Brandy Rayana Norwood, conocida artísticamente como Brandy (Mississippi, 47 años), es una mujer polifacética. Y no muy modesta. “Cantante, actriz, creadora, icono”, se describe ella misma en su perfil de Instagram, donde le siguen 6,1 millones de personas. Autoproclamarse “icono” puede sonar pretencioso, pero Brandy puede hacerlo porque a finales del pasado enero la artista recibió el Black Music Icon Award, uno de los mayores galardones que el Colectivo de Música Negra de la Recording Academy de EE UU —la organización responsable de los premios Grammy— entrega en su gala anual. “Gracias a la Recording Academy por verme, apoyarme y honrar el viaje”, escribió en una publicación de redes sociales cuando supo del reconocimiento.
Ganó un Grammy, protagonizó películas, series y ‘reality shows’, pero la popularidad de la cantante y actriz no termina de consolidarse. Aun así, no se rinde. Acaba de conseguir su espacio en el Paseo de la Fama de Hollywood y de publicar unas memorias en las que detalla la montaña rusa que ha sido su vida
Brandy Rayana Norwood, conocida artísticamente como Brandy (Mississippi, 47 años), es una mujer polifacética. Y no muy modesta. “Cantante, actriz, creadora, icono”, se describe ella misma en su perfil de Instagram, donde le siguen 6,1 millones de personas. Autoproclamarse “icono” puede sonar pretencioso, pero Brandy puede hacerlo porque a finales del pasado enero la artista recibió el Black Music Icon Award, uno de los mayores galardones que el Colectivo de Música Negra de la Recording Academy de EE UU —la organización responsable de los premios Grammy— entrega en su gala anual. “Gracias a la Recording Academy por verme, apoyarme y honrar el viaje”, escribió en una publicación de redes sociales cuando supo del reconocimiento.
No es casualidad que celebre que la vean. Brandy cuenta con una discografía de más de 30 años, ha vendido más de 15 millones de discos y se la conoce en el mundillo como la Biblia Vocal. Ha protagonizado películas, series y reality shows, y este lunes 30 de marzo recibió su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Sin embargo, nada de esto ha salvado a Brandy de terminar siendo carne de artículos, como este, abocados a rescatar del olvido quién fue, quién es ahora y quién pretende ser.
La propia artista ha impulsado su relanzamiento como figura mediática con la publicación el 31 de marzo de sus memorias, Phases (Fases). “Todos crecemos a lo largo de las etapas de nuestra vida. En Phases, abro mi corazón y comparto lo que cada una de ellas me ha enseñado”, lo describe Brandy en una publicación en la que sale leyendo su propio libro. La primera fase corresponde a sus años de estudiante en Mississippi y California, donde empezó a formarse como cantante en coros de iglesia y grupos juveniles. Pero también abarca etapas relacionadas con el acoso, la explotación y las relaciones tóxicas. “Pone de relieve cuestiones relacionadas con el deber de proteger a los artistas en la industria musical: en 1999, mientras lidiaba con una adicción a las pastillas para adelgazar y compaginaba su papel en la exitosa comedia juvenil Moesha (1996-2001) con una agenda agotadora de grabaciones y giras, Brandy sufrió una crisis nerviosa con tan solo 20 años”, destaca el crítico musical Michael Cragg en su análisis del libro para The Guardian.
Brandy asegura en la introducción del libro que el primer sueño que recuerda tener es el de querer estar encima de un escenario. Para Cragg, todo el relato posterior es el de una artista que “sigue estando infravalorada” y que a lo largo de las páginas “lucha por mantener vivo ese sueño mientras navega por una vida llena de altibajos”. Cuenta, por ejemplo, que sufría acoso escolar por su “delgada complexión y su carácter tranquilo”. Le daba tanto miedo una de sus acosadoras, una tal Shanice, que rezaba a Dios pidiendo una solución —siempre se ha mostrado firme defensora de la fe cristiana—. Poco después, Shanice fue asesinada a tiros, según relata en las memorias. También explica una relación que mantuvo en secreto con el cantante Wanya Morris, del grupo Boyz II Men, cuando ella tenía 15 años y él 23. “En aquel momento, parecía un cuento de hadas. Ahora lo veo como el comienzo de un cortejo calculado a una adolescente por parte de un hombre adulto que sabía exactamente el efecto que tendría su atención”, describe Brandy en Phases.
La ganadora del Grammy a mejor interpretación de R&B en 1999 por The Boy Is Mine —su mayor éxito musical, cantado junto a Monica y número uno en EE UU durante 13 semanas consecutivas— ha trabajado codo con codo con algunas de las mayores estrellas del panorama musical. En 1997 coprotagonizó junto a Whitney Houston la adaptación cinematográfica de Cenicienta de Rodgers & Hammerstein, donde ella era la princesa y su ídolo de toda la vida, la madrastra. También participó en dos de los temas del álbum Invincible de Michael Jackson en 2001, y el rey del pop le devolvió el favor un año después escribiendo y produciendo parte del tema It’s Not Worth It para el disco de Brandy Full Moon. Sin embargo, ni siquiera su capacidad de arrimarse al sol que más calienta le sirvió a la de Mississippi para mantener su popularidad pasados los primeros años de los dos mil.

El crítico de The Guardian achaca la mayor parte de la responsabilidad a un grave accidente de tráfico con cuatro vehículos implicados que la artista sufrió en 2007, “dos años después del lanzamiento de su cuarto álbum, Afrodisiac, entonces infravalorado y ahora merecidamente aclamado”, según él. Brandy tenía entonces 27 años y resultó ilesa, pero la conductora de 38 años contra la que chocó falleció en el acto. Cuenta en sus memorias que esa muerte la atormentó durante años, que estuvo sin salir de casa durante meses. “Sentía que ya no tenía derecho a seguir viviendo mi vida, ni siquiera a experimentar fugaces destellos de alegría […] ¿Quién era yo para sonreír? ¿Para cantar? ¿Para existir en un mundo donde ella ya no podía?“, relata.
Al final fue su única hija quien, según ella, la rescató del abismo. Sy’Rai, de 23 años, fruto de la relación de tres años de Brandy con el productor conocido como Big Bert, también ha seguido los pasos de su madre en la industria musical y cinematográfica: en los últimos años ha sacado varios sencillos y en 2025 participó en la película para televisión Christhmas Everiday, en la que su madre es la protagonista. “Mi madre y yo interpretamos a HERMANAS”, revelaba el pasado noviembre Sy’Rai en una publicación de Instagram en la que baila junto a Brandy durante el rodaje del filme.

Hacerse pasar por hermana de su hija es un gran halago para Brandy, teniendo en cuenta que la tuvo con 23 años, la edad que tiene Si’Ray ahora. De hecho, en 2002 mostró su proceso de embarazo al mundo entero en la serie MTV Diary Presents Brandy: Special Delivery. Igual que hacen ahora las hermanas Pombo en su docuserie, pero dos décadas antes, la artista detalló durante cuatro episodios la vida durante los últimos meses antes de dar a luz y el nacimiento. “Estoy muy orgullosa de ti, cariño. ¡Ha sido un placer verte descubrir tu talento! Eres mi inspiración y mi guía. Te estoy muy agradecida. Sigamos cantando y haciendo películas”, escribió Brandy el pasado noviembre en un posten el que celebraba el debut actoral de su hija en la película navideña en la que trabajan juntas —aunque, en realidad, su propio nacimiento fue su debut televisivo—.
Brandy ha probado de todo. Ha sido jurado de America’s Got Talent, concursante del popularísimo Dancing with the Stars, celebridad de Broadway en el musical Chicago. Se supone que lleva años preparando su octavo álbum de estudio, este año está de gira con Monica en lo que han llamado The Boy Is Mine Tour y forma parte del elenco de Descendants: Wicked Wonderland, la comedia musical que se estrenará en Diney+ el próximo julio. Sin embargo, parece que su fama internacional no termina de despegar del todo. En los noventa, la crítica se refería a ella como la nueva Janet Jackson, la discípula de Mary J. Blige. Ella insiste en ser, simplemente, Brandy.

“Brandy recibe la tanto tiempo ansiada estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood», tituló esta semana Forbessu noticia sobre esta cuenta pendiente de la artista. Las fotografías de ese día la muestran radiante, sonriente, emocionada. En algunas aparece abrazando a su hija y en otras haciendo el símbolo de la victoria con ambas manos, después de destapar la pieza de terrazo. Ese mismo día, compartió un vídeo del momento en redes sociales y explicó lo importante que ha sido para ella: “Una estrella en el Paseo de la Fama es la definición misma del legado. No solo celebra tu éxito, sino que consolida tu historia. No solo rinde homenaje a tu trabajo, sino que inmortaliza tu luz. Es un símbolo que dice… que no solo llegaste, sino que resististe”.
EL PAÍS
