Como hombre imbécil, me gusta divertirme. Y cuando digo «hombre» no me refiero a «ser humano», sino a varón: con mis gónadas, mis digestiones pesadas, mis concepciones absurdas del mundo, mis comportamientos simiescos y mi egocentrismo de ganador . Para que otros varones no se sientan aludidos, que se estén tranquilos: cuando digo «imbécil» les separo a ellos, benditos carapijos, de mi grupo. Por las características inherentes a nuestro género machuno, todo buen hombre imbécil disfruta con películas de acción . Esta subclasificación de las narrativas de aventuras se implantó en los años ochenta pero antes tuvo que cocinarse en el cine de artes marciales de Hong Kong -el paradigma: ‘El furor del dragón’, con Bruce Lee y Chuck Norris (1972)- y en precursoras como ‘El justiciero de la ciudad’ (1974) con Charles Bronson. La definitorias del subgénero, ya definitivamente norteamericanizado: ‘Rambo’ (1982) con Stallone y ‘Commando’ (1986) con Schwarzenegger .Noticia relacionada No No La grapa Final things Edu GalánLos únicos actores que deberían estar preocupados por la IA son los de acción. No hay nada que ponga más a un informático incel que las explosiones, las tías buenas y los malos empalados. Mientras llegan los intérpretes simulados, las plataformas rebosan de esos títulos, plaga similar a la de un fenómeno imbécil femenino: las películas románticas. Mil ejemplos: la saga ‘Extracción’ (Netflix) con Chris Hemsworth extrayendo a lo macaco, ‘Los hermanos demolición’ (Prime) con Jason Momoa y Dave Bautista hermaneando a lo macaco, ‘Refugio mortal’ (Prime) con Dave Bautista refugiándose a lo macaco, o ‘El protector’ y ‘A working man’ (Prime) con el mito Jason Statham macaqueando, a secas.Entre tantas bellezas imbéciles , a veces te encuentras una de perfección sublime : ‘Jefes de estado’ (Amazon) con John Cena e Idris Elba. La premisa es tan absurda -el presidente de USA y el primer ministro de Inglaterra, a mamporros-, su inicio -en la tomatina de Buñol- es tan absurdo y su desenlace es tan absurdo que la he colocado en el olimpo de obras maestras para imbéciles como yo. Disfruté tanto con ella que me devolvió a mi adolescencia, cuando vi en el cine Ayala de Oviedo ‘Air Force One’ con Harrison Ford , presidente de los USA, a hostia limpia en su avión. Recuerdo haber pensado «qué imbecilidad» con una tremenda sonrisa en la cara. Como hombre imbécil, me gusta divertirme. Y cuando digo «hombre» no me refiero a «ser humano», sino a varón: con mis gónadas, mis digestiones pesadas, mis concepciones absurdas del mundo, mis comportamientos simiescos y mi egocentrismo de ganador . Para que otros varones no se sientan aludidos, que se estén tranquilos: cuando digo «imbécil» les separo a ellos, benditos carapijos, de mi grupo. Por las características inherentes a nuestro género machuno, todo buen hombre imbécil disfruta con películas de acción . Esta subclasificación de las narrativas de aventuras se implantó en los años ochenta pero antes tuvo que cocinarse en el cine de artes marciales de Hong Kong -el paradigma: ‘El furor del dragón’, con Bruce Lee y Chuck Norris (1972)- y en precursoras como ‘El justiciero de la ciudad’ (1974) con Charles Bronson. La definitorias del subgénero, ya definitivamente norteamericanizado: ‘Rambo’ (1982) con Stallone y ‘Commando’ (1986) con Schwarzenegger .Noticia relacionada No No La grapa Final things Edu GalánLos únicos actores que deberían estar preocupados por la IA son los de acción. No hay nada que ponga más a un informático incel que las explosiones, las tías buenas y los malos empalados. Mientras llegan los intérpretes simulados, las plataformas rebosan de esos títulos, plaga similar a la de un fenómeno imbécil femenino: las películas románticas. Mil ejemplos: la saga ‘Extracción’ (Netflix) con Chris Hemsworth extrayendo a lo macaco, ‘Los hermanos demolición’ (Prime) con Jason Momoa y Dave Bautista hermaneando a lo macaco, ‘Refugio mortal’ (Prime) con Dave Bautista refugiándose a lo macaco, o ‘El protector’ y ‘A working man’ (Prime) con el mito Jason Statham macaqueando, a secas.Entre tantas bellezas imbéciles , a veces te encuentras una de perfección sublime : ‘Jefes de estado’ (Amazon) con John Cena e Idris Elba. La premisa es tan absurda -el presidente de USA y el primer ministro de Inglaterra, a mamporros-, su inicio -en la tomatina de Buñol- es tan absurdo y su desenlace es tan absurdo que la he colocado en el olimpo de obras maestras para imbéciles como yo. Disfruté tanto con ella que me devolvió a mi adolescencia, cuando vi en el cine Ayala de Oviedo ‘Air Force One’ con Harrison Ford , presidente de los USA, a hostia limpia en su avión. Recuerdo haber pensado «qué imbecilidad» con una tremenda sonrisa en la cara.
Como hombre imbécil, me gusta divertirme. Y cuando digo «hombre» no me refiero a «ser humano», sino a varón: con mis gónadas, mis digestiones pesadas, mis concepciones absurdas del mundo, mis comportamientos simiescos y mi egocentrismo de ganador. Para que otros varones no se … sientan aludidos, que se estén tranquilos: cuando digo «imbécil» les separo a ellos, benditos carapijos, de mi grupo. Por las características inherentes a nuestro género machuno, todo buen hombre imbécil disfruta con películas de acción.
Esta subclasificación de las narrativas de aventuras se implantó en los años ochenta pero antes tuvo que cocinarse en el cine de artes marciales de Hong Kong -el paradigma: ‘El furor del dragón’, con Bruce Lee y Chuck Norris (1972)- y en precursoras como ‘El justiciero de la ciudad’ (1974) con Charles Bronson. La definitorias del subgénero, ya definitivamente norteamericanizado: ‘Rambo’ (1982) con Stallone y ‘Commando’ (1986) con Schwarzenegger.
Los únicos actores que deberían estar preocupados por la IA son los de acción. No hay nada que ponga más a un informático incel que las explosiones, las tías buenas y los malos empalados. Mientras llegan los intérpretes simulados, las plataformas rebosan de esos títulos, plaga similar a la de un fenómeno imbécil femenino: las películas románticas. Mil ejemplos: la saga ‘Extracción’ (Netflix) con Chris Hemsworth extrayendo a lo macaco, ‘Los hermanos demolición’ (Prime) con Jason Momoa y Dave Bautista hermaneando a lo macaco, ‘Refugio mortal’ (Prime) con Dave Bautista refugiándose a lo macaco, o ‘El protector’ y ‘A working man’ (Prime) con el mito Jason Statham macaqueando, a secas.
Entre tantas bellezas imbéciles, a veces te encuentras una de perfección sublime: ‘Jefes de estado’ (Amazon) con John Cena e Idris Elba. La premisa es tan absurda -el presidente de USA y el primer ministro de Inglaterra, a mamporros-, su inicio -en la tomatina de Buñol- es tan absurdo y su desenlace es tan absurdo que la he colocado en el olimpo de obras maestras para imbéciles como yo. Disfruté tanto con ella que me devolvió a mi adolescencia, cuando vi en el cine Ayala de Oviedo ‘Air Force One’ con Harrison Ford, presidente de los USA, a hostia limpia en su avión. Recuerdo haber pensado «qué imbecilidad» con una tremenda sonrisa en la cara.
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