«¡Hombre! ¿Cómo estás?». A Carlos León lo saludan cariñosamente en la entrada del Museo Naval de Madrid tanto la recepcionista como el guardia de seguridad. «He venido mucho por aquí, aunque ya hacía tiempo que no lo hacía», explica el arqueólogo subacuático mientras sube las escaleras y se dirige sin titubear hasta la sala de los Descubrimientos. El mapamundi que hizo Juan de la Cosa en el año 1500 y varias maquetas de navíos recalan en esta estancia presidida por el gran cuadro de ‘El primer homenaje a Cristóbal Colón’, de José Garnelo, que tuvo que ser restaurado de urgencia por el dañino ataque de Futuro Vegetal . Han pasado unos meses, pero aún se observan en la pared rastros de la pintura con que fue vandalizado. Allí León se detiene ante una reproducción a escala de la nao capitana del Almirante. «La historia entre España y América empieza con un naufragio, que es el de la ‘Santa María’ y termina con otro, el de la flota de Cervera », recuerda este doctor en Prehistoria y Arqueología que en su nuevo libro, ‘Hundidos’ (Alianza editorial, 2026), recorre esos cuatro siglos en que España fue un imperio marítimo, a través, precisamente, de dieciséis de sus fracasos más emblemáticos.En las costas americanas se perdieron más de un millar de barcos españoles desde 1492 a 1898 y sus restos hoy pueden revelar información sobre el pasado que nunca se ha llegado a esclarecer. «Los barcos que navegan y llegan a su destino hacen historia, pero los que se hunden, además de hacer historia, hacen arqueología», subraya este especialista que lleva dos décadas realizando un inventario de naufragios españoles en América para el Ministerio de Cultura, a través de datos de archivos. Muchos de estos barcos hundidos, como la nao ‘Santa María’, j amás han sido encontrados . Aunque parte de esta embarcación de Colón se reutilizó en la construcción del Fuerte de Navidad, el primer asentamiento español en América, «seguramente algo queda de la parte más baja, que es la que solemos encontrar en un naufragio tras tantos años; lo que no se sabe es si está bajo el agua o en tierra, porque se ha colmatado mucho esa zona», explica León. Noticia relacionada general No No Hallan restos del Partenón en el naufragio del Mentor Marta CañeteVarios investigadores, como el explorador estadounidense Barry Clifford, han buscado los restos de la ‘Santa María’ en la actual Haití, pero nadie hasta la fecha ha dado aún con la mayor embarcación que cruzó el Atlántico en el primer viaje de Colón. Tampoco se han descubierto las naves que Hernán Cortés ordenó hundir en la costa mexicana de Villa Rica de Veracruz, comenta el arqueólogo subacuático en esa misma sala del Museo Naval, ante un cuadro que representa el suceso. Y otros buques, como el San Telmo , tal vez el primero en llegar a la Antártida, también siguen en paradero desconocido. « España debería liderar en algún momento un proyecto de Estado , en colaboración con otros países, para buscar esos barcos tan emblemáticos hundidos porque son una parte fundamental de nuestra historia», considera el arqueólogo subacuático. Una historia de la que, en su opinión, «no hay que pedir perdón, no tiene sentido, lo que hay que hacer es contar la verdad». A León Amores no le gusta hablar de colonización. «Hablo de hispanización porque se parece más al modelo de romanización», dice, aunque, a su juicio, el relato histórico debería ser «más equilibrado» y contar con un mayor peso del punto de vista indígena. Un proyecto nuevo para el galeón San JoséTambién sobre otros pecios que ya han sido encontrados, el autor de ‘Hundidos’ reclama un mayor protagonismo del Gobierno español. Se refiere, por ejemplo, al galeón San José , que naufragó en aguas colombianas tras la batalla de Barú en 1708. El Gobierno colombiano extrajo en 2025 cinco piezas (un cañón, varias monedas de oro y una taza de porcelana), en el marco de las intervenciones que está llevando a cabo el Ministerio de las Culturas con el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), la Armada Colombiana y la Dirección General Marítima (Dimar). Sin embargo, en opinión de este arqueólogo subacuático, habría que diseñar « un proyecto nuevo de investigación, de arqueología , con la colaboración entre los distintos países involucrados, que debería liderar España con Colombia». «Habría que llegar a acuerdos y buscar una solución buena para todos pensando que eso ya no es un barco, es un sitio arqueológico cargado de historia, no de monedas. Porque ¿qué más dan las monedas que tengas si al final supone un coste conservarlas, como ocurre con las 575.000 monedas de la fragata Mercedes?», se pregunta tras subrayar que ese patrimonio no puede ser vendido. Taza recuperada del naufragio, cuadro de Samuel Scott del hundimiento del galeón San José y vista del pecio en el fondo marino. Gobierno de Colombia y ABCPlantearse con seriedad la investigación del galeón San José conlleva además, «hacer una inversión» para mejorar las condiciones de conservación de las piezas en Cartagena de Indias. «Si Colombia no cuenta con unas infraestructuras para hacer una buena intervención es mejor que no la haga y se espere», considera este experto, que insiste en la colaboración entre países. «La Armada colombiana ha invertido en equipos, en barcos y en formación y creo que aquí ya no se trata de comprar otro ROV, cuando nosotros tenemos uno y podríamos colaborar. Eso sería lo suyo. Y luego resolver los litigios con Glocca Mora, con Sea Search Armada y con MAC», empresas cazatesoros con las que Colombia tiene abiertos procesos judiciales.En su opinión, promover la creación y mejora de laboratorios de conservación, a partir de la experiencia española de Arquatec -el centro especializado del Museo Nacional de Arqueología Subacuática-, sería clave para las investigaciones de los naufragios en América. Especialmente en el Caribe, donde se concentran más barcos hundidos.«Los barcos que navegan y llegan a su destino hacen historia, pero los que se hunden, además de hacer historia, hacen arqueología» Carlos León Arqueólogo subacuáticoLeón camina entre los cuadros y cartografías que pueblan las salas del museo. «Aquí tenemos una documentación iconográfica espectacular, que no tiene nadie. Los españoles y los portugueses enseñamos a navegar al resto del mundo, se lo escribimos en un papel, marcamos los derroteros, hicimos los mapas… es una aportación histórica espectacular », apunta. Para los 30.000 viajes que hicieron entre España y América, los más de mil naufragios suponen un pequeño número. «Hay un momento que fueron más frecuentes porque las flotas eran muy grandes», pero «muy pocos barcos se hundieron por guerras o por piratas, el 91% naufragaron por huracanes », destaca. Detalle de ‘Navíos en una tormenta’ (ca. 1650), de Claes Claesz Wou, en el que se ven dos galeones españoles en medio de un temporal. Museo del PradoEn más ocasiones de las deseadas, «porque había prisa en que los cargamentos llegaran a España y los monarcas, virreyes y demás a veces forzaban la salida en temporada de huracanes». Ante una tempestad, tampoco ayudaba la sobrecarga del barco, que se estima que podía llegar al 30% de lo embarcado. «En el San José de Panamá, la lista de cosas de contrabando que nos encontramos era mayor que la de la carga», recuerda el arqueólogo, que comanda el Proyecto Galeones de Azogue . Y también hubo hundimientos causados por negligencias. Carlos León recuerda, por ejemplo, el naufragio del navío ‘Nuestra Señora del Buen Consejo’, más conocido como ‘Oriflame’, después de que toda su tripulación enfermara por escorbuto, cuando «en el siglo XVIII todo el mundo llevaba cítricos en cantidad suficiente».El azote de los cazatesorosEn su obra, León recoge testimonios desgarradores, como el de Marcos de Mena, enterrado vivo tras el hundimiento de la flota de Antonio Corzo en 1554. Incorpora además detalles sobre las rutas de navegación, los productos transportados o las características de los barcos e incluye grabados de época, mapas, dibujos y fotografías de restos hallados, pero omite conscientemente las ubicaciones de los naufragios o las signaturas de archivo de documentos que menciona. «No sé en qué manos puede caer el libro», explica y a renglón seguido menciona a cazatesoros estadounidenses como Robert Marx, Burt Webber o Mel Fisher, que «hicieron su agosto en el Archivo de Indias de Sevilla». En ocasiones y lamentablemente, con ayuda de funcionarios o investigadores españoles. Del ‘Atocha’ y el ‘Margarita’ de la flota del marqués de Cadereyta, que naufragó en los cayos de Matacumbé (Florida) en 1622, aún salen a la venta monedas y otros objetos en internet. Los tribunales estadounidenses fallaron a favor de los Fisher en los años 70, permitiendo a los cazatesoros extraer y comerciar con los restos de los naufragios. España, que no actuó por entonces para defender sus derechos, adquirió años después en subasta algunos objetos que hoy se encuentran en el Museo de América. El propio Mel Fisher regaló a Doña Sofía un cañón de bronce de Felipe III que se expone en el Archivo de Indias y la ciudad de San Agustín donó a Avilés un ancla del ‘Atocha’ que desde hace años decora una rotonda de la población asturiana. «Lo suyo sería que todo eso que forma parte de una misma historia estuviera en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqva) , donde las piezas pueden recibir los tratamientos de conservación que requieren», opina León.El crucero español ‘Oquendo’, de la escuadra de Cervera, arde tras una batalla naval en Santiago de Cuba. ABCSus pasos por el Museo Naval nos conducen hasta el retrato del almirante Pascual Cervera y el desastre de 1898 en Cuba. «Nuestro imperio empieza con la Santa María de Colón y termina aquí. Nuestra influencia después ha sido minúscula», comenta el arqueólogo subacuático, que ha buceado entre los barcos de hierro hundidos en aguas cubanas. «Es muy ejemplar como parque arqueológico, un concepto que tampoco hemos hecho nosotros aquí con los nuestros», señala antes de lanzar un postrero cañonazo: «Tampoco hemos puesto mucho interés en investigar la flota de Cervera bajo el agua». «¡Hombre! ¿Cómo estás?». A Carlos León lo saludan cariñosamente en la entrada del Museo Naval de Madrid tanto la recepcionista como el guardia de seguridad. «He venido mucho por aquí, aunque ya hacía tiempo que no lo hacía», explica el arqueólogo subacuático mientras sube las escaleras y se dirige sin titubear hasta la sala de los Descubrimientos. El mapamundi que hizo Juan de la Cosa en el año 1500 y varias maquetas de navíos recalan en esta estancia presidida por el gran cuadro de ‘El primer homenaje a Cristóbal Colón’, de José Garnelo, que tuvo que ser restaurado de urgencia por el dañino ataque de Futuro Vegetal . Han pasado unos meses, pero aún se observan en la pared rastros de la pintura con que fue vandalizado. Allí León se detiene ante una reproducción a escala de la nao capitana del Almirante. «La historia entre España y América empieza con un naufragio, que es el de la ‘Santa María’ y termina con otro, el de la flota de Cervera », recuerda este doctor en Prehistoria y Arqueología que en su nuevo libro, ‘Hundidos’ (Alianza editorial, 2026), recorre esos cuatro siglos en que España fue un imperio marítimo, a través, precisamente, de dieciséis de sus fracasos más emblemáticos.En las costas americanas se perdieron más de un millar de barcos españoles desde 1492 a 1898 y sus restos hoy pueden revelar información sobre el pasado que nunca se ha llegado a esclarecer. «Los barcos que navegan y llegan a su destino hacen historia, pero los que se hunden, además de hacer historia, hacen arqueología», subraya este especialista que lleva dos décadas realizando un inventario de naufragios españoles en América para el Ministerio de Cultura, a través de datos de archivos. Muchos de estos barcos hundidos, como la nao ‘Santa María’, j amás han sido encontrados . Aunque parte de esta embarcación de Colón se reutilizó en la construcción del Fuerte de Navidad, el primer asentamiento español en América, «seguramente algo queda de la parte más baja, que es la que solemos encontrar en un naufragio tras tantos años; lo que no se sabe es si está bajo el agua o en tierra, porque se ha colmatado mucho esa zona», explica León. Noticia relacionada general No No Hallan restos del Partenón en el naufragio del Mentor Marta CañeteVarios investigadores, como el explorador estadounidense Barry Clifford, han buscado los restos de la ‘Santa María’ en la actual Haití, pero nadie hasta la fecha ha dado aún con la mayor embarcación que cruzó el Atlántico en el primer viaje de Colón. Tampoco se han descubierto las naves que Hernán Cortés ordenó hundir en la costa mexicana de Villa Rica de Veracruz, comenta el arqueólogo subacuático en esa misma sala del Museo Naval, ante un cuadro que representa el suceso. Y otros buques, como el San Telmo , tal vez el primero en llegar a la Antártida, también siguen en paradero desconocido. « España debería liderar en algún momento un proyecto de Estado , en colaboración con otros países, para buscar esos barcos tan emblemáticos hundidos porque son una parte fundamental de nuestra historia», considera el arqueólogo subacuático. Una historia de la que, en su opinión, «no hay que pedir perdón, no tiene sentido, lo que hay que hacer es contar la verdad». A León Amores no le gusta hablar de colonización. «Hablo de hispanización porque se parece más al modelo de romanización», dice, aunque, a su juicio, el relato histórico debería ser «más equilibrado» y contar con un mayor peso del punto de vista indígena. Un proyecto nuevo para el galeón San JoséTambién sobre otros pecios que ya han sido encontrados, el autor de ‘Hundidos’ reclama un mayor protagonismo del Gobierno español. Se refiere, por ejemplo, al galeón San José , que naufragó en aguas colombianas tras la batalla de Barú en 1708. El Gobierno colombiano extrajo en 2025 cinco piezas (un cañón, varias monedas de oro y una taza de porcelana), en el marco de las intervenciones que está llevando a cabo el Ministerio de las Culturas con el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), la Armada Colombiana y la Dirección General Marítima (Dimar). Sin embargo, en opinión de este arqueólogo subacuático, habría que diseñar « un proyecto nuevo de investigación, de arqueología , con la colaboración entre los distintos países involucrados, que debería liderar España con Colombia». «Habría que llegar a acuerdos y buscar una solución buena para todos pensando que eso ya no es un barco, es un sitio arqueológico cargado de historia, no de monedas. Porque ¿qué más dan las monedas que tengas si al final supone un coste conservarlas, como ocurre con las 575.000 monedas de la fragata Mercedes?», se pregunta tras subrayar que ese patrimonio no puede ser vendido. Taza recuperada del naufragio, cuadro de Samuel Scott del hundimiento del galeón San José y vista del pecio en el fondo marino. Gobierno de Colombia y ABCPlantearse con seriedad la investigación del galeón San José conlleva además, «hacer una inversión» para mejorar las condiciones de conservación de las piezas en Cartagena de Indias. «Si Colombia no cuenta con unas infraestructuras para hacer una buena intervención es mejor que no la haga y se espere», considera este experto, que insiste en la colaboración entre países. «La Armada colombiana ha invertido en equipos, en barcos y en formación y creo que aquí ya no se trata de comprar otro ROV, cuando nosotros tenemos uno y podríamos colaborar. Eso sería lo suyo. Y luego resolver los litigios con Glocca Mora, con Sea Search Armada y con MAC», empresas cazatesoros con las que Colombia tiene abiertos procesos judiciales.En su opinión, promover la creación y mejora de laboratorios de conservación, a partir de la experiencia española de Arquatec -el centro especializado del Museo Nacional de Arqueología Subacuática-, sería clave para las investigaciones de los naufragios en América. Especialmente en el Caribe, donde se concentran más barcos hundidos.«Los barcos que navegan y llegan a su destino hacen historia, pero los que se hunden, además de hacer historia, hacen arqueología» Carlos León Arqueólogo subacuáticoLeón camina entre los cuadros y cartografías que pueblan las salas del museo. «Aquí tenemos una documentación iconográfica espectacular, que no tiene nadie. Los españoles y los portugueses enseñamos a navegar al resto del mundo, se lo escribimos en un papel, marcamos los derroteros, hicimos los mapas… es una aportación histórica espectacular », apunta. Para los 30.000 viajes que hicieron entre España y América, los más de mil naufragios suponen un pequeño número. «Hay un momento que fueron más frecuentes porque las flotas eran muy grandes», pero «muy pocos barcos se hundieron por guerras o por piratas, el 91% naufragaron por huracanes », destaca. Detalle de ‘Navíos en una tormenta’ (ca. 1650), de Claes Claesz Wou, en el que se ven dos galeones españoles en medio de un temporal. Museo del PradoEn más ocasiones de las deseadas, «porque había prisa en que los cargamentos llegaran a España y los monarcas, virreyes y demás a veces forzaban la salida en temporada de huracanes». Ante una tempestad, tampoco ayudaba la sobrecarga del barco, que se estima que podía llegar al 30% de lo embarcado. «En el San José de Panamá, la lista de cosas de contrabando que nos encontramos era mayor que la de la carga», recuerda el arqueólogo, que comanda el Proyecto Galeones de Azogue . Y también hubo hundimientos causados por negligencias. Carlos León recuerda, por ejemplo, el naufragio del navío ‘Nuestra Señora del Buen Consejo’, más conocido como ‘Oriflame’, después de que toda su tripulación enfermara por escorbuto, cuando «en el siglo XVIII todo el mundo llevaba cítricos en cantidad suficiente».El azote de los cazatesorosEn su obra, León recoge testimonios desgarradores, como el de Marcos de Mena, enterrado vivo tras el hundimiento de la flota de Antonio Corzo en 1554. Incorpora además detalles sobre las rutas de navegación, los productos transportados o las características de los barcos e incluye grabados de época, mapas, dibujos y fotografías de restos hallados, pero omite conscientemente las ubicaciones de los naufragios o las signaturas de archivo de documentos que menciona. «No sé en qué manos puede caer el libro», explica y a renglón seguido menciona a cazatesoros estadounidenses como Robert Marx, Burt Webber o Mel Fisher, que «hicieron su agosto en el Archivo de Indias de Sevilla». En ocasiones y lamentablemente, con ayuda de funcionarios o investigadores españoles. Del ‘Atocha’ y el ‘Margarita’ de la flota del marqués de Cadereyta, que naufragó en los cayos de Matacumbé (Florida) en 1622, aún salen a la venta monedas y otros objetos en internet. Los tribunales estadounidenses fallaron a favor de los Fisher en los años 70, permitiendo a los cazatesoros extraer y comerciar con los restos de los naufragios. España, que no actuó por entonces para defender sus derechos, adquirió años después en subasta algunos objetos que hoy se encuentran en el Museo de América. El propio Mel Fisher regaló a Doña Sofía un cañón de bronce de Felipe III que se expone en el Archivo de Indias y la ciudad de San Agustín donó a Avilés un ancla del ‘Atocha’ que desde hace años decora una rotonda de la población asturiana. «Lo suyo sería que todo eso que forma parte de una misma historia estuviera en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqva) , donde las piezas pueden recibir los tratamientos de conservación que requieren», opina León.El crucero español ‘Oquendo’, de la escuadra de Cervera, arde tras una batalla naval en Santiago de Cuba. ABCSus pasos por el Museo Naval nos conducen hasta el retrato del almirante Pascual Cervera y el desastre de 1898 en Cuba. «Nuestro imperio empieza con la Santa María de Colón y termina aquí. Nuestra influencia después ha sido minúscula», comenta el arqueólogo subacuático, que ha buceado entre los barcos de hierro hundidos en aguas cubanas. «Es muy ejemplar como parque arqueológico, un concepto que tampoco hemos hecho nosotros aquí con los nuestros», señala antes de lanzar un postrero cañonazo: «Tampoco hemos puesto mucho interés en investigar la flota de Cervera bajo el agua».
«¡Hombre! ¿Cómo estás?». A Carlos León lo saludan cariñosamente en la entrada del Museo Naval de Madrid tanto la recepcionista como el guardia de seguridad. «He venido mucho por aquí, aunque ya hacía tiempo que no lo hacía», explica el arqueólogo subacuático mientras … sube las escaleras y se dirige sin titubear hasta la sala de los Descubrimientos. El mapamundi que hizo Juan de la Cosa en el año 1500 y varias maquetas de navíos recalan en esta estancia presidida por el gran cuadro de ‘El primer homenaje a Cristóbal Colón’, de José Garnelo, que tuvo que ser restaurado de urgencia por el dañino ataque de Futuro Vegetal. Han pasado unos meses, pero aún se observan en la pared rastros de la pintura con que fue vandalizado. Allí León se detiene ante una reproducción a escala de la nao capitana del Almirante. «La historia entre España y América empieza con un naufragio, que es el de la ‘Santa María’ y termina con otro, el de la flota de Cervera», recuerda este doctor en Prehistoria y Arqueología que en su nuevo libro, ‘Hundidos’ (Alianza editorial, 2026), recorre esos cuatro siglos en que España fue un imperio marítimo, a través, precisamente, de dieciséis de sus fracasos más emblemáticos.
En las costas americanas se perdieron más de un millar de barcos españoles desde 1492 a 1898 y sus restos hoy pueden revelar información sobre el pasado que nunca se ha llegado a esclarecer. «Los barcos que navegan y llegan a su destino hacen historia, pero los que se hunden, además de hacer historia, hacen arqueología», subraya este especialista que lleva dos décadas realizando un inventario de naufragios españoles en América para el Ministerio de Cultura, a través de datos de archivos.
Muchos de estos barcos hundidos, como la nao ‘Santa María’, jamás han sido encontrados. Aunque parte de esta embarcación de Colón se reutilizó en la construcción del Fuerte de Navidad, el primer asentamiento español en América, «seguramente algo queda de la parte más baja, que es la que solemos encontrar en un naufragio tras tantos años; lo que no se sabe es si está bajo el agua o en tierra, porque se ha colmatado mucho esa zona», explica León.
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Varios investigadores, como el explorador estadounidense Barry Clifford, han buscado los restos de la ‘Santa María’ en la actual Haití, pero nadie hasta la fecha ha dado aún con la mayor embarcación que cruzó el Atlántico en el primer viaje de Colón. Tampoco se han descubierto las naves que Hernán Cortés ordenó hundir en la costa mexicana de Villa Rica de Veracruz, comenta el arqueólogo subacuático en esa misma sala del Museo Naval, ante un cuadro que representa el suceso. Y otros buques, como el San Telmo, tal vez el primero en llegar a la Antártida, también siguen en paradero desconocido.
«España debería liderar en algún momento un proyecto de Estado, en colaboración con otros países, para buscar esos barcos tan emblemáticos hundidos porque son una parte fundamental de nuestra historia», considera el arqueólogo subacuático. Una historia de la que, en su opinión, «no hay que pedir perdón, no tiene sentido, lo que hay que hacer es contar la verdad». A León Amores no le gusta hablar de colonización. «Hablo de hispanización porque se parece más al modelo de romanización», dice, aunque, a su juicio, el relato histórico debería ser «más equilibrado» y contar con un mayor peso del punto de vista indígena.
Un proyecto nuevo para el galeón San José
También sobre otros pecios que ya han sido encontrados, el autor de ‘Hundidos’ reclama un mayor protagonismo del Gobierno español. Se refiere, por ejemplo, al galeón San José, que naufragó en aguas colombianas tras la batalla de Barú en 1708. El Gobierno colombiano extrajo en 2025 cinco piezas (un cañón, varias monedas de oro y una taza de porcelana), en el marco de las intervenciones que está llevando a cabo el Ministerio de las Culturas con el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), la Armada Colombiana y la Dirección General Marítima (Dimar). Sin embargo, en opinión de este arqueólogo subacuático, habría que diseñar «un proyecto nuevo de investigación, de arqueología, con la colaboración entre los distintos países involucrados, que debería liderar España con Colombia».
«Habría que llegar a acuerdos y buscar una solución buena para todos pensando que eso ya no es un barco, es un sitio arqueológico cargado de historia, no de monedas. Porque ¿qué más dan las monedas que tengas si al final supone un coste conservarlas, como ocurre con las 575.000 monedas de la fragata Mercedes?», se pregunta tras subrayar que ese patrimonio no puede ser vendido.
(Gobierno de Colombia y ABC)
Plantearse con seriedad la investigación del galeón San José conlleva además, «hacer una inversión» para mejorar las condiciones de conservación de las piezas en Cartagena de Indias. «Si Colombia no cuenta con unas infraestructuras para hacer una buena intervención es mejor que no la haga y se espere», considera este experto, que insiste en la colaboración entre países. «La Armada colombiana ha invertido en equipos, en barcos y en formación y creo que aquí ya no se trata de comprar otro ROV, cuando nosotros tenemos uno y podríamos colaborar. Eso sería lo suyo. Y luego resolver los litigios con Glocca Mora, con Sea Search Armada y con MAC», empresas cazatesoros con las que Colombia tiene abiertos procesos judiciales.
En su opinión, promover la creación y mejora de laboratorios de conservación, a partir de la experiencia española de Arquatec -el centro especializado del Museo Nacional de Arqueología Subacuática-, sería clave para las investigaciones de los naufragios en América. Especialmente en el Caribe, donde se concentran más barcos hundidos.
«Los barcos que navegan y llegan a su destino hacen historia, pero los que se hunden, además de hacer historia, hacen arqueología»
Carlos León
Arqueólogo subacuático
León camina entre los cuadros y cartografías que pueblan las salas del museo. «Aquí tenemos una documentación iconográfica espectacular, que no tiene nadie. Los españoles y los portugueses enseñamos a navegar al resto del mundo, se lo escribimos en un papel, marcamos los derroteros, hicimos los mapas… es una aportación histórica espectacular», apunta. Para los 30.000 viajes que hicieron entre España y América, los más de mil naufragios suponen un pequeño número. «Hay un momento que fueron más frecuentes porque las flotas eran muy grandes», pero «muy pocos barcos se hundieron por guerras o por piratas, el 91% naufragaron por huracanes», destaca.

(Museo del Prado)
En más ocasiones de las deseadas, «porque había prisa en que los cargamentos llegaran a España y los monarcas, virreyes y demás a veces forzaban la salida en temporada de huracanes». Ante una tempestad, tampoco ayudaba la sobrecarga del barco, que se estima que podía llegar al 30% de lo embarcado. «En el San José de Panamá, la lista de cosas de contrabando que nos encontramos era mayor que la de la carga», recuerda el arqueólogo, que comanda el Proyecto Galeones de Azogue. Y también hubo hundimientos causados por negligencias. Carlos León recuerda, por ejemplo, el naufragio del navío ‘Nuestra Señora del Buen Consejo’, más conocido como ‘Oriflame’, después de que toda su tripulación enfermara por escorbuto, cuando «en el siglo XVIII todo el mundo llevaba cítricos en cantidad suficiente».
El azote de los cazatesoros
En su obra, León recoge testimonios desgarradores, como el de Marcos de Mena, enterrado vivo tras el hundimiento de la flota de Antonio Corzo en 1554. Incorpora además detalles sobre las rutas de navegación, los productos transportados o las características de los barcos e incluye grabados de época, mapas, dibujos y fotografías de restos hallados, pero omite conscientemente las ubicaciones de los naufragios o las signaturas de archivo de documentos que menciona. «No sé en qué manos puede caer el libro», explica y a renglón seguido menciona a cazatesoros estadounidenses como Robert Marx, Burt Webber o Mel Fisher, que «hicieron su agosto en el Archivo de Indias de Sevilla». En ocasiones y lamentablemente, con ayuda de funcionarios o investigadores españoles.
Del ‘Atocha’ y el ‘Margarita’ de la flota del marqués de Cadereyta, que naufragó en los cayos de Matacumbé (Florida) en 1622, aún salen a la venta monedas y otros objetos en internet. Los tribunales estadounidenses fallaron a favor de los Fisher en los años 70, permitiendo a los cazatesoros extraer y comerciar con los restos de los naufragios.
España, que no actuó por entonces para defender sus derechos, adquirió años después en subasta algunos objetos que hoy se encuentran en el Museo de América. El propio Mel Fisher regaló a Doña Sofía un cañón de bronce de Felipe III que se expone en el Archivo de Indias y la ciudad de San Agustín donó a Avilés un ancla del ‘Atocha’ que desde hace años decora una rotonda de la población asturiana. «Lo suyo sería que todo eso que forma parte de una misma historia estuviera en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqva), donde las piezas pueden recibir los tratamientos de conservación que requieren», opina León.

(ABC)
Sus pasos por el Museo Naval nos conducen hasta el retrato del almirante Pascual Cervera y el desastre de 1898 en Cuba. «Nuestro imperio empieza con la Santa María de Colón y termina aquí. Nuestra influencia después ha sido minúscula», comenta el arqueólogo subacuático, que ha buceado entre los barcos de hierro hundidos en aguas cubanas. «Es muy ejemplar como parque arqueológico, un concepto que tampoco hemos hecho nosotros aquí con los nuestros», señala antes de lanzar un postrero cañonazo: «Tampoco hemos puesto mucho interés en investigar la flota de Cervera bajo el agua».
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