Después de publicar ‘Yoga’ , dijo que no tenía ganas de escribir otro libro autobiográfico. Y aquí estamos, cinco años después, con otro libro autobiográfico. «No soy de fiar», reconoce entre risas Emmanuel Carrère (París, 1957). Nos recibe en el Instituto Francés para hablar de ‘Koljós’ (Anagrama), donde la protagonista es su madre: Hélène Carrère d’Encausse , secretaria perpetua de la Academia Francesa y especialista en la historia de la Unión Soviética. Murió en agosto de 2023. Fue en sus últimos días cuando el escritor empezó a tomar notas. Nunca se le habría ocurrido hacerlo con ella viva. «No quiero decir que la haya traicionado. No le habría gustado del todo este retrato. Pero creo que, en líneas generales, se habría reconocido y habría visto el amor que me mueve en este retrato. Había aspectos de su vida que, a la fuerza, le habría incomodado que yo contase. Pero no podía evitarlo. Desde el momento en que hago un retrato, no puedo describirla como una santa sin vida personal, solo una académica. Eso no me interesaba».Lo que desvela en estas páginas, en efecto, va mucho más allá de la figura de «consejera de príncipes» que mamá Carrère se ganó en vida. «Los presidentes franceses, los ministros de Exteriores, la consultaban. Era la gran especialista de la Unión Soviética y luego de Rusia. Siempre se le dio mucho crédito, hasta que se equivocó. Se tomó muy mal que Putin invadiera Ucrania. Pero todavía le sentó peor haberse equivocado. Confiaba en que Rusia avanzaría hacia la democracia y se acercaría a Europa. Pero, en Rusia, la palabra democracia tiene connotaciones negativas. Sencillamente, Rusia quiere gánsteres, pauperización. Es un gran país que nunca ha conocido la democracia».Noticia relacionada No No CRÍTICA ‘Koljós’, de Emmanuel Carrère: rusos que no bailaron al son de las balalaikas en Montmartre Mercedes Monmany’Koljós’, decíamos, aborda también la vida íntima de la matriarca: sus orígenes georgianos y su relación con un marido a quien despreciaba. «Mi padre siempre estuvo en la sombra. No sabía cómo tratar ese tema. Y fue una alegría comprobar que, al escribir, su figura iba ganando luz», dice Carrère.No cree el autor francés que esta vez se cumpla el viejo dicho de que no hay mayor desgracia para una familia que tener un hijo escritor. «Con este libro me siento cómodo. Mis padres ya no están para opinar, pero lo di a leer a mis dos hermanas y a mi tío antes de publicarlo. Para mí era muy importante que estuvieran de acuerdo. Si no, no lo habría publicado. El libro está dedicado a ellas y están contentas con la acogida. Me sorprendió que no se sintieran incómodas con el relato de la vida conyugal de mis padres. ‘Una novela rusa’ sí fue un libro transgresor: conté la historia del abuelo, un secreto de familia, y ese es el único libro que me incomoda en ese sentido».«Hay que admitir que un libro pueda ser prohibido, o al menos que pidan suprimir fragmentos. No creo en la impunidad total del escritor en nombre de la libertad de expresión»Emmanuel Carrère, el ‘enfant terrible’ de las letras francesas, niega que sea un autor polémico. «Hubo polémica con ‘Yoga’, porque mi exmujer me había reprochado que estuviese en el libro. Pero con ‘V13’ no ha habido polémica. Y con ‘Una novela rusa tampoco’: aquello fue un cataclismo familiar. En ‘El adversario’ –donde retrata a Jean-Claude Roman, un hombre que mató a su mujer, sus hijos y sus padres– no hubo polémica. Tal vez me encontré en algún plató de televisión con alguien que me dijo que no le gustó el libro, pero eso solo es un reproche, una crítica. Nadie dijo que el libro fuera falso o difamatorio. Un periodista me reprochó que no lo escribiera en primera persona, como si yo fuera Jean-Claude Romand. Me pareció un reproche absurdo. No, no he sido objeto de tantas polémicas».—Usted sabe que aquí, hace un año, se iba a haber publicado un libro sobre una persona que había asesinado a sus dos hijos. [‘El odio’, en el que Luisgé Martín entrevista a José Bretón, precisamente en Anagrama] La editorial finalmente no lo publicó, y aún nadie lo ha hecho.—He oído hablar del libro, pero no lo conozco, no leo español. Prefiero ser prudente. [Y Carrère guarda silencio]. ¿Cómo decirlo? [Otro silencio]. Si escribimos sobre personas reales, debemos aceptar que corremos el riesgo de que no estén contentas y nos demanden. Hay que admitir que el libro pueda ser prohibido, o al menos que pidan suprimir fragmentos. Me parece normal. No creo en la impunidad total del escritor en nombre de la libertad de expresión. Se puede criticar a los políticos. Pero a partir del momento en el que se ofende, voluntariamente o no, a personas privadas, hay un riesgo. Me parece normal. Yo me expuse a ello, efectivamente, pero no se produjo.Carrère tiene ganas de hablar. No esquiva las preguntas, se toma su tiempo para responder, sonríe. Ese periodo oscuro que relata en ‘Yoga’ –su internamiento de varios meses en un hospital psiquiátrico, sus tendencias suicidas– parece que ha quedado aparcado. Con ‘Koljós’ ha ganado el premio Médicis, quedó finalista en el Goncourt. Está en un buen momento. Hace unos años ganó el Princesa de Asturias.—¿Aspira Carrère al Nobel?—¿Por qué no? Pero no depende de mí. [Y ríe] Ahora bien, no sé si un hombre blanco de casi 70 años es una buena candidatura. No sé si es lo ideal para ganarlo.«En Rusia, la palabra democracia tiene connotaciones negativas. Sencillamente, Rusia quiere gánsteres, pauperización. Es un gran país que nunca ha conocido la democracia»Hélene Carrère d’Encausse fue una mujer de poder, y le pregunto a Emmanuel cómo lidia él con esa realidad. Recuerda que hace unos meses cubrió como reportero una cumbre del G7. «Fue de las cosas más horribles y más divertidas que he visto jamás», responde. «Ves a siete jefes de Estado reunidos, pero nadie puede debatir de nada porque lo único que cuenta es el humor de Trump de ese día. Todo el mundo estaba aterrorizado por Trump. Todos sabían que cada mañana hacía una especie de reset mental y se olvidaba de con quién se había portado bien o mal el día anterior. Todo el mundo se preguntaba: ‘¿Hoy me va a dar una patada en la cara o me va a dar una palmada en el hombro?’. Hubo escenas increíbles».Relata una escena con el primer ministro británico. «Trump estaba con Starmer en un pasillo y se le cayeron unos papeles. Creo que lo hizo adrede. No se movió. Starmer dudó y se arrodilló para recogerlos. La imagen es devastadora. Es terrible». También tiene para Macron. «Intentaba ejercer de domador de leones, como si supiera llevarlo. Y Trump le daba unos golpes tremendos. En un momento dado le preguntaron a Trump por él y dijo: ‘Emmanuel dice gilipolleces, como siempre’. Es terrible, terrible. Esa especie de humillación constante de jefes de Estado… Los trata como si fueran basura. Es terrible».Para Carrère, Europa vive una encrucijada. «Rusia claramente quiere su desaparición. Norteamérica la ningunea. Hay dos opciones: aceptar la muerte, que se acabó Europa, o que algunos líderes definan un proyecto claro. Las probabilidades son bajas, pero es la única esperanza». El mundo cabalga entre dos figuras opuestas. «Putin es más reflexivo. Espera, cree que el tiempo juega a su favor. Es extremadamente obstinado, tenaz. Trump es incoherente y cambia de opinión. Pienso que Trump se siente fascinado por Putin y no al revés». En ‘Koljós’ se lee que «Emmanuel no vota por miedo a votar a la derecha», pero matiza que «hace tiempo que no es cierta». Es una broma antigua: «Si fuera estadounidense, votaría contra Trump. En Rusia no se puede votar. En Francia estamos entre dos extremos, la extrema izquierda y la extrema derecha. Entonces… uf. No hay mucho margen». Después de publicar ‘Yoga’ , dijo que no tenía ganas de escribir otro libro autobiográfico. Y aquí estamos, cinco años después, con otro libro autobiográfico. «No soy de fiar», reconoce entre risas Emmanuel Carrère (París, 1957). Nos recibe en el Instituto Francés para hablar de ‘Koljós’ (Anagrama), donde la protagonista es su madre: Hélène Carrère d’Encausse , secretaria perpetua de la Academia Francesa y especialista en la historia de la Unión Soviética. Murió en agosto de 2023. Fue en sus últimos días cuando el escritor empezó a tomar notas. Nunca se le habría ocurrido hacerlo con ella viva. «No quiero decir que la haya traicionado. No le habría gustado del todo este retrato. Pero creo que, en líneas generales, se habría reconocido y habría visto el amor que me mueve en este retrato. Había aspectos de su vida que, a la fuerza, le habría incomodado que yo contase. Pero no podía evitarlo. Desde el momento en que hago un retrato, no puedo describirla como una santa sin vida personal, solo una académica. Eso no me interesaba».Lo que desvela en estas páginas, en efecto, va mucho más allá de la figura de «consejera de príncipes» que mamá Carrère se ganó en vida. «Los presidentes franceses, los ministros de Exteriores, la consultaban. Era la gran especialista de la Unión Soviética y luego de Rusia. Siempre se le dio mucho crédito, hasta que se equivocó. Se tomó muy mal que Putin invadiera Ucrania. Pero todavía le sentó peor haberse equivocado. Confiaba en que Rusia avanzaría hacia la democracia y se acercaría a Europa. Pero, en Rusia, la palabra democracia tiene connotaciones negativas. Sencillamente, Rusia quiere gánsteres, pauperización. Es un gran país que nunca ha conocido la democracia».Noticia relacionada No No CRÍTICA ‘Koljós’, de Emmanuel Carrère: rusos que no bailaron al son de las balalaikas en Montmartre Mercedes Monmany’Koljós’, decíamos, aborda también la vida íntima de la matriarca: sus orígenes georgianos y su relación con un marido a quien despreciaba. «Mi padre siempre estuvo en la sombra. No sabía cómo tratar ese tema. Y fue una alegría comprobar que, al escribir, su figura iba ganando luz», dice Carrère.No cree el autor francés que esta vez se cumpla el viejo dicho de que no hay mayor desgracia para una familia que tener un hijo escritor. «Con este libro me siento cómodo. Mis padres ya no están para opinar, pero lo di a leer a mis dos hermanas y a mi tío antes de publicarlo. Para mí era muy importante que estuvieran de acuerdo. Si no, no lo habría publicado. El libro está dedicado a ellas y están contentas con la acogida. Me sorprendió que no se sintieran incómodas con el relato de la vida conyugal de mis padres. ‘Una novela rusa’ sí fue un libro transgresor: conté la historia del abuelo, un secreto de familia, y ese es el único libro que me incomoda en ese sentido».«Hay que admitir que un libro pueda ser prohibido, o al menos que pidan suprimir fragmentos. No creo en la impunidad total del escritor en nombre de la libertad de expresión»Emmanuel Carrère, el ‘enfant terrible’ de las letras francesas, niega que sea un autor polémico. «Hubo polémica con ‘Yoga’, porque mi exmujer me había reprochado que estuviese en el libro. Pero con ‘V13’ no ha habido polémica. Y con ‘Una novela rusa tampoco’: aquello fue un cataclismo familiar. En ‘El adversario’ –donde retrata a Jean-Claude Roman, un hombre que mató a su mujer, sus hijos y sus padres– no hubo polémica. Tal vez me encontré en algún plató de televisión con alguien que me dijo que no le gustó el libro, pero eso solo es un reproche, una crítica. Nadie dijo que el libro fuera falso o difamatorio. Un periodista me reprochó que no lo escribiera en primera persona, como si yo fuera Jean-Claude Romand. Me pareció un reproche absurdo. No, no he sido objeto de tantas polémicas».—Usted sabe que aquí, hace un año, se iba a haber publicado un libro sobre una persona que había asesinado a sus dos hijos. [‘El odio’, en el que Luisgé Martín entrevista a José Bretón, precisamente en Anagrama] La editorial finalmente no lo publicó, y aún nadie lo ha hecho.—He oído hablar del libro, pero no lo conozco, no leo español. Prefiero ser prudente. [Y Carrère guarda silencio]. ¿Cómo decirlo? [Otro silencio]. Si escribimos sobre personas reales, debemos aceptar que corremos el riesgo de que no estén contentas y nos demanden. Hay que admitir que el libro pueda ser prohibido, o al menos que pidan suprimir fragmentos. Me parece normal. No creo en la impunidad total del escritor en nombre de la libertad de expresión. Se puede criticar a los políticos. Pero a partir del momento en el que se ofende, voluntariamente o no, a personas privadas, hay un riesgo. Me parece normal. Yo me expuse a ello, efectivamente, pero no se produjo.Carrère tiene ganas de hablar. No esquiva las preguntas, se toma su tiempo para responder, sonríe. Ese periodo oscuro que relata en ‘Yoga’ –su internamiento de varios meses en un hospital psiquiátrico, sus tendencias suicidas– parece que ha quedado aparcado. Con ‘Koljós’ ha ganado el premio Médicis, quedó finalista en el Goncourt. Está en un buen momento. Hace unos años ganó el Princesa de Asturias.—¿Aspira Carrère al Nobel?—¿Por qué no? Pero no depende de mí. [Y ríe] Ahora bien, no sé si un hombre blanco de casi 70 años es una buena candidatura. No sé si es lo ideal para ganarlo.«En Rusia, la palabra democracia tiene connotaciones negativas. Sencillamente, Rusia quiere gánsteres, pauperización. Es un gran país que nunca ha conocido la democracia»Hélene Carrère d’Encausse fue una mujer de poder, y le pregunto a Emmanuel cómo lidia él con esa realidad. Recuerda que hace unos meses cubrió como reportero una cumbre del G7. «Fue de las cosas más horribles y más divertidas que he visto jamás», responde. «Ves a siete jefes de Estado reunidos, pero nadie puede debatir de nada porque lo único que cuenta es el humor de Trump de ese día. Todo el mundo estaba aterrorizado por Trump. Todos sabían que cada mañana hacía una especie de reset mental y se olvidaba de con quién se había portado bien o mal el día anterior. Todo el mundo se preguntaba: ‘¿Hoy me va a dar una patada en la cara o me va a dar una palmada en el hombro?’. Hubo escenas increíbles».Relata una escena con el primer ministro británico. «Trump estaba con Starmer en un pasillo y se le cayeron unos papeles. Creo que lo hizo adrede. No se movió. Starmer dudó y se arrodilló para recogerlos. La imagen es devastadora. Es terrible». También tiene para Macron. «Intentaba ejercer de domador de leones, como si supiera llevarlo. Y Trump le daba unos golpes tremendos. En un momento dado le preguntaron a Trump por él y dijo: ‘Emmanuel dice gilipolleces, como siempre’. Es terrible, terrible. Esa especie de humillación constante de jefes de Estado… Los trata como si fueran basura. Es terrible».Para Carrère, Europa vive una encrucijada. «Rusia claramente quiere su desaparición. Norteamérica la ningunea. Hay dos opciones: aceptar la muerte, que se acabó Europa, o que algunos líderes definan un proyecto claro. Las probabilidades son bajas, pero es la única esperanza». El mundo cabalga entre dos figuras opuestas. «Putin es más reflexivo. Espera, cree que el tiempo juega a su favor. Es extremadamente obstinado, tenaz. Trump es incoherente y cambia de opinión. Pienso que Trump se siente fascinado por Putin y no al revés». En ‘Koljós’ se lee que «Emmanuel no vota por miedo a votar a la derecha», pero matiza que «hace tiempo que no es cierta». Es una broma antigua: «Si fuera estadounidense, votaría contra Trump. En Rusia no se puede votar. En Francia estamos entre dos extremos, la extrema izquierda y la extrema derecha. Entonces… uf. No hay mucho margen».
Después de publicar ‘Yoga’, dijo que no tenía ganas de escribir otro libro autobiográfico. Y aquí estamos, cinco años después, con otro libro autobiográfico. «No soy de fiar», reconoce entre risas Emmanuel Carrère (París, 1957). Nos recibe en el Instituto Francés para hablar … de ‘Koljós’ (Anagrama), donde la protagonista es su madre: Hélène Carrère d’Encausse, secretaria perpetua de la Academia Francesa y especialista en la historia de la Unión Soviética. Murió en agosto de 2023. Fue en sus últimos días cuando el escritor empezó a tomar notas. Nunca se le habría ocurrido hacerlo con ella viva.
«No quiero decir que la haya traicionado. No le habría gustado del todo este retrato. Pero creo que, en líneas generales, se habría reconocido y habría visto el amor que me mueve en este retrato. Había aspectos de su vida que, a la fuerza, le habría incomodado que yo contase. Pero no podía evitarlo. Desde el momento en que hago un retrato, no puedo describirla como una santa sin vida personal, solo una académica. Eso no me interesaba».
Lo que desvela en estas páginas, en efecto, va mucho más allá de la figura de «consejera de príncipes» que mamá Carrère se ganó en vida. «Los presidentes franceses, los ministros de Exteriores, la consultaban. Era la gran especialista de la Unión Soviética y luego de Rusia. Siempre se le dio mucho crédito, hasta que se equivocó. Se tomó muy mal que Putin invadiera Ucrania. Pero todavía le sentó peor haberse equivocado. Confiaba en que Rusia avanzaría hacia la democracia y se acercaría a Europa. Pero, en Rusia, la palabra democracia tiene connotaciones negativas. Sencillamente, Rusia quiere gánsteres, pauperización. Es un gran país que nunca ha conocido la democracia».
‘Koljós’, decíamos, aborda también la vida íntima de la matriarca: sus orígenes georgianos y su relación con un marido a quien despreciaba. «Mi padre siempre estuvo en la sombra. No sabía cómo tratar ese tema. Y fue una alegría comprobar que, al escribir, su figura iba ganando luz», dice Carrère.
No cree el autor francés que esta vez se cumpla el viejo dicho de que no hay mayor desgracia para una familia que tener un hijo escritor. «Con este libro me siento cómodo. Mis padres ya no están para opinar, pero lo di a leer a mis dos hermanas y a mi tío antes de publicarlo. Para mí era muy importante que estuvieran de acuerdo. Si no, no lo habría publicado. El libro está dedicado a ellas y están contentas con la acogida. Me sorprendió que no se sintieran incómodas con el relato de la vida conyugal de mis padres. ‘Una novela rusa’ sí fue un libro transgresor: conté la historia del abuelo, un secreto de familia, y ese es el único libro que me incomoda en ese sentido».
«Hay que admitir que un libro pueda ser prohibido, o al menos que pidan suprimir fragmentos. No creo en la impunidad total del escritor en nombre de la libertad de expresión»
Emmanuel Carrère, el ‘enfant terrible’ de las letras francesas, niega que sea un autor polémico. «Hubo polémica con ‘Yoga’, porque mi exmujer me había reprochado que estuviese en el libro. Pero con ‘V13’ no ha habido polémica. Y con ‘Una novela rusa tampoco’: aquello fue un cataclismo familiar. En ‘El adversario’ –donde retrata a Jean-Claude Roman, un hombre que mató a su mujer, sus hijos y sus padres– no hubo polémica. Tal vez me encontré en algún plató de televisión con alguien que me dijo que no le gustó el libro, pero eso solo es un reproche, una crítica. Nadie dijo que el libro fuera falso o difamatorio. Un periodista me reprochó que no lo escribiera en primera persona, como si yo fuera Jean-Claude Romand. Me pareció un reproche absurdo. No, no he sido objeto de tantas polémicas».
—Usted sabe que aquí, hace un año, se iba a haber publicado un libro sobre una persona que había asesinado a sus dos hijos. [‘El odio’, en el que Luisgé Martín entrevista a José Bretón, precisamente en Anagrama] La editorial finalmente no lo publicó, y aún nadie lo ha hecho.
—He oído hablar del libro, pero no lo conozco, no leo español. Prefiero ser prudente. [Y Carrère guarda silencio]. ¿Cómo decirlo? [Otro silencio]. Si escribimos sobre personas reales, debemos aceptar que corremos el riesgo de que no estén contentas y nos demanden. Hay que admitir que el libro pueda ser prohibido, o al menos que pidan suprimir fragmentos. Me parece normal. No creo en la impunidad total del escritor en nombre de la libertad de expresión. Se puede criticar a los políticos. Pero a partir del momento en el que se ofende, voluntariamente o no, a personas privadas, hay un riesgo. Me parece normal. Yo me expuse a ello, efectivamente, pero no se produjo.
Carrère tiene ganas de hablar. No esquiva las preguntas, se toma su tiempo para responder, sonríe. Ese periodo oscuro que relata en ‘Yoga’ –su internamiento de varios meses en un hospital psiquiátrico, sus tendencias suicidas– parece que ha quedado aparcado. Con ‘Koljós’ ha ganado el premio Médicis, quedó finalista en el Goncourt. Está en un buen momento. Hace unos años ganó el Princesa de Asturias.
—¿Aspira Carrère al Nobel?
—¿Por qué no? Pero no depende de mí. [Y ríe] Ahora bien, no sé si un hombre blanco de casi 70 años es una buena candidatura. No sé si es lo ideal para ganarlo.
«En Rusia, la palabra democracia tiene connotaciones negativas. Sencillamente, Rusia quiere gánsteres, pauperización. Es un gran país que nunca ha conocido la democracia»
Hélene Carrère d’Encausse fue una mujer de poder, y le pregunto a Emmanuel cómo lidia él con esa realidad. Recuerda que hace unos meses cubrió como reportero una cumbre del G7. «Fue de las cosas más horribles y más divertidas que he visto jamás», responde. «Ves a siete jefes de Estado reunidos, pero nadie puede debatir de nada porque lo único que cuenta es el humor de Trump de ese día. Todo el mundo estaba aterrorizado por Trump. Todos sabían que cada mañana hacía una especie de reset mental y se olvidaba de con quién se había portado bien o mal el día anterior. Todo el mundo se preguntaba: ‘¿Hoy me va a dar una patada en la cara o me va a dar una palmada en el hombro?’. Hubo escenas increíbles».
Relata una escena con el primer ministro británico. «Trump estaba con Starmer en un pasillo y se le cayeron unos papeles. Creo que lo hizo adrede. No se movió. Starmer dudó y se arrodilló para recogerlos. La imagen es devastadora. Es terrible». También tiene para Macron. «Intentaba ejercer de domador de leones, como si supiera llevarlo. Y Trump le daba unos golpes tremendos. En un momento dado le preguntaron a Trump por él y dijo: ‘Emmanuel dice gilipolleces, como siempre’. Es terrible, terrible. Esa especie de humillación constante de jefes de Estado… Los trata como si fueran basura. Es terrible».
Para Carrère, Europa vive una encrucijada. «Rusia claramente quiere su desaparición. Norteamérica la ningunea. Hay dos opciones: aceptar la muerte, que se acabó Europa, o que algunos líderes definan un proyecto claro. Las probabilidades son bajas, pero es la única esperanza». El mundo cabalga entre dos figuras opuestas. «Putin es más reflexivo. Espera, cree que el tiempo juega a su favor. Es extremadamente obstinado, tenaz. Trump es incoherente y cambia de opinión. Pienso que Trump se siente fascinado por Putin y no al revés».
En ‘Koljós’ se lee que «Emmanuel no vota por miedo a votar a la derecha», pero matiza que «hace tiempo que no es cierta». Es una broma antigua: «Si fuera estadounidense, votaría contra Trump. En Rusia no se puede votar. En Francia estamos entre dos extremos, la extrema izquierda y la extrema derecha. Entonces… uf. No hay mucho margen».
RSS de noticias de cultura
