La ovación de la mañana se la llevó, con todo merecimiento, un picador. Toda una noticia, teniendo en cuenta el calamitoso estado actual del tercio de varas. Tarde tras tarde, el aficionado asiste resignado a un vergonzante simulacro. A los toros no se les coloca en suerte, casi siempre se les pica mal y no se mide el castigo… Por no hablar de los monstrencos acorazados sobre los que se suben los picadores, o la poca entrega y bravura que demuestran unos astados seleccionados, casi exclusivamente, para la muleta.
La ovación de la mañana se la llevó, con todo merecimiento, un picador. Toda una noticia, teniendo en cuenta el calamitoso estado actual del tercio de varas. Tarde tras tarde, el aficionado asiste resignado a un vergonzante simulacro. A los toros no se les coloca en suerte, casi siempre se les pica mal y no se mide el castigo… Por no hablar de los monstrencos acorazados sobre los que se suben los picadores, o la poca entrega y bravura que demuestran unos astados seleccionados, casi exclusivamente, para la muleta. Seguir leyendo
La ovación de la mañana se la llevó, con todo merecimiento, un picador. Toda una noticia, teniendo en cuenta el calamitoso estado actual del tercio de varas. Tarde tras tarde, el aficionado asiste resignado a un vergonzante simulacro. A los toros no se les coloca en suerte, casi siempre se les pica mal y no se mide el castigo… Por no hablar de los monstrencos acorazados sobre los que se suben los picadores, o la poca entrega y bravura que demuestran unos astados seleccionados, casi exclusivamente, para la muleta.
El tercio de varas ha pasado casi a la historia… pero no en Francia. En plazas como la de Vic-Fezensac es el centro del espectáculo. No siempre se realiza de forma correcta, pero no tiene nada que ver con lo que ocurre en la inmensa mayoría de plazas españolas. Sirva de ejemplo el número de puyazos que tomaron los toros lidiados en la corrida concurso de este domingo: 21. Ahí es nada.
Pero, sin duda, el mejor tercio de varas de la mañana lo protagonizaron el toro Langosto, de Dolores Aguirre, y el picador Francisco Ponz Puchano, de la cuadrilla de Román. En realidad, más que un tercio de varas, aquello fue un combate. Una emocionantísima lucha de poder a poder. Ya en la primera vara, el de Dolores, de gran seriedad y trapío, estuvo a punto de descabalgar al picador, peleando con la cara muy arriba. Ahí se quedó, subido precariamente en el cuello del caballo, el pobre Puchano.
Peor le fue en la segunda entrada. En esta, directamente, acabó en el suelo; bueno, concretamente, estampado contra las tablas, sujetándose en el estribo y manteniendo el palo clavado sobre Langosto, que se enceló en la cabalgadura, fijo y abajo, en una escena para el recuerdo. Una vez más mordió el suelo el picador, después de que se le rompiera la vara en un nuevo encontronazo con Langosto. Hasta cinco veces acudió el de Dolores, las últimas desde gran distancia, aunque finalmente demostró que lo suyo era casta, que no bravura.
En las últimas entradas, salió descaradamente suelto y siguió manseando en distintos momentos de la lidia. No importa; allí hubo emoción y verdad. Sano y salvo tras el duro combate, se marchó Puchano, en medio de una clamorosa ovación y con la música sonando.
Y ahí se acabó la historia, pues Román no estaba dispuesto a jugársela como su varilarguero. El valenciano se perdió entre probaturas, preso de la desconfianza, ante un animal sin entrega que no paraba de medir. No se puso Román con el difícil, pero tampoco con el bueno. Y eso ya es más grave. Frente al buen segundo, de La Quinta, de encastada nobleza, que humilló y tuvo calidad, Román anduvo vulgar y despegado, sin acoplarse nunca.
No estuvieron mejor sus compañeros, especialmente, Sánchez Vara. Salvo algún buen par de banderillas que dejó en ambos turnos, tampoco se puso nunca en el sitio y abusó descaradamente de las ventajas. Por si fuera poco, no se le ocurrió otra cosa que darse una vuelta al ruedo (entre protestas) tras desaprovechar al más que interesante primero de Saltillo, al que tumbó de un bajonazo. Un toro serio, fijo y encastado que mereció mucho más. Menos coba se dio, claro, con el dificultoso cuarto, un astifino pero vareado ejemplar de Benítez Cubero, que se movió a la defensiva.
Menos suerte tuvo Isaac Fonseca. El tercero, un precioso ‘pablorromero’ de Partido de Resina, empujó de bravo en varas, pero llegó desfondado al último tercio; y el sexto, otro señor toro de Pages Mailhan, se rajó pronto antes de pararse.
La corrida duró casi tres horas. Tres horas que pasaron los aficionados bajo un sol de justicia y un sofocante calor. Pero allí no se movió nadie. Había que reivindicar la suerte de varas, la integridad y la autenticidad de la fiesta… aun a riesgo de morir de una lipotimia.
Toros de Satillo (1º), bien presentado, cumplidor en el caballo, noble y encastado; La Quinta (2º), correcto de presentación, canta la gallina en el caballo, bueno, con nobleza, calidad y alegría; Partido de Resina (3º), muy bien presentado y de preciosa lámina, bravo en varas, pero desfondado en la muleta; Benítez Cubero (4º), serio por delante, pero sin remate y muy varedado, cumplidor en el primer tercio, complicado y a la defensiva; Dolores Aguirre (5º), fuerte y muy serio, manso, de gran casta y poder; y Pages Mailhan (6º), de gran trapío, cumplidor en varas, pero descastado y rajado al final. Todos astifinos y limpios de pitones. Tomaron un total de 21 puyazos.
Sánchez Vara: bajonazo (vuelta protestada); estocada muy trasera y tendida (silencio).
Román: media estocada atravesada _aviso_ pinchazo y estocada algo trasera (silencio); dos pinchazos y estocada baja (silencio).
Isaac Fonseca: estocada delantera, perpendicular y desprendida _aviso_ y un descabello (silencio); estocada (silencio).
Plaza de toros de Vic-Fezensac (Francia). 24 de mayo. Corrida matinal. 3ª de la Feria del Toro. Alrededor de dos tercios de entrada.
EL PAÍS
