No hace falta que nadie te explique el miedo para reconocerlo cuando aparece. Cambian los siglos, las costumbres, las amenazas y hasta la manera de contarlas, pero basta una sombra al otro lado de la puerta para que la imaginación haga el resto. Cada época tiene sus fantasmas, aunque algunos se resistan a desaparecer. Pennywise sigue acechando desde las alcantarillas, Carrie White continúa siendo la adolescente a la que nadie querría tener por enemiga y los monstruos de ‘Alien’ no han perdido las ganas de merendarse a la humanidad. La diferencia es que ahora ya no les basta con una película, queremos conocer sus orígenes, explorar sus rincones más oscuros y averiguar qué más pueden esconder. El terror de toda la vida se ha convertido así en un universo en expansión.El fenómeno tiene una de sus expresiones más evidentes en ‘Carrie’, la nueva serie de Prime Video dirigida por Mike Flanagan, uno de los nombres propios del terror televisivo contemporáneo. La novela con la que Stephen King debutó en 1974 ya había dado lugar a varias adaptaciones, pero esta vez la historia de la adolescente con poderes telequinéticos se traslada a varios capítulos y actualiza uno de sus elementos más inquietantes: la crueldad de sus compañeros. Al acoso escolar se suman ahora el ciberacoso y la exposición permanente de una víctima ante los ojos de toda una comunidad. El tormento ya no termina al salir del instituto; puede acompañar a una persona hasta su propia habitación y multiplicarse en las pantallas. Los poderes de Carrie siguen siendo extraordinarios, pero el miedo que los alimenta resulta demasiado reconocible. Hay monstruos que no necesitan colmillos, es algo tan simple como un grupo de adolescentes, un teléfono móvil y la certeza de que la humillación no va a desaparecer con el timbre de salida.También Stephen King está detrás de ‘IT: Bienvenidos a Derry’, la serie de HBO Max que amplía el universo de las películas protagonizadas por el payaso Pennywise. En lugar de limitarse a repetir el enfrentamiento entre el monstruo y sus víctimas, la ficción retrocede en el tiempo para explorar los antecedentes de una localidad que parece condenada a convivir con el horror. Es una precuela, sí, pero también una forma de convertir el escenario en protagonista porque Derry deja de ser el lugar donde suceden cosas terribles para convertirse en una comunidad atravesada por una violencia que se repite de generación en generación. La pregunta ya no es solamente cómo escapar de Pennywise , sino qué ocurre en un pueblo para que el mal encuentre siempre la manera de regresar. El monstruo puede adoptar muchas formas, pero el verdadero espanto también reside en aquello que una sociedad prefiere no mirar. El payaso es la cara más visible del terror, aunque quizá lo más inquietante sea todo lo que permite esconder detrás de su sonrisa.La expansión alcanza también a Jason Voorhees, el asesino de la saga ‘Viernes 13’, en ‘Crystal Lake’, la precuela de HBO Max. La serie se sitúa antes de los acontecimientos de la película original y pone el foco en Pamela Voorhees, la madre de Jason, marcada por la muerte de su hijo en el lago que da título a la ficción. En vez de volver a poner en marcha la mecánica habitual del asesino que persigue a un grupo de jóvenes, la historia se adentra en los antecedentes de una de las familias más siniestras del cine de terror. El monstruo deja de ser únicamente una figura enmascarada que aparece para sembrar el pánico y se convierte en el resultado de una historia que la serie quiere explorar. Como sucede con Pennywise, el interés está en averiguar qué había antes de que el personaje se convirtiera en leyenda. Eso sí, explicar los orígenes de un icono tiene sus riesgos: cuanto más sabemos de él, menos espacio queda para imaginar qué lo hace verdaderamente aterrador.En ‘Alien: Planeta Tierra’, disponible en Disney+, el salto permite llevar la amenaza extraterrestre a un escenario que la franquicia cinematográfica había explorado de otra manera: nuestro propio planeta. Creada por Noah Hawley, la serie sitúa la acción en un futuro dominado por grandes corporaciones y utiliza la aparición de criaturas peligrosas para ampliar el universo de la saga y plantear cuestiones sobre el poder, la tecnología y los límites de lo humano. El alien sigue siendo una pesadilla biológica, pero ya no basta con huir de él por los pasillos de una nave espacial: el mundo que lo rodea también forma parte del problema. En el terreno de los videojuegos, ‘The Last of Us’ demuestra que la operación funciona igualmente con historias nacidas en otros medios. Basada en la franquicia de Naughty Dog, la serie vuelve a un mundo devastado por una infección y profundiza en las consecuencias de sobrevivir en él, donde el peligro no procede únicamente de los infectados, sino también de los propios seres humanos. La nostalgia adopta otra forma en ‘American Horror Story’, que estrenó su decimotercera temporada en Disney+ el 25 de septiembre. La antología creada por Ryan Murphy y Brad Falchuk lleva más de una década construyendo historias independientes alrededor de casas encantadas, aquelarres, hoteles siniestros y otros escenarios de pesadilla. Esta vez, sin embargo, recupera a varios personajes conocidos de entregas anteriores, entre ellos Constance Langdon, Cordelia Goode y Madison Montgomery. No es ampliar una franquicia cinematográfica, como sucede con ‘Carrie’, ‘IT’ o ‘Viernes 13’, sino de explotar la memoria de su propio universo televisivo. Los espectadores vuelven a encontrarse con rostros familiares y con figuras que ya forman parte del imaginario de la serie. Aquí el pasado funciona como reclamo, pero la reunión de viejos conocidos ofrece, al mismo tiempo, la oportunidad de jugar con las expectativas de quienes creen saber qué horrores les esperan. Hasta los fantasmas tienen derecho a una segunda aparición.Del filón al agotamientoHay, desde luego, razones en esta expansión. En una industria en la que las plataformas compiten por atraer y retener suscriptores, recuperar una historia conocida ofrece algunas ventajas evidentes: el público reconoce el título, identifica a sus personajes y sabe, al menos en parte, qué clase de experiencia le espera. No es necesario explicar desde cero quién es Carrie, qué representa Pennywise o por qué una criatura de ‘Alien’ provoca semejante pavor. En tiempos de reinicios, secuelas y regresos, las franquicias funcionan como una promesa de familiaridad, una invitación a reencontrarse con algo que ya nos conquistó. Y el terror, que vive en buena medida de activar miedos compartidos, encuentra en esa memoria colectiva un terreno especialmente fértil. El problema aparece cuando la expansión se convierte en una obligación y cada historia de éxito parece exigir una nueva precuela, un reinicio o una explicación adicional. No todos los monstruos necesitan una infancia, ni todos los pueblos malditos requieren una nueva investigación sobre sus orígenes. A fuerza de iluminar cada rincón de un universo, existe el riesgo de acabar con parte de su misterio y de tanto explicar el miedo, se puede terminar domesticándolo. La frontera entre ampliar una mitología y estirar una fórmula hasta agotarla es estrecha. Estas historias todavía pueden decir cosas nuevas sobre el presente, como muestra el acoso digital que persigue a Carrie o la violencia social que atraviesa los mundos de King, pero ninguna cantidad de nostalgia sustituye a una buena historia. Porque el miedo será universal, pero para seguir funcionando necesita algo más que un monstruo reconocible, necesita una razón para volver a esconderse de él. No hace falta que nadie te explique el miedo para reconocerlo cuando aparece. Cambian los siglos, las costumbres, las amenazas y hasta la manera de contarlas, pero basta una sombra al otro lado de la puerta para que la imaginación haga el resto. Cada época tiene sus fantasmas, aunque algunos se resistan a desaparecer. Pennywise sigue acechando desde las alcantarillas, Carrie White continúa siendo la adolescente a la que nadie querría tener por enemiga y los monstruos de ‘Alien’ no han perdido las ganas de merendarse a la humanidad. La diferencia es que ahora ya no les basta con una película, queremos conocer sus orígenes, explorar sus rincones más oscuros y averiguar qué más pueden esconder. El terror de toda la vida se ha convertido así en un universo en expansión.El fenómeno tiene una de sus expresiones más evidentes en ‘Carrie’, la nueva serie de Prime Video dirigida por Mike Flanagan, uno de los nombres propios del terror televisivo contemporáneo. La novela con la que Stephen King debutó en 1974 ya había dado lugar a varias adaptaciones, pero esta vez la historia de la adolescente con poderes telequinéticos se traslada a varios capítulos y actualiza uno de sus elementos más inquietantes: la crueldad de sus compañeros. Al acoso escolar se suman ahora el ciberacoso y la exposición permanente de una víctima ante los ojos de toda una comunidad. El tormento ya no termina al salir del instituto; puede acompañar a una persona hasta su propia habitación y multiplicarse en las pantallas. Los poderes de Carrie siguen siendo extraordinarios, pero el miedo que los alimenta resulta demasiado reconocible. Hay monstruos que no necesitan colmillos, es algo tan simple como un grupo de adolescentes, un teléfono móvil y la certeza de que la humillación no va a desaparecer con el timbre de salida.También Stephen King está detrás de ‘IT: Bienvenidos a Derry’, la serie de HBO Max que amplía el universo de las películas protagonizadas por el payaso Pennywise. En lugar de limitarse a repetir el enfrentamiento entre el monstruo y sus víctimas, la ficción retrocede en el tiempo para explorar los antecedentes de una localidad que parece condenada a convivir con el horror. Es una precuela, sí, pero también una forma de convertir el escenario en protagonista porque Derry deja de ser el lugar donde suceden cosas terribles para convertirse en una comunidad atravesada por una violencia que se repite de generación en generación. La pregunta ya no es solamente cómo escapar de Pennywise , sino qué ocurre en un pueblo para que el mal encuentre siempre la manera de regresar. El monstruo puede adoptar muchas formas, pero el verdadero espanto también reside en aquello que una sociedad prefiere no mirar. El payaso es la cara más visible del terror, aunque quizá lo más inquietante sea todo lo que permite esconder detrás de su sonrisa.La expansión alcanza también a Jason Voorhees, el asesino de la saga ‘Viernes 13’, en ‘Crystal Lake’, la precuela de HBO Max. La serie se sitúa antes de los acontecimientos de la película original y pone el foco en Pamela Voorhees, la madre de Jason, marcada por la muerte de su hijo en el lago que da título a la ficción. En vez de volver a poner en marcha la mecánica habitual del asesino que persigue a un grupo de jóvenes, la historia se adentra en los antecedentes de una de las familias más siniestras del cine de terror. El monstruo deja de ser únicamente una figura enmascarada que aparece para sembrar el pánico y se convierte en el resultado de una historia que la serie quiere explorar. Como sucede con Pennywise, el interés está en averiguar qué había antes de que el personaje se convirtiera en leyenda. Eso sí, explicar los orígenes de un icono tiene sus riesgos: cuanto más sabemos de él, menos espacio queda para imaginar qué lo hace verdaderamente aterrador.En ‘Alien: Planeta Tierra’, disponible en Disney+, el salto permite llevar la amenaza extraterrestre a un escenario que la franquicia cinematográfica había explorado de otra manera: nuestro propio planeta. Creada por Noah Hawley, la serie sitúa la acción en un futuro dominado por grandes corporaciones y utiliza la aparición de criaturas peligrosas para ampliar el universo de la saga y plantear cuestiones sobre el poder, la tecnología y los límites de lo humano. El alien sigue siendo una pesadilla biológica, pero ya no basta con huir de él por los pasillos de una nave espacial: el mundo que lo rodea también forma parte del problema. En el terreno de los videojuegos, ‘The Last of Us’ demuestra que la operación funciona igualmente con historias nacidas en otros medios. Basada en la franquicia de Naughty Dog, la serie vuelve a un mundo devastado por una infección y profundiza en las consecuencias de sobrevivir en él, donde el peligro no procede únicamente de los infectados, sino también de los propios seres humanos. La nostalgia adopta otra forma en ‘American Horror Story’, que estrenó su decimotercera temporada en Disney+ el 25 de septiembre. La antología creada por Ryan Murphy y Brad Falchuk lleva más de una década construyendo historias independientes alrededor de casas encantadas, aquelarres, hoteles siniestros y otros escenarios de pesadilla. Esta vez, sin embargo, recupera a varios personajes conocidos de entregas anteriores, entre ellos Constance Langdon, Cordelia Goode y Madison Montgomery. No es ampliar una franquicia cinematográfica, como sucede con ‘Carrie’, ‘IT’ o ‘Viernes 13’, sino de explotar la memoria de su propio universo televisivo. Los espectadores vuelven a encontrarse con rostros familiares y con figuras que ya forman parte del imaginario de la serie. Aquí el pasado funciona como reclamo, pero la reunión de viejos conocidos ofrece, al mismo tiempo, la oportunidad de jugar con las expectativas de quienes creen saber qué horrores les esperan. Hasta los fantasmas tienen derecho a una segunda aparición.Del filón al agotamientoHay, desde luego, razones en esta expansión. En una industria en la que las plataformas compiten por atraer y retener suscriptores, recuperar una historia conocida ofrece algunas ventajas evidentes: el público reconoce el título, identifica a sus personajes y sabe, al menos en parte, qué clase de experiencia le espera. No es necesario explicar desde cero quién es Carrie, qué representa Pennywise o por qué una criatura de ‘Alien’ provoca semejante pavor. En tiempos de reinicios, secuelas y regresos, las franquicias funcionan como una promesa de familiaridad, una invitación a reencontrarse con algo que ya nos conquistó. Y el terror, que vive en buena medida de activar miedos compartidos, encuentra en esa memoria colectiva un terreno especialmente fértil. El problema aparece cuando la expansión se convierte en una obligación y cada historia de éxito parece exigir una nueva precuela, un reinicio o una explicación adicional. No todos los monstruos necesitan una infancia, ni todos los pueblos malditos requieren una nueva investigación sobre sus orígenes. A fuerza de iluminar cada rincón de un universo, existe el riesgo de acabar con parte de su misterio y de tanto explicar el miedo, se puede terminar domesticándolo. La frontera entre ampliar una mitología y estirar una fórmula hasta agotarla es estrecha. Estas historias todavía pueden decir cosas nuevas sobre el presente, como muestra el acoso digital que persigue a Carrie o la violencia social que atraviesa los mundos de King, pero ninguna cantidad de nostalgia sustituye a una buena historia. Porque el miedo será universal, pero para seguir funcionando necesita algo más que un monstruo reconocible, necesita una razón para volver a esconderse de él.

No hace falta que nadie te explique el miedo para reconocerlo cuando aparece. Cambian los siglos, las costumbres, las amenazas y hasta la manera de contarlas, pero basta una sombra al otro lado de la puerta para que la imaginación haga el resto. Cada época tiene sus fantasmas, aunque algunos se resistan a desaparecer. Pennywise sigue acechando desde las alcantarillas, Carrie White continúa siendo la adolescente a la que nadie querría tener por enemiga y los monstruos de ‘Alien’ no han perdido las ganas de merendarse a la humanidad. La diferencia es que ahora ya no les basta con una película, queremos conocer sus orígenes, explorar sus rincones más oscuros y averiguar qué más pueden esconder. El terror de toda la vida se ha convertido así en un universo en expansión.
El fenómeno tiene una de sus expresiones más evidentes en ‘Carrie’, la nueva serie de Prime Video dirigida por Mike Flanagan, uno de los nombres propios del terror televisivo contemporáneo. La novela con la que Stephen King debutó en 1974 ya había dado lugar a varias adaptaciones, pero esta vez la historia de la adolescente con poderes telequinéticos se traslada a varios capítulos y actualiza uno de sus elementos más inquietantes: la crueldad de sus compañeros. Al acoso escolar se suman ahora el ciberacoso y la exposición permanente de una víctima ante los ojos de toda una comunidad. El tormento ya no termina al salir del instituto; puede acompañar a una persona hasta su propia habitación y multiplicarse en las pantallas. Los poderes de Carrie siguen siendo extraordinarios, pero el miedo que los alimenta resulta demasiado reconocible. Hay monstruos que no necesitan colmillos, es algo tan simple como un grupo de adolescentes, un teléfono móvil y la certeza de que la humillación no va a desaparecer con el timbre de salida.
También Stephen King está detrás de ‘IT: Bienvenidos a Derry’, la serie de HBO Max que amplía el universo de las películas protagonizadas por el payaso Pennywise. En lugar de limitarse a repetir el enfrentamiento entre el monstruo y sus víctimas, la ficción retrocede en el tiempo para explorar los antecedentes de una localidad que parece condenada a convivir con el horror. Es una precuela, sí, pero también una forma de convertir el escenario en protagonista porque Derry deja de ser el lugar donde suceden cosas terribles para convertirse en una comunidad atravesada por una violencia que se repite de generación en generación. La pregunta ya no es solamente cómo escapar de Pennywise, sino qué ocurre en un pueblo para que el mal encuentre siempre la manera de regresar. El monstruo puede adoptar muchas formas, pero el verdadero espanto también reside en aquello que una sociedad prefiere no mirar. El payaso es la cara más visible del terror, aunque quizá lo más inquietante sea todo lo que permite esconder detrás de su sonrisa.
La expansión alcanza también a Jason Voorhees, el asesino de la saga ‘Viernes 13’, en ‘Crystal Lake’, la precuela de HBO Max. La serie se sitúa antes de los acontecimientos de la película original y pone el foco en Pamela Voorhees, la madre de Jason, marcada por la muerte de su hijo en el lago que da título a la ficción. En vez de volver a poner en marcha la mecánica habitual del asesino que persigue a un grupo de jóvenes, la historia se adentra en los antecedentes de una de las familias más siniestras del cine de terror. El monstruo deja de ser únicamente una figura enmascarada que aparece para sembrar el pánico y se convierte en el resultado de una historia que la serie quiere explorar. Como sucede con Pennywise, el interés está en averiguar qué había antes de que el personaje se convirtiera en leyenda. Eso sí, explicar los orígenes de un icono tiene sus riesgos: cuanto más sabemos de él, menos espacio queda para imaginar qué lo hace verdaderamente aterrador.
En ‘Alien: Planeta Tierra’, disponible en Disney+, el salto permite llevar la amenaza extraterrestre a un escenario que la franquicia cinematográfica había explorado de otra manera: nuestro propio planeta. Creada por Noah Hawley, la serie sitúa la acción en un futuro dominado por grandes corporaciones y utiliza la aparición de criaturas peligrosas para ampliar el universo de la saga y plantear cuestiones sobre el poder, la tecnología y los límites de lo humano. El alien sigue siendo una pesadilla biológica, pero ya no basta con huir de él por los pasillos de una nave espacial: el mundo que lo rodea también forma parte del problema. En el terreno de los videojuegos, ‘The Last of Us’ demuestra que la operación funciona igualmente con historias nacidas en otros medios. Basada en la franquicia de Naughty Dog, la serie vuelve a un mundo devastado por una infección y profundiza en las consecuencias de sobrevivir en él, donde el peligro no procede únicamente de los infectados, sino también de los propios seres humanos.
La nostalgia adopta otra forma en ‘American Horror Story’, que estrenó su decimotercera temporada en Disney+ el 25 de septiembre. La antología creada por Ryan Murphy y Brad Falchuk lleva más de una década construyendo historias independientes alrededor de casas encantadas, aquelarres, hoteles siniestros y otros escenarios de pesadilla. Esta vez, sin embargo, recupera a varios personajes conocidos de entregas anteriores, entre ellos Constance Langdon, Cordelia Goode y Madison Montgomery. No es ampliar una franquicia cinematográfica, como sucede con ‘Carrie’, ‘IT’ o ‘Viernes 13’, sino de explotar la memoria de su propio universo televisivo. Los espectadores vuelven a encontrarse con rostros familiares y con figuras que ya forman parte del imaginario de la serie. Aquí el pasado funciona como reclamo, pero la reunión de viejos conocidos ofrece, al mismo tiempo, la oportunidad de jugar con las expectativas de quienes creen saber qué horrores les esperan. Hasta los fantasmas tienen derecho a una segunda aparición.
Del filón al agotamiento
Hay, desde luego, razones en esta expansión. En una industria en la que las plataformas compiten por atraer y retener suscriptores, recuperar una historia conocida ofrece algunas ventajas evidentes: el público reconoce el título, identifica a sus personajes y sabe, al menos en parte, qué clase de experiencia le espera. No es necesario explicar desde cero quién es Carrie, qué representa Pennywise o por qué una criatura de ‘Alien’ provoca semejante pavor. En tiempos de reinicios, secuelas y regresos, las franquicias funcionan como una promesa de familiaridad, una invitación a reencontrarse con algo que ya nos conquistó. Y el terror, que vive en buena medida de activar miedos compartidos, encuentra en esa memoria colectiva un terreno especialmente fértil.
El problema aparece cuando la expansión se convierte en una obligación y cada historia de éxito parece exigir una nueva precuela, un reinicio o una explicación adicional. No todos los monstruos necesitan una infancia, ni todos los pueblos malditos requieren una nueva investigación sobre sus orígenes. A fuerza de iluminar cada rincón de un universo, existe el riesgo de acabar con parte de su misterio y de tanto explicar el miedo, se puede terminar domesticándolo. La frontera entre ampliar una mitología y estirar una fórmula hasta agotarla es estrecha. Estas historias todavía pueden decir cosas nuevas sobre el presente, como muestra el acoso digital que persigue a Carrie o la violencia social que atraviesa los mundos de King, pero ninguna cantidad de nostalgia sustituye a una buena historia. Porque el miedo será universal, pero para seguir funcionando necesita algo más que un monstruo reconocible, necesita una razón para volver a esconderse de él.
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