Para un niño adicto a los deportes como era yo, el verano de 1990 era un sueño. Después de meterme todo un Mundial de fútbol, llegaba el Tour de Francia. Ante la incomprensión de mi familia, a mí me gustaba ver todo: las épicas ascensiones a los Pirineos y Alpes y también las anodinas jornadas por la campiña. Pero aquel año no contaba con un factor que me impidió ver el rodar de las bicis. Un fenómeno nacional contra el que era imposible resistir.
La primera telenovela latina que triunfó en España arrasó con todo en el verano de 1990
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
La primera telenovela latina que triunfó en España arrasó con todo en el verano de 1990
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Para un niño adicto a los deportes como era yo, el verano de 1990 era un sueño. Después de meterme todo un Mundial de fútbol, llegaba el Tour de Francia. Ante la incomprensión de mi familia, a mí me gustaba ver todo: las épicas ascensiones a los Pirineos y Alpes y también las anodinas jornadas por la campiña. Pero aquel año no contaba con un factor que me impidió ver el rodar de las bicis. Un fenómeno nacional contra el que era imposible resistir.
Yo ya había oído hablar de Cristal, claro. En el cole algo se comentaba y había niños que entonaban la sintonía (“Mi vida eres túuuuu…”). Sabía que mucha gente veía la primera telenovela latinoamericana que triunfó en España, pero no vi venir los daños personales que me iba a ocasionar. Recuerdo perfectamente ese momento en el que estaba empezando a ver las andanzas de Perico Delgado y compañía y mi tía y mi prima cambiaron de canal sin mediar palabra. Mis protestas apenas ahogaron el “mi vida eres túuuuu…” y fui expulsado a la terraza donde mi abuela cosía y en cuya radio siempre estaba sintonizada la SER. Allí podía escuchar las etapas, pero hay pocas cosas más desmotivadoras que seguir ciclismo por la radio.
El patrón se replicó tarde tras tarde. Pronto me resigné a enfilar dócilmente el camino a la terraza. De alguna manera, había entendido que no se podía luchar contra dragones ni contra culebrones. Si todo el país se paralizaba para ver las descarnadas escenas de pasión, traición y romance con acento venezolano, ¿quién era yo para impedirlo en un modesto piso de Getafe?
Porque no es ninguna exageración, el país se paralizaba, literalmente. Cuentan las crónicas de la época que las calles se vaciaban, los bares reducían actividad o directamente cerraban y en algunos trabajos se hacía coincidir la hora de descanso con la emisión del capítulo. Incluso símbolos patrios como la siesta se tambalearon ante el paso del huracán catódico.
Tras ver el episodio, la gente debatía y comentaba como si Cristina y Luis Alfredo (los protas) fuesen familiares o vecinos. Incluso TVE añadió una especie de previa en cada capítulo conducida por Doña Adelaida, un personaje que se hizo muy popular. Las recién nacidas Antena 3 y Telecinco dieron por perdida esa franja horaria y decidieron no presentarse a la batalla por la audiencia. La bola crecía y crecía, y eso que empezó siendo una canica, con la novela emitiéndose en la segunda cadena en horario matinal. Fueron las amas de casa quienes descubrieron Cristal y quienes, luego, la inocularon al resto de la población.
El fenómeno es difícilmente entendible hoy, cuando vemos series cada uno con sus tiempos y a su manera. El último capítulo juntó a 18 millones de personas, y eso que ya se sabía que Cristina y Luis Alfredo se iban a casar. Cristal se había emitido unos años antes en América y en algún lado se filtró el poco sorprendente final. Spoilers del siglo XX.
Por cierto, ¿de qué iba? Le he pedido a la IA que me resuma los 250 capítulos en un par de frases porque yo vi muy poco y además no me acuerdo. Reza así: “Cristal cuenta la historia de una joven que crece sin conocer a su madre y acaba entrando, sin saberlo, en el mundo de la moda donde ella es una poderosa diseñadora. Entre secretos, amores imposibles y giros dramáticos, madre e hija se cruzan sin reconocerse hasta que la verdad sale a la luz”.
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