El Gran Teatre del Liceu cierra este julio la temporada operística con Falstaff, la última ópera de Verdi, basado en un personaje de Shakespeare que aparece en Enrique IV y en Las alegres comadres de Windsor. Y lo hace con una carga emotiva innegable porque supondrá la despedida como director musical del Liceu del maestro Josep Pons, que el próximo año se pondrá al frente de la Deutsche Radio Philharmonie. “Soy dado a contener las emociones, pero tras 14 años la valoración es buenísima. No tengo en absoluto sensación de tristeza”, afirmó el día de la presentación. Falstaff se estrenará el día 9 y con ocho funciones se representará con un cartel de lujo liderados por los dos bajos-barítonos italianos Luca Salsi y Ambrogio Maestri, que se alternarán en el rol protagonista.
El maestro, que el próxima curso liderará la Deutsche Radio Philharmonie, se pone al frente de la orquesta para interpretar la último ópera de Verdi
El maestro, que el próxima curso liderará la Deutsche Radio Philharmonie, se pone al frente de la orquesta para interpretar la último ópera de Verdi


El Gran Teatre del Liceu cierra este julio la temporada operística con Falstaff, la última ópera de Verdi, basado en un personaje de Shakespeare que aparece en Enrique IV y en Las alegres comadres de Windsor. Y lo hace con una carga emotiva innegable porque supondrá la despedida como director musical del Liceu del maestro Josep Pons, que el próximo año se pondrá al frente de la Deutsche Radio Philharmonie. “Soy dado a contener las emociones, pero tras 14 años la valoración es buenísima. No tengo en absoluto sensación de tristeza”, afirmó el día de la presentación. Falstaff se estrenará el día 9 y con ocho funciones se representará con un cartel de lujo liderados por los dos bajos-barítonos italianos Luca Salsi y Ambrogio Maestri, que se alternarán en el rol protagonista.
Pons dirigirá la octava sinfonía de Mahler el 24 de julio, pero esta ópera de Verdi es la útima que afronta como director musical antes de irse a Alemania. Nombrado director honorario, la próxima temporada dirigirá La flauta mágica. El vínculo no se romperá. “Deja un legado sonoro y del saber. Y ha sido capaz de ordenar la casa”, le elogió el director general artístico del Liceu, Víctor García de Gomar. Pons agradeció a la casa poder despedirse con un Verdi y señaló que “ama” la ópera, pero no tanto la vida de una carrera operística. Pons rechazó, por ejemplo, una oferta de La Fenice y empezó su relación con el teatro en 1991 como asistente de Antoni Ros-Marbà. “No ha sido este el trabajo de una persona sola sino de mucha gente. Un teatro de ópera es entrar en un convento. Dejas de vivir. Esta es una gran casa y solo tengo agradecimiento”, dijo.

Bajo la dirección escénica de Laurent Pelly y la reposición de Benoît De Leersnyder, el Liceu acoge esta ópera postrera de Verdi, que estrenó cuando tenía casi 80 años y llevaba más de 15 sin escribir. Seducido por el personaje shakesperiano de Falstaff, casi un triste antihéroe y un grotesco Don Juan, Verdi aceptó la propuesta de Arrigo Boito de volver a componer y está vez lejos del drama. La obra, una comedia, se inspira en Las alegres comadres de Windsor y trata sobre las maquinaciones del protagonista que envía dos cartas de amor a dos burguesas, es descubierto y acaba siendo motivo de burla por el resto del reparto disfrazado de hadas y fantasmas.
“Verdi fue un grande entre los grandes. Y en esta ópera hace una mirada hacia atrás, hacia el gran país musical que es Italia”, esgrimió Pons, que achacó al compositor la divulgación de la obra shakesperiana. “Es un lujo tener a los dos mejores Falstaff de la historia”, dijo en alusión a los dos bajos-barítonos. De Leersnyder abundó que sobre el teatro no habrá solo cantantes sino que son cantantes actores. “No actúan como Falstaff. Son Falstaff. Es un sueño tenerlos”, afirmó señalando que para el público esta ópera es una comedia aunque realmente el protagonista es triste: “Es mitómano, cree tener sex appeal y que como con Don Giovanni puede seducir y no es así. Y nos burlamos porque nos reconocemos”.

La puesta en escena juega con la idea shakesperiana de lo sublime y lo grotesco y, explicó De Leersnyder, se visualiza en dos mundos. En uno se observa a un inmenso Falstaff en un café pequeño y en otro el mundo es inmenso con las dos comadres pequeñas. Luca Salsi apreció también que es una producción buffa pero con una base “un poco triste”. “Cada día es un estímulo. Veo la partitura y pienso esto la otra vez no lo ví. Es el mejor compositor de todos los tiempos”. A su lado, Ambrogio Maestri, que ha hecho mil veces de Falstaff, bromeó con el esfuerzo que le supone asumir el papel cuando ahora con 56 años pesa 160 kilos. “Los regidores nunca nos preguntan. Me piden ahora con barriga, viejo y que sea capaz de bailar. Me duelen las rodillas. Falstaff me ha dado mucho. Nunca dejas de aprender pero ¡estoy hecho polvo!”.
Fascinados por la figura de Verdi, la presentación concluyó con un diálogo en el que los dos barítonos y el maestro apuntaron que en la época de Verdi se tocaba con la mitad de instrumentos que ahora. O como Luca Salsi reveló que había aprendido de Ambrogio Maestri que debía cantar sintiéndose Falstaff y no “como Luca haciendo de Fasltaff». Pons concluyó afirmando que en las partituras de las obras maestras también está el teatro. “En realidad en la partitura está todo. Cuando habla de los cuernos”, relató el maestro, “Verdi hace un tritono y su grafía lo es. Nuestro trabajo es intentar entender la mano de Verdi y la vemos en las notas, entre las notas, debajo de las notas, leyendo su biografía. Pero es como una cebolla con muchas capas. Uno cree haber entendido y la próxima vez veremos más cosas. Una obra crece con las interpretaciones y eso es algo mágico”.

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