Tras la dimisión a mediados del pasado mes de febrero de Tom Pritzker , presidente de la corporación Hyatt, creadora y patrocinadora del premio de arquitectura que lleva este nombre, por su vinculación con la trama Epstein, algunos medios habían apuntado a la posibilidad de que el nombre del galardonado de este año no fuese anunciado durante el mes de marzo, como ya venía siendo habitual en los últimos años. Sin embargo, hoy 12 de marzo, la Fundación Pritzker ha anunciado quien es el nuevo receptor del galardón: Smiljan Radić Clarke . Radić es el segundo laureado de nacionalidad chilena (el primero fue Alejandro Aravena , casualmente actual presidente del jurado que otorga el premio Pritzker) y el quinto iberoamericano reconocido con él. «Por recordarnos que la arquitectura es un arte, porque toca el núcleo de la condición humana; por permitir a esta disciplina abrazar la imperfección y la fragilidad a través de refugios serenos dentro de un mundo marcado por la incertidumbre, sin sentir la necesidad de ser más estruendoso o espectacular a tal efecto ; por crear edificios cuya naturaleza híbrida refleja la contemporánea difuminación de las fronteras entre disciplinas, y que no hablan por las personas, sino que permiten a estas hallar su propia voz a través de ellos». Estos son los motivos que han llevado al jurado del Premio Pritzker a galardonar a Radić Clarke. El jurado observa también cómo puede establecerse una analogía entre la arquitectura y el relato vital de este arquitecto nacido en el seno de una familia inmigrante (de origen croata por el lado paterno y británico por el materno) en Santiago en 1965. Radić creció con una intensificada conciencia del pertenecer, algo que alentó en él una comprensión de la vida como algo que se ensambla, no simplemente se hereda. «Como su arquitectura, las capas de su vida forman una historia discontinua modelada por el movimiento, la apertura y la paulatina construcción de significado». Noticia relacionada general No No El escándalo Epstein arrolla al premio Pritzker ABCDescubrió la arquitectura en la adolescencia y se formó en la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde se graduó en 1989. Completaría su formación con estudios de Historia en el Istituto Universitario di Architettura di Venezia y abundantes viajes. La filosofía, el arte, la música, referencias míticas y literarias son también nutrientes de su pensamiento y arquitectura. En 1995 creó en su estudio, que mantiene intencionadamente a una pequeña escala, colaborando puntualmente en algunos de sus proyectos junto a su esposa, la escultora Marcela Correa . Ambos diseñaron y construyeron con sus propias manos Casa Chica (1997), la que Radić considera su primera obra significativa. La declaración del jurado del Pritzker subraya y ensalza en su arquitectura una «inteligencia emocional», así como una cualidad poética que es «intrínsecamente difícil» de verbalizar, ya que sus edificios no son concebidos únicamente como «artificios visuales» sino que exigen la presencia física de un habitante o usuario. Su experimentación, desde el rigor, con las estrategias espaciales busca esa conexión con este, sin aspirar a definir un entorno «comprensible». Radić se inclina por la ambigüedad y lo imprevisto. «Sus espacios se resisten a ser entendidos desde un único punto de vista», y para este jurado es precisamente esa resistencia donde radica su capacidad para volver a infundir a la arquitectura de «profundidad y complejidad». Una arquitectura planteada como fenomenológica, pero a la vez decisivamente caracterizada por una materialidad que toma su inspiración del poderoso paisaje chileno, fuertemente marcado por las transformaciones sísmicas, y que prefiere ser huésped a amo en lugar. Sus edificios se posan sobre el suelo, raramente estableciendo contacto directo con él, evitando con extremo cuidado ejercer cualquier alteración, «como si pudieran ser desmantelados en cualquier momento y restituir el lugar a su estado original». Una impresión de impermanencia que se sustenta también en los materiales escogidos para la construcción de cada proyecto, procurando que estén fuertemente vinculados al contexto de este, desde un criterio heterogéneo (industriales o naturales, refinados o ‘vulgares’) que subvierte las jerarquías de valor y prestigio establecidas para estos, un aspecto que hablaría del «ethos democrático de su trabajo», manifiesto también en la «apertura social» de sus espacios, donde no se sitúa a ningún usuario por encima de otro. Más allá de los epítetos del jurado, puede decirse que la arquitectura de Radić y su, un tanto engolada, recurrencia a la dimensión sensible de la arquitectura constituye un clásico caso de esa forma de hacer que los arquitectos suelen tener por intachable e irrefutable. Pero es una forma de concebir la arquitectura que esencialmente más tiene que ver con el gusto y el aprecio de puertas para adentro de la profesión que hacia la sociedad. Vestirse de rara avis, de personaje excéntrico, le ha dado frutos y ha puesto a Radić en las vitrinas donde lucen los arquitectos para paladares exquisitos. Las formas de hacer de este arquitecto tienen muchos feligreses dentro del actual panorama español post-crisis. No obstante, cabría preguntarse si esta forma de hacer sigue siendo ejemplar actualmente o es sólo rémoras de una arquitectura que languidece, bien por estar desfasada o por haberse convertido meramente en una pose.Pabellón Serpetine Gallery, Londres) ABC Los mejores edificios de Smiljan Radić Clarke Guatero, Santiago de Chile, 2023 . Creada para la XXII Bienal de Arquitectura de Chile, esta forma neumática y luminosa ocupa el espacio expositivo como un entorno atmosférico temporal, más que como un objeto fijo. Su estructura blanda y contorneada depende de la presión del aire, convirtiendo la fragilidad en experiencia espacial. La piel translúcida difunde la luz y amplifica el sonido, generando un interior íntimo pese a su escala, mientras la luz, el sonido y el movimiento transforman sutilmente su atmósfera. Lúdico y elemental a la vez, el proyecto propone un ambiente acogedor dentro de un volumen que se percibe provisional, pero plenamente habitable y participativo para quienes lo recorren y experimentan. Teatro Regional del Biobío, Concepción (Chile), 2018 . Radić propuso que la arquitectura cívica puede tener presencia sin recurrir a la monumentalidad, con una estructura contenida y una luminosidad expresiva, pero sin ostentación. El edificio se ubica junto al río como una composición rigurosa de volúmenes y envolventes. La fachada, revestida con policarbonato semi-translúcido sobre una estructura de acero, modula la luz y optimiza la acústica. Su piel no oculta ni revela por completo: de día filtra la luz para evitar deslumbramientos, y de noche irradia un resplandor suave. El conjunto se organiza en bloques proporcionales que albergan salas de espectáculos y de ensayo. NAVE, Santiago de Chile, 2015. NAVE reimagina una vivienda dañada de comienzos del siglo XX como un marco para la creación escénica contemporánea. En lugar de borrar la estructura existente, se conserva su envolvente doméstica y se insertan nuevos volúmenes en su interior, generando un espacio estratificado donde conviven salas de ensayo, talleres y áreas de performance con la memoria de la antigua casa. La intervención no es restauración ni sustitución, sino un reajuste cuidadoso de escala y uso. Pabellón Serpetine Gallery, Londres (Gran Bretaña), 2014. Una envolvente translúcida de fibra de vidrio parece flotar sobre el césped de los Kensington Gardens, sostenida de manera improbable por un anillo de enormes piedras portantes de origen local. El pabellón se percibe a la vez antiguo y temporal, anclado por la gravedad de la piedra y animado por la luz cambiante del día que se filtra a través de su piel. La estructura no está completamente cerrada ni totalmente abierta. Aunque de carácter efímero, el pabellón ofrece una lectura primordial de la arquitectura, donde masa, superficie y suelo se encuentran en un equilibrio cuidadosamente deliberado. Casa para el Poema del Ángulo recto, Vilches (Chile), 2013. Esta vivienda representa un retiro contemplativo, estructurado por la medida, la orientación y el silencio. Situada en un paisaje boscoso, se abre hacia arriba y hacia el interior, organizándose alrededor de una secuencia disciplinada de muros gruesos que regulan el clima y el sonido, y de aberturas orientadas hacia el cielo para capturar la luz y el paso del tiempo. Radić buscó aquí transformar el acto de habitar en un ejercicio de observación, introspección y quietud, generando un recinto que transmitiese protección y resguardo. Casa Pite, Papudo (Chile), 2005. Ubicada en el terreno rocoso de la costa central de Chile, esta casa explora la relación entre la vivienda y el paisaje. La estructura se organiza como una sucesión de muros de contención y terrazas, integrando la arquitectura a la roca en lugar de situarla sobre el terreno. Combina cuidadosamente estructura, orientación y proporción para ofrecer un refugio que no aísla. Muros de hormigón gruesos enmarcan la inmensidad del océano, mientras techos bajos y umbrales sombreados conducen a plataformas abiertas orientadas hacia el horizonte y el cielo. Casa Carbonero, Melipilla (Chile), 1998. La Casa Carbonero se sitúa en el paisaje entre el bosque y el mar. Construida con madera y malla ennegrecida, el volumen efímero parece ESTAR suspendido. Su envolvente oscura y porosa absorbe la luz en lugar de reflejarla, disolviendo la masa en la atmósfera. Radić presenta aquí la arquitectura como un refugio provisional, atento al clima, al terreno y al tiempo… Tras la dimisión a mediados del pasado mes de febrero de Tom Pritzker , presidente de la corporación Hyatt, creadora y patrocinadora del premio de arquitectura que lleva este nombre, por su vinculación con la trama Epstein, algunos medios habían apuntado a la posibilidad de que el nombre del galardonado de este año no fuese anunciado durante el mes de marzo, como ya venía siendo habitual en los últimos años. Sin embargo, hoy 12 de marzo, la Fundación Pritzker ha anunciado quien es el nuevo receptor del galardón: Smiljan Radić Clarke . Radić es el segundo laureado de nacionalidad chilena (el primero fue Alejandro Aravena , casualmente actual presidente del jurado que otorga el premio Pritzker) y el quinto iberoamericano reconocido con él. «Por recordarnos que la arquitectura es un arte, porque toca el núcleo de la condición humana; por permitir a esta disciplina abrazar la imperfección y la fragilidad a través de refugios serenos dentro de un mundo marcado por la incertidumbre, sin sentir la necesidad de ser más estruendoso o espectacular a tal efecto ; por crear edificios cuya naturaleza híbrida refleja la contemporánea difuminación de las fronteras entre disciplinas, y que no hablan por las personas, sino que permiten a estas hallar su propia voz a través de ellos». Estos son los motivos que han llevado al jurado del Premio Pritzker a galardonar a Radić Clarke. El jurado observa también cómo puede establecerse una analogía entre la arquitectura y el relato vital de este arquitecto nacido en el seno de una familia inmigrante (de origen croata por el lado paterno y británico por el materno) en Santiago en 1965. Radić creció con una intensificada conciencia del pertenecer, algo que alentó en él una comprensión de la vida como algo que se ensambla, no simplemente se hereda. «Como su arquitectura, las capas de su vida forman una historia discontinua modelada por el movimiento, la apertura y la paulatina construcción de significado». Noticia relacionada general No No El escándalo Epstein arrolla al premio Pritzker ABCDescubrió la arquitectura en la adolescencia y se formó en la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde se graduó en 1989. Completaría su formación con estudios de Historia en el Istituto Universitario di Architettura di Venezia y abundantes viajes. La filosofía, el arte, la música, referencias míticas y literarias son también nutrientes de su pensamiento y arquitectura. En 1995 creó en su estudio, que mantiene intencionadamente a una pequeña escala, colaborando puntualmente en algunos de sus proyectos junto a su esposa, la escultora Marcela Correa . Ambos diseñaron y construyeron con sus propias manos Casa Chica (1997), la que Radić considera su primera obra significativa. La declaración del jurado del Pritzker subraya y ensalza en su arquitectura una «inteligencia emocional», así como una cualidad poética que es «intrínsecamente difícil» de verbalizar, ya que sus edificios no son concebidos únicamente como «artificios visuales» sino que exigen la presencia física de un habitante o usuario. Su experimentación, desde el rigor, con las estrategias espaciales busca esa conexión con este, sin aspirar a definir un entorno «comprensible». Radić se inclina por la ambigüedad y lo imprevisto. «Sus espacios se resisten a ser entendidos desde un único punto de vista», y para este jurado es precisamente esa resistencia donde radica su capacidad para volver a infundir a la arquitectura de «profundidad y complejidad». Una arquitectura planteada como fenomenológica, pero a la vez decisivamente caracterizada por una materialidad que toma su inspiración del poderoso paisaje chileno, fuertemente marcado por las transformaciones sísmicas, y que prefiere ser huésped a amo en lugar. Sus edificios se posan sobre el suelo, raramente estableciendo contacto directo con él, evitando con extremo cuidado ejercer cualquier alteración, «como si pudieran ser desmantelados en cualquier momento y restituir el lugar a su estado original». Una impresión de impermanencia que se sustenta también en los materiales escogidos para la construcción de cada proyecto, procurando que estén fuertemente vinculados al contexto de este, desde un criterio heterogéneo (industriales o naturales, refinados o ‘vulgares’) que subvierte las jerarquías de valor y prestigio establecidas para estos, un aspecto que hablaría del «ethos democrático de su trabajo», manifiesto también en la «apertura social» de sus espacios, donde no se sitúa a ningún usuario por encima de otro. Más allá de los epítetos del jurado, puede decirse que la arquitectura de Radić y su, un tanto engolada, recurrencia a la dimensión sensible de la arquitectura constituye un clásico caso de esa forma de hacer que los arquitectos suelen tener por intachable e irrefutable. Pero es una forma de concebir la arquitectura que esencialmente más tiene que ver con el gusto y el aprecio de puertas para adentro de la profesión que hacia la sociedad. Vestirse de rara avis, de personaje excéntrico, le ha dado frutos y ha puesto a Radić en las vitrinas donde lucen los arquitectos para paladares exquisitos. Las formas de hacer de este arquitecto tienen muchos feligreses dentro del actual panorama español post-crisis. No obstante, cabría preguntarse si esta forma de hacer sigue siendo ejemplar actualmente o es sólo rémoras de una arquitectura que languidece, bien por estar desfasada o por haberse convertido meramente en una pose.Pabellón Serpetine Gallery, Londres) ABC Los mejores edificios de Smiljan Radić Clarke Guatero, Santiago de Chile, 2023 . Creada para la XXII Bienal de Arquitectura de Chile, esta forma neumática y luminosa ocupa el espacio expositivo como un entorno atmosférico temporal, más que como un objeto fijo. Su estructura blanda y contorneada depende de la presión del aire, convirtiendo la fragilidad en experiencia espacial. La piel translúcida difunde la luz y amplifica el sonido, generando un interior íntimo pese a su escala, mientras la luz, el sonido y el movimiento transforman sutilmente su atmósfera. Lúdico y elemental a la vez, el proyecto propone un ambiente acogedor dentro de un volumen que se percibe provisional, pero plenamente habitable y participativo para quienes lo recorren y experimentan. Teatro Regional del Biobío, Concepción (Chile), 2018 . Radić propuso que la arquitectura cívica puede tener presencia sin recurrir a la monumentalidad, con una estructura contenida y una luminosidad expresiva, pero sin ostentación. El edificio se ubica junto al río como una composición rigurosa de volúmenes y envolventes. La fachada, revestida con policarbonato semi-translúcido sobre una estructura de acero, modula la luz y optimiza la acústica. Su piel no oculta ni revela por completo: de día filtra la luz para evitar deslumbramientos, y de noche irradia un resplandor suave. El conjunto se organiza en bloques proporcionales que albergan salas de espectáculos y de ensayo. NAVE, Santiago de Chile, 2015. NAVE reimagina una vivienda dañada de comienzos del siglo XX como un marco para la creación escénica contemporánea. En lugar de borrar la estructura existente, se conserva su envolvente doméstica y se insertan nuevos volúmenes en su interior, generando un espacio estratificado donde conviven salas de ensayo, talleres y áreas de performance con la memoria de la antigua casa. La intervención no es restauración ni sustitución, sino un reajuste cuidadoso de escala y uso. Pabellón Serpetine Gallery, Londres (Gran Bretaña), 2014. Una envolvente translúcida de fibra de vidrio parece flotar sobre el césped de los Kensington Gardens, sostenida de manera improbable por un anillo de enormes piedras portantes de origen local. El pabellón se percibe a la vez antiguo y temporal, anclado por la gravedad de la piedra y animado por la luz cambiante del día que se filtra a través de su piel. La estructura no está completamente cerrada ni totalmente abierta. Aunque de carácter efímero, el pabellón ofrece una lectura primordial de la arquitectura, donde masa, superficie y suelo se encuentran en un equilibrio cuidadosamente deliberado. Casa para el Poema del Ángulo recto, Vilches (Chile), 2013. Esta vivienda representa un retiro contemplativo, estructurado por la medida, la orientación y el silencio. Situada en un paisaje boscoso, se abre hacia arriba y hacia el interior, organizándose alrededor de una secuencia disciplinada de muros gruesos que regulan el clima y el sonido, y de aberturas orientadas hacia el cielo para capturar la luz y el paso del tiempo. Radić buscó aquí transformar el acto de habitar en un ejercicio de observación, introspección y quietud, generando un recinto que transmitiese protección y resguardo. Casa Pite, Papudo (Chile), 2005. Ubicada en el terreno rocoso de la costa central de Chile, esta casa explora la relación entre la vivienda y el paisaje. La estructura se organiza como una sucesión de muros de contención y terrazas, integrando la arquitectura a la roca en lugar de situarla sobre el terreno. Combina cuidadosamente estructura, orientación y proporción para ofrecer un refugio que no aísla. Muros de hormigón gruesos enmarcan la inmensidad del océano, mientras techos bajos y umbrales sombreados conducen a plataformas abiertas orientadas hacia el horizonte y el cielo. Casa Carbonero, Melipilla (Chile), 1998. La Casa Carbonero se sitúa en el paisaje entre el bosque y el mar. Construida con madera y malla ennegrecida, el volumen efímero parece ESTAR suspendido. Su envolvente oscura y porosa absorbe la luz en lugar de reflejarla, disolviendo la masa en la atmósfera. Radić presenta aquí la arquitectura como un refugio provisional, atento al clima, al terreno y al tiempo…
Tras la dimisión a mediados del pasado mes de febrero de Tom Pritzker, presidente de la corporación Hyatt, creadora y patrocinadora del premio de arquitectura que lleva este nombre, por su vinculación con la trama Epstein, algunos medios habían apuntado a la posibilidad de … que el nombre del galardonado de este año no fuese anunciado durante el mes de marzo, como ya venía siendo habitual en los últimos años. Sin embargo, hoy 12 de marzo, la Fundación Pritzker ha anunciado quien es el nuevo receptor del galardón: Smiljan Radić Clarke. Radić es el segundo laureado de nacionalidad chilena (el primero fue Alejandro Aravena, casualmente actual presidente del jurado que otorga el premio Pritzker) y el quinto iberoamericano reconocido con él.
«Por recordarnos que la arquitectura es un arte, porque toca el núcleo de la condición humana; por permitir a esta disciplina abrazar la imperfección y la fragilidad a través de refugios serenos dentro de un mundo marcado por la incertidumbre, sin sentir la necesidad de ser más estruendoso o espectacular a tal efecto; por crear edificios cuya naturaleza híbrida refleja la contemporánea difuminación de las fronteras entre disciplinas, y que no hablan por las personas, sino que permiten a estas hallar su propia voz a través de ellos». Estos son los motivos que han llevado al jurado del Premio Pritzker a galardonar a Radić Clarke.
El jurado observa también cómo puede establecerse una analogía entre la arquitectura y el relato vital de este arquitecto nacido en el seno de una familia inmigrante (de origen croata por el lado paterno y británico por el materno) en Santiago en 1965. Radić creció con una intensificada conciencia del pertenecer, algo que alentó en él una comprensión de la vida como algo que se ensambla, no simplemente se hereda. «Como su arquitectura, las capas de su vida forman una historia discontinua modelada por el movimiento, la apertura y la paulatina construcción de significado».
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Descubrió la arquitectura en la adolescencia y se formó en la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde se graduó en 1989. Completaría su formación con estudios de Historia en el Istituto Universitario di Architettura di Venezia y abundantes viajes. La filosofía, el arte, la música, referencias míticas y literarias son también nutrientes de su pensamiento y arquitectura. En 1995 creó en su estudio, que mantiene intencionadamente a una pequeña escala, colaborando puntualmente en algunos de sus proyectos junto a su esposa, la escultora Marcela Correa. Ambos diseñaron y construyeron con sus propias manos Casa Chica (1997), la que Radić considera su primera obra significativa.
La declaración del jurado del Pritzker subraya y ensalza en su arquitectura una «inteligencia emocional», así como una cualidad poética que es «intrínsecamente difícil» de verbalizar, ya que sus edificios no son concebidos únicamente como «artificios visuales» sino que exigen la presencia física de un habitante o usuario. Su experimentación, desde el rigor, con las estrategias espaciales busca esa conexión con este, sin aspirar a definir un entorno «comprensible». Radić se inclina por la ambigüedad y lo imprevisto. «Sus espacios se resisten a ser entendidos desde un único punto de vista», y para este jurado es precisamente esa resistencia donde radica su capacidad para volver a infundir a la arquitectura de «profundidad y complejidad».
Una arquitectura planteada como fenomenológica, pero a la vez decisivamente caracterizada por una materialidad que toma su inspiración del poderoso paisaje chileno, fuertemente marcado por las transformaciones sísmicas, y que prefiere ser huésped a amo en lugar. Sus edificios se posan sobre el suelo, raramente estableciendo contacto directo con él, evitando con extremo cuidado ejercer cualquier alteración, «como si pudieran ser desmantelados en cualquier momento y restituir el lugar a su estado original». Una impresión de impermanencia que se sustenta también en los materiales escogidos para la construcción de cada proyecto, procurando que estén fuertemente vinculados al contexto de este, desde un criterio heterogéneo (industriales o naturales, refinados o ‘vulgares’) que subvierte las jerarquías de valor y prestigio establecidas para estos, un aspecto que hablaría del «ethos democrático de su trabajo», manifiesto también en la «apertura social» de sus espacios, donde no se sitúa a ningún usuario por encima de otro.
Más allá de los epítetos del jurado, puede decirse que la arquitectura de Radić y su, un tanto engolada, recurrencia a la dimensión sensible de la arquitectura constituye un clásico caso de esa forma de hacer que los arquitectos suelen tener por intachable e irrefutable. Pero es una forma de concebir la arquitectura que esencialmente más tiene que ver con el gusto y el aprecio de puertas para adentro de la profesión que hacia la sociedad. Vestirse de rara avis, de personaje excéntrico, le ha dado frutos y ha puesto a Radić en las vitrinas donde lucen los arquitectos para paladares exquisitos. Las formas de hacer de este arquitecto tienen muchos feligreses dentro del actual panorama español post-crisis. No obstante, cabría preguntarse si esta forma de hacer sigue siendo ejemplar actualmente o es sólo rémoras de una arquitectura que languidece, bien por estar desfasada o por haberse convertido meramente en una pose.
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