Los datos de Julio Norte eran apabullantes en su etapa novilleril. Hace apenas dieciséis días se convirtió en matador de toros, y no está dispuesto a que eso cambie. «Para ser uno más, mejor dedicarse a otra cosa», dijo antes del doctorado, y eso demuestra cada tarde. No pudo ser más variado el recibo al bravo tercero: verónicas, chicuelinas, una gaonera y una brionesa de remate. Y tras el breve primer tercio -donde cumplió el animal-, quitó por caleserinas, rematadas con una bonita media belmontina y una larga de rodillas. En los medios se plantó de hinojos para cambiar el viaje del toro por la espalda, tras haber brindado a Tomás Páramo. A lo Rincón, le dio distancia en la primera tanda, yendo presto y largo el de Núñez de Tarifa, que no era la tonta del bote. Había que estar firme con él, porque iba queriendo comerse el engaño, con la boca cerrada, y hasta haciendo el avión en algunas ocasiones por la diestra. Al natural se quedaba algo abierto y le costaba más. Inteligente estuvo Julito, dándole tiempos al toro, y acortando distancias, donde se siente más cómodo, cuando se fue apagando, hasta terminar de rodillas, poniendo al público en pie. Terminó por ayudados por alto muy toreros, abriendo el animal entonces la boca. Un importante Lugareño, que murió como se había comportado: hasta no llegar a los medios no dobló. Qué bonita es la muerte de un toro bravo. Y qué bonito rendirle los honores que merece. Se le premió, con justicia, con la vuelta al ruedo; y las dos orejas fueron a las manos del salmantino. A lo lejos se veían unos cohetes a la salida del sexto. Pregonero fue al relance al caballo antes de que se colocaran los picadores, saliendo por los aires el pica, que quedó aplastado debajo del equino. Lograron sacarle, aunque no se levantaba el caballo. Era complicado centrar al de Núñez, que iba de aquí para allá, y más complicado aún levantar al caballo. Así un buen rato. Muy desperdigada fue la lidia, mas, también es verdad que el toro embestía a todos lados. Claro, había corrido tanto por todo el ruedo, que en el primer muletazo se rajó. Intentó llamar su atención por todos los medios Norte, pero el toro ni humillaba, ni pasaba. No le interesaba absolutamente nada lo que le ofrecía el salmantino, que tuvo que estar todo el rato pegado a tablas, pues no había quien lo sacara de ahí. Estuvo muy por encima el chaval, y logró cazarlo en la suerte suprema, donde se puso imposible el cierraplaza.El lote más deslucido le tocó a Perera. No es habitual, pero sus dos oponentes no tuvieron clase ni grandes virtudes. El que abrió plaza era muy chico, aunque tenía una mala uva increíble los primeros tercios. Con rabieta embistió al sentir la puya, y por poco no se llevó por delante a Miguel Ángel, tras un buen quite a la verónica. De milagro se libró Fini de que le hiriera, pero no de la voltereta, tras ser cogido con violencia. En verdaderos apuros puso a los subalternos, porque menudos arreones pegaba, especialmente por el derecho. Vergüenza torera mostró Herrera, clavando dos pares con mucho mérito. Apoyado en tablas comenzó Perera, que poderoso, le ponía la pañosa y le enseñó a embestir a base de temple y que no viera más que el engaño. Sin más estímulos que el extremeño, se le pasó la tontería al animal, con el que el de la Puebla del Prior ya hizo lo que quiso. «Si lo pincha bien, corta una oreja», comentaba un señor. Por suerte, Miguel Ángel no lo pinchó, lo mató se una estocada rinconera -y letal- y, efectivamente, a sus manos fue el primer trofeo de la tarde. Y otra le cortó al desclasado Aguaclara. Estuvo muy templado desde el capote, y nunca le tocó el de Núñez de Tarifa el engaño, pese a una incómoda brisa y el calamocheo tonto, que tendía a salir desentendido, no tenía clase alguna y era pegajosito. Se movía, eso sí, y con eso pudo Perera construir una faena meritoria y técnicamente perfecta, hasta terminar en las cercanías. Lo mejor fue la estocada, en todo el hoyo de las agujas.Feria del Cristo de los Remedios Plaza de toros La Tercera (San Sebastián de los Reyes) Sábado, 29 de agosto de 2026. Entrada: ¾ de entrada. Toros de Núñez de Tarifa. El tercero, bravo, premiado con la vuelta al ruedo. Miguel Ángel Perera, de soraya y oro. Estocada rinconera (oreja). Estocada (oreja). Diego García, de tabaco y oro. Estocada desprendida (dos orejas). Dos pinchazos y estocada (oreja). Julio Norte, de rosa palo y oro. Pinchazo y estocada caída (dos orejas). Pinchazo, estocada trasera y tendida y descabello (silencio).La tarde de Diego García fue de más entrega que acierto, aunque lógico al estar tan poco placeado. Tampoco le tocó ningún Lugareño, y todo lo dio el de Sanse. Aguador quería hacer las cosas bien, pero le faltaba fuerza. García lo había recibido con una tijerilla de rodillas en el capote, y había brindado a sus paisanos. Había que tratar con mimo al animal por el poco poder, pero respondía bien al buen trato y pedía distancia. Eso último no se lo dio el torero, pero sí intentó echarle la gracia que se le iba acabando al toro, con algún natural bueno, de uno en uno. Tampoco se dejó nada con Ponderoso: le dio capa por verónicas y chicuelinas, y cogió los palos: dos primeros pares reunidos, y un tercero, al quiebro, que quedó de aquella manera, con más voluntad que acierto. Y de rodillas se plantó por ayudados por alto. De nuevo, le pudieron las ganas, pero el torito era muy soso y perdía las manos cada dos por tres. Como tres fueron las orejas que guardó en su esportón una vez terminada la tarde. Los datos de Julio Norte eran apabullantes en su etapa novilleril. Hace apenas dieciséis días se convirtió en matador de toros, y no está dispuesto a que eso cambie. «Para ser uno más, mejor dedicarse a otra cosa», dijo antes del doctorado, y eso demuestra cada tarde. No pudo ser más variado el recibo al bravo tercero: verónicas, chicuelinas, una gaonera y una brionesa de remate. Y tras el breve primer tercio -donde cumplió el animal-, quitó por caleserinas, rematadas con una bonita media belmontina y una larga de rodillas. En los medios se plantó de hinojos para cambiar el viaje del toro por la espalda, tras haber brindado a Tomás Páramo. A lo Rincón, le dio distancia en la primera tanda, yendo presto y largo el de Núñez de Tarifa, que no era la tonta del bote. Había que estar firme con él, porque iba queriendo comerse el engaño, con la boca cerrada, y hasta haciendo el avión en algunas ocasiones por la diestra. Al natural se quedaba algo abierto y le costaba más. Inteligente estuvo Julito, dándole tiempos al toro, y acortando distancias, donde se siente más cómodo, cuando se fue apagando, hasta terminar de rodillas, poniendo al público en pie. Terminó por ayudados por alto muy toreros, abriendo el animal entonces la boca. Un importante Lugareño, que murió como se había comportado: hasta no llegar a los medios no dobló. Qué bonita es la muerte de un toro bravo. Y qué bonito rendirle los honores que merece. Se le premió, con justicia, con la vuelta al ruedo; y las dos orejas fueron a las manos del salmantino. A lo lejos se veían unos cohetes a la salida del sexto. Pregonero fue al relance al caballo antes de que se colocaran los picadores, saliendo por los aires el pica, que quedó aplastado debajo del equino. Lograron sacarle, aunque no se levantaba el caballo. Era complicado centrar al de Núñez, que iba de aquí para allá, y más complicado aún levantar al caballo. Así un buen rato. Muy desperdigada fue la lidia, mas, también es verdad que el toro embestía a todos lados. Claro, había corrido tanto por todo el ruedo, que en el primer muletazo se rajó. Intentó llamar su atención por todos los medios Norte, pero el toro ni humillaba, ni pasaba. No le interesaba absolutamente nada lo que le ofrecía el salmantino, que tuvo que estar todo el rato pegado a tablas, pues no había quien lo sacara de ahí. Estuvo muy por encima el chaval, y logró cazarlo en la suerte suprema, donde se puso imposible el cierraplaza.El lote más deslucido le tocó a Perera. No es habitual, pero sus dos oponentes no tuvieron clase ni grandes virtudes. El que abrió plaza era muy chico, aunque tenía una mala uva increíble los primeros tercios. Con rabieta embistió al sentir la puya, y por poco no se llevó por delante a Miguel Ángel, tras un buen quite a la verónica. De milagro se libró Fini de que le hiriera, pero no de la voltereta, tras ser cogido con violencia. En verdaderos apuros puso a los subalternos, porque menudos arreones pegaba, especialmente por el derecho. Vergüenza torera mostró Herrera, clavando dos pares con mucho mérito. Apoyado en tablas comenzó Perera, que poderoso, le ponía la pañosa y le enseñó a embestir a base de temple y que no viera más que el engaño. Sin más estímulos que el extremeño, se le pasó la tontería al animal, con el que el de la Puebla del Prior ya hizo lo que quiso. «Si lo pincha bien, corta una oreja», comentaba un señor. Por suerte, Miguel Ángel no lo pinchó, lo mató se una estocada rinconera -y letal- y, efectivamente, a sus manos fue el primer trofeo de la tarde. Y otra le cortó al desclasado Aguaclara. Estuvo muy templado desde el capote, y nunca le tocó el de Núñez de Tarifa el engaño, pese a una incómoda brisa y el calamocheo tonto, que tendía a salir desentendido, no tenía clase alguna y era pegajosito. Se movía, eso sí, y con eso pudo Perera construir una faena meritoria y técnicamente perfecta, hasta terminar en las cercanías. Lo mejor fue la estocada, en todo el hoyo de las agujas.Feria del Cristo de los Remedios Plaza de toros La Tercera (San Sebastián de los Reyes) Sábado, 29 de agosto de 2026. Entrada: ¾ de entrada. Toros de Núñez de Tarifa. El tercero, bravo, premiado con la vuelta al ruedo. Miguel Ángel Perera, de soraya y oro. Estocada rinconera (oreja). Estocada (oreja). Diego García, de tabaco y oro. Estocada desprendida (dos orejas). Dos pinchazos y estocada (oreja). Julio Norte, de rosa palo y oro. Pinchazo y estocada caída (dos orejas). Pinchazo, estocada trasera y tendida y descabello (silencio).La tarde de Diego García fue de más entrega que acierto, aunque lógico al estar tan poco placeado. Tampoco le tocó ningún Lugareño, y todo lo dio el de Sanse. Aguador quería hacer las cosas bien, pero le faltaba fuerza. García lo había recibido con una tijerilla de rodillas en el capote, y había brindado a sus paisanos. Había que tratar con mimo al animal por el poco poder, pero respondía bien al buen trato y pedía distancia. Eso último no se lo dio el torero, pero sí intentó echarle la gracia que se le iba acabando al toro, con algún natural bueno, de uno en uno. Tampoco se dejó nada con Ponderoso: le dio capa por verónicas y chicuelinas, y cogió los palos: dos primeros pares reunidos, y un tercero, al quiebro, que quedó de aquella manera, con más voluntad que acierto. Y de rodillas se plantó por ayudados por alto. De nuevo, le pudieron las ganas, pero el torito era muy soso y perdía las manos cada dos por tres. Como tres fueron las orejas que guardó en su esportón una vez terminada la tarde.
Los datos de Julio Norte eran apabullantes en su etapa novilleril. Hace apenas dieciséis días se convirtió en matador de toros, y no está dispuesto a que eso cambie. «Para ser uno más, mejor dedicarse a otra cosa», dijo antes del doctorado, y eso … demuestra cada tarde. No pudo ser más variado el recibo al bravo tercero: verónicas, chicuelinas, una gaonera y una brionesa de remate. Y tras el breve primer tercio -donde cumplió el animal-, quitó por caleserinas, rematadas con una bonita media belmontina y una larga de rodillas. En los medios se plantó de hinojos para cambiar el viaje del toro por la espalda, tras haber brindado a Tomás Páramo.
A lo Rincón, le dio distancia en la primera tanda, yendo presto y largo el de Núñez de Tarifa, que no era la tonta del bote. Había que estar firme con él, porque iba queriendo comerse el engaño, con la boca cerrada, y hasta haciendo el avión en algunas ocasiones por la diestra. Al natural se quedaba algo abierto y le costaba más. Inteligente estuvo Julito, dándole tiempos al toro, y acortando distancias, donde se siente más cómodo, cuando se fue apagando, hasta terminar de rodillas, poniendo al público en pie. Terminó por ayudados por alto muy toreros, abriendo el animal entonces la boca. Un importante Lugareño, que murió como se había comportado: hasta no llegar a los medios no dobló. Qué bonita es la muerte de un toro bravo. Y qué bonito rendirle los honores que merece. Se le premió, con justicia, con la vuelta al ruedo; y las dos orejas fueron a las manos del salmantino.
A lo lejos se veían unos cohetes a la salida del sexto. Pregonero fue al relance al caballo antes de que se colocaran los picadores, saliendo por los aires el pica, que quedó aplastado debajo del equino. Lograron sacarle, aunque no se levantaba el caballo. Era complicado centrar al de Núñez, que iba de aquí para allá, y más complicado aún levantar al caballo. Así un buen rato. Muy desperdigada fue la lidia, mas, también es verdad que el toro embestía a todos lados. Claro, había corrido tanto por todo el ruedo, que en el primer muletazo se rajó. Intentó llamar su atención por todos los medios Norte, pero el toro ni humillaba, ni pasaba. No le interesaba absolutamente nada lo que le ofrecía el salmantino, que tuvo que estar todo el rato pegado a tablas, pues no había quien lo sacara de ahí. Estuvo muy por encima el chaval, y logró cazarlo en la suerte suprema, donde se puso imposible el cierraplaza.
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El lote más deslucido le tocó a Perera. No es habitual, pero sus dos oponentes no tuvieron clase ni grandes virtudes. El que abrió plaza era muy chico, aunque tenía una mala uva increíble los primeros tercios. Con rabieta embistió al sentir la puya, y por poco no se llevó por delante a Miguel Ángel, tras un buen quite a la verónica. De milagro se libró Fini de que le hiriera, pero no de la voltereta, tras ser cogido con violencia. En verdaderos apuros puso a los subalternos, porque menudos arreones pegaba, especialmente por el derecho. Vergüenza torera mostró Herrera, clavando dos pares con mucho mérito. Apoyado en tablas comenzó Perera, que poderoso, le ponía la pañosa y le enseñó a embestir a base de temple y que no viera más que el engaño. Sin más estímulos que el extremeño, se le pasó la tontería al animal, con el que el de la Puebla del Prior ya hizo lo que quiso. «Si lo pincha bien, corta una oreja», comentaba un señor. Por suerte, Miguel Ángel no lo pinchó, lo mató se una estocada rinconera -y letal- y, efectivamente, a sus manos fue el primer trofeo de la tarde.
Y otra le cortó al desclasado Aguaclara. Estuvo muy templado desde el capote, y nunca le tocó el de Núñez de Tarifa el engaño, pese a una incómoda brisa y el calamocheo tonto, que tendía a salir desentendido, no tenía clase alguna y era pegajosito. Se movía, eso sí, y con eso pudo Perera construir una faena meritoria y técnicamente perfecta, hasta terminar en las cercanías. Lo mejor fue la estocada, en todo el hoyo de las agujas.
Feria del Cristo de los Remedios
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Plaza de toros La Tercera (San Sebastián de los Reyes)
Sábado, 29 de agosto de 2026. Entrada: ¾ de entrada. Toros de Núñez de Tarifa. El tercero, bravo, premiado con la vuelta al ruedo.
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Miguel Ángel Perera,
de soraya y oro. Estocada rinconera (oreja). Estocada (oreja). -
Diego García,
de tabaco y oro. Estocada desprendida (dos orejas). Dos pinchazos y estocada (oreja). -
Julio Norte,
de rosa palo y oro. Pinchazo y estocada caída (dos orejas). Pinchazo, estocada trasera y tendida y descabello (silencio).
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La tarde de Diego García fue de más entrega que acierto, aunque lógico al estar tan poco placeado. Tampoco le tocó ningún Lugareño, y todo lo dio el de Sanse. Aguador quería hacer las cosas bien, pero le faltaba fuerza. García lo había recibido con una tijerilla de rodillas en el capote, y había brindado a sus paisanos. Había que tratar con mimo al animal por el poco poder, pero respondía bien al buen trato y pedía distancia. Eso último no se lo dio el torero, pero sí intentó echarle la gracia que se le iba acabando al toro, con algún natural bueno, de uno en uno.
Tampoco se dejó nada con Ponderoso: le dio capa por verónicas y chicuelinas, y cogió los palos: dos primeros pares reunidos, y un tercero, al quiebro, que quedó de aquella manera, con más voluntad que acierto. Y de rodillas se plantó por ayudados por alto. De nuevo, le pudieron las ganas, pero el torito era muy soso y perdía las manos cada dos por tres. Como tres fueron las orejas que guardó en su esportón una vez terminada la tarde.
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