De animación, de ciencia ficción, muda, espacial, infantil, canadiense, sentimental…, ¿a quién no le va a gustar una película así? Tanto el guion de Mylène Chollet como los dibujos y la puesta en escena del director, Kid Koala, tienen un sello de sencillez y delicadeza que se coloca a la altura de los ojos de cualquier niño y que le permiten al adulto adecuar su mirada.La protagonista es una niña, Celeste, con la ilusión de viajar por el espacio, como su madre astronauta, que desapareció en una misión espacial, y que vive con su robot casero y guardián con el que tiene una relación familiar. Tras conocer a Celeste y a su robot, la historia avanza hasta que es ya casi adulta y cadete que emprende su primera aventura por el espacio, mientras que el robot se queda en tierra esperándola. No está en su argumento la causa de su originalidad, sino en el tipo de dibujo y en su narrativa clara sin necesidad del uso de la palabra o del diálogo, que permiten seguir la historia en un tono agradable y sentimental.Su director, Kid Koala (seudónimo de Eric San) es músico y autor de novelas gráficas y en su primer largometraje construye un cuento en el que se subrayan en rojo la aventura, la fidelidad, la curiosidad por el universo y sus criaturas y los recuerdos familiares. No hay virguería en su tipo de animación, pero consigue dotar de alma a su personajes, incluido el robot protagonista, tan elemental como sentimental. Y hay un atractivo equilibrio de colores y formas entre las figuras y los fondos.Tal vez resulte algo básica para las ofertas y los gustos infantiles, pero logra conectar y transmitir una sensación de armonía entre lo muy lejano y lo muy cercano, y se acompaña con una banda musical colmada de encanto. De animación, de ciencia ficción, muda, espacial, infantil, canadiense, sentimental…, ¿a quién no le va a gustar una película así? Tanto el guion de Mylène Chollet como los dibujos y la puesta en escena del director, Kid Koala, tienen un sello de sencillez y delicadeza que se coloca a la altura de los ojos de cualquier niño y que le permiten al adulto adecuar su mirada.La protagonista es una niña, Celeste, con la ilusión de viajar por el espacio, como su madre astronauta, que desapareció en una misión espacial, y que vive con su robot casero y guardián con el que tiene una relación familiar. Tras conocer a Celeste y a su robot, la historia avanza hasta que es ya casi adulta y cadete que emprende su primera aventura por el espacio, mientras que el robot se queda en tierra esperándola. No está en su argumento la causa de su originalidad, sino en el tipo de dibujo y en su narrativa clara sin necesidad del uso de la palabra o del diálogo, que permiten seguir la historia en un tono agradable y sentimental.Su director, Kid Koala (seudónimo de Eric San) es músico y autor de novelas gráficas y en su primer largometraje construye un cuento en el que se subrayan en rojo la aventura, la fidelidad, la curiosidad por el universo y sus criaturas y los recuerdos familiares. No hay virguería en su tipo de animación, pero consigue dotar de alma a su personajes, incluido el robot protagonista, tan elemental como sentimental. Y hay un atractivo equilibrio de colores y formas entre las figuras y los fondos.Tal vez resulte algo básica para las ofertas y los gustos infantiles, pero logra conectar y transmitir una sensación de armonía entre lo muy lejano y lo muy cercano, y se acompaña con una banda musical colmada de encanto.
De animación, de ciencia ficción, muda, espacial, infantil, canadiense, sentimental…, ¿a quién no le va a gustar una película así? Tanto el guion de Mylène Chollet como los dibujos y la puesta en escena del director, Kid Koala, tienen un sello de sencillez y delicadeza … que se coloca a la altura de los ojos de cualquier niño y que le permiten al adulto adecuar su mirada.
La protagonista es una niña, Celeste, con la ilusión de viajar por el espacio, como su madre astronauta, que desapareció en una misión espacial, y que vive con su robot casero y guardián con el que tiene una relación familiar. Tras conocer a Celeste y a su robot, la historia avanza hasta que es ya casi adulta y cadete que emprende su primera aventura por el espacio, mientras que el robot se queda en tierra esperándola. No está en su argumento la causa de su originalidad, sino en el tipo de dibujo y en su narrativa clara sin necesidad del uso de la palabra o del diálogo, que permiten seguir la historia en un tono agradable y sentimental.
Su director, Kid Koala (seudónimo de Eric San) es músico y autor de novelas gráficas y en su primer largometraje construye un cuento en el que se subrayan en rojo la aventura, la fidelidad, la curiosidad por el universo y sus criaturas y los recuerdos familiares. No hay virguería en su tipo de animación, pero consigue dotar de alma a su personajes, incluido el robot protagonista, tan elemental como sentimental. Y hay un atractivo equilibrio de colores y formas entre las figuras y los fondos.
Tal vez resulte algo básica para las ofertas y los gustos infantiles, pero logra conectar y transmitir una sensación de armonía entre lo muy lejano y lo muy cercano, y se acompaña con una banda musical colmada de encanto.
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