Crítica de zarzuela ‘Jugar con fuego’ Música Francisco Asenjo Barbieri Libreto Ventura de la Vega Versión y dirección Marina Bollaín Dirección musical Álvaro Albiach Escenografía Blanca Añón Vestuario Teresa Mora Iluminación Marc Gonzalo Vídeo Félix Bollaín Espacio sonoro Lucas Laverty Principales intérpretes Ruth Iniesta, Alejandro del Cerro, José Antonio López, David Lagares, Manuel de Diego, Javier Povedano, Zaira Montes, Coro Titular del Teatro de la Zarzuela, Orquesta de la Comunidad de Madrid Lugar Teatro de la Zarzuela, Madrid ****El planteamiento con el que Marina Bollaín salta al terreno de juego de esta zarzuela, ‘ Jugar con fuego ‘, es arriesgado: llevar una obra de mediados del siglo XIX (se estrenó en 1851) ambientada en el Madrid de la época (música y lenguaje incluido) a un estadio de fútbol en nuestros días -no se dice cuál, pero la vitrina con las quince copas de Europa ofrecen una pista-. Pero hay que decir en primer lugar que la directora de escena y autora de la versión sale más que airosa del reto y abandona el campo con los tres puntos en el bolsillo y la eliminatoria resuelta.’Jugar con fuego’ es la primera ‘zarzuela grande’ (en tres actos) de la historia; Francisco Asenjo Barbieri -sobre un libreto de Ventura de la Vega basado en una comedia de los franceses François Ancelot y Alexis Decomberousse- vertió en su partitura su inspiración, conocimiento y habilidad -las tres extraordinarias- para lograr una obra que bebe fundamentalmente de la ópera italiana imperante en aquel tiempo -sobre todo de Rossini-, aunque introduce ya con cuentagotas los acentos castizos que tomarían carta de naturaleza ya en su obra maestra, ‘ El barberillo de Lavapiés ‘ (1874), y sentaría las bases de la zarzuela moderna. Pero hay números brillantísimos en ‘Jugar con fuego’: los concertantes con los que concluyen los dos primeros actos; la romanza de la soprano, ‘Un tiempo fue’; o el número del barítono y el coro de locos, ‘¿Quién me socorre?’, son buenos ejemplos de ello. La obra cuenta, básicamente, una historia de amor interclasista entre la duquesa de Medina y Félix, y otra de acoso sexual por parte del marqués de Caravaca a la propia duquesa, y cuyos actos transcurren respectivamente en la verbena de San Juan, el Palacio del Buen Retiro y un manicomio. Marina Bollaín une los tres escenarios en un estadio de fútbol durante la celebración de un partido , en una puesta en escena detallista y llena de inteligencia; ha modificado las partes habladas para adecuar el lenguaje a nuestros días -la obra está escrita en verso- y ha respetado, lógicamente, los números musicales, pero consigue que palabras y melodías no resulten extrañas cantadas por personajes contemporáneos. Solo cojea el abrupto desenlace; el partido merece otro final, pero esto no empaña el resultado conjunto.Noticia relacionada No No ‘La edad de plata’ en el Teatro de la Zarzuela: ¿a quién quiero más? Alberto González LapuenteBuena parte del mérito reside en la alineación: la MVP del encuentro es, sin duda, la soprano Ruth Iniesta , una artista luminosa, brillante y poderosamente comunicativa. Suyos fueron los goles, pero a ellos contribuyeron en el centro del campo, con solvencia y calidad, Alejandro del Cerro, José Antonio López o Manuel de Diego, magníficos también en su doble faceta de cantantes y actores -uno de los grandes méritos de la detallista dirección de Marina Bollaín es que las partes habladas suenen naturales y no engoladas como suele ser frecuente en este género-. El necesario equilibrio entre defensa y ataque (entre foso y escena) lo brindó la zaga (la orquesta), capitaneada por la delicada y fina dirección de Álvaro Albiach . La espléndida actuación de todo el equipo logró la goleada y el aplauso de todo el estadio… del teatro, perdón. Crítica de zarzuela ‘Jugar con fuego’ Música Francisco Asenjo Barbieri Libreto Ventura de la Vega Versión y dirección Marina Bollaín Dirección musical Álvaro Albiach Escenografía Blanca Añón Vestuario Teresa Mora Iluminación Marc Gonzalo Vídeo Félix Bollaín Espacio sonoro Lucas Laverty Principales intérpretes Ruth Iniesta, Alejandro del Cerro, José Antonio López, David Lagares, Manuel de Diego, Javier Povedano, Zaira Montes, Coro Titular del Teatro de la Zarzuela, Orquesta de la Comunidad de Madrid Lugar Teatro de la Zarzuela, Madrid ****El planteamiento con el que Marina Bollaín salta al terreno de juego de esta zarzuela, ‘ Jugar con fuego ‘, es arriesgado: llevar una obra de mediados del siglo XIX (se estrenó en 1851) ambientada en el Madrid de la época (música y lenguaje incluido) a un estadio de fútbol en nuestros días -no se dice cuál, pero la vitrina con las quince copas de Europa ofrecen una pista-. Pero hay que decir en primer lugar que la directora de escena y autora de la versión sale más que airosa del reto y abandona el campo con los tres puntos en el bolsillo y la eliminatoria resuelta.’Jugar con fuego’ es la primera ‘zarzuela grande’ (en tres actos) de la historia; Francisco Asenjo Barbieri -sobre un libreto de Ventura de la Vega basado en una comedia de los franceses François Ancelot y Alexis Decomberousse- vertió en su partitura su inspiración, conocimiento y habilidad -las tres extraordinarias- para lograr una obra que bebe fundamentalmente de la ópera italiana imperante en aquel tiempo -sobre todo de Rossini-, aunque introduce ya con cuentagotas los acentos castizos que tomarían carta de naturaleza ya en su obra maestra, ‘ El barberillo de Lavapiés ‘ (1874), y sentaría las bases de la zarzuela moderna. Pero hay números brillantísimos en ‘Jugar con fuego’: los concertantes con los que concluyen los dos primeros actos; la romanza de la soprano, ‘Un tiempo fue’; o el número del barítono y el coro de locos, ‘¿Quién me socorre?’, son buenos ejemplos de ello. La obra cuenta, básicamente, una historia de amor interclasista entre la duquesa de Medina y Félix, y otra de acoso sexual por parte del marqués de Caravaca a la propia duquesa, y cuyos actos transcurren respectivamente en la verbena de San Juan, el Palacio del Buen Retiro y un manicomio. Marina Bollaín une los tres escenarios en un estadio de fútbol durante la celebración de un partido , en una puesta en escena detallista y llena de inteligencia; ha modificado las partes habladas para adecuar el lenguaje a nuestros días -la obra está escrita en verso- y ha respetado, lógicamente, los números musicales, pero consigue que palabras y melodías no resulten extrañas cantadas por personajes contemporáneos. Solo cojea el abrupto desenlace; el partido merece otro final, pero esto no empaña el resultado conjunto.Noticia relacionada No No ‘La edad de plata’ en el Teatro de la Zarzuela: ¿a quién quiero más? Alberto González LapuenteBuena parte del mérito reside en la alineación: la MVP del encuentro es, sin duda, la soprano Ruth Iniesta , una artista luminosa, brillante y poderosamente comunicativa. Suyos fueron los goles, pero a ellos contribuyeron en el centro del campo, con solvencia y calidad, Alejandro del Cerro, José Antonio López o Manuel de Diego, magníficos también en su doble faceta de cantantes y actores -uno de los grandes méritos de la detallista dirección de Marina Bollaín es que las partes habladas suenen naturales y no engoladas como suele ser frecuente en este género-. El necesario equilibrio entre defensa y ataque (entre foso y escena) lo brindó la zaga (la orquesta), capitaneada por la delicada y fina dirección de Álvaro Albiach . La espléndida actuación de todo el equipo logró la goleada y el aplauso de todo el estadio… del teatro, perdón.
El planteamiento con el que Marina Bollaín salta al terreno de juego de esta zarzuela, ‘Jugar con fuego‘, es arriesgado: llevar una obra de mediados del siglo XIX (se estrenó en 1851) ambientada en el Madrid de la época (música y lenguaje incluido) … a un estadio de fútbol en nuestros días -no se dice cuál, pero la vitrina con las quince copas de Europa ofrecen una pista-. Pero hay que decir en primer lugar que la directora de escena y autora de la versión sale más que airosa del reto y abandona el campo con los tres puntos en el bolsillo y la eliminatoria resuelta.
‘Jugar con fuego’ es la primera ‘zarzuela grande’ (en tres actos) de la historia; Francisco Asenjo Barbieri -sobre un libreto de Ventura de la Vega basado en una comedia de los franceses François Ancelot y Alexis Decomberousse- vertió en su partitura su inspiración, conocimiento y habilidad -las tres extraordinarias- para lograr una obra que bebe fundamentalmente de la ópera italiana imperante en aquel tiempo -sobre todo de Rossini-, aunque introduce ya con cuentagotas los acentos castizos que tomarían carta de naturaleza ya en su obra maestra, ‘El barberillo de Lavapiés‘ (1874), y sentaría las bases de la zarzuela moderna. Pero hay números brillantísimos en ‘Jugar con fuego’: los concertantes con los que concluyen los dos primeros actos; la romanza de la soprano, ‘Un tiempo fue’; o el número del barítono y el coro de locos, ‘¿Quién me socorre?’, son buenos ejemplos de ello.
La obra cuenta, básicamente, una historia de amor interclasista entre la duquesa de Medina y Félix, y otra de acoso sexual por parte del marqués de Caravaca a la propia duquesa, y cuyos actos transcurren respectivamente en la verbena de San Juan, el Palacio del Buen Retiro y un manicomio. Marina Bollaín une los tres escenarios en un estadio de fútbol durante la celebración de un partido, en una puesta en escena detallista y llena de inteligencia; ha modificado las partes habladas para adecuar el lenguaje a nuestros días -la obra está escrita en verso- y ha respetado, lógicamente, los números musicales, pero consigue que palabras y melodías no resulten extrañas cantadas por personajes contemporáneos. Solo cojea el abrupto desenlace; el partido merece otro final, pero esto no empaña el resultado conjunto.
Buena parte del mérito reside en la alineación: la MVP del encuentro es, sin duda, la soprano Ruth Iniesta, una artista luminosa, brillante y poderosamente comunicativa. Suyos fueron los goles, pero a ellos contribuyeron en el centro del campo, con solvencia y calidad, Alejandro del Cerro, José Antonio López o Manuel de Diego, magníficos también en su doble faceta de cantantes y actores -uno de los grandes méritos de la detallista dirección de Marina Bollaín es que las partes habladas suenen naturales y no engoladas como suele ser frecuente en este género-.
El necesario equilibrio entre defensa y ataque (entre foso y escena) lo brindó la zaga (la orquesta), capitaneada por la delicada y fina dirección de Álvaro Albiach. La espléndida actuación de todo el equipo logró la goleada y el aplauso de todo el estadio… del teatro, perdón.
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