Esta es la selección que han hecho los críticos de ABC de los discos que se han publicado esta semana. Raül Refree & Niño de Elche ‘Cru+es'(6,5/10) «Hay buen gusto, humildad y contención, tanto en el cante como en un toque que apenas interfiere el rezo. Todo es compacto» Discográfica: Sony Por Jesús LilloEn la tercera entrega de ‘¿Por qué doblan las campanas?’, miniserie de alusiones dedicada a Rosalía, recuperamos el álbum que Refree y el Niño de Elche publicaron apenas unos días antes de que comenzará a echar humo el botafumeiro promocional de ‘Lux’. ‘Cru+es’ es un libro de oraciones e introspecciones, una flamencada sintética o sintetizada en la que el cantaor ilicitano, monaguillo o sacristán que el pasado verano anduvo de confesiones públicas con el mismísimo presidente de la Conferencia Episcopal, reza para los adentros, sobra decir que con hondura. Hay buen gusto, humildad y contención, tanto en el cante como en un toque que apenas interfiere el rezo. Todo es compacto. Precioso y por momentos sobrecogedor, este ‘Cru+es’ plantea la pregunta de por qué la gente se pone a hablar de Dios cuando ve un anuncio del tamaño de una pantalla LED de Callao. Deben de ser iluminados, gente de bajo consumo, pensadores y oyentes que no se enteran de la misa la media si no los avisan, bendita sea la Virgen, por lo publicitario.Orville Peck ‘Appaloosa'(5,75/10) «Como amante del folk tristón siempre me ha quedado ‘meridianamente’ claro que existe una línea muy fina entre la nostalgia y la lágrima evidente. En este disco la línea es tan fina, que ya no es ni línea» Discográfica: Warner Por Luigi Gómez «Even cowboys get the blues // Hasta los ‘cowboys’ lloran», cita cumbre del trabajo del señor Peck. Sí, hijo, sí… eso es exactamente lo que hacen los cowboys pero esto ya está empezando a hacer charco. Que alguien le busque un terapeuta a este hombre pero rápido. Como amante del folk tristón siempre me ha quedado ‘meridianamente’ claro que existe una línea muy fina entre la nostalgia y la lágrima evidente. En este disco la línea queda tan lejos, es tan fina, que ya no es ni línea ni es nada. Un punto. Un punto azul, ‘blue’, inundado en reverb. Se le reconocen bases instrumentales confortables, un poco a lo ‘Hermanos Gutiérrez’, pero sin pasarse, sin tanta gracia. En la versión del ‘Maybe This Time’, que Liza Minnelli llevó a la pantalla en Cabaret, cambian las tornas y luce un rayo de optimismo. Una puerta abierta a la esperanza que arropada por la portentosa voz del sudafricano afincado en Canadá salva la papeleta. Dicho esto, mala señal que la mejor canción del disco sea un ‘cover’. Tras otro valle de lágrimas, en ‘It’s The End of The World’, el último pañuelo de este paquete de ‘Clínex’ musical, reaparece el coraje. El arreglo rimbombante pero sólido recuerda a aquel ‘If I Can Dream’, del especial de retorno de Elvis en el 68. Esto, qué duda cabe, es bueno. Orville Peck tiene facilidad para la elegancia y la calidez pero se nos queda a medio camino. Se podría haber hecho más.Mike Patton y The Avett Brothers ‘AVTT/PTTN'(5,5/10) «Nueve canciones y 34 minutos de música grandilocuente y espíritu salvador que sorprenderá mucho más a los seguidores del primero (para mal) que a los de los segundos (para bien)» Discográfica: Thirty Tigers /Ramseur / Ipecac Por Israel Viana Después de unos años turbulentos y complicados en los que Mike Patton ha atravesado un pequeño desierto en su inabarcable torrente creativo –problemas de salud mental mediante–, parece ahora como si al líder de Faith No More le hubiera dado por abrazar a Dios (al dios que sea) a través de este nuevo e inesperado matrimonio de conveniencia con The Avett Brothers. Nueve canciones y 34 minutos de música grandilocuente y espíritu salvador que sorprenderá mucho más a los seguidores del primero (para mal) que a los de los segundos (para bien). El hombre de los mil experimentos, uno de los músicos más versátiles y arriesgados de su generación, ha sucumbido al folk más asequible y los arreglos más cuidados. Estamos ante la versión más comercial de Patton. El disco empieza bonito, al César lo que es del César. Las voces del trío encajan perfectamente en ese ‘Dark Night Of My Soul’ con Patton poniendo su contrapunto siniestro habitual: «Quiero herir a alguien / solo para que alguien sepa / cómo me siento». El problema es que después, a partir de ahí, no hay apenas sorpresas. Todo funciona como un paso de Semana Santa country, con una cadencia tan monótona y perfecta que dejas de prestar atención. Por eso se agradece cuando asoma un poco la mugre en ‘Heaven’s Breath’ y ‘The Ox Driver´s Song’. Los verdaderos artistas, dicen, son aquellos de los que no te puedes fiar, que te hacen la cola de vaca como Romario a Alkorta en cada proyecto. A estas alturas, sin embargo, salir de la zona de confort para Patton es entrar en la zona de confort del resto. Y este es el resultado.Tobias Jesso Jr. ‘Shine'(4,5/10) «Todo suena descuidadamente formulario, y los textos, plagados de tópicos y con algunas cursiladas devastadoras, no ayudan a diluir la sensación de estar ante un capricho autoindulgente» Discográfica: R&R Por Fernando Pérez El canadiense Tobias Jesso Jr. irrumpió inesperadamente en escena hace justo una década con el estupendo ‘Goon’, una emotiva colección de canciones de aroma clásico que surgían de una profunda crisis personal y se enfocaban en el recuerdo del ‘sueño californiano’ deambulando sin complejos y con trémula vulnerabilidad por el territorio mítico de Laurel Canyon. Como la hipérbole es el deporte por excelencia del siglo XXI, enseguida le endilgaron la etiqueta del nuevo Randy Newman (sin la coca, claramente) o la de heredero espiritual de Harry Nilsson. Igual no era para tanto, pero Tobias sí ha demostrado conocer de memoria donde se esconden las teclas del éxito, y se ha dedicado desde entonces a activarlas en bucle para algunas de las estrellas más rutilantes del ‘start system’ de la era algorítmica: Justin Bieber, Miley Cyrus, Dua Lipa, FKA Twigs, Harry Styles, HAIM, Adele… incluso nuestra Rosalía (‘La Yugular’). Está claro que le ha ido bastante bien, digamos que no tiene motivos para preocuparse por la espiral inflacionista ni por el calentamiento del mercado inmobiliario. Por eso sorprende más esta desangelada y algo desganada vuelta al primer plano. Las ocho canciones de ‘s h i n e’ (se entiende que es un título irónico) tienen toda la pinta de ser un puñado de retales y descartes a medio cocinar. Quizás la idea era generar una sensación de espontaneidad e intimidad que reforzara el impacto emocional y tal y tal, aquí te pillo y aquí te lloro, pero la masa está tan poco hecha que acaba resultado indigesta, indigerible por momentos. Todo suena descuidadamente formulario, y los textos, plagados de tópicos y con algunas cursiladas devastadoras, no ayudan a diluir la sensación de estar ante un capricho autoindulgente, minimalismo impostado envasado al vacío. Y no, no había necesidad.Repión ‘201’(7,75/10) «Son como si Amaral y Cala Vento tuvieran una hija con las mejores virtudes de cada uno» Discográfica: Por María Alcaraz Pocas cosas más divertidas que tener un crush platónico tontorrón, despedirte de forma dramática de tu querida o vivir un romance con todos los sentimientos a flor de piel… no sé, en general qué divertido sentir todo por mil y encima después decir: «Pues chica, vamos a hacer un disco».Me gusta pensar que este es el punto de partida de ‘201’, el cuarto (quinto) álbum de Repion, grupo formado por Marina y Teresa Iñesta, hermanas talentosísimas que juntas llenan cada escenario que pisan como si fueran una banda entera y empacan con maestría cada canción que publican. En este trabajo, que recoge el testigo de ‘Repion’, su elepé homónimo publicado en 2023, siguen explorando un sonido muy personal que hace que se las reconozca al instante. Son como si Amaral y Cala Vento tuvieran una hija con las mejores virtudes de cada uno, que desembocan en unas melodías cuidadísimas, unas letras que apelan a lo individual pero se tornan representativas para cualquiera y unas voces que empastan, me permito el lugar común, como los ángeles. A nivel personalísimo (si no, cómo va a ser esto, ¿no?), en un disco de lo más sólido son pistas como ‘El sueño dura una semana’, ‘Quiero más’ o ‘Atocha’ las que van un paso más allá y se posicionan como canciones de esas que te hacen cosquillas en el cerebro cuando las escuchas. Un trabajo completísimo que confirma lo que ya sabíamos: Repion es siempre una apuesta segura. ‘201’ es una muestra más de esa promesa que refleja todo lo que tienen por delante. Esta es la selección que han hecho los críticos de ABC de los discos que se han publicado esta semana. Raül Refree & Niño de Elche ‘Cru+es'(6,5/10) «Hay buen gusto, humildad y contención, tanto en el cante como en un toque que apenas interfiere el rezo. Todo es compacto» Discográfica: Sony Por Jesús LilloEn la tercera entrega de ‘¿Por qué doblan las campanas?’, miniserie de alusiones dedicada a Rosalía, recuperamos el álbum que Refree y el Niño de Elche publicaron apenas unos días antes de que comenzará a echar humo el botafumeiro promocional de ‘Lux’. ‘Cru+es’ es un libro de oraciones e introspecciones, una flamencada sintética o sintetizada en la que el cantaor ilicitano, monaguillo o sacristán que el pasado verano anduvo de confesiones públicas con el mismísimo presidente de la Conferencia Episcopal, reza para los adentros, sobra decir que con hondura. Hay buen gusto, humildad y contención, tanto en el cante como en un toque que apenas interfiere el rezo. Todo es compacto. Precioso y por momentos sobrecogedor, este ‘Cru+es’ plantea la pregunta de por qué la gente se pone a hablar de Dios cuando ve un anuncio del tamaño de una pantalla LED de Callao. Deben de ser iluminados, gente de bajo consumo, pensadores y oyentes que no se enteran de la misa la media si no los avisan, bendita sea la Virgen, por lo publicitario.Orville Peck ‘Appaloosa'(5,75/10) «Como amante del folk tristón siempre me ha quedado ‘meridianamente’ claro que existe una línea muy fina entre la nostalgia y la lágrima evidente. En este disco la línea es tan fina, que ya no es ni línea» Discográfica: Warner Por Luigi Gómez «Even cowboys get the blues // Hasta los ‘cowboys’ lloran», cita cumbre del trabajo del señor Peck. Sí, hijo, sí… eso es exactamente lo que hacen los cowboys pero esto ya está empezando a hacer charco. Que alguien le busque un terapeuta a este hombre pero rápido. Como amante del folk tristón siempre me ha quedado ‘meridianamente’ claro que existe una línea muy fina entre la nostalgia y la lágrima evidente. En este disco la línea queda tan lejos, es tan fina, que ya no es ni línea ni es nada. Un punto. Un punto azul, ‘blue’, inundado en reverb. Se le reconocen bases instrumentales confortables, un poco a lo ‘Hermanos Gutiérrez’, pero sin pasarse, sin tanta gracia. En la versión del ‘Maybe This Time’, que Liza Minnelli llevó a la pantalla en Cabaret, cambian las tornas y luce un rayo de optimismo. Una puerta abierta a la esperanza que arropada por la portentosa voz del sudafricano afincado en Canadá salva la papeleta. Dicho esto, mala señal que la mejor canción del disco sea un ‘cover’. Tras otro valle de lágrimas, en ‘It’s The End of The World’, el último pañuelo de este paquete de ‘Clínex’ musical, reaparece el coraje. El arreglo rimbombante pero sólido recuerda a aquel ‘If I Can Dream’, del especial de retorno de Elvis en el 68. Esto, qué duda cabe, es bueno. Orville Peck tiene facilidad para la elegancia y la calidez pero se nos queda a medio camino. Se podría haber hecho más.Mike Patton y The Avett Brothers ‘AVTT/PTTN'(5,5/10) «Nueve canciones y 34 minutos de música grandilocuente y espíritu salvador que sorprenderá mucho más a los seguidores del primero (para mal) que a los de los segundos (para bien)» Discográfica: Thirty Tigers /Ramseur / Ipecac Por Israel Viana Después de unos años turbulentos y complicados en los que Mike Patton ha atravesado un pequeño desierto en su inabarcable torrente creativo –problemas de salud mental mediante–, parece ahora como si al líder de Faith No More le hubiera dado por abrazar a Dios (al dios que sea) a través de este nuevo e inesperado matrimonio de conveniencia con The Avett Brothers. Nueve canciones y 34 minutos de música grandilocuente y espíritu salvador que sorprenderá mucho más a los seguidores del primero (para mal) que a los de los segundos (para bien). El hombre de los mil experimentos, uno de los músicos más versátiles y arriesgados de su generación, ha sucumbido al folk más asequible y los arreglos más cuidados. Estamos ante la versión más comercial de Patton. El disco empieza bonito, al César lo que es del César. Las voces del trío encajan perfectamente en ese ‘Dark Night Of My Soul’ con Patton poniendo su contrapunto siniestro habitual: «Quiero herir a alguien / solo para que alguien sepa / cómo me siento». El problema es que después, a partir de ahí, no hay apenas sorpresas. Todo funciona como un paso de Semana Santa country, con una cadencia tan monótona y perfecta que dejas de prestar atención. Por eso se agradece cuando asoma un poco la mugre en ‘Heaven’s Breath’ y ‘The Ox Driver´s Song’. Los verdaderos artistas, dicen, son aquellos de los que no te puedes fiar, que te hacen la cola de vaca como Romario a Alkorta en cada proyecto. A estas alturas, sin embargo, salir de la zona de confort para Patton es entrar en la zona de confort del resto. Y este es el resultado.Tobias Jesso Jr. ‘Shine'(4,5/10) «Todo suena descuidadamente formulario, y los textos, plagados de tópicos y con algunas cursiladas devastadoras, no ayudan a diluir la sensación de estar ante un capricho autoindulgente» Discográfica: R&R Por Fernando Pérez El canadiense Tobias Jesso Jr. irrumpió inesperadamente en escena hace justo una década con el estupendo ‘Goon’, una emotiva colección de canciones de aroma clásico que surgían de una profunda crisis personal y se enfocaban en el recuerdo del ‘sueño californiano’ deambulando sin complejos y con trémula vulnerabilidad por el territorio mítico de Laurel Canyon. Como la hipérbole es el deporte por excelencia del siglo XXI, enseguida le endilgaron la etiqueta del nuevo Randy Newman (sin la coca, claramente) o la de heredero espiritual de Harry Nilsson. Igual no era para tanto, pero Tobias sí ha demostrado conocer de memoria donde se esconden las teclas del éxito, y se ha dedicado desde entonces a activarlas en bucle para algunas de las estrellas más rutilantes del ‘start system’ de la era algorítmica: Justin Bieber, Miley Cyrus, Dua Lipa, FKA Twigs, Harry Styles, HAIM, Adele… incluso nuestra Rosalía (‘La Yugular’). Está claro que le ha ido bastante bien, digamos que no tiene motivos para preocuparse por la espiral inflacionista ni por el calentamiento del mercado inmobiliario. Por eso sorprende más esta desangelada y algo desganada vuelta al primer plano. Las ocho canciones de ‘s h i n e’ (se entiende que es un título irónico) tienen toda la pinta de ser un puñado de retales y descartes a medio cocinar. Quizás la idea era generar una sensación de espontaneidad e intimidad que reforzara el impacto emocional y tal y tal, aquí te pillo y aquí te lloro, pero la masa está tan poco hecha que acaba resultado indigesta, indigerible por momentos. Todo suena descuidadamente formulario, y los textos, plagados de tópicos y con algunas cursiladas devastadoras, no ayudan a diluir la sensación de estar ante un capricho autoindulgente, minimalismo impostado envasado al vacío. Y no, no había necesidad.Repión ‘201’(7,75/10) «Son como si Amaral y Cala Vento tuvieran una hija con las mejores virtudes de cada uno» Discográfica: Por María Alcaraz Pocas cosas más divertidas que tener un crush platónico tontorrón, despedirte de forma dramática de tu querida o vivir un romance con todos los sentimientos a flor de piel… no sé, en general qué divertido sentir todo por mil y encima después decir: «Pues chica, vamos a hacer un disco».Me gusta pensar que este es el punto de partida de ‘201’, el cuarto (quinto) álbum de Repion, grupo formado por Marina y Teresa Iñesta, hermanas talentosísimas que juntas llenan cada escenario que pisan como si fueran una banda entera y empacan con maestría cada canción que publican. En este trabajo, que recoge el testigo de ‘Repion’, su elepé homónimo publicado en 2023, siguen explorando un sonido muy personal que hace que se las reconozca al instante. Son como si Amaral y Cala Vento tuvieran una hija con las mejores virtudes de cada uno, que desembocan en unas melodías cuidadísimas, unas letras que apelan a lo individual pero se tornan representativas para cualquiera y unas voces que empastan, me permito el lugar común, como los ángeles. A nivel personalísimo (si no, cómo va a ser esto, ¿no?), en un disco de lo más sólido son pistas como ‘El sueño dura una semana’, ‘Quiero más’ o ‘Atocha’ las que van un paso más allá y se posicionan como canciones de esas que te hacen cosquillas en el cerebro cuando las escuchas. Un trabajo completísimo que confirma lo que ya sabíamos: Repion es siempre una apuesta segura. ‘201’ es una muestra más de esa promesa que refleja todo lo que tienen por delante.
Esta es la selección que han hecho los críticos de ABC de los discos que se han publicado esta semana.
Raül Refree & Niño de Elche
‘Cru+es’

(6,5/10)
«Hay buen gusto, humildad y contención, tanto en el cante como en un toque que apenas interfiere el rezo. Todo es compacto»
Discográfica: Sony
Por Jesús Lillo
En la tercera entrega de ‘¿Por qué doblan las campanas?’, miniserie de alusiones dedicada a Rosalía, recuperamos el álbum que Refree y el Niño de … Elche publicaron apenas unos días antes de que comenzará a echar humo el botafumeiro promocional de ‘Lux’. ‘Cru+es’ es un libro de oraciones e introspecciones, una flamencada sintética o sintetizada en la que el cantaor ilicitano, monaguillo o sacristán que el pasado verano anduvo de confesiones públicas con el mismísimo presidente de la Conferencia Episcopal, reza para los adentros, sobra decir que con hondura. Hay buen gusto, humildad y contención, tanto en el cante como en un toque que apenas interfiere el rezo. Todo es compacto. Precioso y por momentos sobrecogedor, este ‘Cru+es’ plantea la pregunta de por qué la gente se pone a hablar de Dios cuando ve un anuncio del tamaño de una pantalla LED de Callao. Deben de ser iluminados, gente de bajo consumo, pensadores y oyentes que no se enteran de la misa la media si no los avisan, bendita sea la Virgen, por lo publicitario.
Orville Peck
‘Appaloosa’

(5,75/10)
«Como amante del folk tristón siempre me ha quedado ‘meridianamente’ claro que existe una línea muy fina entre la nostalgia y la lágrima evidente. En este disco la línea es tan fina, que ya no es ni línea»
Discográfica: Warner
Por Luigi Gómez
«Even cowboys get the blues // Hasta los ‘cowboys’ lloran», cita cumbre del trabajo del señor Peck. Sí, hijo, sí… eso es exactamente lo que hacen los cowboys pero esto ya está empezando a hacer charco. Que alguien le busque un terapeuta a este hombre pero rápido. Como amante del folk tristón siempre me ha quedado ‘meridianamente’ claro que existe una línea muy fina entre la nostalgia y la lágrima evidente. En este disco la línea queda tan lejos, es tan fina, que ya no es ni línea ni es nada. Un punto. Un punto azul, ‘blue’, inundado en reverb. Se le reconocen bases instrumentales confortables, un poco a lo ‘Hermanos Gutiérrez’, pero sin pasarse, sin tanta gracia. En la versión del ‘Maybe This Time’, que Liza Minnelli llevó a la pantalla en Cabaret, cambian las tornas y luce un rayo de optimismo. Una puerta abierta a la esperanza que arropada por la portentosa voz del sudafricano afincado en Canadá salva la papeleta. Dicho esto, mala señal que la mejor canción del disco sea un ‘cover’. Tras otro valle de lágrimas, en ‘It’s The End of The World’, el último pañuelo de este paquete de ‘Clínex’ musical, reaparece el coraje. El arreglo rimbombante pero sólido recuerda a aquel ‘If I Can Dream’, del especial de retorno de Elvis en el 68. Esto, qué duda cabe, es bueno. Orville Peck tiene facilidad para la elegancia y la calidez pero se nos queda a medio camino. Se podría haber hecho más.
Mike Patton y The Avett Brothers
‘AVTT/PTTN’

(5,5/10)
«Nueve canciones y 34 minutos de música grandilocuente y espíritu salvador que sorprenderá mucho más a los seguidores del primero (para mal) que a los de los segundos (para bien)»
Discográfica: Thirty Tigers /Ramseur / Ipecac
Por Israel Viana
Después de unos años turbulentos y complicados en los que Mike Patton ha atravesado un pequeño desierto en su inabarcable torrente creativo –problemas de salud mental mediante–, parece ahora como si al líder de Faith No More le hubiera dado por abrazar a Dios (al dios que sea) a través de este nuevo e inesperado matrimonio de conveniencia con The Avett Brothers. Nueve canciones y 34 minutos de música grandilocuente y espíritu salvador que sorprenderá mucho más a los seguidores del primero (para mal) que a los de los segundos (para bien). El hombre de los mil experimentos, uno de los músicos más versátiles y arriesgados de su generación, ha sucumbido al folk más asequible y los arreglos más cuidados. Estamos ante la versión más comercial de Patton. El disco empieza bonito, al César lo que es del César. Las voces del trío encajan perfectamente en ese ‘Dark Night Of My Soul’ con Patton poniendo su contrapunto siniestro habitual: «Quiero herir a alguien / solo para que alguien sepa / cómo me siento». El problema es que después, a partir de ahí, no hay apenas sorpresas. Todo funciona como un paso de Semana Santa country, con una cadencia tan monótona y perfecta que dejas de prestar atención. Por eso se agradece cuando asoma un poco la mugre en ‘Heaven’s Breath’ y ‘The Ox Driver´s Song’. Los verdaderos artistas, dicen, son aquellos de los que no te puedes fiar, que te hacen la cola de vaca como Romario a Alkorta en cada proyecto. A estas alturas, sin embargo, salir de la zona de confort para Patton es entrar en la zona de confort del resto. Y este es el resultado.
Tobias Jesso Jr.
‘Shine’

(4,5/10)
«Todo suena descuidadamente formulario, y los textos, plagados de tópicos y con algunas cursiladas devastadoras, no ayudan a diluir la sensación de estar ante un capricho autoindulgente»
Discográfica: R&R
Por Fernando Pérez
El canadiense Tobias Jesso Jr. irrumpió inesperadamente en escena hace justo una década con el estupendo ‘Goon’, una emotiva colección de canciones de aroma clásico que surgían de una profunda crisis personal y se enfocaban en el recuerdo del ‘sueño californiano’ deambulando sin complejos y con trémula vulnerabilidad por el territorio mítico de Laurel Canyon. Como la hipérbole es el deporte por excelencia del siglo XXI, enseguida le endilgaron la etiqueta del nuevo Randy Newman (sin la coca, claramente) o la de heredero espiritual de Harry Nilsson. Igual no era para tanto, pero Tobias sí ha demostrado conocer de memoria donde se esconden las teclas del éxito, y se ha dedicado desde entonces a activarlas en bucle para algunas de las estrellas más rutilantes del ‘start system’ de la era algorítmica: Justin Bieber, Miley Cyrus, Dua Lipa, FKA Twigs, Harry Styles, HAIM, Adele… incluso nuestra Rosalía (‘La Yugular’). Está claro que le ha ido bastante bien, digamos que no tiene motivos para preocuparse por la espiral inflacionista ni por el calentamiento del mercado inmobiliario. Por eso sorprende más esta desangelada y algo desganada vuelta al primer plano. Las ocho canciones de ‘s h i n e’ (se entiende que es un título irónico) tienen toda la pinta de ser un puñado de retales y descartes a medio cocinar. Quizás la idea era generar una sensación de espontaneidad e intimidad que reforzara el impacto emocional y tal y tal, aquí te pillo y aquí te lloro, pero la masa está tan poco hecha que acaba resultado indigesta, indigerible por momentos. Todo suena descuidadamente formulario, y los textos, plagados de tópicos y con algunas cursiladas devastadoras, no ayudan a diluir la sensación de estar ante un capricho autoindulgente, minimalismo impostado envasado al vacío. Y no, no había necesidad.
Repión
‘201’

(7,75/10)
«Son como si Amaral y Cala Vento tuvieran una hija con las mejores virtudes de cada uno»
Discográfica:
Por María Alcaraz
Pocas cosas más divertidas que tener un crush platónico tontorrón, despedirte de forma dramática de tu querida o vivir un romance con todos los sentimientos a flor de piel… no sé, en general qué divertido sentir todo por mil y encima después decir: «Pues chica, vamos a hacer un disco».
Me gusta pensar que este es el punto de partida de ‘201’, el cuarto (quinto) álbum de Repion, grupo formado por Marina y Teresa Iñesta, hermanas talentosísimas que juntas llenan cada escenario que pisan como si fueran una banda entera y empacan con maestría cada canción que publican. En este trabajo, que recoge el testigo de ‘Repion’, su elepé homónimo publicado en 2023, siguen explorando un sonido muy personal que hace que se las reconozca al instante. Son como si Amaral y Cala Vento tuvieran una hija con las mejores virtudes de cada uno, que desembocan en unas melodías cuidadísimas, unas letras que apelan a lo individual pero se tornan representativas para cualquiera y unas voces que empastan, me permito el lugar común, como los ángeles.
A nivel personalísimo (si no, cómo va a ser esto, ¿no?), en un disco de lo más sólido son pistas como ‘El sueño dura una semana’, ‘Quiero más’ o ‘Atocha’ las que van un paso más allá y se posicionan como canciones de esas que te hacen cosquillas en el cerebro cuando las escuchas.
Un trabajo completísimo que confirma lo que ya sabíamos: Repion es siempre una apuesta segura. ‘201’ es una muestra más de esa promesa que refleja todo lo que tienen por delante.
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