Quizá algunos de los asistentes al concierto inaugural del 25º Festival de Flamenco de Nueva York se sintieran -valga el juego de palabras- desconcertados. El ciclo que ha consolidado al flamenco en el calendario de la capital mundial de la cultura abría la celebración de un aniversario señalado sin taconeos, sin remolinos de rasgueo en la guitarra, sin palmeros, sin pañuelito de lunares. Al escenario del Elebash Recital Hall de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, a la sombra literal del Empire State, salió Rocío Márquez con un vestido negro y otros planes: un flamenco conceptual, experimental, complejo , ambicioso por crear lenguajes ajenos al arte tradicional.Para cuando ella se plantó en las tablas, allí ya estaba su compañero en esta empresa, el guitarrista Pedro Rojas-Ogáyar . Desde el momento que agarró la sonanta, ya se sintió que no viene del flamenco. Es un músico de clásica, que experimenta con los ecos del flamenco, entre los pedales de efectos y la ‘Stratocaster’ que tenía a un lado.Ambos han firmado el disco ‘ Himno vertical ‘, una creación en la margen experimental e íntima del flamenco, con el combustible del duelo -él perdió a su padre; ella, a una prima que consideraba una hermana- y de la ambición artística.Noticia relacionada No No Decíamos ayer Carmencita: ‘La Perla de Sevilla’ que llenó el Madison Square Garden hace 135 años Mónica ArrizabalagaAntes que ambos aparecieran tomó el micrófono el director del festival, Miguel Marín, el responsable de que el flamenco tenga su sitio donde todos buscan triunfar. Marín explicó que el objetivo de esta edición es «dedicar los 25 años del festival a los pioneros que llegaron aquí hace 140 años y encendieron la llama de esta pasión entre Nueva York y el flamenco».Entre ellos, Carmen Dauset Moreno, Carmencita , estrella total aquí en el final del siglo XIX. «Es fascinante descubrir que en 1890 una de las artistas más famosas de la escena cultural de Nueva York era una bailaora de flamenco», dijo al público. «De ella hay retratos en el Metropolitan Museum y fue la primera artista grabada en vídeo por Edison».«El flamenco llegó a Nueva York por la puerta de la fascinación y de la modernidad», proclamó. «Y esta es la razón por la que empezamos hoy con esta artista, para honrar a los pioneros, pero también para mirar con valentía al futuro».«El flamenco llegó a Nueva York por la puerta de la fascinación y de la modernidad. Y esta es la razón por la que empezamos hoy con esta artista, para honrar a los pioneros, pero también para mirar con valentía al futuro» Miguel Marín Director del Festival Flamenco de Nueva YorkLa cantaora onubense sin duda trajo modernidad y provocó fascinación. Su espectáculo fue una sorpresa para la mayoría. Pero grata, a juzgar por la despedida en pie. Márquez apareció con solemnidad y dispuesta a estirar el concepto de lo que es una cantaora. Susurraba al micrófono, en un monólogo inconexo, descabalgado, en el que entraban y salían los ‘quejíos’. Su lengua a veces parecía poseída, creaba percusiones y melismas extraños, en un monólogo interior de intensidad creciente. En ese arranque hizo un guiño a su tierra, con un fandango muy popular, el que recuerda que ‘Yo supe por un almendro que la apariencia engaña, daba muy blancas las flores y las almendras amargas, lo mismo que tus amores’.Una noche muy especialMárquez y Rojas-Ogáyar se pasaron la noche creando atmósferas oscuras , en ocasiones en busca del trance, con repeticiones monocordes, con ‘loops’ vocales y en la guitarra. Pero siempre con ecos del flamenco, como la seguiriya eléctrica en la que ella decía ‘todas las penas que me aflijan serán elección’; o en la letra histórica de peteneras de ‘llorando y en penitencia a tu vera un día me fui’; o unos tangos deconstruidos; o unas guajiras como un paisaje del lejano oeste, de pedregal y polvareda. Como dijo un espectador, un paisaje sonoro más propio del ‘París, Texas’ de Ry Cooder que del cañaveral caribeño.«Es una noche muy especial para nosotros», reconoció Márquez a media actuación. «Este es un trabajo íntimo que nos invita a meternos para dentro», dijo, aunque explotó hacia fuera en varios pasajes, con un grito a la vez primitivo y moderno, que levantó los ‘oles’.«Gracias por venir con los ojos abiertos, los oídos curiosos y, sobre todo, los corazones abiertos», añadió el guitarrista después. El bis fue la única concesión al flamenco clásico: un fandango de Huelva sin micrófono y sin guitarra, en el que Márquez se descosió, si es que le quedaba algún pespunte en su sitio.Ese final del arranque del festival es una muestra de lo que se podrá ver en Nueva York en las próximas tres semanas. Una mezcla de grandes figuras -Sara Baras, Eva Yerbabuena, El Farru, Gerardo Núñez, Antonio Rey, Olga Pericet, Dani de Morón-, estrellas emergentes -La Tremendita, Ángeles Toledano con Benito Bernal, José Fermín Fernández-, o propuestas experimentales -Estévez/Paños, Irene Morales-, repartidos por una decena de escenarios de todo Nueva York. Todo con una mirada en quienes sembraron aquí el flamenco hace décadas -Carmencita, La Argentinita o Sabicas- y otra puesta en el futuro. Quizá algunos de los asistentes al concierto inaugural del 25º Festival de Flamenco de Nueva York se sintieran -valga el juego de palabras- desconcertados. El ciclo que ha consolidado al flamenco en el calendario de la capital mundial de la cultura abría la celebración de un aniversario señalado sin taconeos, sin remolinos de rasgueo en la guitarra, sin palmeros, sin pañuelito de lunares. Al escenario del Elebash Recital Hall de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, a la sombra literal del Empire State, salió Rocío Márquez con un vestido negro y otros planes: un flamenco conceptual, experimental, complejo , ambicioso por crear lenguajes ajenos al arte tradicional.Para cuando ella se plantó en las tablas, allí ya estaba su compañero en esta empresa, el guitarrista Pedro Rojas-Ogáyar . Desde el momento que agarró la sonanta, ya se sintió que no viene del flamenco. Es un músico de clásica, que experimenta con los ecos del flamenco, entre los pedales de efectos y la ‘Stratocaster’ que tenía a un lado.Ambos han firmado el disco ‘ Himno vertical ‘, una creación en la margen experimental e íntima del flamenco, con el combustible del duelo -él perdió a su padre; ella, a una prima que consideraba una hermana- y de la ambición artística.Noticia relacionada No No Decíamos ayer Carmencita: ‘La Perla de Sevilla’ que llenó el Madison Square Garden hace 135 años Mónica ArrizabalagaAntes que ambos aparecieran tomó el micrófono el director del festival, Miguel Marín, el responsable de que el flamenco tenga su sitio donde todos buscan triunfar. Marín explicó que el objetivo de esta edición es «dedicar los 25 años del festival a los pioneros que llegaron aquí hace 140 años y encendieron la llama de esta pasión entre Nueva York y el flamenco».Entre ellos, Carmen Dauset Moreno, Carmencita , estrella total aquí en el final del siglo XIX. «Es fascinante descubrir que en 1890 una de las artistas más famosas de la escena cultural de Nueva York era una bailaora de flamenco», dijo al público. «De ella hay retratos en el Metropolitan Museum y fue la primera artista grabada en vídeo por Edison».«El flamenco llegó a Nueva York por la puerta de la fascinación y de la modernidad», proclamó. «Y esta es la razón por la que empezamos hoy con esta artista, para honrar a los pioneros, pero también para mirar con valentía al futuro».«El flamenco llegó a Nueva York por la puerta de la fascinación y de la modernidad. Y esta es la razón por la que empezamos hoy con esta artista, para honrar a los pioneros, pero también para mirar con valentía al futuro» Miguel Marín Director del Festival Flamenco de Nueva YorkLa cantaora onubense sin duda trajo modernidad y provocó fascinación. Su espectáculo fue una sorpresa para la mayoría. Pero grata, a juzgar por la despedida en pie. Márquez apareció con solemnidad y dispuesta a estirar el concepto de lo que es una cantaora. Susurraba al micrófono, en un monólogo inconexo, descabalgado, en el que entraban y salían los ‘quejíos’. Su lengua a veces parecía poseída, creaba percusiones y melismas extraños, en un monólogo interior de intensidad creciente. En ese arranque hizo un guiño a su tierra, con un fandango muy popular, el que recuerda que ‘Yo supe por un almendro que la apariencia engaña, daba muy blancas las flores y las almendras amargas, lo mismo que tus amores’.Una noche muy especialMárquez y Rojas-Ogáyar se pasaron la noche creando atmósferas oscuras , en ocasiones en busca del trance, con repeticiones monocordes, con ‘loops’ vocales y en la guitarra. Pero siempre con ecos del flamenco, como la seguiriya eléctrica en la que ella decía ‘todas las penas que me aflijan serán elección’; o en la letra histórica de peteneras de ‘llorando y en penitencia a tu vera un día me fui’; o unos tangos deconstruidos; o unas guajiras como un paisaje del lejano oeste, de pedregal y polvareda. Como dijo un espectador, un paisaje sonoro más propio del ‘París, Texas’ de Ry Cooder que del cañaveral caribeño.«Es una noche muy especial para nosotros», reconoció Márquez a media actuación. «Este es un trabajo íntimo que nos invita a meternos para dentro», dijo, aunque explotó hacia fuera en varios pasajes, con un grito a la vez primitivo y moderno, que levantó los ‘oles’.«Gracias por venir con los ojos abiertos, los oídos curiosos y, sobre todo, los corazones abiertos», añadió el guitarrista después. El bis fue la única concesión al flamenco clásico: un fandango de Huelva sin micrófono y sin guitarra, en el que Márquez se descosió, si es que le quedaba algún pespunte en su sitio.Ese final del arranque del festival es una muestra de lo que se podrá ver en Nueva York en las próximas tres semanas. Una mezcla de grandes figuras -Sara Baras, Eva Yerbabuena, El Farru, Gerardo Núñez, Antonio Rey, Olga Pericet, Dani de Morón-, estrellas emergentes -La Tremendita, Ángeles Toledano con Benito Bernal, José Fermín Fernández-, o propuestas experimentales -Estévez/Paños, Irene Morales-, repartidos por una decena de escenarios de todo Nueva York. Todo con una mirada en quienes sembraron aquí el flamenco hace décadas -Carmencita, La Argentinita o Sabicas- y otra puesta en el futuro.
Quizá algunos de los asistentes al concierto inaugural del 25º Festival de Flamenco de Nueva York se sintieran -valga el juego de palabras- desconcertados. El ciclo que ha consolidado al flamenco en el calendario de la capital mundial de la cultura abría la celebración … de un aniversario señalado sin taconeos, sin remolinos de rasgueo en la guitarra, sin palmeros, sin pañuelito de lunares. Al escenario del Elebash Recital Hall de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, a la sombra literal del Empire State, salió Rocío Márquez con un vestido negro y otros planes: un flamenco conceptual, experimental, complejo, ambicioso por crear lenguajes ajenos al arte tradicional.
Para cuando ella se plantó en las tablas, allí ya estaba su compañero en esta empresa, el guitarrista Pedro Rojas-Ogáyar. Desde el momento que agarró la sonanta, ya se sintió que no viene del flamenco. Es un músico de clásica, que experimenta con los ecos del flamenco, entre los pedales de efectos y la ‘Stratocaster’ que tenía a un lado.
Ambos han firmado el disco ‘Himno vertical‘, una creación en la margen experimental e íntima del flamenco, con el combustible del duelo -él perdió a su padre; ella, a una prima que consideraba una hermana- y de la ambición artística.
Antes que ambos aparecieran tomó el micrófono el director del festival, Miguel Marín, el responsable de que el flamenco tenga su sitio donde todos buscan triunfar. Marín explicó que el objetivo de esta edición es «dedicar los 25 años del festival a los pioneros que llegaron aquí hace 140 años y encendieron la llama de esta pasión entre Nueva York y el flamenco».
Entre ellos, Carmen Dauset Moreno, Carmencita, estrella total aquí en el final del siglo XIX. «Es fascinante descubrir que en 1890 una de las artistas más famosas de la escena cultural de Nueva York era una bailaora de flamenco», dijo al público. «De ella hay retratos en el Metropolitan Museum y fue la primera artista grabada en vídeo por Edison».
«El flamenco llegó a Nueva York por la puerta de la fascinación y de la modernidad», proclamó. «Y esta es la razón por la que empezamos hoy con esta artista, para honrar a los pioneros, pero también para mirar con valentía al futuro».
«El flamenco llegó a Nueva York por la puerta de la fascinación y de la modernidad. Y esta es la razón por la que empezamos hoy con esta artista, para honrar a los pioneros, pero también para mirar con valentía al futuro»
Miguel Marín
Director del Festival Flamenco de Nueva York
La cantaora onubense sin duda trajo modernidad y provocó fascinación. Su espectáculo fue una sorpresa para la mayoría. Pero grata, a juzgar por la despedida en pie. Márquez apareció con solemnidad y dispuesta a estirar el concepto de lo que es una cantaora. Susurraba al micrófono, en un monólogo inconexo, descabalgado, en el que entraban y salían los ‘quejíos’. Su lengua a veces parecía poseída, creaba percusiones y melismas extraños, en un monólogo interior de intensidad creciente. En ese arranque hizo un guiño a su tierra, con un fandango muy popular, el que recuerda que ‘Yo supe por un almendro que la apariencia engaña, daba muy blancas las flores y las almendras amargas, lo mismo que tus amores’.
Una noche muy especial
Márquez y Rojas-Ogáyar se pasaron la noche creando atmósferas oscuras, en ocasiones en busca del trance, con repeticiones monocordes, con ‘loops’ vocales y en la guitarra. Pero siempre con ecos del flamenco, como la seguiriya eléctrica en la que ella decía ‘todas las penas que me aflijan serán elección’; o en la letra histórica de peteneras de ‘llorando y en penitencia a tu vera un día me fui’; o unos tangos deconstruidos; o unas guajiras como un paisaje del lejano oeste, de pedregal y polvareda. Como dijo un espectador, un paisaje sonoro más propio del ‘París, Texas’ de Ry Cooder que del cañaveral caribeño.
«Es una noche muy especial para nosotros», reconoció Márquez a media actuación. «Este es un trabajo íntimo que nos invita a meternos para dentro», dijo, aunque explotó hacia fuera en varios pasajes, con un grito a la vez primitivo y moderno, que levantó los ‘oles’.
«Gracias por venir con los ojos abiertos, los oídos curiosos y, sobre todo, los corazones abiertos», añadió el guitarrista después. El bis fue la única concesión al flamenco clásico: un fandango de Huelva sin micrófono y sin guitarra, en el que Márquez se descosió, si es que le quedaba algún pespunte en su sitio.
Ese final del arranque del festival es una muestra de lo que se podrá ver en Nueva York en las próximas tres semanas. Una mezcla de grandes figuras -Sara Baras, Eva Yerbabuena, El Farru, Gerardo Núñez, Antonio Rey, Olga Pericet, Dani de Morón-, estrellas emergentes -La Tremendita, Ángeles Toledano con Benito Bernal, José Fermín Fernández-, o propuestas experimentales -Estévez/Paños, Irene Morales-, repartidos por una decena de escenarios de todo Nueva York. Todo con una mirada en quienes sembraron aquí el flamenco hace décadas -Carmencita, La Argentinita o Sabicas- y otra puesta en el futuro.
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