El día y la noche tienen sus mundos propios y la mayoría de las veces sus gentes no coinciden en absoluto. El escritor Carlos Zanón los conoce a los dos. Se relaciona con los primeros, lo que es más saludable, claro, pero escribe sobre los segundos, un submundo lleno de personajes oscuros, mezquinos, maquiavélicos, pero al mismo tiempo atractivos, seductores, incluso hipnóticos. Siempre se ha dicho que los villanos son mucho más interesantes que los héroes. Zanón lo sabe y se aprovecha de ello. ¿Cómo? Subvirtiendo los papeles y haciendo que en cada personaje haya un poco de los dos. «Siempre me han gustado los malos porque su perversión es atrayente. Todos nos hemos descubierto queriendo agradar al que nos hace daño, como si quisiéramos ser amigos del matón. Lo vemos en Toni Soprano. Quién no querría irse de barbacoa con él. O con el mismo Trump. Lo vemos con tantos otros. Algo hay de esa adrenalina masoquista que nos hace sentir vivos», afirma el escritor.Después de hablarnos de músicos en gira y sus dramas morales en ‘Love song’ (Salamandra) o de recuperar al icónico detective de Vázquez Montalbán en ‘Carvalho: problemas de identidad’ (Planeta) , Zanón regresa a la novela más negra con ‘Objetos perdidos’ (Salamandra) , una inusual propuesta sobre un hombre acabado, encerrado dentro de la épica del fracaso, en una Barcelona también fracasada, oscura y necia, llena de droga, violencia, pequeña delincuencia y mucha sin razón. «Me apetecía hablar de lo fácil que es desaparecer hoy día. En un mundo hiperconectado, estás dos semanas sin contestar whatsapps y la gente deja de llamar y te olvida. Esa es la paradoja. Quería hablar de desaparecidos, de los que siempre hay quien los busca, pero sobre todo de los que ya no busca nadie», señala Zanón.Aquí el protagonista es Álex, un abogado divorciado, cuya hija de tres años desapareció hace un tiempo, adicto a todo y sin ninguna apetencia sexual, que se refugia del mundo viviendo en un hotel y teniendo relaciones con las que fingir afecto y algo de humanidad. « Alejandra Pizarnik decía que Kafka era como ella, que después de separarse se refugió en la soledad, pero que una vez te hundes en ese aislamiento, a veces ya no sabes cómo salir de él», comenta el autor de ‘Yo fui Johnny Thunders’. Noticia Relacionada El nuevo rey del thriller americano estandar Si S.A. Cosby: «El gobierno de Trump ha descubierto que puede matarnos, pero no romper nuestro espíritu» carlos sala El escritor presenta su nueva obra, la sobresaliente ‘El rey de las cenizas’ y reflexiona sobre cómo expandir la novela negraDe esta forma, por primera vez en la novela negra, o casi, nos encontramos con un hombre sin apetito sexual, lastrado por las adicciones, que simplemente se deja arrastrar por la vida sin poner resistencia alguna. « Virginie Despentes hablaba de la droga como la sustancia que utilizas para protegerte, pero también para hacerte daño. Escribimos por lo mismo, en busca de destruirnos y sanarnos. Creas ese refugio y al final no sabes salir de él, esa es la tragedia», asegura Zanón. La anécdota que mueve la acción es la desaparición, otra más, de un jugador de rugby inglés , que antes de perderse por las calles de Barcelona deja un extraño mensaje en redes en el que dice que le persiguen, noticia sacada de las páginas de sucesos de los periódicos. «No suelo buscar inspiración en las noticias reales. A mí me interesa más cómo se cuenta la historia, más que la historia en sí, pero la coincidencia de la muerte accidental de un jugador de rugby en la Sala Apolo y justo después la desaparición de otro y después la llegada de un detective inglés para investigar disparó mi curiosidad y vi que encajaba en esta historia», confiesa Zanón.Los fantasmas de la infanciaLa novela crea un constante juego de espejos entre quién somos y quién proyectamos ser. Por ejemplo, la familia del jugador desaparecido acabará por solicitar que no se investigue más al ver que lo que descubren no se parece en nada a la imagen que tenían del jugador. Al mismo tiempo, Álex también tiene metida en su cabeza al niño gordo que fue de pequeño y que nunca ha dejado de ser. «En realidad, lo que fuiste siempre es lo que eres. No te puedes deshacer de él. Sientes ese síndrome del impostor porque, aunque de adulto seas una persona atractiva, de éxito, en apariencia segura de sí misma, debajo quedan los mismos traumas, complejos y taras que creaste en la infancia. Podemos desaparecer, pero no escapar de nosotros mismos. Y al final te das cuenta que gustas por todo lo que en realidad no eres y eso genera ansiedad», afirma el escritor.El libro no es un decálogo nihilista de penas y mala suerte, sino que hay un trasfondo luminoso al final del camino porque siempre permanece ese instinto de supervivencia, de vivir a pesar del desastre. El propio autor tuvo que superar un cáncer mientras escribía la novela, además de un divorcio y la muerte de su padre. «No tenía miedo de no poder escribir más, pero sí quería acabar bien esta novela, deseaba concluir esta historia. No tenía grandes lamentos, pero sí que me preocupaban las personas que dejaba atrás. Pero tenemos metido dentro ese instinto de supervivencia que arrastra con nosotros incluso aunque no quieras. Te dejas llevar, como Álex», reconoce Zanón.Un abogado adicto y la Barcelona más oscura protagonizan ‘Objetos perdidos’El actual director del BCNegre sabe que la novela negra es un género híbrido donde cabe todo y que ha conectado de tal forma con el lector de hoy día que no hay escritor que no utilice sus mecanismos de una forma u otra. «Hasta Javier Marías, que me encanta, utilizaba la novela negra para vehicular sus historias. Todos lo hacen», dice. Desde que se encarga del festival, ha visto como la aparición de la mujer como nuevo y rotundo motor de las historias ha abierto el abanico del género. Asimismo, se han cambiado los temas que más enganchan a los lectores. «En tu interior, sabes que quizá es poco probable que te maten de forma violenta, pero no tanto que desaparezcas o que sufras algún tipo de trastorno mental. Ahora esos temas son más comunes que los asesinatos e interpelan más al lector», asegura Zanón.Después de acabar la novela y superar una época complicada en su vida, ahora se tomará un respiro para buscar nuevas historias que contar. «No trazo mapas en mis novelas, así que soy un escritor lento. Conservo cierto espíritu punk y creo que el arte tiene que ser de aquí y ahora, directo, emocional, no perfecto. Yo me muevo más por la música de las palabras, por cierta sonoridad que da el ritmo y el tono de la historia. Por ejemplo, de mis ocho novelas, ésta te diría que es la única que no sabría decirte qué música tiene, si no son los silencios», concluye. El día y la noche tienen sus mundos propios y la mayoría de las veces sus gentes no coinciden en absoluto. El escritor Carlos Zanón los conoce a los dos. Se relaciona con los primeros, lo que es más saludable, claro, pero escribe sobre los segundos, un submundo lleno de personajes oscuros, mezquinos, maquiavélicos, pero al mismo tiempo atractivos, seductores, incluso hipnóticos. Siempre se ha dicho que los villanos son mucho más interesantes que los héroes. Zanón lo sabe y se aprovecha de ello. ¿Cómo? Subvirtiendo los papeles y haciendo que en cada personaje haya un poco de los dos. «Siempre me han gustado los malos porque su perversión es atrayente. Todos nos hemos descubierto queriendo agradar al que nos hace daño, como si quisiéramos ser amigos del matón. Lo vemos en Toni Soprano. Quién no querría irse de barbacoa con él. O con el mismo Trump. Lo vemos con tantos otros. Algo hay de esa adrenalina masoquista que nos hace sentir vivos», afirma el escritor.Después de hablarnos de músicos en gira y sus dramas morales en ‘Love song’ (Salamandra) o de recuperar al icónico detective de Vázquez Montalbán en ‘Carvalho: problemas de identidad’ (Planeta) , Zanón regresa a la novela más negra con ‘Objetos perdidos’ (Salamandra) , una inusual propuesta sobre un hombre acabado, encerrado dentro de la épica del fracaso, en una Barcelona también fracasada, oscura y necia, llena de droga, violencia, pequeña delincuencia y mucha sin razón. «Me apetecía hablar de lo fácil que es desaparecer hoy día. En un mundo hiperconectado, estás dos semanas sin contestar whatsapps y la gente deja de llamar y te olvida. Esa es la paradoja. Quería hablar de desaparecidos, de los que siempre hay quien los busca, pero sobre todo de los que ya no busca nadie», señala Zanón.Aquí el protagonista es Álex, un abogado divorciado, cuya hija de tres años desapareció hace un tiempo, adicto a todo y sin ninguna apetencia sexual, que se refugia del mundo viviendo en un hotel y teniendo relaciones con las que fingir afecto y algo de humanidad. « Alejandra Pizarnik decía que Kafka era como ella, que después de separarse se refugió en la soledad, pero que una vez te hundes en ese aislamiento, a veces ya no sabes cómo salir de él», comenta el autor de ‘Yo fui Johnny Thunders’. Noticia Relacionada El nuevo rey del thriller americano estandar Si S.A. Cosby: «El gobierno de Trump ha descubierto que puede matarnos, pero no romper nuestro espíritu» carlos sala El escritor presenta su nueva obra, la sobresaliente ‘El rey de las cenizas’ y reflexiona sobre cómo expandir la novela negraDe esta forma, por primera vez en la novela negra, o casi, nos encontramos con un hombre sin apetito sexual, lastrado por las adicciones, que simplemente se deja arrastrar por la vida sin poner resistencia alguna. « Virginie Despentes hablaba de la droga como la sustancia que utilizas para protegerte, pero también para hacerte daño. Escribimos por lo mismo, en busca de destruirnos y sanarnos. Creas ese refugio y al final no sabes salir de él, esa es la tragedia», asegura Zanón. La anécdota que mueve la acción es la desaparición, otra más, de un jugador de rugby inglés , que antes de perderse por las calles de Barcelona deja un extraño mensaje en redes en el que dice que le persiguen, noticia sacada de las páginas de sucesos de los periódicos. «No suelo buscar inspiración en las noticias reales. A mí me interesa más cómo se cuenta la historia, más que la historia en sí, pero la coincidencia de la muerte accidental de un jugador de rugby en la Sala Apolo y justo después la desaparición de otro y después la llegada de un detective inglés para investigar disparó mi curiosidad y vi que encajaba en esta historia», confiesa Zanón.Los fantasmas de la infanciaLa novela crea un constante juego de espejos entre quién somos y quién proyectamos ser. Por ejemplo, la familia del jugador desaparecido acabará por solicitar que no se investigue más al ver que lo que descubren no se parece en nada a la imagen que tenían del jugador. Al mismo tiempo, Álex también tiene metida en su cabeza al niño gordo que fue de pequeño y que nunca ha dejado de ser. «En realidad, lo que fuiste siempre es lo que eres. No te puedes deshacer de él. Sientes ese síndrome del impostor porque, aunque de adulto seas una persona atractiva, de éxito, en apariencia segura de sí misma, debajo quedan los mismos traumas, complejos y taras que creaste en la infancia. Podemos desaparecer, pero no escapar de nosotros mismos. Y al final te das cuenta que gustas por todo lo que en realidad no eres y eso genera ansiedad», afirma el escritor.El libro no es un decálogo nihilista de penas y mala suerte, sino que hay un trasfondo luminoso al final del camino porque siempre permanece ese instinto de supervivencia, de vivir a pesar del desastre. El propio autor tuvo que superar un cáncer mientras escribía la novela, además de un divorcio y la muerte de su padre. «No tenía miedo de no poder escribir más, pero sí quería acabar bien esta novela, deseaba concluir esta historia. No tenía grandes lamentos, pero sí que me preocupaban las personas que dejaba atrás. Pero tenemos metido dentro ese instinto de supervivencia que arrastra con nosotros incluso aunque no quieras. Te dejas llevar, como Álex», reconoce Zanón.Un abogado adicto y la Barcelona más oscura protagonizan ‘Objetos perdidos’El actual director del BCNegre sabe que la novela negra es un género híbrido donde cabe todo y que ha conectado de tal forma con el lector de hoy día que no hay escritor que no utilice sus mecanismos de una forma u otra. «Hasta Javier Marías, que me encanta, utilizaba la novela negra para vehicular sus historias. Todos lo hacen», dice. Desde que se encarga del festival, ha visto como la aparición de la mujer como nuevo y rotundo motor de las historias ha abierto el abanico del género. Asimismo, se han cambiado los temas que más enganchan a los lectores. «En tu interior, sabes que quizá es poco probable que te maten de forma violenta, pero no tanto que desaparezcas o que sufras algún tipo de trastorno mental. Ahora esos temas son más comunes que los asesinatos e interpelan más al lector», asegura Zanón.Después de acabar la novela y superar una época complicada en su vida, ahora se tomará un respiro para buscar nuevas historias que contar. «No trazo mapas en mis novelas, así que soy un escritor lento. Conservo cierto espíritu punk y creo que el arte tiene que ser de aquí y ahora, directo, emocional, no perfecto. Yo me muevo más por la música de las palabras, por cierta sonoridad que da el ritmo y el tono de la historia. Por ejemplo, de mis ocho novelas, ésta te diría que es la única que no sabría decirte qué música tiene, si no son los silencios», concluye.
El día y la noche tienen sus mundos propios y la mayoría de las veces sus gentes no coinciden en absoluto. El escritor Carlos Zanón los conoce a los dos. Se relaciona con los primeros, lo que es más saludable, claro, pero escribe sobre … los segundos, un submundo lleno de personajes oscuros, mezquinos, maquiavélicos, pero al mismo tiempo atractivos, seductores, incluso hipnóticos. Siempre se ha dicho que los villanos son mucho más interesantes que los héroes. Zanón lo sabe y se aprovecha de ello. ¿Cómo? Subvirtiendo los papeles y haciendo que en cada personaje haya un poco de los dos. «Siempre me han gustado los malos porque su perversión es atrayente. Todos nos hemos descubierto queriendo agradar al que nos hace daño, como si quisiéramos ser amigos del matón. Lo vemos en Toni Soprano. Quién no querría irse de barbacoa con él. O con el mismo Trump. Lo vemos con tantos otros. Algo hay de esa adrenalina masoquista que nos hace sentir vivos», afirma el escritor.
Después de hablarnos de músicos en gira y sus dramas morales en ‘Love song’ (Salamandra) o de recuperar al icónico detective de Vázquez Montalbán en ‘Carvalho: problemas de identidad’ (Planeta), Zanón regresa a la novela más negra con ‘Objetos perdidos’ (Salamandra), una inusual propuesta sobre un hombre acabado, encerrado dentro de la épica del fracaso, en una Barcelona también fracasada, oscura y necia, llena de droga, violencia, pequeña delincuencia y mucha sin razón. «Me apetecía hablar de lo fácil que es desaparecer hoy día. En un mundo hiperconectado, estás dos semanas sin contestar whatsapps y la gente deja de llamar y te olvida. Esa es la paradoja. Quería hablar de desaparecidos, de los que siempre hay quien los busca, pero sobre todo de los que ya no busca nadie», señala Zanón.
Aquí el protagonista es Álex, un abogado divorciado, cuya hija de tres años desapareció hace un tiempo, adicto a todo y sin ninguna apetencia sexual, que se refugia del mundo viviendo en un hotel y teniendo relaciones con las que fingir afecto y algo de humanidad. «Alejandra Pizarnik decía que Kafka era como ella, que después de separarse se refugió en la soledad, pero que una vez te hundes en ese aislamiento, a veces ya no sabes cómo salir de él», comenta el autor de ‘Yo fui Johnny Thunders’.
De esta forma, por primera vez en la novela negra, o casi, nos encontramos con un hombre sin apetito sexual, lastrado por las adicciones, que simplemente se deja arrastrar por la vida sin poner resistencia alguna. «Virginie Despentes hablaba de la droga como la sustancia que utilizas para protegerte, pero también para hacerte daño. Escribimos por lo mismo, en busca de destruirnos y sanarnos. Creas ese refugio y al final no sabes salir de él, esa es la tragedia», asegura Zanón.
La anécdota que mueve la acción es la desaparición, otra más, de un jugador de rugby inglés, que antes de perderse por las calles de Barcelona deja un extraño mensaje en redes en el que dice que le persiguen, noticia sacada de las páginas de sucesos de los periódicos. «No suelo buscar inspiración en las noticias reales. A mí me interesa más cómo se cuenta la historia, más que la historia en sí, pero la coincidencia de la muerte accidental de un jugador de rugby en la Sala Apolo y justo después la desaparición de otro y después la llegada de un detective inglés para investigar disparó mi curiosidad y vi que encajaba en esta historia», confiesa Zanón.
Los fantasmas de la infancia
La novela crea un constante juego de espejos entre quién somos y quién proyectamos ser. Por ejemplo, la familia del jugador desaparecido acabará por solicitar que no se investigue más al ver que lo que descubren no se parece en nada a la imagen que tenían del jugador. Al mismo tiempo, Álex también tiene metida en su cabeza al niño gordo que fue de pequeño y que nunca ha dejado de ser. «En realidad, lo que fuiste siempre es lo que eres. No te puedes deshacer de él. Sientes ese síndrome del impostor porque, aunque de adulto seas una persona atractiva, de éxito, en apariencia segura de sí misma, debajo quedan los mismos traumas, complejos y taras que creaste en la infancia. Podemos desaparecer, pero no escapar de nosotros mismos. Y al final te das cuenta que gustas por todo lo que en realidad no eres y eso genera ansiedad», afirma el escritor.
El libro no es un decálogo nihilista de penas y mala suerte, sino que hay un trasfondo luminoso al final del camino porque siempre permanece ese instinto de supervivencia, de vivir a pesar del desastre. El propio autor tuvo que superar un cáncer mientras escribía la novela, además de un divorcio y la muerte de su padre. «No tenía miedo de no poder escribir más, pero sí quería acabar bien esta novela, deseaba concluir esta historia. No tenía grandes lamentos, pero sí que me preocupaban las personas que dejaba atrás. Pero tenemos metido dentro ese instinto de supervivencia que arrastra con nosotros incluso aunque no quieras. Te dejas llevar, como Álex», reconoce Zanón.
Un abogado adicto y la Barcelona más oscura protagonizan ‘Objetos perdidos’
El actual director del BCNegre sabe que la novela negra es un género híbrido donde cabe todo y que ha conectado de tal forma con el lector de hoy día que no hay escritor que no utilice sus mecanismos de una forma u otra. «Hasta Javier Marías, que me encanta, utilizaba la novela negra para vehicular sus historias. Todos lo hacen», dice. Desde que se encarga del festival, ha visto como la aparición de la mujer como nuevo y rotundo motor de las historias ha abierto el abanico del género. Asimismo, se han cambiado los temas que más enganchan a los lectores. «En tu interior, sabes que quizá es poco probable que te maten de forma violenta, pero no tanto que desaparezcas o que sufras algún tipo de trastorno mental. Ahora esos temas son más comunes que los asesinatos e interpelan más al lector», asegura Zanón.
Después de acabar la novela y superar una época complicada en su vida, ahora se tomará un respiro para buscar nuevas historias que contar. «No trazo mapas en mis novelas, así que soy un escritor lento. Conservo cierto espíritu punk y creo que el arte tiene que ser de aquí y ahora, directo, emocional, no perfecto. Yo me muevo más por la música de las palabras, por cierta sonoridad que da el ritmo y el tono de la historia. Por ejemplo, de mis ocho novelas, ésta te diría que es la única que no sabría decirte qué música tiene, si no son los silencios», concluye.
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