En 2014, fecha de arranque para esta exposición, Roberto Huarcaya (Lima, 1959), vivió la que posiblemente fue la experiencia decisiva de su vida, al menos de la profesional. Invitado, junto a otros artistas a participar en unas jornadas multidisciplinares en el Parque Nacional Bahuaja Sonene, reserva natural de la selva peruana de Tambopata, sufrió una suerte de revelación estática cuando, abrumado por el entorno salvaje, la exuberancia botánica y la densidad de sensaciones que lo envolvieron quedó literalmente paralizado. «Aquella primera vez no hice ninguna fotografía, no pude. Veía cómo otros fotografiaban como si se tratara de captar todo a través de la lente y yo me quedé inmóvil, me parecía una falta de respeto hacer algo en ese momento, pues no entendía el lugar. Sólo logré sentir que algo me estaba sucediendo estando ahí», afirma.Noticias relacionadas estandar Si CRÍTICA DE: ‘Everything under the Sun?’, de Jordi Colomer: hasta el infinito y más acá Fernando Castro Flórez estandar Si ARTE Ana María Caballero y Alba Triana: de las pequeñas y las grandes cosas Javier Rubio NomblotDesde aquel momento empezó a plantearse una nueva forma de mirar, nuevos procesos y perspectivas que se diferenciaran de los del trabajo documental tradicional. Semejante impresión tuvo como consecuencia –la lógica es casi literal– el ‘contacto’, el fotograma, esa manera primitiva y sin óptica de hacer fotografía donde los cuerpos, los objetos, todo queda impreso directamente en el papel sin la mediación de lentes ni mecánica alguna. A imagen y semejanza. En las imágenes, algunas de las obras de ‘Intersticios’, en el MARCO de Vigo, de Roberto Huarcaya MARCOA partir de entonces, la fotografía será para Huarcaya e l desarrollo de aquella experiencia casi mágica, solicitando la colaboración de las propias fuerzas naturales para ofrecer un retrato a escala 1:1 de la Madre Naturaleza, ya con mayúsculas.A las pocas semanas regresó al lugar con un enorme rollo de papel sensibilizado y un equipo de ayudantes, dispuesto a que la densidad vegetal, con sus sombras y luces, se abrazara a la imagen, convencido de que la cámara sólo podría ofrecerle una epidermis de la selva, lo exterior. Huarcaya buscó el cuerpo a cuerpo en su sentido más elemental, y, de este modo, la pose, el encuadre, fueron sustituidos por el vaivén de la vegetación movida por el viento; el flash, por el rayo de la tormenta o la luz de la luna; lo instantáneo de la obturación, por dilatados tiempos de exposición, que en algunos de sus trabajos superan las cuatro horas (y el artista confiesa que en el patio de su casa tiene papeles que durante años siguen desarrollando su proceso químico y su oxidación).arte_abc_0724 Esta exposición en el MARCO de Vigo ofrece un fenomenal puñado de ejemplos de este proceso de comunión, de empatía radical entre la mirada humana y el cuerpo ubérrimo, envolvente de la selva. El montaje no ha escatimado medios para conseguir los efectos más afortunados: hay vistas ‘di sotto in su’, reflejos en oscuros estanques a los pies del espectador, laberintos donde puede enredarse y púlpitos desde los cuales recuperar la línea de horizonte perdida… Experiencias que enlazan con lo que el cuerpo experimenta en la densidad del bosque o la selva, y que las imágenes intensifican.Roberto Huarcaya: ‘Intersticios. Fotogramas (2014-2025)’ MARCO. Vigo. Rúa do Príncipe, 54 Vigo. Comisario: Miguel Fernández Cid. Hasta el 29 de marzo. Tres estrellas.Imágenes que, hasta cierto punto, son las sombras de aquello que Huarcaya vivió en la Amazonía y que no ha dudado en calificar como «una experiencia detonante». Tras aquella deflagración, todo está vivo y muerto, como desde siempre ha querido el arte. Una suerte de fantasmagoría que fija en dos dimensiones en blanco y negro las profundidades del mundo tangible y las energías que lo atraviesan. Sí, él sigue considerándose fotógrafo. En 2014, fecha de arranque para esta exposición, Roberto Huarcaya (Lima, 1959), vivió la que posiblemente fue la experiencia decisiva de su vida, al menos de la profesional. Invitado, junto a otros artistas a participar en unas jornadas multidisciplinares en el Parque Nacional Bahuaja Sonene, reserva natural de la selva peruana de Tambopata, sufrió una suerte de revelación estática cuando, abrumado por el entorno salvaje, la exuberancia botánica y la densidad de sensaciones que lo envolvieron quedó literalmente paralizado. «Aquella primera vez no hice ninguna fotografía, no pude. Veía cómo otros fotografiaban como si se tratara de captar todo a través de la lente y yo me quedé inmóvil, me parecía una falta de respeto hacer algo en ese momento, pues no entendía el lugar. Sólo logré sentir que algo me estaba sucediendo estando ahí», afirma.Noticias relacionadas estandar Si CRÍTICA DE: ‘Everything under the Sun?’, de Jordi Colomer: hasta el infinito y más acá Fernando Castro Flórez estandar Si ARTE Ana María Caballero y Alba Triana: de las pequeñas y las grandes cosas Javier Rubio NomblotDesde aquel momento empezó a plantearse una nueva forma de mirar, nuevos procesos y perspectivas que se diferenciaran de los del trabajo documental tradicional. Semejante impresión tuvo como consecuencia –la lógica es casi literal– el ‘contacto’, el fotograma, esa manera primitiva y sin óptica de hacer fotografía donde los cuerpos, los objetos, todo queda impreso directamente en el papel sin la mediación de lentes ni mecánica alguna. A imagen y semejanza. En las imágenes, algunas de las obras de ‘Intersticios’, en el MARCO de Vigo, de Roberto Huarcaya MARCOA partir de entonces, la fotografía será para Huarcaya e l desarrollo de aquella experiencia casi mágica, solicitando la colaboración de las propias fuerzas naturales para ofrecer un retrato a escala 1:1 de la Madre Naturaleza, ya con mayúsculas.A las pocas semanas regresó al lugar con un enorme rollo de papel sensibilizado y un equipo de ayudantes, dispuesto a que la densidad vegetal, con sus sombras y luces, se abrazara a la imagen, convencido de que la cámara sólo podría ofrecerle una epidermis de la selva, lo exterior. Huarcaya buscó el cuerpo a cuerpo en su sentido más elemental, y, de este modo, la pose, el encuadre, fueron sustituidos por el vaivén de la vegetación movida por el viento; el flash, por el rayo de la tormenta o la luz de la luna; lo instantáneo de la obturación, por dilatados tiempos de exposición, que en algunos de sus trabajos superan las cuatro horas (y el artista confiesa que en el patio de su casa tiene papeles que durante años siguen desarrollando su proceso químico y su oxidación).arte_abc_0724 Esta exposición en el MARCO de Vigo ofrece un fenomenal puñado de ejemplos de este proceso de comunión, de empatía radical entre la mirada humana y el cuerpo ubérrimo, envolvente de la selva. El montaje no ha escatimado medios para conseguir los efectos más afortunados: hay vistas ‘di sotto in su’, reflejos en oscuros estanques a los pies del espectador, laberintos donde puede enredarse y púlpitos desde los cuales recuperar la línea de horizonte perdida… Experiencias que enlazan con lo que el cuerpo experimenta en la densidad del bosque o la selva, y que las imágenes intensifican.Roberto Huarcaya: ‘Intersticios. Fotogramas (2014-2025)’ MARCO. Vigo. Rúa do Príncipe, 54 Vigo. Comisario: Miguel Fernández Cid. Hasta el 29 de marzo. Tres estrellas.Imágenes que, hasta cierto punto, son las sombras de aquello que Huarcaya vivió en la Amazonía y que no ha dudado en calificar como «una experiencia detonante». Tras aquella deflagración, todo está vivo y muerto, como desde siempre ha querido el arte. Una suerte de fantasmagoría que fija en dos dimensiones en blanco y negro las profundidades del mundo tangible y las energías que lo atraviesan. Sí, él sigue considerándose fotógrafo.
En 2014, fecha de arranque para esta exposición, Roberto Huarcaya (Lima, 1959), vivió la que posiblemente fue la experiencia decisiva de su vida, al menos de la profesional. Invitado, junto a otros artistas a participar en unas jornadas multidisciplinares en el Parque Nacional Bahuaja … Sonene, reserva natural de la selva peruana de Tambopata, sufrió una suerte de revelación estática cuando, abrumado por el entorno salvaje, la exuberancia botánica y la densidad de sensaciones que lo envolvieron quedó literalmente paralizado.
«Aquella primera vez no hice ninguna fotografía, no pude. Veía cómo otros fotografiaban como si se tratara de captar todo a través de la lente y yo me quedé inmóvil, me parecía una falta de respeto hacer algo en ese momento, pues no entendía el lugar. Sólo logré sentir que algo me estaba sucediendo estando ahí», afirma.
Desde aquel momento empezó a plantearse una nueva forma de mirar, nuevos procesos y perspectivas que se diferenciaran de los del trabajo documental tradicional. Semejante impresión tuvo como consecuencia –la lógica es casi literal– el ‘contacto’, el fotograma, esa manera primitiva y sin óptica de hacer fotografía donde los cuerpos, los objetos, todo queda impreso directamente en el papel sin la mediación de lentes ni mecánica alguna.
En las imágenes, algunas de las obras de ‘Intersticios’, en el MARCO de Vigo, de Roberto Huarcaya
MARCO
A partir de entonces, la fotografía será para Huarcaya el desarrollo de aquella experiencia casi mágica, solicitando la colaboración de las propias fuerzas naturales para ofrecer un retrato a escala 1:1 de la Madre Naturaleza, ya con mayúsculas.
A las pocas semanas regresó al lugar con un enorme rollo de papel sensibilizado y un equipo de ayudantes, dispuesto a que la densidad vegetal, con sus sombras y luces, se abrazara a la imagen, convencido de que la cámara sólo podría ofrecerle una epidermis de la selva, lo exterior. Huarcaya buscó el cuerpo a cuerpo en su sentido más elemental, y, de este modo, la pose, el encuadre, fueron sustituidos por el vaivén de la vegetación movida por el viento; el flash, por el rayo de la tormenta o la luz de la luna; lo instantáneo de la obturación, por dilatados tiempos de exposición, que en algunos de sus trabajos superan las cuatro horas (y el artista confiesa que en el patio de su casa tiene papeles que durante años siguen desarrollando su proceso químico y su oxidación).
Esta exposición en el MARCO de Vigo ofrece un fenomenal puñado de ejemplos de este proceso de comunión, de empatía radical entre la mirada humana y el cuerpo ubérrimo, envolvente de la selva. El montaje no ha escatimado medios para conseguir los efectos más afortunados: hay vistas ‘di sotto in su’, reflejos en oscuros estanques a los pies del espectador, laberintos donde puede enredarse y púlpitos desde los cuales recuperar la línea de horizonte perdida… Experiencias que enlazan con lo que el cuerpo experimenta en la densidad del bosque o la selva, y que las imágenes intensifican.
Roberto Huarcaya: ‘Intersticios. Fotogramas (2014-2025)’
MARCO. Vigo. Rúa do Príncipe, 54 Vigo. Comisario: Miguel Fernández Cid. Hasta el 29 de marzo. Tres estrellas.
Imágenes que, hasta cierto punto, son las sombras de aquello que Huarcaya vivió en la Amazonía y que no ha dudado en calificar como «una experiencia detonante». Tras aquella deflagración, todo está vivo y muerto, como desde siempre ha querido el arte. Una suerte de fantasmagoría que fija en dos dimensiones en blanco y negro las profundidades del mundo tangible y las energías que lo atraviesan. Sí, él sigue considerándose fotógrafo.
Límite de sesiones alcanzadas
- El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a la vez. Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Volver a intentar
Has superado el límite de sesiones
- Sólo puedes tener tres sesiones iniciadas a la vez. Hemos cerrado la sesión más antigua para que sigas navegando sin límites en el resto.
Sigue navegando
Artículo solo para suscriptores
RSS de noticias de cultura
