Dispuesto a convertirse en un referente musical en Extremadura, el festival cacereño Atrium Musicae ha presentado en 2026 su edición más ambiciosa. Tras cuatro años de rodaje y la comprobación de que existe un público con ganas de escuchar y descubrir, la programación prevista desde el 28 de enero al 2 de febrero ha ampliado el número de conciertos, con respecto a la edición anterior, de diez a dieciséis, en la mayoría de los casos con acceso gratuito, ganando cinco espacios nuevos en la capital y en otros municipios de la comarca: Coria, Trujillo, Plasencia y Garrovillas de Alconétar . El éxito de Atrium Musicae es evidente a poco que se observen los aforos completos en el Gran Teatro de Cáceres, en la concatedral, en el Museo Vostell de Malpartida de Cáceres o en el novedoso Espacio de Creación Joven, en el que se recibe, a quien se inclina hacia lo experimental, con un refresco y música de ambiente.Los conciertos de Atrium Musicae se inscriben en el contexto de las actividades organizadas por la Fundación Atrio Cáceres, creada por José Polo y Toño Pérez, fundadores del hotel y restaurante Atrio, con tres estrellas Michelin, que ahora amplia sus actividades al Palacio Paredes Saavedra y Torre de Sande. Acciones abiertas al mantenimiento, conservación y restauración del patrimonio histórico, artístico y cultural de Extremadura se unen a los objetivos de fomento y promoción de proyectos relacionados con la formación en el campo del arte, la ciencia, la gastronomía y, de forma particularmente protagonista, la música.Se habla de la ‘ mejora de la calidad de vida de las personas y las comunidades ‘ y se elaboran iniciativas hacia la musicoterapia y sus efectos terapéuticos sobre el bienestar físico, emocional y cognitivo de los participantes; la introducción al mundo de la música clásica entre los adultos, mediante la apreciación musical y la práctica instrumental; y en paralelo el fomento de la creatividad y el interés por la música en niños de edad preescolar, permitiéndoles mejorar sus habilidades motoras. Cáceres, de la mano de la Fundación Atrio y con la música como herramienta, está construyendo un patrimonio inmaterial y poderoso, y que es tan identificable como el centro histórico de la ciudad, al que el Consejo de Europa otorgó en 1968 el título de tercer conjunto monumental de Europa y que, desde 1986, defiende su consideración de ciudad patrimonio de la humanidad. Antonio Moral , director artístico de Atrium Musicae, ha subrayado este año que una de las claves del festival es la fusión del patrimonio arquitectónico con la música.Noticia Relacionada ARQUITECTURA estandar Si Kengo Kuma le hinca el diente a la Gulbenkian Javier Rubio NomblotEntre los distintos conciertos de Atrium Musicae, cobra un sentido muy especial la experiencia sonora propuesta por el grupo Neopercusión, al que capitanea el infatigable Juanjo Guillem, y la Banda Sinfónica de la Diputación Provincial de Cáceres que dirige Antonio Luis Suárez, y en la que se integran instrumentistas dispuestos a darlo todo. Hay que situarse en las 23 horas y 40 minutos del 14 de abril de 1912, momento en el que el trasatlántico británico Titanic colisionó con un iceberg frente a la costa de Terranova . Sesenta años después, el compositor británico Gavin Bryars resumió en una las tres horas que duró el hundimiento tras asumir el testimonio del radiofonista Harold Bride, testigo de cómo los siete músicos de la Wallace Hartley Band siguieron tocando en popa el himno ‘ Nearer, My God, to Thee ‘, mientras cientos de personas gritaban y se lanzaban al mar. La llegada del atardecer sobre el previamente oscurecido y recogido Espacio de Creación Joven, la opresión de su bajo techo, la obsesiva presencia sonora del himno en medio de un fluir instrumental y percutivo minuciosamente abierto a mil imágenes, y, por supuesto, la concentración de un público absolutamente entregado, dieron el sentido final a este concierto cargado de autenticidad y emoción.En un contexto más ordenado, aunque no menos desenfadado por la naturaleza del espacio, se celebró el concierto del violonchelista Mario Brunello. El Museo Vostell Malpartida cumple cincuenta años de su creación , con sus instalaciones renovadas y más pulcras, pero manteniendo incólume esa curiosa fusión de vida y arte que propone el espíritu desinhibido del Fluxus. El calado musical no fue aquí menos dramático que en el anterior concierto, si se atiende a la presencia de la segunda sonata para violonchelo de Mieczyslaw Weinberg, cuya música sigue siendo un incontestable clamor personal frente a la atrocidad estalinista y soviética que el compositor sufrió tras haberse sobrepuesto al terror de la maquinaria de destrucción nazi que aniquiló a su familia. Brunello es un traductor indiscutible del sentido agónico de la obra, de la rebeldía de su discurso (que en un gesto involuntario vino a materializarse cuando, llevado por la intensidad del mensaje, dejó escapar el arco para capturarlo en el aire y continuar con la obra). El programa titulado ‘ Bach Fluxus IV ‘ insertó la obra de Weinberg entre las suites para violonchelo solo 3 y 1 de Bach, con el propósito de establecer un socorrido díptico temporal alimentado por el propio ambiente: el creado por las obras Fluxus, donadas por Gino Di Maggio, que rodeaban a Brunello y a todos los espectadores poniendo en discusión el cuestionamiento del papel crítico del artista en la sociedad de su tiempo, según quiso verlo el fundador del museo Wolf Vostell, frente a la música de quien disintió de la limitada y sospechosa producción cultural promocionada por el realismo socialista, que tanta basura dejó a su alrededor.Atrium Musicae ha propuesto este año otros ‘diálogos’ no menos sustanciosos. Llamó la atención de quienes estuvieron en el Gran Teatro de Córdoba el recital de Javier Perianes con un programa (también interpretado en Madrid diez días antes en el ciclo de la Fundación Scherzo) en el que varias obras de un muy juvenil Manuel de Falla se alternan con nocturnos, mazurcas, algún vals y la ‘ Berceuse, op. 57’ de Chopin. ‘Falla vs Chopin’ y ‘Falla vs Albéniz ‘ ya en la segunda parte centrada en las ‘Cuatro piezas españolas’ como anticipo a cuatro números de ‘Iberia’. Perianes es un habilidoso ‘jugador’ que sabe muy bien hasta qué punto la interpretación puede dar sentido a aquello que sobre el papel tiene relativa consistencia. Sobre Falla y Chopin se hizo un libro, editado por Luis Gago en 1999, y cuyas conclusiones fueron divagantes, más allá de los datos fehacientes sobre el proyecto fallido de la ópera ‘Fuego fatuo’, que el compositor de Cádiz nunca remató al margen de la fidelidad permanente a un compositor que representaba lo más puro del siglo romántico. Por entonces se trataba de ‘indagar zonas limítrofes’, según se decía en la introducción, es decir espacios arqueológicamente sospechosos a la búsqueda de las raíces que nutrieron la música de Falla. Perianes retoma ahora la idea y la reconstruye con la cartas marcadas. Falla y Chopin se unen en una misma intención estética porque ambos autores se presentan en el mismo plano de lo casi imperceptible, en pianísimo, sometidas a tiempos relajados más propios de una ensoñación que de una fiel reconstrucción. ‘ Falla vs Chopin ‘ es un proyecto que roza el silencio (y que el público de Cáceres escuchó con un respeto casi religioso) y que, bajo su disfraz de humildad, es profundamente sofisticado y artificial. El intérprete se impone al estilo, en un gesto de extremada excentricidad, y la técnica instrumental se solapa al argumento que queda en un segundo plano. Una lectura particularmente articulada y cubista de las ‘Piezas españolas’ y de ‘Iberia’ remató la sesión. También fue alguien original (bien es cierto que de manera muy distinta y en un momento en el que la tradición interpretativa imponía un discurso unitario), el pianista extremeño Esteban Sánchez con su grabación de la ‘Iberia’ de Albéniz. Perianes le dedicó la ‘Fantasía baetica’ fuera de programa, tocada con fuerza, decisión y un punto de desparpajo muy conveniente. Por entonces ya se había confirmado el innegociable éxito del concierto.Noticia Relacionada Música estandar No La Orquesta Joven de Andalucía celebra treinta años de vida con un gran concierto en el Maestranza Andrés González-Barba La cita será el próximo 1 de abril y se interpretará ‘La consagración de la primavera’, de Stravinsky, y el ‘Concierto para violín y orquesta’, de Beethoven, con el sevillano Javier Comesaña como solistaEl último testimonio de lo que este año ha sido Atrium Musicae recae sobre ‘una de las citas más esperadas del festival’ protagonizada por el coro El León de Oro que dirige Marco Antonio García de Paz, y Schola Antiqua de Juan Carlos Asensio, especialistas en canto gregoriano incluyendo variantes latinas monódicas y polifónicas. Avanzada la mañana del sábado, en la concatedral de Santa María, se escuchó el ‘Officium defunctorum’ de Tomás Luis de Victoria compuesto en 1605 para las exequias de María de Austria, hija mayor del emperador Carlos V. También aquí el fin y el cómo merecen una explicación a la espera de que algún día se proponga un verdadero debate sobre la interpretación de la polifonía española del Siglo de Oro, en línea con lo que, por ejemplo, ya se hizo hace tiempo con las obras corales de Bach sometidas a la revolucionaria tesis de Joshua Rifkin defensor de un intérprete por voz, en lugar de por un coro, es decir de varios cantantes por línea vocal. Si la discusión está pendiente, en lo que al repertorio español polifónico se refiere, es por la falta de competencia a la que lleva la escasez de intérpretes que defiendan esta música con calidad. Mientras sea así el ‘Officium defunctorum’ seguirá siendo una obra de envergadura, de naturaleza ácrona, con capacidad para calar al oyente, o así al menos ha sido en Cáceres, gracias a la intensidad del ensamblaje y la compacta expresividad con la que se traduce. Lo ha defendido bajo estos principios y con la solvencia del coro mixto asturiano en alternancia con la depurada propuesta del grupo gregoriano, a través de una versión que podría haber calado con más intensidad en el texto y en sus poderosas imágenes, pero que a cambio dejó una impresión de solidez evidente. Felipe Pedrell , editor y estudioso de Tomás Luis de Victoria en el paso al siglo xx, señaló de forma muy precisa lo que una música así significaba y no dudó en describir a su autor como ‘benefactor de la humanidad’. Lo escribió en un texto en el invocaba sus propias primeras impresiones musicales ante el coro de la ‘antiquísima catedral’ de Tortosa, un recuerdo que transformó su vida y su dedicación. La Fundación Atrio Cáceres trabaja en esa misma línea. Dispuesto a convertirse en un referente musical en Extremadura, el festival cacereño Atrium Musicae ha presentado en 2026 su edición más ambiciosa. Tras cuatro años de rodaje y la comprobación de que existe un público con ganas de escuchar y descubrir, la programación prevista desde el 28 de enero al 2 de febrero ha ampliado el número de conciertos, con respecto a la edición anterior, de diez a dieciséis, en la mayoría de los casos con acceso gratuito, ganando cinco espacios nuevos en la capital y en otros municipios de la comarca: Coria, Trujillo, Plasencia y Garrovillas de Alconétar . El éxito de Atrium Musicae es evidente a poco que se observen los aforos completos en el Gran Teatro de Cáceres, en la concatedral, en el Museo Vostell de Malpartida de Cáceres o en el novedoso Espacio de Creación Joven, en el que se recibe, a quien se inclina hacia lo experimental, con un refresco y música de ambiente.Los conciertos de Atrium Musicae se inscriben en el contexto de las actividades organizadas por la Fundación Atrio Cáceres, creada por José Polo y Toño Pérez, fundadores del hotel y restaurante Atrio, con tres estrellas Michelin, que ahora amplia sus actividades al Palacio Paredes Saavedra y Torre de Sande. Acciones abiertas al mantenimiento, conservación y restauración del patrimonio histórico, artístico y cultural de Extremadura se unen a los objetivos de fomento y promoción de proyectos relacionados con la formación en el campo del arte, la ciencia, la gastronomía y, de forma particularmente protagonista, la música.Se habla de la ‘ mejora de la calidad de vida de las personas y las comunidades ‘ y se elaboran iniciativas hacia la musicoterapia y sus efectos terapéuticos sobre el bienestar físico, emocional y cognitivo de los participantes; la introducción al mundo de la música clásica entre los adultos, mediante la apreciación musical y la práctica instrumental; y en paralelo el fomento de la creatividad y el interés por la música en niños de edad preescolar, permitiéndoles mejorar sus habilidades motoras. Cáceres, de la mano de la Fundación Atrio y con la música como herramienta, está construyendo un patrimonio inmaterial y poderoso, y que es tan identificable como el centro histórico de la ciudad, al que el Consejo de Europa otorgó en 1968 el título de tercer conjunto monumental de Europa y que, desde 1986, defiende su consideración de ciudad patrimonio de la humanidad. Antonio Moral , director artístico de Atrium Musicae, ha subrayado este año que una de las claves del festival es la fusión del patrimonio arquitectónico con la música.Noticia Relacionada ARQUITECTURA estandar Si Kengo Kuma le hinca el diente a la Gulbenkian Javier Rubio NomblotEntre los distintos conciertos de Atrium Musicae, cobra un sentido muy especial la experiencia sonora propuesta por el grupo Neopercusión, al que capitanea el infatigable Juanjo Guillem, y la Banda Sinfónica de la Diputación Provincial de Cáceres que dirige Antonio Luis Suárez, y en la que se integran instrumentistas dispuestos a darlo todo. Hay que situarse en las 23 horas y 40 minutos del 14 de abril de 1912, momento en el que el trasatlántico británico Titanic colisionó con un iceberg frente a la costa de Terranova . Sesenta años después, el compositor británico Gavin Bryars resumió en una las tres horas que duró el hundimiento tras asumir el testimonio del radiofonista Harold Bride, testigo de cómo los siete músicos de la Wallace Hartley Band siguieron tocando en popa el himno ‘ Nearer, My God, to Thee ‘, mientras cientos de personas gritaban y se lanzaban al mar. La llegada del atardecer sobre el previamente oscurecido y recogido Espacio de Creación Joven, la opresión de su bajo techo, la obsesiva presencia sonora del himno en medio de un fluir instrumental y percutivo minuciosamente abierto a mil imágenes, y, por supuesto, la concentración de un público absolutamente entregado, dieron el sentido final a este concierto cargado de autenticidad y emoción.En un contexto más ordenado, aunque no menos desenfadado por la naturaleza del espacio, se celebró el concierto del violonchelista Mario Brunello. El Museo Vostell Malpartida cumple cincuenta años de su creación , con sus instalaciones renovadas y más pulcras, pero manteniendo incólume esa curiosa fusión de vida y arte que propone el espíritu desinhibido del Fluxus. El calado musical no fue aquí menos dramático que en el anterior concierto, si se atiende a la presencia de la segunda sonata para violonchelo de Mieczyslaw Weinberg, cuya música sigue siendo un incontestable clamor personal frente a la atrocidad estalinista y soviética que el compositor sufrió tras haberse sobrepuesto al terror de la maquinaria de destrucción nazi que aniquiló a su familia. Brunello es un traductor indiscutible del sentido agónico de la obra, de la rebeldía de su discurso (que en un gesto involuntario vino a materializarse cuando, llevado por la intensidad del mensaje, dejó escapar el arco para capturarlo en el aire y continuar con la obra). El programa titulado ‘ Bach Fluxus IV ‘ insertó la obra de Weinberg entre las suites para violonchelo solo 3 y 1 de Bach, con el propósito de establecer un socorrido díptico temporal alimentado por el propio ambiente: el creado por las obras Fluxus, donadas por Gino Di Maggio, que rodeaban a Brunello y a todos los espectadores poniendo en discusión el cuestionamiento del papel crítico del artista en la sociedad de su tiempo, según quiso verlo el fundador del museo Wolf Vostell, frente a la música de quien disintió de la limitada y sospechosa producción cultural promocionada por el realismo socialista, que tanta basura dejó a su alrededor.Atrium Musicae ha propuesto este año otros ‘diálogos’ no menos sustanciosos. Llamó la atención de quienes estuvieron en el Gran Teatro de Córdoba el recital de Javier Perianes con un programa (también interpretado en Madrid diez días antes en el ciclo de la Fundación Scherzo) en el que varias obras de un muy juvenil Manuel de Falla se alternan con nocturnos, mazurcas, algún vals y la ‘ Berceuse, op. 57’ de Chopin. ‘Falla vs Chopin’ y ‘Falla vs Albéniz ‘ ya en la segunda parte centrada en las ‘Cuatro piezas españolas’ como anticipo a cuatro números de ‘Iberia’. Perianes es un habilidoso ‘jugador’ que sabe muy bien hasta qué punto la interpretación puede dar sentido a aquello que sobre el papel tiene relativa consistencia. Sobre Falla y Chopin se hizo un libro, editado por Luis Gago en 1999, y cuyas conclusiones fueron divagantes, más allá de los datos fehacientes sobre el proyecto fallido de la ópera ‘Fuego fatuo’, que el compositor de Cádiz nunca remató al margen de la fidelidad permanente a un compositor que representaba lo más puro del siglo romántico. Por entonces se trataba de ‘indagar zonas limítrofes’, según se decía en la introducción, es decir espacios arqueológicamente sospechosos a la búsqueda de las raíces que nutrieron la música de Falla. Perianes retoma ahora la idea y la reconstruye con la cartas marcadas. Falla y Chopin se unen en una misma intención estética porque ambos autores se presentan en el mismo plano de lo casi imperceptible, en pianísimo, sometidas a tiempos relajados más propios de una ensoñación que de una fiel reconstrucción. ‘ Falla vs Chopin ‘ es un proyecto que roza el silencio (y que el público de Cáceres escuchó con un respeto casi religioso) y que, bajo su disfraz de humildad, es profundamente sofisticado y artificial. El intérprete se impone al estilo, en un gesto de extremada excentricidad, y la técnica instrumental se solapa al argumento que queda en un segundo plano. Una lectura particularmente articulada y cubista de las ‘Piezas españolas’ y de ‘Iberia’ remató la sesión. También fue alguien original (bien es cierto que de manera muy distinta y en un momento en el que la tradición interpretativa imponía un discurso unitario), el pianista extremeño Esteban Sánchez con su grabación de la ‘Iberia’ de Albéniz. Perianes le dedicó la ‘Fantasía baetica’ fuera de programa, tocada con fuerza, decisión y un punto de desparpajo muy conveniente. Por entonces ya se había confirmado el innegociable éxito del concierto.Noticia Relacionada Música estandar No La Orquesta Joven de Andalucía celebra treinta años de vida con un gran concierto en el Maestranza Andrés González-Barba La cita será el próximo 1 de abril y se interpretará ‘La consagración de la primavera’, de Stravinsky, y el ‘Concierto para violín y orquesta’, de Beethoven, con el sevillano Javier Comesaña como solistaEl último testimonio de lo que este año ha sido Atrium Musicae recae sobre ‘una de las citas más esperadas del festival’ protagonizada por el coro El León de Oro que dirige Marco Antonio García de Paz, y Schola Antiqua de Juan Carlos Asensio, especialistas en canto gregoriano incluyendo variantes latinas monódicas y polifónicas. Avanzada la mañana del sábado, en la concatedral de Santa María, se escuchó el ‘Officium defunctorum’ de Tomás Luis de Victoria compuesto en 1605 para las exequias de María de Austria, hija mayor del emperador Carlos V. También aquí el fin y el cómo merecen una explicación a la espera de que algún día se proponga un verdadero debate sobre la interpretación de la polifonía española del Siglo de Oro, en línea con lo que, por ejemplo, ya se hizo hace tiempo con las obras corales de Bach sometidas a la revolucionaria tesis de Joshua Rifkin defensor de un intérprete por voz, en lugar de por un coro, es decir de varios cantantes por línea vocal. Si la discusión está pendiente, en lo que al repertorio español polifónico se refiere, es por la falta de competencia a la que lleva la escasez de intérpretes que defiendan esta música con calidad. Mientras sea así el ‘Officium defunctorum’ seguirá siendo una obra de envergadura, de naturaleza ácrona, con capacidad para calar al oyente, o así al menos ha sido en Cáceres, gracias a la intensidad del ensamblaje y la compacta expresividad con la que se traduce. Lo ha defendido bajo estos principios y con la solvencia del coro mixto asturiano en alternancia con la depurada propuesta del grupo gregoriano, a través de una versión que podría haber calado con más intensidad en el texto y en sus poderosas imágenes, pero que a cambio dejó una impresión de solidez evidente. Felipe Pedrell , editor y estudioso de Tomás Luis de Victoria en el paso al siglo xx, señaló de forma muy precisa lo que una música así significaba y no dudó en describir a su autor como ‘benefactor de la humanidad’. Lo escribió en un texto en el invocaba sus propias primeras impresiones musicales ante el coro de la ‘antiquísima catedral’ de Tortosa, un recuerdo que transformó su vida y su dedicación. La Fundación Atrio Cáceres trabaja en esa misma línea.
Dispuesto a convertirse en un referente musical en Extremadura, el festival cacereño Atrium Musicae ha presentado en 2026 su edición más ambiciosa. Tras cuatro años de rodaje y la comprobación de que existe un público con ganas de escuchar y descubrir, la programación prevista desde … el 28 de enero al 2 de febrero ha ampliado el número de conciertos, con respecto a la edición anterior, de diez a dieciséis, en la mayoría de los casos con acceso gratuito, ganando cinco espacios nuevos en la capital y en otros municipios de la comarca: Coria, Trujillo, Plasencia y Garrovillas de Alconétar. El éxito de Atrium Musicae es evidente a poco que se observen los aforos completos en el Gran Teatro de Cáceres, en la concatedral, en el Museo Vostell de Malpartida de Cáceres o en el novedoso Espacio de Creación Joven, en el que se recibe, a quien se inclina hacia lo experimental, con un refresco y música de ambiente.
Los conciertos de Atrium Musicae se inscriben en el contexto de las actividades organizadas por la Fundación Atrio Cáceres, creada por José Polo y Toño Pérez, fundadores del hotel y restaurante Atrio, con tres estrellas Michelin, que ahora amplia sus actividades al Palacio Paredes Saavedra y Torre de Sande. Acciones abiertas al mantenimiento, conservación y restauración del patrimonio histórico, artístico y cultural de Extremadura se unen a los objetivos de fomento y promoción de proyectos relacionados con la formación en el campo del arte, la ciencia, la gastronomía y, de forma particularmente protagonista, la música.
Se habla de la ‘mejora de la calidad de vida de las personas y las comunidades‘ y se elaboran iniciativas hacia la musicoterapia y sus efectos terapéuticos sobre el bienestar físico, emocional y cognitivo de los participantes; la introducción al mundo de la música clásica entre los adultos, mediante la apreciación musical y la práctica instrumental; y en paralelo el fomento de la creatividad y el interés por la música en niños de edad preescolar, permitiéndoles mejorar sus habilidades motoras. Cáceres, de la mano de la Fundación Atrio y con la música como herramienta, está construyendo un patrimonio inmaterial y poderoso, y que es tan identificable como el centro histórico de la ciudad, al que el Consejo de Europa otorgó en 1968 el título de tercer conjunto monumental de Europa y que, desde 1986, defiende su consideración de ciudad patrimonio de la humanidad. Antonio Moral, director artístico de Atrium Musicae, ha subrayado este año que una de las claves del festival es la fusión del patrimonio arquitectónico con la música.
Entre los distintos conciertos de Atrium Musicae, cobra un sentido muy especial la experiencia sonora propuesta por el grupo Neopercusión, al que capitanea el infatigable Juanjo Guillem, y la Banda Sinfónica de la Diputación Provincial de Cáceres que dirige Antonio Luis Suárez, y en la que se integran instrumentistas dispuestos a darlo todo. Hay que situarse en las 23 horas y 40 minutos del 14 de abril de 1912, momento en el que el trasatlántico británico Titanic colisionó con un iceberg frente a la costa de Terranova. Sesenta años después, el compositor británico Gavin Bryars resumió en una las tres horas que duró el hundimiento tras asumir el testimonio del radiofonista Harold Bride, testigo de cómo los siete músicos de la Wallace Hartley Band siguieron tocando en popa el himno ‘Nearer, My God, to Thee‘, mientras cientos de personas gritaban y se lanzaban al mar. La llegada del atardecer sobre el previamente oscurecido y recogido Espacio de Creación Joven, la opresión de su bajo techo, la obsesiva presencia sonora del himno en medio de un fluir instrumental y percutivo minuciosamente abierto a mil imágenes, y, por supuesto, la concentración de un público absolutamente entregado, dieron el sentido final a este concierto cargado de autenticidad y emoción.
En un contexto más ordenado, aunque no menos desenfadado por la naturaleza del espacio, se celebró el concierto del violonchelista Mario Brunello. El Museo Vostell Malpartida cumple cincuenta años de su creación, con sus instalaciones renovadas y más pulcras, pero manteniendo incólume esa curiosa fusión de vida y arte que propone el espíritu desinhibido del Fluxus. El calado musical no fue aquí menos dramático que en el anterior concierto, si se atiende a la presencia de la segunda sonata para violonchelo de Mieczyslaw Weinberg, cuya música sigue siendo un incontestable clamor personal frente a la atrocidad estalinista y soviética que el compositor sufrió tras haberse sobrepuesto al terror de la maquinaria de destrucción nazi que aniquiló a su familia. Brunello es un traductor indiscutible del sentido agónico de la obra, de la rebeldía de su discurso (que en un gesto involuntario vino a materializarse cuando, llevado por la intensidad del mensaje, dejó escapar el arco para capturarlo en el aire y continuar con la obra). El programa titulado ‘Bach Fluxus IV‘ insertó la obra de Weinberg entre las suites para violonchelo solo 3 y 1 de Bach, con el propósito de establecer un socorrido díptico temporal alimentado por el propio ambiente: el creado por las obras Fluxus, donadas por Gino Di Maggio, que rodeaban a Brunello y a todos los espectadores poniendo en discusión el cuestionamiento del papel crítico del artista en la sociedad de su tiempo, según quiso verlo el fundador del museo Wolf Vostell, frente a la música de quien disintió de la limitada y sospechosa producción cultural promocionada por el realismo socialista, que tanta basura dejó a su alrededor.
Atrium Musicae ha propuesto este año otros ‘diálogos’ no menos sustanciosos. Llamó la atención de quienes estuvieron en el Gran Teatro de Córdoba el recital de Javier Perianes con un programa (también interpretado en Madrid diez días antes en el ciclo de la Fundación Scherzo) en el que varias obras de un muy juvenil Manuel de Falla se alternan con nocturnos, mazurcas, algún vals y la ‘Berceuse, op. 57′ de Chopin. ‘Falla vs Chopin’ y ‘Falla vs Albéniz‘ ya en la segunda parte centrada en las ‘Cuatro piezas españolas’ como anticipo a cuatro números de ‘Iberia’. Perianes es un habilidoso ‘jugador’ que sabe muy bien hasta qué punto la interpretación puede dar sentido a aquello que sobre el papel tiene relativa consistencia. Sobre Falla y Chopin se hizo un libro, editado por Luis Gago en 1999, y cuyas conclusiones fueron divagantes, más allá de los datos fehacientes sobre el proyecto fallido de la ópera ‘Fuego fatuo’, que el compositor de Cádiz nunca remató al margen de la fidelidad permanente a un compositor que representaba lo más puro del siglo romántico. Por entonces se trataba de ‘indagar zonas limítrofes’, según se decía en la introducción, es decir espacios arqueológicamente sospechosos a la búsqueda de las raíces que nutrieron la música de Falla. Perianes retoma ahora la idea y la reconstruye con la cartas marcadas. Falla y Chopin se unen en una misma intención estética porque ambos autores se presentan en el mismo plano de lo casi imperceptible, en pianísimo, sometidas a tiempos relajados más propios de una ensoñación que de una fiel reconstrucción.
‘Falla vs Chopin‘ es un proyecto que roza el silencio (y que el público de Cáceres escuchó con un respeto casi religioso) y que, bajo su disfraz de humildad, es profundamente sofisticado y artificial. El intérprete se impone al estilo, en un gesto de extremada excentricidad, y la técnica instrumental se solapa al argumento que queda en un segundo plano. Una lectura particularmente articulada y cubista de las ‘Piezas españolas’ y de ‘Iberia’ remató la sesión. También fue alguien original (bien es cierto que de manera muy distinta y en un momento en el que la tradición interpretativa imponía un discurso unitario), el pianista extremeño Esteban Sánchez con su grabación de la ‘Iberia’ de Albéniz. Perianes le dedicó la ‘Fantasía baetica’ fuera de programa, tocada con fuerza, decisión y un punto de desparpajo muy conveniente. Por entonces ya se había confirmado el innegociable éxito del concierto.
El último testimonio de lo que este año ha sido Atrium Musicae recae sobre ‘una de las citas más esperadas del festival’ protagonizada por el coro El León de Oro que dirige Marco Antonio García de Paz, y Schola Antiqua de Juan Carlos Asensio, especialistas en canto gregoriano incluyendo variantes latinas monódicas y polifónicas. Avanzada la mañana del sábado, en la concatedral de Santa María, se escuchó el ‘Officium defunctorum’ de Tomás Luis de Victoria compuesto en 1605 para las exequias de María de Austria, hija mayor del emperador Carlos V. También aquí el fin y el cómo merecen una explicación a la espera de que algún día se proponga un verdadero debate sobre la interpretación de la polifonía española del Siglo de Oro, en línea con lo que, por ejemplo, ya se hizo hace tiempo con las obras corales de Bach sometidas a la revolucionaria tesis de Joshua Rifkin defensor de un intérprete por voz, en lugar de por un coro, es decir de varios cantantes por línea vocal. Si la discusión está pendiente, en lo que al repertorio español polifónico se refiere, es por la falta de competencia a la que lleva la escasez de intérpretes que defiendan esta música con calidad.
Mientras sea así el ‘Officium defunctorum’ seguirá siendo una obra de envergadura, de naturaleza ácrona, con capacidad para calar al oyente, o así al menos ha sido en Cáceres, gracias a la intensidad del ensamblaje y la compacta expresividad con la que se traduce. Lo ha defendido bajo estos principios y con la solvencia del coro mixto asturiano en alternancia con la depurada propuesta del grupo gregoriano, a través de una versión que podría haber calado con más intensidad en el texto y en sus poderosas imágenes, pero que a cambio dejó una impresión de solidez evidente. Felipe Pedrell, editor y estudioso de Tomás Luis de Victoria en el paso al siglo xx, señaló de forma muy precisa lo que una música así significaba y no dudó en describir a su autor como ‘benefactor de la humanidad’. Lo escribió en un texto en el invocaba sus propias primeras impresiones musicales ante el coro de la ‘antiquísima catedral’ de Tortosa, un recuerdo que transformó su vida y su dedicación. La Fundación Atrio Cáceres trabaja en esa misma línea.
Límite de sesiones alcanzadas
- El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a la vez. Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Volver a intentar
Has superado el límite de sesiones
- Sólo puedes tener tres sesiones iniciadas a la vez. Hemos cerrado la sesión más antigua para que sigas navegando sin límites en el resto.
Sigue navegando
Artículo solo para suscriptores
RSS de noticias de cultura
