Final de la quinta entrega del Benidorm Fest . Se celebraba en San Valentín, pero lo que se vivió anoche fue la consagración de una ruptura tras otra: la del propio festival con el de Eurovisión, cuyos ganadores, la dupla conformada por Tony Grox & LucyCalys , no tendrán que representarnos (por suerte para nosotros) en Europa; la de Javier Ambrossi con Javier Calvo, recordándonos todo el rato «el momento vital» en que está este último ahora (él es ahora ‘zorra’ y no precisamente de postal); de María León y Julia Medina, participantes, entonando una oda a las divorciadas empoderadas, Kitai asumiendo que ‘el amor nos da miedo’ o Los Quinquis repitiendo una y otra vez que no les queremos…Televisión Española se jugaba mucho (hasta cuatro millones de euros) y hay que reconocerle que preparó un espectáculo televisivo más que otra cosa, con canciones olvidables en una semana pero más cuidado que en los cuatro años anteriores, al que, sin embargo, le faltó también ‘amor’, por no llamarle ‘alma’, frío en ejecución y a trompicones. Un formato más o menos compacto en las entradas musicales, en el que se solucionaron por fin los problemas de sonido y con propuestas escenográficas cuquis, pero al que se le veían los dobleces, las rupturas de ritmo e imposibilidad de emoción con esas cortinillas que precedían a las actuaciones y en las que los cantantes «leían» sin sentimiento sus alocuciones, las chusqueras intervenciones de los presentadores o la sucesión de telepromociones como la de Paula Vázquez y su programa de bollos, como si estuviéramos en ‘First Dates’.Hasta cuatro maestros de ceremonias a falta de uno tuvo el evento, que iniciaron la gala chillando a los 3.000 asistentes al Palau d’Esports L’Illa como si fueran 300.000: Jesús Vázquez, encantado con su salto tardío a la tele pública (ya está en edad, de hecho, de presentar ‘Cine de barrio’); el mencionado Ambrossi, que por fin dio con la talla exacta de americana; Inés Hernand, que sigue pensando que el ente público es prolongación del salón de su casa, y LalaChus, que desde el comienzo dejó claro que lo suyo eran los «troncos locos». Así, por ejemplo, perdió la oportunidad RTVE de iniciar el asunto con el numerazo que se marcaba Melody como ganadora del año anterior. Una artista que cada vez que habla sube el pan y que se veía que optaba por contar hasta diez antes de responder. Se prefirió, sin embargo, anteponer un absurdo selfie de los ‘cuatro magníficos’ para enviárselo a la madre de LalaChus, como el que se manda a los progenitores para que se vayan tranquilos a la cama mientras el vástago la lía parda una noche de sábado. Bien habríamos hecho más de un espectador de haber seguido el ejemplo ante algunas ocurrencias posteriores. El Benidorm Fest de este año no encajó entre los espectadores. Al no tener el respaldo de Eurovisión detrás ha supuesto un duro golpe para las audiencias. La gran final hizo estragos y cayó un 5% respecto a la del año anterior: 17,1% de share frente al 12,1% de esta edición, pasando de 1.938.000 espectadores de media en 2025 a los 1.085.000 de este sábado. Un fiasco.Sorprende el ‘adanismo’ con el que la generación Z cree que ha inventado el Festival de BenidormPero había que escribir esta crónica y así se fueron sucediendo las doce entradas a concurso, que desde casa se hicieron como si fueras las 25 del Eurofestival. Arrancó Mayo, el furor de los centennials, sobre todo de los amamantados a los pechos del OT de Amazon, con su oda a la contaminante industria de la moda, que sustituía la montaña de basura de los ‘Fraggel Rock’ por una de vaqueros usados. Más coreografía que voz en lo suyo. Siguió Kitai, y el rock de coctelera. Cuando terminaron de actuar habíamos visto ya más pechos que actuaciones en el BF. Y quedaba alguno por venir. Tomó entonces el relevo ‘Tarta de fresa’ Asha, la entrada perfecta para los asistentes al auditorio para ir al baño, puesto que su estupefacción turística (así ‘la dejaron’ cuando ‘la dejaron’) se desarrollaba dentro de un bus (limón, nos dijeron) lo que impedía verla desde fuera. Nos ‘bailó’ luego Dani J, que se bajó del andamio como Busta para cantarnos una bachata. Si cupiera la posibilidad de poner a engendrar a Romeo Santos con Pablo Alborán nos saldría él. Los Quinquis, que son una «Stranger Thing», iniciaron la senda del flamenquito canalla poniéndose literalmente como una moto. Chandal en prime time. A Izan Llunas, el primer nepo-baby sobreviviente de las semifinales, le protegieron con una medusa de tules sobre la cabeza que pronto se estudiará en ‘Cuarto Milenio’. Aquí las demandas como panes tenían que haberle empezado a caer a Sergio León como director artístico por el agravio comparativo entre las puestas en escena de la primera y la segunda semifinal.¿Cansados? Pues queda la mitad. Mikel Herzog Jr. nos regaló la única balada, ‘Mi mitad’, y se partió literalmente en la salida en los brazos de Hernand, que recibía a todos los cantantes tras la actuación con una familiaridad como si fueran sus primos de Cuenca. María León y Julia Medina se empoderaron tras él vestidas de majorettes. Lástima que el crucero patrocinador (que por cierto hace viajes a Israel) no diera premios animando las noches en sus barcos, porque ellas lo iban a bordar. Rondel Oro y Rondel Verde. Poco después, Rosalinda Galán, la cantante más profesional con diferencia de todo el elenco, una especie de Blanca Paloma pero electrónica y estroboscópica. Lo suyo seguramente nació durante el apagón.Kenneth, pirotecnia en mano, prometía «buena comida» (ejem) y «calor de hogar» (ejem, ejem). Miranda y Bailamamá no se veían llegando muy lejos, que ni desenfundaron el colchón de su escenografía. Alguien no debió decirles que el grito tirolés estaba bien pero que al final no íbamos a Viena. Los últimos, los ganadores, renovadores del idioma, con su ‘T Amaré’ que sonaba todo el rato como una única palabra (‘tamaré’, futuro del verbo ‘tamar’, primera conjugación), sobre una fuente sin agua, la única en un país arrasada por las borrascas. Entre medias, como les digo, el trofeo de la sirenita llegando por AliExpress, Vázquez uniéndose a la lista de viejas glorias de las semis (Paloma San Basilio y Luz Casal) y haciéndolo, contra todo pronóstico, mucho mejor que ellas (no era difícil), o la ‘divertida’ y jartible LalaChus trabándose tres veces leyendo un teleprompter y 200 más improvisando ante el retraso de una de las candidaturas en entrar. Llegarían después otras actuaciones para hacer tiempo con los votos, antiguos participantes del Benidorm: que si Nebulossa con la teta palestina; Agoney agonizando; Jorge González todavía de calentón; Almacor, que volvió a salir del pueblo; Vicco, que, como todos, se versionó a sí misma… Y un final ‘épico’ con todos cantando el ‘Eres tú’ de Mocedades como si fuera nuestro nuevo ‘Imagine’ y la forma de decirle a Eurovisión que no le guardamos rencor. Sorprende el ‘adanismo’ con el que la generación Z cree que ha inventado el Festival de Benidorm y oportunidad perdida de interpretar la canción que alzó con el premio a Pablo Motos en 1993. Tiempo de los votos: el jurado profesional que no estaba tan hermético ni insonorizando, escuchando los abucheos cuando se carga a Kenneth y aúpa arriba a la ‘naturista’ de Asha, a la que le dieron el premio Spoty para que se vaya a grabar a Estocolmo como una turista. Ella, «una persona que viene del mundo» (sic, que lo dijo su ‘entregadora’). Nuevo bajonazo para que cante Chanel, pero contorneándose poco (se encendieron las alarmas en redes por si era el corsé acolchado o un embarazo). Repuestos, el ‘voto demoscópico’, eso que votaría la señora de Bildu o el jovenzuelo de ERC, no sin dificultad en un año en el que, por jugarnos 150.000 euros, a nadie le ha dado por defender localismos ni lenguas milenarias. Todos en perfectísimo castellano y sus ‘derivaciones’. La verdad es que preferiríamos más una conexión con cada Comunidad Autónoma votando cada delegación de RTVE: «Conectamos con Castilla-La Mancha». Pero esto es lo que hay. Premio Univisión para grabar en Miami y dar la tabarra por sus televisiones para los ‘tamaristas’. Una pena que no haya un Premio TeleMundo y verlos cantar en el ‘Caso Cerrado’ de la doctora Ana María Polo. El voto popular se decanta también por ellos dejando un año más con el culo al aire a ‘los profesionales’. La muchacha es incapaz de repetir la canción sobre el escenario. Le puede ‘la emosión’. ¡Estudios, amiga! Como eurofan, respiro aliviado: menos mal que no nos representa. Le deseo mucho éxito a Tony Gros y LucyCalys en Miami. Tanto, que no tengan que volver. Por lo que sea, el BF volverá el año que viene, con o sin Eurofestival. Final de la quinta entrega del Benidorm Fest . Se celebraba en San Valentín, pero lo que se vivió anoche fue la consagración de una ruptura tras otra: la del propio festival con el de Eurovisión, cuyos ganadores, la dupla conformada por Tony Grox & LucyCalys , no tendrán que representarnos (por suerte para nosotros) en Europa; la de Javier Ambrossi con Javier Calvo, recordándonos todo el rato «el momento vital» en que está este último ahora (él es ahora ‘zorra’ y no precisamente de postal); de María León y Julia Medina, participantes, entonando una oda a las divorciadas empoderadas, Kitai asumiendo que ‘el amor nos da miedo’ o Los Quinquis repitiendo una y otra vez que no les queremos…Televisión Española se jugaba mucho (hasta cuatro millones de euros) y hay que reconocerle que preparó un espectáculo televisivo más que otra cosa, con canciones olvidables en una semana pero más cuidado que en los cuatro años anteriores, al que, sin embargo, le faltó también ‘amor’, por no llamarle ‘alma’, frío en ejecución y a trompicones. Un formato más o menos compacto en las entradas musicales, en el que se solucionaron por fin los problemas de sonido y con propuestas escenográficas cuquis, pero al que se le veían los dobleces, las rupturas de ritmo e imposibilidad de emoción con esas cortinillas que precedían a las actuaciones y en las que los cantantes «leían» sin sentimiento sus alocuciones, las chusqueras intervenciones de los presentadores o la sucesión de telepromociones como la de Paula Vázquez y su programa de bollos, como si estuviéramos en ‘First Dates’.Hasta cuatro maestros de ceremonias a falta de uno tuvo el evento, que iniciaron la gala chillando a los 3.000 asistentes al Palau d’Esports L’Illa como si fueran 300.000: Jesús Vázquez, encantado con su salto tardío a la tele pública (ya está en edad, de hecho, de presentar ‘Cine de barrio’); el mencionado Ambrossi, que por fin dio con la talla exacta de americana; Inés Hernand, que sigue pensando que el ente público es prolongación del salón de su casa, y LalaChus, que desde el comienzo dejó claro que lo suyo eran los «troncos locos». Así, por ejemplo, perdió la oportunidad RTVE de iniciar el asunto con el numerazo que se marcaba Melody como ganadora del año anterior. Una artista que cada vez que habla sube el pan y que se veía que optaba por contar hasta diez antes de responder. Se prefirió, sin embargo, anteponer un absurdo selfie de los ‘cuatro magníficos’ para enviárselo a la madre de LalaChus, como el que se manda a los progenitores para que se vayan tranquilos a la cama mientras el vástago la lía parda una noche de sábado. Bien habríamos hecho más de un espectador de haber seguido el ejemplo ante algunas ocurrencias posteriores. El Benidorm Fest de este año no encajó entre los espectadores. Al no tener el respaldo de Eurovisión detrás ha supuesto un duro golpe para las audiencias. La gran final hizo estragos y cayó un 5% respecto a la del año anterior: 17,1% de share frente al 12,1% de esta edición, pasando de 1.938.000 espectadores de media en 2025 a los 1.085.000 de este sábado. Un fiasco.Sorprende el ‘adanismo’ con el que la generación Z cree que ha inventado el Festival de BenidormPero había que escribir esta crónica y así se fueron sucediendo las doce entradas a concurso, que desde casa se hicieron como si fueras las 25 del Eurofestival. Arrancó Mayo, el furor de los centennials, sobre todo de los amamantados a los pechos del OT de Amazon, con su oda a la contaminante industria de la moda, que sustituía la montaña de basura de los ‘Fraggel Rock’ por una de vaqueros usados. Más coreografía que voz en lo suyo. Siguió Kitai, y el rock de coctelera. Cuando terminaron de actuar habíamos visto ya más pechos que actuaciones en el BF. Y quedaba alguno por venir. Tomó entonces el relevo ‘Tarta de fresa’ Asha, la entrada perfecta para los asistentes al auditorio para ir al baño, puesto que su estupefacción turística (así ‘la dejaron’ cuando ‘la dejaron’) se desarrollaba dentro de un bus (limón, nos dijeron) lo que impedía verla desde fuera. Nos ‘bailó’ luego Dani J, que se bajó del andamio como Busta para cantarnos una bachata. Si cupiera la posibilidad de poner a engendrar a Romeo Santos con Pablo Alborán nos saldría él. Los Quinquis, que son una «Stranger Thing», iniciaron la senda del flamenquito canalla poniéndose literalmente como una moto. Chandal en prime time. A Izan Llunas, el primer nepo-baby sobreviviente de las semifinales, le protegieron con una medusa de tules sobre la cabeza que pronto se estudiará en ‘Cuarto Milenio’. Aquí las demandas como panes tenían que haberle empezado a caer a Sergio León como director artístico por el agravio comparativo entre las puestas en escena de la primera y la segunda semifinal.¿Cansados? Pues queda la mitad. Mikel Herzog Jr. nos regaló la única balada, ‘Mi mitad’, y se partió literalmente en la salida en los brazos de Hernand, que recibía a todos los cantantes tras la actuación con una familiaridad como si fueran sus primos de Cuenca. María León y Julia Medina se empoderaron tras él vestidas de majorettes. Lástima que el crucero patrocinador (que por cierto hace viajes a Israel) no diera premios animando las noches en sus barcos, porque ellas lo iban a bordar. Rondel Oro y Rondel Verde. Poco después, Rosalinda Galán, la cantante más profesional con diferencia de todo el elenco, una especie de Blanca Paloma pero electrónica y estroboscópica. Lo suyo seguramente nació durante el apagón.Kenneth, pirotecnia en mano, prometía «buena comida» (ejem) y «calor de hogar» (ejem, ejem). Miranda y Bailamamá no se veían llegando muy lejos, que ni desenfundaron el colchón de su escenografía. Alguien no debió decirles que el grito tirolés estaba bien pero que al final no íbamos a Viena. Los últimos, los ganadores, renovadores del idioma, con su ‘T Amaré’ que sonaba todo el rato como una única palabra (‘tamaré’, futuro del verbo ‘tamar’, primera conjugación), sobre una fuente sin agua, la única en un país arrasada por las borrascas. Entre medias, como les digo, el trofeo de la sirenita llegando por AliExpress, Vázquez uniéndose a la lista de viejas glorias de las semis (Paloma San Basilio y Luz Casal) y haciéndolo, contra todo pronóstico, mucho mejor que ellas (no era difícil), o la ‘divertida’ y jartible LalaChus trabándose tres veces leyendo un teleprompter y 200 más improvisando ante el retraso de una de las candidaturas en entrar. Llegarían después otras actuaciones para hacer tiempo con los votos, antiguos participantes del Benidorm: que si Nebulossa con la teta palestina; Agoney agonizando; Jorge González todavía de calentón; Almacor, que volvió a salir del pueblo; Vicco, que, como todos, se versionó a sí misma… Y un final ‘épico’ con todos cantando el ‘Eres tú’ de Mocedades como si fuera nuestro nuevo ‘Imagine’ y la forma de decirle a Eurovisión que no le guardamos rencor. Sorprende el ‘adanismo’ con el que la generación Z cree que ha inventado el Festival de Benidorm y oportunidad perdida de interpretar la canción que alzó con el premio a Pablo Motos en 1993. Tiempo de los votos: el jurado profesional que no estaba tan hermético ni insonorizando, escuchando los abucheos cuando se carga a Kenneth y aúpa arriba a la ‘naturista’ de Asha, a la que le dieron el premio Spoty para que se vaya a grabar a Estocolmo como una turista. Ella, «una persona que viene del mundo» (sic, que lo dijo su ‘entregadora’). Nuevo bajonazo para que cante Chanel, pero contorneándose poco (se encendieron las alarmas en redes por si era el corsé acolchado o un embarazo). Repuestos, el ‘voto demoscópico’, eso que votaría la señora de Bildu o el jovenzuelo de ERC, no sin dificultad en un año en el que, por jugarnos 150.000 euros, a nadie le ha dado por defender localismos ni lenguas milenarias. Todos en perfectísimo castellano y sus ‘derivaciones’. La verdad es que preferiríamos más una conexión con cada Comunidad Autónoma votando cada delegación de RTVE: «Conectamos con Castilla-La Mancha». Pero esto es lo que hay. Premio Univisión para grabar en Miami y dar la tabarra por sus televisiones para los ‘tamaristas’. Una pena que no haya un Premio TeleMundo y verlos cantar en el ‘Caso Cerrado’ de la doctora Ana María Polo. El voto popular se decanta también por ellos dejando un año más con el culo al aire a ‘los profesionales’. La muchacha es incapaz de repetir la canción sobre el escenario. Le puede ‘la emosión’. ¡Estudios, amiga! Como eurofan, respiro aliviado: menos mal que no nos representa. Le deseo mucho éxito a Tony Gros y LucyCalys en Miami. Tanto, que no tengan que volver. Por lo que sea, el BF volverá el año que viene, con o sin Eurofestival.
Final de la quinta entrega del Benidorm Fest. Se celebraba en San Valentín, pero lo que se vivió anoche fue la consagración de una ruptura tras otra: la del propio festival con el de Eurovisión, cuyos ganadores, la dupla conformada por Tony Grox & LucyCalys … , no tendrán que representarnos (por suerte para nosotros) en Europa; la de Javier Ambrossi con Javier Calvo, recordándonos todo el rato «el momento vital» en que está este último ahora (él es ahora ‘zorra’ y no precisamente de postal); de María León y Julia Medina, participantes, entonando una oda a las divorciadas empoderadas, Kitai asumiendo que ‘el amor nos da miedo’ o Los Quinquis repitiendo una y otra vez que no les queremos…
Televisión Española se jugaba mucho (hasta cuatro millones de euros) y hay que reconocerle que preparó un espectáculo televisivo más que otra cosa, con canciones olvidables en una semana pero más cuidado que en los cuatro años anteriores, al que, sin embargo, le faltó también ‘amor’, por no llamarle ‘alma’, frío en ejecución y a trompicones.
Un formato más o menos compacto en las entradas musicales, en el que se solucionaron por fin los problemas de sonido y con propuestas escenográficas cuquis, pero al que se le veían los dobleces, las rupturas de ritmo e imposibilidad de emoción con esas cortinillas que precedían a las actuaciones y en las que los cantantes «leían» sin sentimiento sus alocuciones, las chusqueras intervenciones de los presentadores o la sucesión de telepromociones como la de Paula Vázquez y su programa de bollos, como si estuviéramos en ‘First Dates’.
Hasta cuatro maestros de ceremonias a falta de uno tuvo el evento, que iniciaron la gala chillando a los 3.000 asistentes al Palau d’Esports L’Illa como si fueran 300.000: Jesús Vázquez, encantado con su salto tardío a la tele pública (ya está en edad, de hecho, de presentar ‘Cine de barrio’); el mencionado Ambrossi, que por fin dio con la talla exacta de americana; Inés Hernand, que sigue pensando que el ente público es prolongación del salón de su casa, y LalaChus, que desde el comienzo dejó claro que lo suyo eran los «troncos locos».
Así, por ejemplo, perdió la oportunidad RTVE de iniciar el asunto con el numerazo que se marcaba Melody como ganadora del año anterior. Una artista que cada vez que habla sube el pan y que se veía que optaba por contar hasta diez antes de responder. Se prefirió, sin embargo, anteponer un absurdo selfie de los ‘cuatro magníficos’ para enviárselo a la madre de LalaChus, como el que se manda a los progenitores para que se vayan tranquilos a la cama mientras el vástago la lía parda una noche de sábado. Bien habríamos hecho más de un espectador de haber seguido el ejemplo ante algunas ocurrencias posteriores.
El Benidorm Fest de este año no encajó entre los espectadores. Al no tener el respaldo de Eurovisión detrás ha supuesto un duro golpe para las audiencias. La gran final hizo estragos y cayó un 5% respecto a la del año anterior: 17,1% de share frente al 12,1% de esta edición, pasando de 1.938.000 espectadores de media en 2025 a los 1.085.000 de este sábado. Un fiasco.
Sorprende el ‘adanismo’ con el que la generación Z cree que ha inventado el Festival de Benidorm
Pero había que escribir esta crónica y así se fueron sucediendo las doce entradas a concurso, que desde casa se hicieron como si fueras las 25 del Eurofestival. Arrancó Mayo, el furor de los centennials, sobre todo de los amamantados a los pechos del OT de Amazon, con su oda a la contaminante industria de la moda, que sustituía la montaña de basura de los ‘Fraggel Rock’ por una de vaqueros usados. Más coreografía que voz en lo suyo. Siguió Kitai, y el rock de coctelera. Cuando terminaron de actuar habíamos visto ya más pechos que actuaciones en el BF. Y quedaba alguno por venir. Tomó entonces el relevo ‘Tarta de fresa’ Asha, la entrada perfecta para los asistentes al auditorio para ir al baño, puesto que su estupefacción turística (así ‘la dejaron’ cuando ‘la dejaron’) se desarrollaba dentro de un bus (limón, nos dijeron) lo que impedía verla desde fuera.
Nos ‘bailó’ luego Dani J, que se bajó del andamio como Busta para cantarnos una bachata. Si cupiera la posibilidad de poner a engendrar a Romeo Santos con Pablo Alborán nos saldría él. Los Quinquis, que son una «Stranger Thing», iniciaron la senda del flamenquito canalla poniéndose literalmente como una moto. Chandal en prime time. A Izan Llunas, el primer nepo-baby sobreviviente de las semifinales, le protegieron con una medusa de tules sobre la cabeza que pronto se estudiará en ‘Cuarto Milenio’. Aquí las demandas como panes tenían que haberle empezado a caer a Sergio León como director artístico por el agravio comparativo entre las puestas en escena de la primera y la segunda semifinal.
¿Cansados? Pues queda la mitad. Mikel Herzog Jr. nos regaló la única balada, ‘Mi mitad’, y se partió literalmente en la salida en los brazos de Hernand, que recibía a todos los cantantes tras la actuación con una familiaridad como si fueran sus primos de Cuenca. María León y Julia Medina se empoderaron tras él vestidas de majorettes. Lástima que el crucero patrocinador (que por cierto hace viajes a Israel) no diera premios animando las noches en sus barcos, porque ellas lo iban a bordar. Rondel Oro y Rondel Verde. Poco después, Rosalinda Galán, la cantante más profesional con diferencia de todo el elenco, una especie de Blanca Paloma pero electrónica y estroboscópica. Lo suyo seguramente nació durante el apagón.
Kenneth, pirotecnia en mano, prometía «buena comida» (ejem) y «calor de hogar» (ejem, ejem). Miranda y Bailamamá no se veían llegando muy lejos, que ni desenfundaron el colchón de su escenografía. Alguien no debió decirles que el grito tirolés estaba bien pero que al final no íbamos a Viena. Los últimos, los ganadores, renovadores del idioma, con su ‘T Amaré’ que sonaba todo el rato como una única palabra (‘tamaré’, futuro del verbo ‘tamar’, primera conjugación), sobre una fuente sin agua, la única en un país arrasada por las borrascas. Entre medias, como les digo, el trofeo de la sirenita llegando por AliExpress, Vázquez uniéndose a la lista de viejas glorias de las semis (Paloma San Basilio y Luz Casal) y haciéndolo, contra todo pronóstico, mucho mejor que ellas (no era difícil), o la ‘divertida’ y jartible LalaChus trabándose tres veces leyendo un teleprompter y 200 más improvisando ante el retraso de una de las candidaturas en entrar.
Llegarían después otras actuaciones para hacer tiempo con los votos, antiguos participantes del Benidorm: que si Nebulossa con la teta palestina; Agoney agonizando; Jorge González todavía de calentón; Almacor, que volvió a salir del pueblo; Vicco, que, como todos, se versionó a sí misma… Y un final ‘épico’ con todos cantando el ‘Eres tú’ de Mocedades como si fuera nuestro nuevo ‘Imagine’ y la forma de decirle a Eurovisión que no le guardamos rencor. Sorprende el ‘adanismo’ con el que la generación Z cree que ha inventado el Festival de Benidorm y oportunidad perdida de interpretar la canción que alzó con el premio a Pablo Motos en 1993.
Tiempo de los votos: el jurado profesional que no estaba tan hermético ni insonorizando, escuchando los abucheos cuando se carga a Kenneth y aúpa arriba a la ‘naturista’ de Asha, a la que le dieron el premio Spoty para que se vaya a grabar a Estocolmo como una turista. Ella, «una persona que viene del mundo» (sic, que lo dijo su ‘entregadora’). Nuevo bajonazo para que cante Chanel, pero contorneándose poco (se encendieron las alarmas en redes por si era el corsé acolchado o un embarazo). Repuestos, el ‘voto demoscópico’, eso que votaría la señora de Bildu o el jovenzuelo de ERC, no sin dificultad en un año en el que, por jugarnos 150.000 euros, a nadie le ha dado por defender localismos ni lenguas milenarias. Todos en perfectísimo castellano y sus ‘derivaciones’. La verdad es que preferiríamos más una conexión con cada Comunidad Autónoma votando cada delegación de RTVE: «Conectamos con Castilla-La Mancha». Pero esto es lo que hay.
Premio Univisión para grabar en Miami y dar la tabarra por sus televisiones para los ‘tamaristas’. Una pena que no haya un Premio TeleMundo y verlos cantar en el ‘Caso Cerrado’ de la doctora Ana María Polo. El voto popular se decanta también por ellos dejando un año más con el culo al aire a ‘los profesionales’. La muchacha es incapaz de repetir la canción sobre el escenario. Le puede ‘la emosión’. ¡Estudios, amiga! Como eurofan, respiro aliviado: menos mal que no nos representa. Le deseo mucho éxito a Tony Gros y LucyCalys en Miami. Tanto, que no tengan que volver. Por lo que sea, el BF volverá el año que viene, con o sin Eurofestival.
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