Texto y dirección: María Goiricelaya. Intérpretes: Loli Astoreka, Aitor Borobia, Idoia Merodio, Ane Pikaza, Egoitz Sánchez y Patxo Telleria. Teatro de la Abadía, Madrid. Hasta el 8 de marzo.
Formada por la actriz Ane Pikaza y la dramaturga y directora María Goiricelaya, La Dramática Errante es una compañía con un estilo cada vez más propio y definido que se caracteriza por abordar temas sociales a menudo complejos, o incluso escabrosos, con una sencillez en su literatura y un desparpajo en su escenificación tan sorprendentes como eficaces.
Como no quiero dar pistas sobre el último giro que da la trama, diré simplemente, a riesgo de no ser demasiado exacto, que ‘Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán’ cuenta la historia de un padre, interpretado por Patxo Telleria, que debe mirar cara a cara a la muerte de manera inesperada y decide, a modo de despedida, hacer junto a su hija, a quien da vida Ane Pikaza, el Camino de Santiago. En ese viaje, en el que tendrán contacto con otros personajes, ambos deberán aprender a asumir la muerte y a resignificar la vida entendiendo que aquella forma parte inexorablemente de esta.
Con su proverbial facilidad para solapar escenas, y para dar entidad teatral a materiales que son en realidad muy narrativos -ya lo hizo, por ejemplo, en ‘Altsasu’-, Goiricelaya cuenta con ritmo, desenvoltura y sentido del humor -y afortunadamente sin dogmatismos ni moralejas- una historia tierna y honda, aunque discurra con encomiable ligereza, sobre cuidados y despedidas, sobre el derecho a la muerte digna y, en última instancia, sobre el poder paliativo del amor a la hora de afrontar el final.
Para mostrar con más detalle la peripecia de los peregrinos, la directora se ha apoyado en esta ocasión en unos audiovisuales de naturaleza realista que muestran a los personajes en distintas situaciones sincronizando la acción que hay en ellas con la que pasa a desarrollarse propiamente en el escenario. La verdad es que las proyecciones tienen demasiado protagonismo y escaso valor teatral, algo que llama la atención si tenemos en cuenta la capacidad de Goricelaya para dotar precisamente de teatralidad cualquier espacio a partir de unos pocos y sencillos elementos, como ocurre aquí con todas las escenas de ambientación hospitalaria o médica.
Junto a los mencionados Pikaza y Telleria, forman parte del compacto y eficiente reparto Loli Astoreka, Aitor Borobia, Idoia Merodio y Egoitz Sánchez.
- Lo mejor: La desenvoltura, sin menoscabo de la profundidad, con la que la compañía sabe abordar asuntos graves.
- Lo peor: La mezcolanza innecesaria de elementos y lenguajes para contar una historia que resulta más contundente cuanto más desnuda y teatral se muestra.
La pieza cuenta la historia de un padre que debe mirar cara a cara a la muerte de manera inesperada y decide, a modo de despedida, hacer junto a su hija el Camino de Santiago
Texto y dirección: María Goiricelaya. Intérpretes: Loli Astoreka, Aitor Borobia, Idoia Merodio, Ane Pikaza, Egoitz Sánchez y Patxo Telleria. Teatro de la Abadía, Madrid. Hasta el 8 de marzo.
Formada por la actriz Ane Pikaza y la dramaturga y directora María Goiricelaya, La Dramática Errante es una compañía con un estilo cada vez más propio y definido que se caracteriza por abordar temas sociales a menudo complejos, o incluso escabrosos, con una sencillez en su literatura y un desparpajo en su escenificación tan sorprendentes como eficaces.
Como no quiero dar pistas sobre el último giro que da la trama, diré simplemente, a riesgo de no ser demasiado exacto, que ‘Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán’ cuenta la historia de un padre, interpretado por Patxo Telleria, que debe mirar cara a cara a la muerte de manera inesperada y decide, a modo de despedida, hacer junto a su hija, a quien da vida Ane Pikaza, el Camino de Santiago. En ese viaje, en el que tendrán contacto con otros personajes, ambos deberán aprender a asumir la muerte y a resignificar la vida entendiendo que aquella forma parte inexorablemente de esta.
Con su proverbial facilidad para solapar escenas, y para dar entidad teatral a materiales que son en realidad muy narrativos -ya lo hizo, por ejemplo, en ‘Altsasu’-, Goiricelaya cuenta con ritmo, desenvoltura y sentido del humor -y afortunadamente sin dogmatismos ni moralejas- una historia tierna y honda, aunque discurra con encomiable ligereza, sobre cuidados y despedidas, sobre el derecho a la muerte digna y, en última instancia, sobre el poder paliativo del amor a la hora de afrontar el final.
Para mostrar con más detalle la peripecia de los peregrinos, la directora se ha apoyado en esta ocasión en unos audiovisuales de naturaleza realista que muestran a los personajes en distintas situaciones sincronizando la acción que hay en ellas con la que pasa a desarrollarse propiamente en el escenario. La verdad es que las proyecciones tienen demasiado protagonismo y escaso valor teatral, algo que llama la atención si tenemos en cuenta la capacidad de Goricelaya para dotar precisamente de teatralidad cualquier espacio a partir de unos pocos y sencillos elementos, como ocurre aquí con todas las escenas de ambientación hospitalaria o médica.
Junto a los mencionados Pikaza y Telleria, forman parte del compacto y eficiente reparto Loli Astoreka, Aitor Borobia, Idoia Merodio y Egoitz Sánchez.
- Lo mejor: La desenvoltura, sin menoscabo de la profundidad, con la que la compañía sabe abordar asuntos graves.
- Lo peor: La mezcolanza innecesaria de elementos y lenguajes para contar una historia que resulta más contundente cuanto más desnuda y teatral se muestra.
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