha firmado sus páginas más rotundas con este hierro en Madrid. Dos caminos distintos hacia una misma ganadería. Dos formas de entenderla. «Es una ganadería muy compleja, que no te deja relajarte. Pero cuando le coges el pulso, tiene una profundidad diferente», apunta.
La segunda cita será el Lunes de Farolillos, junto a Morante de la Puebla y Tomás Rufo con una corrida de la casa Matilla. Un cartel de relumbrón. «Torear con Morante es un privilegio. Se aprende incluso desde el callejón», reconoce.
Y en septiembre, San Miguel. Donde todo puede volver a decidirse. Donde Sevilla suele cerrar —o abrir— caminos.

Madrid: seis toros para responder
Después llegará Madrid. Y no de cualquier forma. Borja Jiménez se encerrará en solitario con seis toros en la Feria de San Isidro, en una corrida especial in memoriam de Ignacio Sánchez Mejías. Un gesto de máxima responsabilidad. El cartel reunirá los hierros de Domingo Hernández y Victoriano del Río, en una tarde concebida como homenaje y como desafío personal.
Una encerrona que no es casual. Es una decisión. «Madrid es la plaza que me cambió la vida», afirma. Allí ha abierto la Puerta Grande en tres ocasiones consecutivas. Ahora quiere devolverle ese crédito. «He querido hacerlo así. Es una forma de corresponder a todo lo que me ha dado».
No será su única cita en Las Ventas. Tres días antes de la encerrona, el 4 de junio, volverá a hacer el paseíllo con toros de Jandilla, junto a Emilio de Justo y Víctor Hernández. Otra tarde de responsabilidad antes del gran reto.
La preparación, por tanto, es total. Física y mental. «Intento no pensar en Madrid hasta que llegue el momento. Antes está Sevilla… pero sé que es un reto muy importante».
En ese contexto, también aparece un nombre que sobrevuela cualquier conversación taurina actual: Roca Rey. Su ausencia en los carteles compartidos con Borja Jiménez no pasa desapercibida para el aficionado. Sin embargo, el de Espartinas no entra en polémicas. «A mí me gusta torear con todos los toreros, y con los que están arriba, por supuesto», responde con naturalidad. Sin ruido. Con la serenidad de quien prefiere hablar en la plaza. Porque, en el fondo, ese cruce de caminos que hoy se echa en falta es también uno de los que el público espera… y que el tiempo, si todo sigue su curso, terminará poniendo en el sitio que corresponde.
El oficio invisible
El día a día del torero no entiende de focos. Madrugones, kilómetros, tentaderos, preparación física… una liturgia callada que no sale en los carteles, pero que sostiene cada paseíllo. «Esto es muy bonito, pero también muy duro», resume Jiménez, sin una queja, con la serenidad del que sabe lo que se juega.
Y quizá por eso hay una frase que lo explica todo. «Daría mucho por Sevilla… por emocionar de verdad». No habla de trofeos. Habla de lo único que aquí importa de verdad.
Porque Sevilla no se entrega por decreto. Sevilla se conmueve. Y cuando eso ocurre, cuando el toreo cala y prende en el tendido, ya no hacen falta cuentas ni estadísticas. Solo queda el silencio roto con los ‘bien’ del respetable. Ahí es donde empiezan los toreros que no pasan. Los que se quedan como Borja Jiménez.
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