Cadetes del ejército con su uniforme de gala, niños de la mano de madres con velo, adolescentes impacientes por sacar la mejor foto con su móvil, turistas en sandalias… una variopinta procesión de gentes venidas de aquí y de allá desfila por la sala estrella del Gran Museo Egipcio , entre un zigzag de pasillos acotados con cintas. Es día festivo en El Cairo. Egipto conmemora el inicio de la Revolución de 2011 y la flamante Cuarta Pirámide, como popularmente han llamado al nuevo museo de Giza, orgullo del presidente Abdelfatah el-Sisi, bulle de visitantes. Muchos se han acercado a ver el cartucho de Ramsés II en la base del único obelisco colgante del mundo, antes de cruzar el umbral y admirar el coloso de este poderoso faraón del Imperio Nuevo que recibe al público en el vestíbulo. Los más documentados han buscado el hueco por el que los rayos del sol se cuelan dos días al año para iluminar el rostro del monarca, como en Abu Simbel . Otros han caminado de espaldas para hacerse un selfi con él, hasta toparse con la valla de cristal que desde hace unos días impide que acaben cayendo al estanque que rodea a la estatua. Como en una nueva crecida del Nilo, han ascendido después en riadas por la cinta mecánica, observando la triada de Herishef y el resto de esculturas y sarcófagos que pueblan la escalinata de acceso. La mayoría, con un objetivo: ver de cerca la máscara de oro de Tutankamón. «Es la Mona Lisa nuestra, la Mona Lisa egipcia », afirma en perfecto español el guía local Mazher Bagat. El gentío que rodea a esta joya de unos 11 kilos de oro macizo se asemeja, y mucho, a las aglomeraciones del Louvre en torno a la Gioconda . En la sala, a media luz, la máscara que cubrió la momia del faraón niño brilla sobre un mar de móviles. Allí se entiende el porqué de su colocación a cierta altura. Sólo así puede ser fotografiada en la distancia por quienes declinan esperar la cola, abrumados por la multitud. Desde la inauguración del GEM el pasado noviembre, el museo recibe unas 15.000 personas diarias, aunque hay días en que superan los 18.000 visitantes.Noticia relacionada No No El Gran Museo Egipcio: la ‘cuarta pirámide’ deslumbra al mundo Fran Contreras«No sólo los turistas desean venir al GEM. Hay muchos egipcios que quieren ver la máscara de oro y conocer su historia y su civilización», afirma el guía egipcio, que está recibiendo llamadas telefónicas de muchos amigos y familiares que residen en otras provincias. «Esto no pasaba antes», asegura, a pesar de que la máscara de Tutankamón se ha exhibido durante años en el Museo Egipcio de El Cairo, situado en la céntrica plaza Tahrir. El trono, un sarcófago y la daga de Tutankamón AFPAhora se expone por primera vez junto a las más de 5.000 piezas del ajuar funerario del faraón de la dinastía XVIII que Howard Carter descubrió en su tumba hace un siglo. El fascinante rostro dorado es la meta de un recorrido que asciende desde las salas con las cuatro capillas y los ricos sarcófagos que alojaban la momia del rey, como en una muñeca rusa. Uno de los féretros, «de puro oro », como recuerda Mazher, también atrae a una nube de curiosos, que después admiran la colección de carros y sandalias, la daga ‘extraterrestre’ o el famoso trono dorado de Tutankamón. «La máscara de Tutankamón es la Mona Lisa nuestra, la Mona Lisa egipcia» Mazher Bagat Guía egipcioEsta exquisita pieza es una de las más relevantes del GEM, a juicio del afamado egiptólogo Zahi Hawass . Según destaca a ABC el exministro de Antigüedades, todo visitante debe detenerse ante « el trono de Tutankamón » y ante «el sacerdote Kai», una estatua de este importante personaje de la IV Dinastía con sus hijos que el propio Hawass halló en una tumba «al oeste de la pirámide de Keops» en 1992. Sus ojos, con bellas incrustaciones, recuerdan a los del escriba Mitri, otra ‘estrella’ del museo que, sentado con un rollo de papiro en su regazo, atrapa la mirada de los transeúntes. La barca solar de Keops, el escriba Mitri y la estatua de Hatshepsut JOSÉ CORRIENTELa atención de los más curiosos va saltando del mobiliario de la reina Hetepheres I, madre de Keops, a la estatua arrodillada de Hatshepsut, el sarcófago de diorita de Nesptah, la maqueta de arqueros nubios y soldados egipcios encontrada en una tumba de Asyut… Entre los cerca de 100.000 objetos expuestos hay donde elegir. Incluso para los egiptólogos, el nuevo museo depara sorpresas. El profesor de la Universidad Complutense José Ramón Pérez-Accino recuerda su alegría al descubrir una inscripción de la que suele hablar en sus clases y que nunca había llegado a ver de cerca. «De la autobiografía de Weni sólo se tenía una fotografía de hace casi un siglo», resalta.En algún momento de la visita, entendidos y profanos se asoman a los grandes ventanales para contemplar las pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos. Y antes o después, se encaminan hacia el edificio contiguo que alberga la gran barca solar de Keops , de 4.000 años de antigüedad. «No tiene ni un clavo, está hecha únicamente con madera del Líbano y cuerdas», advierte Mazher Bagat ante este navío de 43 metros de eslora que debía llevar al faraón al otro mundo. Se descubrió en 1954 a los pies de la Gran Pirámide, desmontado en más de mil piezas, y en su reconstrucción se emplearon más de diez años.Una barca solar en construcciónA su lado, acaba de comenzar el reensamblaje de una segunda embarcación funeraria, hallada en otra fosa, también junto a la única maravilla del mundo antiguo que aún perdura. Durante los próximos cuatro años, los visitantes del GEM podrán ver cómo se va completando este puzzle de unas 1.650 maderas, que se encontró en un estado extremadamente frágil. Su restauración a la vista del público suma un atractivo más al nuevo museo egipcio que, aún con sus deficiencias (hay quejas por la falta de cartelas informativas, por la disposición de las figuras en su escalinata, inaccesibles a personas con movilidad reducida, o por el protagonismo de los comercios que alberga), se está llevando de calle al turismo desde su esperada inauguración en noviembre.Museo Nacional de la Civilización Egipcia ABCSolo el Museo Nacional de la Civilización Egipcia (NMEC), abierto desde 2021, aguanta el tipo y hasta está creciendo en visitas, según señaló a este periódico el ministro de Turismo y Antigüedades de Egipto, Sherif Fathy , durante su estancia en Fitur. Hasta este moderno edificio de El Cairo, situado en el área histórica de Fustat, se acerca un goteo constante de personas el viernes festivo en que lo visita ABC. Concebido como un enorme mausoleo, alberga una cuidada selección de piezas que cuentan la historia del país, aunque su mayor reclamo descansa en su subsuelo, en las salas a media luz donde reposan veinte momias reales, entre ellas las de Ramsés II, Seti I o Hatshepsut, junto a sus sarcófagos. « Los faraones siguen prestando un servicio al pueblo egipcio », comenta con humor un español tras pagar la entrada. Al guía egipcio de la agencia Dunas Travel le resulta incomprensible la decisión del ministro Urtasun de no exponer personas momificadas en los museos españoles. «¿Por qué? Aquí se les respeta », dice antes de quedarse a las puertas de la sala de las momias. En ella no se permiten fotografías ni explicaciones de guías que rompan la atmósfera sepulcral que envuelve a los antiguos reyes de Egipto.Detalle de la tableta de Narmer, una sala vacía en el Museo Egipcio del Cairo y una de sus cartelas ABCEn el antiguo Museo Egipcio del Cairo (EMC) quedaron las momias de Yuya y Tuya, bisabuelos de Tutankamón. También el deslumbrante tesoro de Tanis, con la máscara de oro del faraón Psusennes I y su sarcófago de plata; la estela de Merenphat, con la referencia más antigua a Israel; o la famosa paleta de Narmer, entre otras miles de piezas de interés. Durante más de un siglo, este Museo de Antigüedades Egipcias se preció de albergar la mayor colección faraónica del mundo y los autobuses de turistas guardaban cola ante su entrada. Hoy, sin embargo, las agencias de viajes están empezando a suprimirlo de sus recorridos, que sí incluyen el NMEC y, por supuesto, el GEM, con o sin visita a las pirámides. Giza se ha convertido en el foco indiscutible de moda y se prevé que lo sea aún más cuando se termine la construcción de su estación de metro.El día de la visita de ABC, apenas unas decenas de visitantes recorren las abandonadas salas del antiguo museo. Algunas vitrinas muestran visibles huecos, otras se han quedado del todo vacías. Un hombre de mediana edad fotografía con interés un sepulcro en la sala central. Debe ser egiptólogo, porque ningún letrero indica que se trata del sarcófago de cuarcita rosa de Hatshepsut. Las decimonónicas cartelas que acompañan a otras piezas, con sus marcos antiguos de madera y sus escritos a máquina e incluso a mano, sobreviven al paso del tiempo. Quizá por ese aire a Historia y Arqueología que se respira en este museo, por su halo romántico o por los recuerdos que guardan de él, sigue siendo el favorito de los egiptólogos españoles. «A mí me gusta así», comenta Antonio Muñoz, con un comentario muy similar a otros escuchados a José Manuel Galán, Pérez-Accino o Inmaculada Vivas. El ministro Fathy señaló a ABC que están trabajando en la renovación del discurso museográfico y la imagen de esta institución centenaria. Los egiptólogos sólo esperan que los nuevos tiempos no borren su idiosincrasia, como hicieron algunos faraones con la memoria de sus predecesores. Y secundan a su colega Myriam Seco en que «tres son los museos de historia faraónica que son indispensables» : el GEM, el NMEC… y el emblemático Museo Egipcio del Cairo. Cadetes del ejército con su uniforme de gala, niños de la mano de madres con velo, adolescentes impacientes por sacar la mejor foto con su móvil, turistas en sandalias… una variopinta procesión de gentes venidas de aquí y de allá desfila por la sala estrella del Gran Museo Egipcio , entre un zigzag de pasillos acotados con cintas. Es día festivo en El Cairo. Egipto conmemora el inicio de la Revolución de 2011 y la flamante Cuarta Pirámide, como popularmente han llamado al nuevo museo de Giza, orgullo del presidente Abdelfatah el-Sisi, bulle de visitantes. Muchos se han acercado a ver el cartucho de Ramsés II en la base del único obelisco colgante del mundo, antes de cruzar el umbral y admirar el coloso de este poderoso faraón del Imperio Nuevo que recibe al público en el vestíbulo. Los más documentados han buscado el hueco por el que los rayos del sol se cuelan dos días al año para iluminar el rostro del monarca, como en Abu Simbel . Otros han caminado de espaldas para hacerse un selfi con él, hasta toparse con la valla de cristal que desde hace unos días impide que acaben cayendo al estanque que rodea a la estatua. Como en una nueva crecida del Nilo, han ascendido después en riadas por la cinta mecánica, observando la triada de Herishef y el resto de esculturas y sarcófagos que pueblan la escalinata de acceso. La mayoría, con un objetivo: ver de cerca la máscara de oro de Tutankamón. «Es la Mona Lisa nuestra, la Mona Lisa egipcia », afirma en perfecto español el guía local Mazher Bagat. El gentío que rodea a esta joya de unos 11 kilos de oro macizo se asemeja, y mucho, a las aglomeraciones del Louvre en torno a la Gioconda . En la sala, a media luz, la máscara que cubrió la momia del faraón niño brilla sobre un mar de móviles. Allí se entiende el porqué de su colocación a cierta altura. Sólo así puede ser fotografiada en la distancia por quienes declinan esperar la cola, abrumados por la multitud. Desde la inauguración del GEM el pasado noviembre, el museo recibe unas 15.000 personas diarias, aunque hay días en que superan los 18.000 visitantes.Noticia relacionada No No El Gran Museo Egipcio: la ‘cuarta pirámide’ deslumbra al mundo Fran Contreras«No sólo los turistas desean venir al GEM. Hay muchos egipcios que quieren ver la máscara de oro y conocer su historia y su civilización», afirma el guía egipcio, que está recibiendo llamadas telefónicas de muchos amigos y familiares que residen en otras provincias. «Esto no pasaba antes», asegura, a pesar de que la máscara de Tutankamón se ha exhibido durante años en el Museo Egipcio de El Cairo, situado en la céntrica plaza Tahrir. El trono, un sarcófago y la daga de Tutankamón AFPAhora se expone por primera vez junto a las más de 5.000 piezas del ajuar funerario del faraón de la dinastía XVIII que Howard Carter descubrió en su tumba hace un siglo. El fascinante rostro dorado es la meta de un recorrido que asciende desde las salas con las cuatro capillas y los ricos sarcófagos que alojaban la momia del rey, como en una muñeca rusa. Uno de los féretros, «de puro oro », como recuerda Mazher, también atrae a una nube de curiosos, que después admiran la colección de carros y sandalias, la daga ‘extraterrestre’ o el famoso trono dorado de Tutankamón. «La máscara de Tutankamón es la Mona Lisa nuestra, la Mona Lisa egipcia» Mazher Bagat Guía egipcioEsta exquisita pieza es una de las más relevantes del GEM, a juicio del afamado egiptólogo Zahi Hawass . Según destaca a ABC el exministro de Antigüedades, todo visitante debe detenerse ante « el trono de Tutankamón » y ante «el sacerdote Kai», una estatua de este importante personaje de la IV Dinastía con sus hijos que el propio Hawass halló en una tumba «al oeste de la pirámide de Keops» en 1992. Sus ojos, con bellas incrustaciones, recuerdan a los del escriba Mitri, otra ‘estrella’ del museo que, sentado con un rollo de papiro en su regazo, atrapa la mirada de los transeúntes. La barca solar de Keops, el escriba Mitri y la estatua de Hatshepsut JOSÉ CORRIENTELa atención de los más curiosos va saltando del mobiliario de la reina Hetepheres I, madre de Keops, a la estatua arrodillada de Hatshepsut, el sarcófago de diorita de Nesptah, la maqueta de arqueros nubios y soldados egipcios encontrada en una tumba de Asyut… Entre los cerca de 100.000 objetos expuestos hay donde elegir. Incluso para los egiptólogos, el nuevo museo depara sorpresas. El profesor de la Universidad Complutense José Ramón Pérez-Accino recuerda su alegría al descubrir una inscripción de la que suele hablar en sus clases y que nunca había llegado a ver de cerca. «De la autobiografía de Weni sólo se tenía una fotografía de hace casi un siglo», resalta.En algún momento de la visita, entendidos y profanos se asoman a los grandes ventanales para contemplar las pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos. Y antes o después, se encaminan hacia el edificio contiguo que alberga la gran barca solar de Keops , de 4.000 años de antigüedad. «No tiene ni un clavo, está hecha únicamente con madera del Líbano y cuerdas», advierte Mazher Bagat ante este navío de 43 metros de eslora que debía llevar al faraón al otro mundo. Se descubrió en 1954 a los pies de la Gran Pirámide, desmontado en más de mil piezas, y en su reconstrucción se emplearon más de diez años.Una barca solar en construcciónA su lado, acaba de comenzar el reensamblaje de una segunda embarcación funeraria, hallada en otra fosa, también junto a la única maravilla del mundo antiguo que aún perdura. Durante los próximos cuatro años, los visitantes del GEM podrán ver cómo se va completando este puzzle de unas 1.650 maderas, que se encontró en un estado extremadamente frágil. Su restauración a la vista del público suma un atractivo más al nuevo museo egipcio que, aún con sus deficiencias (hay quejas por la falta de cartelas informativas, por la disposición de las figuras en su escalinata, inaccesibles a personas con movilidad reducida, o por el protagonismo de los comercios que alberga), se está llevando de calle al turismo desde su esperada inauguración en noviembre.Museo Nacional de la Civilización Egipcia ABCSolo el Museo Nacional de la Civilización Egipcia (NMEC), abierto desde 2021, aguanta el tipo y hasta está creciendo en visitas, según señaló a este periódico el ministro de Turismo y Antigüedades de Egipto, Sherif Fathy , durante su estancia en Fitur. Hasta este moderno edificio de El Cairo, situado en el área histórica de Fustat, se acerca un goteo constante de personas el viernes festivo en que lo visita ABC. Concebido como un enorme mausoleo, alberga una cuidada selección de piezas que cuentan la historia del país, aunque su mayor reclamo descansa en su subsuelo, en las salas a media luz donde reposan veinte momias reales, entre ellas las de Ramsés II, Seti I o Hatshepsut, junto a sus sarcófagos. « Los faraones siguen prestando un servicio al pueblo egipcio », comenta con humor un español tras pagar la entrada. Al guía egipcio de la agencia Dunas Travel le resulta incomprensible la decisión del ministro Urtasun de no exponer personas momificadas en los museos españoles. «¿Por qué? Aquí se les respeta », dice antes de quedarse a las puertas de la sala de las momias. En ella no se permiten fotografías ni explicaciones de guías que rompan la atmósfera sepulcral que envuelve a los antiguos reyes de Egipto.Detalle de la tableta de Narmer, una sala vacía en el Museo Egipcio del Cairo y una de sus cartelas ABCEn el antiguo Museo Egipcio del Cairo (EMC) quedaron las momias de Yuya y Tuya, bisabuelos de Tutankamón. También el deslumbrante tesoro de Tanis, con la máscara de oro del faraón Psusennes I y su sarcófago de plata; la estela de Merenphat, con la referencia más antigua a Israel; o la famosa paleta de Narmer, entre otras miles de piezas de interés. Durante más de un siglo, este Museo de Antigüedades Egipcias se preció de albergar la mayor colección faraónica del mundo y los autobuses de turistas guardaban cola ante su entrada. Hoy, sin embargo, las agencias de viajes están empezando a suprimirlo de sus recorridos, que sí incluyen el NMEC y, por supuesto, el GEM, con o sin visita a las pirámides. Giza se ha convertido en el foco indiscutible de moda y se prevé que lo sea aún más cuando se termine la construcción de su estación de metro.El día de la visita de ABC, apenas unas decenas de visitantes recorren las abandonadas salas del antiguo museo. Algunas vitrinas muestran visibles huecos, otras se han quedado del todo vacías. Un hombre de mediana edad fotografía con interés un sepulcro en la sala central. Debe ser egiptólogo, porque ningún letrero indica que se trata del sarcófago de cuarcita rosa de Hatshepsut. Las decimonónicas cartelas que acompañan a otras piezas, con sus marcos antiguos de madera y sus escritos a máquina e incluso a mano, sobreviven al paso del tiempo. Quizá por ese aire a Historia y Arqueología que se respira en este museo, por su halo romántico o por los recuerdos que guardan de él, sigue siendo el favorito de los egiptólogos españoles. «A mí me gusta así», comenta Antonio Muñoz, con un comentario muy similar a otros escuchados a José Manuel Galán, Pérez-Accino o Inmaculada Vivas. El ministro Fathy señaló a ABC que están trabajando en la renovación del discurso museográfico y la imagen de esta institución centenaria. Los egiptólogos sólo esperan que los nuevos tiempos no borren su idiosincrasia, como hicieron algunos faraones con la memoria de sus predecesores. Y secundan a su colega Myriam Seco en que «tres son los museos de historia faraónica que son indispensables» : el GEM, el NMEC… y el emblemático Museo Egipcio del Cairo.
Cadetes del ejército con su uniforme de gala, niños de la mano de madres con velo, adolescentes impacientes por sacar la mejor foto con su móvil, turistas en sandalias… una variopinta procesión de gentes venidas de aquí y de allá desfila por la sala estrella … del Gran Museo Egipcio, entre un zigzag de pasillos acotados con cintas. Es día festivo en El Cairo. Egipto conmemora el inicio de la Revolución de 2011 y la flamante Cuarta Pirámide, como popularmente han llamado al nuevo museo de Giza, orgullo del presidente Abdelfatah el-Sisi, bulle de visitantes.
Muchos se han acercado a ver el cartucho de Ramsés II en la base del único obelisco colgante del mundo, antes de cruzar el umbral y admirar el coloso de este poderoso faraón del Imperio Nuevo que recibe al público en el vestíbulo. Los más documentados han buscado el hueco por el que los rayos del sol se cuelan dos días al año para iluminar el rostro del monarca, como en Abu Simbel. Otros han caminado de espaldas para hacerse un selfi con él, hasta toparse con la valla de cristal que desde hace unos días impide que acaben cayendo al estanque que rodea a la estatua. Como en una nueva crecida del Nilo, han ascendido después en riadas por la cinta mecánica, observando la triada de Herishef y el resto de esculturas y sarcófagos que pueblan la escalinata de acceso. La mayoría, con un objetivo: ver de cerca la máscara de oro de Tutankamón. «Es la Mona Lisa nuestra, la Mona Lisa egipcia», afirma en perfecto español el guía local Mazher Bagat.
El gentío que rodea a esta joya de unos 11 kilos de oro macizo se asemeja, y mucho, a las aglomeraciones del Louvre en torno a la Gioconda. En la sala, a media luz, la máscara que cubrió la momia del faraón niño brilla sobre un mar de móviles. Allí se entiende el porqué de su colocación a cierta altura. Sólo así puede ser fotografiada en la distancia por quienes declinan esperar la cola, abrumados por la multitud. Desde la inauguración del GEM el pasado noviembre, el museo recibe unas 15.000 personas diarias, aunque hay días en que superan los 18.000 visitantes.
«No sólo los turistas desean venir al GEM. Hay muchos egipcios que quieren ver la máscara de oro y conocer su historia y su civilización», afirma el guía egipcio, que está recibiendo llamadas telefónicas de muchos amigos y familiares que residen en otras provincias. «Esto no pasaba antes», asegura, a pesar de que la máscara de Tutankamón se ha exhibido durante años en el Museo Egipcio de El Cairo, situado en la céntrica plaza Tahrir.
(AFP)
Ahora se expone por primera vez junto a las más de 5.000 piezas del ajuar funerario del faraón de la dinastía XVIII que Howard Carter descubrió en su tumba hace un siglo. El fascinante rostro dorado es la meta de un recorrido que asciende desde las salas con las cuatro capillas y los ricos sarcófagos que alojaban la momia del rey, como en una muñeca rusa. Uno de los féretros, «de puro oro», como recuerda Mazher, también atrae a una nube de curiosos, que después admiran la colección de carros y sandalias, la daga ‘extraterrestre’ o el famoso trono dorado de Tutankamón.
«La máscara de Tutankamón es la Mona Lisa nuestra, la Mona Lisa egipcia»
Mazher Bagat
Guía egipcio
Esta exquisita pieza es una de las más relevantes del GEM, a juicio del afamado egiptólogo Zahi Hawass. Según destaca a ABC el exministro de Antigüedades, todo visitante debe detenerse ante «el trono de Tutankamón» y ante «el sacerdote Kai», una estatua de este importante personaje de la IV Dinastía con sus hijos que el propio Hawass halló en una tumba «al oeste de la pirámide de Keops» en 1992. Sus ojos, con bellas incrustaciones, recuerdan a los del escriba Mitri, otra ‘estrella’ del museo que, sentado con un rollo de papiro en su regazo, atrapa la mirada de los transeúntes.
(JOSÉ CORRIENTE)
La atención de los más curiosos va saltando del mobiliario de la reina Hetepheres I, madre de Keops, a la estatua arrodillada de Hatshepsut, el sarcófago de diorita de Nesptah, la maqueta de arqueros nubios y soldados egipcios encontrada en una tumba de Asyut… Entre los cerca de 100.000 objetos expuestos hay donde elegir. Incluso para los egiptólogos, el nuevo museo depara sorpresas. El profesor de la Universidad Complutense José Ramón Pérez-Accino recuerda su alegría al descubrir una inscripción de la que suele hablar en sus clases y que nunca había llegado a ver de cerca. «De la autobiografía de Weni sólo se tenía una fotografía de hace casi un siglo», resalta.
En algún momento de la visita, entendidos y profanos se asoman a los grandes ventanales para contemplar las pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos. Y antes o después, se encaminan hacia el edificio contiguo que alberga la gran barca solar de Keops, de 4.000 años de antigüedad. «No tiene ni un clavo, está hecha únicamente con madera del Líbano y cuerdas», advierte Mazher Bagat ante este navío de 43 metros de eslora que debía llevar al faraón al otro mundo. Se descubrió en 1954 a los pies de la Gran Pirámide, desmontado en más de mil piezas, y en su reconstrucción se emplearon más de diez años.
Una barca solar en construcción
A su lado, acaba de comenzar el reensamblaje de una segunda embarcación funeraria, hallada en otra fosa, también junto a la única maravilla del mundo antiguo que aún perdura. Durante los próximos cuatro años, los visitantes del GEM podrán ver cómo se va completando este puzzle de unas 1.650 maderas, que se encontró en un estado extremadamente frágil. Su restauración a la vista del público suma un atractivo más al nuevo museo egipcio que, aún con sus deficiencias (hay quejas por la falta de cartelas informativas, por la disposición de las figuras en su escalinata, inaccesibles a personas con movilidad reducida, o por el protagonismo de los comercios que alberga), se está llevando de calle al turismo desde su esperada inauguración en noviembre.

(ABC)
Solo el Museo Nacional de la Civilización Egipcia (NMEC), abierto desde 2021, aguanta el tipo y hasta está creciendo en visitas, según señaló a este periódico el ministro de Turismo y Antigüedades de Egipto, Sherif Fathy, durante su estancia en Fitur. Hasta este moderno edificio de El Cairo, situado en el área histórica de Fustat, se acerca un goteo constante de personas el viernes festivo en que lo visita ABC. Concebido como un enorme mausoleo, alberga una cuidada selección de piezas que cuentan la historia del país, aunque su mayor reclamo descansa en su subsuelo, en las salas a media luz donde reposan veinte momias reales, entre ellas las de Ramsés II, Seti I o Hatshepsut, junto a sus sarcófagos. «Los faraones siguen prestando un servicio al pueblo egipcio», comenta con humor un español tras pagar la entrada.
Al guía egipcio de la agencia Dunas Travel le resulta incomprensible la decisión del ministro Urtasun de no exponer personas momificadas en los museos españoles. «¿Por qué? Aquí se les respeta», dice antes de quedarse a las puertas de la sala de las momias. En ella no se permiten fotografías ni explicaciones de guías que rompan la atmósfera sepulcral que envuelve a los antiguos reyes de Egipto.
(ABC)
En el antiguo Museo Egipcio del Cairo (EMC) quedaron las momias de Yuya y Tuya, bisabuelos de Tutankamón. También el deslumbrante tesoro de Tanis, con la máscara de oro del faraón Psusennes I y su sarcófago de plata; la estela de Merenphat, con la referencia más antigua a Israel; o la famosa paleta de Narmer, entre otras miles de piezas de interés. Durante más de un siglo, este Museo de Antigüedades Egipcias se preció de albergar la mayor colección faraónica del mundo y los autobuses de turistas guardaban cola ante su entrada. Hoy, sin embargo, las agencias de viajes están empezando a suprimirlo de sus recorridos, que sí incluyen el NMEC y, por supuesto, el GEM, con o sin visita a las pirámides. Giza se ha convertido en el foco indiscutible de moda y se prevé que lo sea aún más cuando se termine la construcción de su estación de metro.
El día de la visita de ABC, apenas unas decenas de visitantes recorren las abandonadas salas del antiguo museo. Algunas vitrinas muestran visibles huecos, otras se han quedado del todo vacías. Un hombre de mediana edad fotografía con interés un sepulcro en la sala central. Debe ser egiptólogo, porque ningún letrero indica que se trata del sarcófago de cuarcita rosa de Hatshepsut. Las decimonónicas cartelas que acompañan a otras piezas, con sus marcos antiguos de madera y sus escritos a máquina e incluso a mano, sobreviven al paso del tiempo. Quizá por ese aire a Historia y Arqueología que se respira en este museo, por su halo romántico o por los recuerdos que guardan de él, sigue siendo el favorito de los egiptólogos españoles. «A mí me gusta así», comenta Antonio Muñoz, con un comentario muy similar a otros escuchados a José Manuel Galán, Pérez-Accino o Inmaculada Vivas. El ministro Fathy señaló a ABC que están trabajando en la renovación del discurso museográfico y la imagen de esta institución centenaria. Los egiptólogos sólo esperan que los nuevos tiempos no borren su idiosincrasia, como hicieron algunos faraones con la memoria de sus predecesores. Y secundan a su colega Myriam Seco en que «tres son los museos de historia faraónica que son indispensables»: el GEM, el NMEC… y el emblemático Museo Egipcio del Cairo.
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