Critica de teatro ‘Gula’ Creación y dirección Pau Matas Nogué y Oriol Pla Solina Música en directo Pau Matas Nogué / Marc Sastre Escenografía y vestuario Sílvia Delagneau Iluminación Ana Rovira Composición musical y espacio sonoro Pau Matas Nogué Sonido Damien Bazin Intérprete Oriol Pla Solina Lugar Teatro Valle-Inclán, Madrid 5«Yo sé hacer cosas que no sé hacer», repite Oriol Pla , retorcido sobre sí mismo, mientras pide perdón al comienzo de ‘ Gula ‘ a los alumnos de la Resad, a los acróbatas, a los cantantes, a los bailarines de danza contemporánea, a los animales, a los mimos…, porque va a usurpar el escenario haciendo cosas que no sabe hacer. Pero no es verdad. Oriol Pla lo sabe hacer todo y todo bien, y ‘Gula’ demuestra que es un actor y un clown descomunal , dotado de una técnica, de una visceralidad, de una profundidad y una inteligencia excepcionales.’Gula’ es, en primer lugar, un ejercicio de interpretación de una extraordinaria complejidad. El trabajo físico, vocal, gestual, comunicativo, de reacción, de humor, de contención, de concentración…, es verdaderamente impresionante durante las dos horas que dura el espectáculo: un deslumbrante despliegue de recursos que ratifican la categoría del primer actor español que ha logrado un Emmy Internacional (los Oscar de la televisión) a mejor actor por su trabajo en la serie ‘ Yo, adicto ‘.El clown Oriol Pla es digno descendiente de Quimet Pla y Núria Solina , sus padres, dos reputados clowns con los que aparece en el conmovedor espectáculo ‘ Travy ‘, creado como ‘Gula’ junto a Pau Matas . Aparece en escena: la frente pintada de rojo y la mirada enmarcada por un señalado delineado de sus ojos. Se mueve nervioso, con movimientos a veces infantiles, a veces animales; es un niño juguetón o un caballo tirando de un carro que recuerda a los de las películas del Oeste -en el que está Marc Sastre , discreto pero imprescindible acompañante-. Junto a él, una máquina expendedora de alimentos y bebidas. Decide que quiere sacar un dónut pero el bollo se atasca (real como la vida misma); golpes en la máquina y aviso al servicio técnico. La conversación -el público no escucha las respuestas de Jesús, el técnico que le atiende- es uno de los momentos más hilarantes e ingeniosos de la función, y desemboca en una feroz caricatura de esa gula, de ese afán devorador de la sociedad que engulle sin parar, sin saborear, y que fija en un dónut su principal objetivo de vida cuando, lo repite el clown, «hay muchas posibilidades».Noticia Relacionada estandar No Oriol Pla: «La adicción es el síntoma de la desconexión de uno mismo» Lucía Cabanelas El intérprete se ‘mimetiza’ con Javier Giner en la serie ‘Yo, adicto’, que se estrenó en Disney+ esta semanaY es que ‘Gula’ es un iceberg , donde debajo de un espectáculo divertidísimo se esconde un trabajo de una acidez perturbadora, de una notable inteligencia y profundo compromiso, especialmente en su crítica contra la compulsiva voracidad de la sociedad actual. Hay en él, y se nota en cada segundo, un esforzado afán por moldear una función demoledora y redonda al tiempo a la que es difícil encontrar resquicios por los que encontrar defectos. El público de Madrid se ha rendido ya ante él y ha agotado todas las entradas -estará hasta el 15 de febrero- de esta limitada temporada, que esperemos que no sea la última. Critica de teatro ‘Gula’ Creación y dirección Pau Matas Nogué y Oriol Pla Solina Música en directo Pau Matas Nogué / Marc Sastre Escenografía y vestuario Sílvia Delagneau Iluminación Ana Rovira Composición musical y espacio sonoro Pau Matas Nogué Sonido Damien Bazin Intérprete Oriol Pla Solina Lugar Teatro Valle-Inclán, Madrid 5«Yo sé hacer cosas que no sé hacer», repite Oriol Pla , retorcido sobre sí mismo, mientras pide perdón al comienzo de ‘ Gula ‘ a los alumnos de la Resad, a los acróbatas, a los cantantes, a los bailarines de danza contemporánea, a los animales, a los mimos…, porque va a usurpar el escenario haciendo cosas que no sabe hacer. Pero no es verdad. Oriol Pla lo sabe hacer todo y todo bien, y ‘Gula’ demuestra que es un actor y un clown descomunal , dotado de una técnica, de una visceralidad, de una profundidad y una inteligencia excepcionales.’Gula’ es, en primer lugar, un ejercicio de interpretación de una extraordinaria complejidad. El trabajo físico, vocal, gestual, comunicativo, de reacción, de humor, de contención, de concentración…, es verdaderamente impresionante durante las dos horas que dura el espectáculo: un deslumbrante despliegue de recursos que ratifican la categoría del primer actor español que ha logrado un Emmy Internacional (los Oscar de la televisión) a mejor actor por su trabajo en la serie ‘ Yo, adicto ‘.El clown Oriol Pla es digno descendiente de Quimet Pla y Núria Solina , sus padres, dos reputados clowns con los que aparece en el conmovedor espectáculo ‘ Travy ‘, creado como ‘Gula’ junto a Pau Matas . Aparece en escena: la frente pintada de rojo y la mirada enmarcada por un señalado delineado de sus ojos. Se mueve nervioso, con movimientos a veces infantiles, a veces animales; es un niño juguetón o un caballo tirando de un carro que recuerda a los de las películas del Oeste -en el que está Marc Sastre , discreto pero imprescindible acompañante-. Junto a él, una máquina expendedora de alimentos y bebidas. Decide que quiere sacar un dónut pero el bollo se atasca (real como la vida misma); golpes en la máquina y aviso al servicio técnico. La conversación -el público no escucha las respuestas de Jesús, el técnico que le atiende- es uno de los momentos más hilarantes e ingeniosos de la función, y desemboca en una feroz caricatura de esa gula, de ese afán devorador de la sociedad que engulle sin parar, sin saborear, y que fija en un dónut su principal objetivo de vida cuando, lo repite el clown, «hay muchas posibilidades».Noticia Relacionada estandar No Oriol Pla: «La adicción es el síntoma de la desconexión de uno mismo» Lucía Cabanelas El intérprete se ‘mimetiza’ con Javier Giner en la serie ‘Yo, adicto’, que se estrenó en Disney+ esta semanaY es que ‘Gula’ es un iceberg , donde debajo de un espectáculo divertidísimo se esconde un trabajo de una acidez perturbadora, de una notable inteligencia y profundo compromiso, especialmente en su crítica contra la compulsiva voracidad de la sociedad actual. Hay en él, y se nota en cada segundo, un esforzado afán por moldear una función demoledora y redonda al tiempo a la que es difícil encontrar resquicios por los que encontrar defectos. El público de Madrid se ha rendido ya ante él y ha agotado todas las entradas -estará hasta el 15 de febrero- de esta limitada temporada, que esperemos que no sea la última.
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Creación y dirección
Pau Matas Nogué y Oriol Pla Solina -
Música en directo
Pau Matas Nogué / Marc Sastre -
Escenografía y vestuario
Sílvia Delagneau -
Iluminación
Ana Rovira -
Composición musical y espacio sonoro
Pau Matas Nogué -
Sonido
Damien Bazin -
Intérprete
Oriol Pla Solina -
Lugar
Teatro Valle-Inclán, Madrid
«Yo sé hacer cosas que no sé hacer», repite Oriol Pla, retorcido sobre sí mismo, mientras pide perdón al comienzo de ‘Gula‘ a los alumnos de la Resad, a los acróbatas, a los cantantes, a los bailarines de danza contemporánea, a los … animales, a los mimos…, porque va a usurpar el escenario haciendo cosas que no sabe hacer. Pero no es verdad. Oriol Pla lo sabe hacer todo y todo bien, y ‘Gula’ demuestra que es un actor y un clown descomunal, dotado de una técnica, de una visceralidad, de una profundidad y una inteligencia excepcionales.
‘Gula’ es, en primer lugar, un ejercicio de interpretación de una extraordinaria complejidad. El trabajo físico, vocal, gestual, comunicativo, de reacción, de humor, de contención, de concentración…, es verdaderamente impresionante durante las dos horas que dura el espectáculo: un deslumbrante despliegue de recursos que ratifican la categoría del primer actor español que ha logrado un Emmy Internacional (los Oscar de la televisión) a mejor actor por su trabajo en la serie ‘Yo, adicto‘.
El clown Oriol Pla es digno descendiente de Quimet Pla y Núria Solina, sus padres, dos reputados clowns con los que aparece en el conmovedor espectáculo ‘Travy‘, creado como ‘Gula’ junto a Pau Matas. Aparece en escena: la frente pintada de rojo y la mirada enmarcada por un señalado delineado de sus ojos. Se mueve nervioso, con movimientos a veces infantiles, a veces animales; es un niño juguetón o un caballo tirando de un carro que recuerda a los de las películas del Oeste -en el que está Marc Sastre, discreto pero imprescindible acompañante-. Junto a él, una máquina expendedora de alimentos y bebidas. Decide que quiere sacar un dónut pero el bollo se atasca (real como la vida misma); golpes en la máquina y aviso al servicio técnico. La conversación -el público no escucha las respuestas de Jesús, el técnico que le atiende- es uno de los momentos más hilarantes e ingeniosos de la función, y desemboca en una feroz caricatura de esa gula, de ese afán devorador de la sociedad que engulle sin parar, sin saborear, y que fija en un dónut su principal objetivo de vida cuando, lo repite el clown, «hay muchas posibilidades».
Y es que ‘Gula’ es un iceberg, donde debajo de un espectáculo divertidísimo se esconde un trabajo de una acidez perturbadora, de una notable inteligencia y profundo compromiso, especialmente en su crítica contra la compulsiva voracidad de la sociedad actual. Hay en él, y se nota en cada segundo, un esforzado afán por moldear una función demoledora y redonda al tiempo a la que es difícil encontrar resquicios por los que encontrar defectos. El público de Madrid se ha rendido ya ante él y ha agotado todas las entradas -estará hasta el 15 de febrero- de esta limitada temporada, que esperemos que no sea la última.
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