Cuando tres jóvenes de barrio, muy parecidos en sus contextos pero diferentes en sus esperanzas, son invitados a una fiesta en la zona alta de Barcelona , Carol y Marina Rodríguez Colas, con muchas ganas y ambición, se propusieron contar en ‘Hermanos’ lo que viven muchos en sus carnes y retar al prejuicio más poderoso. «Queríamos mostrar en las pantallas una visión alternativa de los barrios, que ni son tan conflictivos ni hay tanta criminalidad, hay referentes de gente trabajadora y digna». El pavimento, entre los característicos marrón y verde y una atmósfera que habla castellano, árabe y catalán, Ayman, Eric y Rober representan la nueva adolescencia. ‘Hermanos’ muestra esa realidad actualizada que vemos todos los días, chicas haciendo bailes para TikTok en la calle, la música urbana que suelen escuchar y hasta esa cultura pop española con el icono que es la Belén Esteban y el Sálvame a todo volumen.Ayman, Rober y Eric y su barrio, el protagonista secundario Fasten FilmsEsto se depura en clave de coming-of-age o novela de aprendizaje, de eso hay mucho al final de esta peli, desde luego, y, con ver lo que transmite el póster del filme, es complicado no pensar en los tres amigos del cine indie de ‘Las ventajas de ser un marginado’ (Charlie, Sam y Patrick), siendo referente en varias escenas que todo adolescente vivió en algún momento de su vida, desde la fiesta hasta la intimidad emocional de la habitación.Siguiendo ese mismo modelo, Marina y Carol, cuya ópera prima, ‘Chavalas’, se centra en la juventud femenina, vertebran aquí lo masculino y admiten el reto que afrontaron, ya que «ha sido como un proceso más de documentación, de observar a chavales de periferias, de grandes ciudades y entrevistar a muchos de ellos». A eso se le sumó la evolución, tanto delante como detrás de las cámaras, de tres chicos jóvenes sin mucha experiencia actoral. Cuentan a este diario que esto hizo que el proyecto se nutriera de «la frescura que le dan a los personajes, porque en el casting buscábamos a alguien que fuera cercano a los personajes que habíamos imaginado».La vergüenza de clase salvada por lo digitalEl hilo narrativo que impulsa el argumento es la clase y el cómo condiciona nuestras relaciones, prospectos y plan de vida. Este tema no es nada nuevo, es tan universal que ya se veía de lejos en los 1920 con los nuevos y viejos ricos, dependiendo de dónde uno nacía y, por ende, lo que heredaba. La vergüenza de clase que había en ese momento es casi transparente ahora, Carol y Marina argumentan que se debe a que «no hay tanto complejo, porque estos personajes aún no han hecho el viaje de salir del barrio, tienen una edad en la que su bagaje socioeconómico se corresponde con el de sus colegas». Comentamos, además, cómo las redes sociales, a pesar de sus notorias consecuencias negativas que tanto vemos en el día a día, pueden llegar a tener algo positivo en esta dicotomía. Cuando la cultura, al igual que quien escribe la Historia, es fomentada únicamente por aquellos que se lo pueden permitir, la mayoría de la población se queda fuera de esta ecuación, en esencia. «Ahora el barrio es mucho más aspiracional, hay muchísimos referentes de youtubers y cantantes de cualquier clase social, como lo son por ejemplo Morad o Rosalía , y esto hace que ahora haya una tendencia a enorgullecerse de la clase».Cada uno prospera en su escena, Eric busca salir de su crisálida y experimentar nuevas experiencias que moldean su identidad, Rober es rígido, la conciencia de clase personificada, y Aiman, igual que Pip y Estella en la mansión del clásico de Dickens ‘Grandes Esperanzas’ (1861), vive persiguiendo a la chica de sus sueños, pero los tres se dan de bruces con la barrera social que los divide. Con Eric «queríamos normalizar que hay diversas orientaciones sexuales dentro de un mismo grupo. Conocer a Dan le abre la cabeza porque es más natural y no siente la necesidad de hacer ningún rol de género». Rober «cree que puede aspirar socialmente a través de su pillería», pero tiene su propio drama familiar, especialmente en el momento ‘Tres metros sobre el cielo’ (2010) con las carreras, y de Aiman destacan que «está enamorado de Sara, quien hace un esfuerzo por deconstruirse y empatizar, pero es demasiado joven para estar genuinamente deconstruida».«Todo cambia, ahora hay una volatilidad en los trabajos brutal»Al preguntarles a las hermanas Rodríguez Colas sobre el tema recurrente que se entrevé en la familia del protagonista, el dichoso trabajo, se abren y dan muchos datos sobre sus propias experiencias. «Nuestros padres no han tenido formación universitaria, por eso había una importancia de que tuviéramos un trabajo que nos pudiera sostener económicamente. ¿Y qué pasa? Que los trabajos relacionados con la cultura y el arte están precarizados, ellos siempre nos han dicho que hay carreras que son para ricos y para los no tan ricos». Al hablar de semejante tema, mencionan el problema de la vivienda y el desencanto de las nuevas generaciones, «a nosotros nos prometieron que si estudiábamos, podríamos acceder a trabajos más estables y ya nos hemos dado cuenta de que no, porque el contexto cambia, nos influye y hay una volatilidad de los trabajos brutal». En definitiva, esto es lo que hace que ‘Hermanos’ sea un espejo claramente realista, porque el arte y la cultura siempre van a imitar a la vida y viceversa. Cuando tres jóvenes de barrio, muy parecidos en sus contextos pero diferentes en sus esperanzas, son invitados a una fiesta en la zona alta de Barcelona , Carol y Marina Rodríguez Colas, con muchas ganas y ambición, se propusieron contar en ‘Hermanos’ lo que viven muchos en sus carnes y retar al prejuicio más poderoso. «Queríamos mostrar en las pantallas una visión alternativa de los barrios, que ni son tan conflictivos ni hay tanta criminalidad, hay referentes de gente trabajadora y digna». El pavimento, entre los característicos marrón y verde y una atmósfera que habla castellano, árabe y catalán, Ayman, Eric y Rober representan la nueva adolescencia. ‘Hermanos’ muestra esa realidad actualizada que vemos todos los días, chicas haciendo bailes para TikTok en la calle, la música urbana que suelen escuchar y hasta esa cultura pop española con el icono que es la Belén Esteban y el Sálvame a todo volumen.Ayman, Rober y Eric y su barrio, el protagonista secundario Fasten FilmsEsto se depura en clave de coming-of-age o novela de aprendizaje, de eso hay mucho al final de esta peli, desde luego, y, con ver lo que transmite el póster del filme, es complicado no pensar en los tres amigos del cine indie de ‘Las ventajas de ser un marginado’ (Charlie, Sam y Patrick), siendo referente en varias escenas que todo adolescente vivió en algún momento de su vida, desde la fiesta hasta la intimidad emocional de la habitación.Siguiendo ese mismo modelo, Marina y Carol, cuya ópera prima, ‘Chavalas’, se centra en la juventud femenina, vertebran aquí lo masculino y admiten el reto que afrontaron, ya que «ha sido como un proceso más de documentación, de observar a chavales de periferias, de grandes ciudades y entrevistar a muchos de ellos». A eso se le sumó la evolución, tanto delante como detrás de las cámaras, de tres chicos jóvenes sin mucha experiencia actoral. Cuentan a este diario que esto hizo que el proyecto se nutriera de «la frescura que le dan a los personajes, porque en el casting buscábamos a alguien que fuera cercano a los personajes que habíamos imaginado».La vergüenza de clase salvada por lo digitalEl hilo narrativo que impulsa el argumento es la clase y el cómo condiciona nuestras relaciones, prospectos y plan de vida. Este tema no es nada nuevo, es tan universal que ya se veía de lejos en los 1920 con los nuevos y viejos ricos, dependiendo de dónde uno nacía y, por ende, lo que heredaba. La vergüenza de clase que había en ese momento es casi transparente ahora, Carol y Marina argumentan que se debe a que «no hay tanto complejo, porque estos personajes aún no han hecho el viaje de salir del barrio, tienen una edad en la que su bagaje socioeconómico se corresponde con el de sus colegas». Comentamos, además, cómo las redes sociales, a pesar de sus notorias consecuencias negativas que tanto vemos en el día a día, pueden llegar a tener algo positivo en esta dicotomía. Cuando la cultura, al igual que quien escribe la Historia, es fomentada únicamente por aquellos que se lo pueden permitir, la mayoría de la población se queda fuera de esta ecuación, en esencia. «Ahora el barrio es mucho más aspiracional, hay muchísimos referentes de youtubers y cantantes de cualquier clase social, como lo son por ejemplo Morad o Rosalía , y esto hace que ahora haya una tendencia a enorgullecerse de la clase».Cada uno prospera en su escena, Eric busca salir de su crisálida y experimentar nuevas experiencias que moldean su identidad, Rober es rígido, la conciencia de clase personificada, y Aiman, igual que Pip y Estella en la mansión del clásico de Dickens ‘Grandes Esperanzas’ (1861), vive persiguiendo a la chica de sus sueños, pero los tres se dan de bruces con la barrera social que los divide. Con Eric «queríamos normalizar que hay diversas orientaciones sexuales dentro de un mismo grupo. Conocer a Dan le abre la cabeza porque es más natural y no siente la necesidad de hacer ningún rol de género». Rober «cree que puede aspirar socialmente a través de su pillería», pero tiene su propio drama familiar, especialmente en el momento ‘Tres metros sobre el cielo’ (2010) con las carreras, y de Aiman destacan que «está enamorado de Sara, quien hace un esfuerzo por deconstruirse y empatizar, pero es demasiado joven para estar genuinamente deconstruida».«Todo cambia, ahora hay una volatilidad en los trabajos brutal»Al preguntarles a las hermanas Rodríguez Colas sobre el tema recurrente que se entrevé en la familia del protagonista, el dichoso trabajo, se abren y dan muchos datos sobre sus propias experiencias. «Nuestros padres no han tenido formación universitaria, por eso había una importancia de que tuviéramos un trabajo que nos pudiera sostener económicamente. ¿Y qué pasa? Que los trabajos relacionados con la cultura y el arte están precarizados, ellos siempre nos han dicho que hay carreras que son para ricos y para los no tan ricos». Al hablar de semejante tema, mencionan el problema de la vivienda y el desencanto de las nuevas generaciones, «a nosotros nos prometieron que si estudiábamos, podríamos acceder a trabajos más estables y ya nos hemos dado cuenta de que no, porque el contexto cambia, nos influye y hay una volatilidad de los trabajos brutal». En definitiva, esto es lo que hace que ‘Hermanos’ sea un espejo claramente realista, porque el arte y la cultura siempre van a imitar a la vida y viceversa.
Cuando tres jóvenes de barrio, muy parecidos en sus contextos pero diferentes en sus esperanzas, son invitados a una fiesta en la zona alta de Barcelona, Carol y Marina Rodríguez Colas, con muchas ganas y ambición, se propusieron contar en ‘Hermanos’ lo que viven … muchos en sus carnes y retar al prejuicio más poderoso.
«Queríamos mostrar en las pantallas una visión alternativa de los barrios, que ni son tan conflictivos ni hay tanta criminalidad, hay referentes de gente trabajadora y digna». El pavimento, entre los característicos marrón y verde y una atmósfera que habla castellano, árabe y catalán, Ayman, Eric y Rober representan la nueva adolescencia. ‘Hermanos’ muestra esa realidad actualizada que vemos todos los días, chicas haciendo bailes para TikTok en la calle, la música urbana que suelen escuchar y hasta esa cultura pop española con el icono que es la Belén Esteban y el Sálvame a todo volumen.

(Fasten Films)
Esto se depura en clave de coming-of-age o novela de aprendizaje, de eso hay mucho al final de esta peli, desde luego, y, con ver lo que transmite el póster del filme, es complicado no pensar en los tres amigos del cine indie de ‘Las ventajas de ser un marginado’ (Charlie, Sam y Patrick), siendo referente en varias escenas que todo adolescente vivió en algún momento de su vida, desde la fiesta hasta la intimidad emocional de la habitación.
Siguiendo ese mismo modelo, Marina y Carol, cuya ópera prima, ‘Chavalas’, se centra en la juventud femenina, vertebran aquí lo masculino y admiten el reto que afrontaron, ya que «ha sido como un proceso más de documentación, de observar a chavales de periferias, de grandes ciudades y entrevistar a muchos de ellos». A eso se le sumó la evolución, tanto delante como detrás de las cámaras, de tres chicos jóvenes sin mucha experiencia actoral. Cuentan a este diario que esto hizo que el proyecto se nutriera de «la frescura que le dan a los personajes, porque en el casting buscábamos a alguien que fuera cercano a los personajes que habíamos imaginado».
La vergüenza de clase salvada por lo digital
El hilo narrativo que impulsa el argumento es la clase y el cómo condiciona nuestras relaciones, prospectos y plan de vida. Este tema no es nada nuevo, es tan universal que ya se veía de lejos en los 1920 con los nuevos y viejos ricos, dependiendo de dónde uno nacía y, por ende, lo que heredaba. La vergüenza de clase que había en ese momento es casi transparente ahora, Carol y Marina argumentan que se debe a que «no hay tanto complejo, porque estos personajes aún no han hecho el viaje de salir del barrio, tienen una edad en la que su bagaje socioeconómico se corresponde con el de sus colegas».
Comentamos, además, cómo las redes sociales, a pesar de sus notorias consecuencias negativas que tanto vemos en el día a día, pueden llegar a tener algo positivo en esta dicotomía. Cuando la cultura, al igual que quien escribe la Historia, es fomentada únicamente por aquellos que se lo pueden permitir, la mayoría de la población se queda fuera de esta ecuación, en esencia. «Ahora el barrio es mucho más aspiracional, hay muchísimos referentes de youtubers y cantantes de cualquier clase social, como lo son por ejemplo Morad o Rosalía, y esto hace que ahora haya una tendencia a enorgullecerse de la clase».
Cada uno prospera en su escena, Eric busca salir de su crisálida y experimentar nuevas experiencias que moldean su identidad, Rober es rígido, la conciencia de clase personificada, y Aiman, igual que Pip y Estella en la mansión del clásico de Dickens ‘Grandes Esperanzas’ (1861), vive persiguiendo a la chica de sus sueños, pero los tres se dan de bruces con la barrera social que los divide. Con Eric «queríamos normalizar que hay diversas orientaciones sexuales dentro de un mismo grupo. Conocer a Dan le abre la cabeza porque es más natural y no siente la necesidad de hacer ningún rol de género». Rober «cree que puede aspirar socialmente a través de su pillería», pero tiene su propio drama familiar, especialmente en el momento ‘Tres metros sobre el cielo’ (2010) con las carreras, y de Aiman destacan que «está enamorado de Sara, quien hace un esfuerzo por deconstruirse y empatizar, pero es demasiado joven para estar genuinamente deconstruida».
«Todo cambia, ahora hay una volatilidad en los trabajos brutal»
Al preguntarles a las hermanas Rodríguez Colas sobre el tema recurrente que se entrevé en la familia del protagonista, el dichoso trabajo, se abren y dan muchos datos sobre sus propias experiencias. «Nuestros padres no han tenido formación universitaria, por eso había una importancia de que tuviéramos un trabajo que nos pudiera sostener económicamente. ¿Y qué pasa? Que los trabajos relacionados con la cultura y el arte están precarizados, ellos siempre nos han dicho que hay carreras que son para ricos y para los no tan ricos». Al hablar de semejante tema, mencionan el problema de la vivienda y el desencanto de las nuevas generaciones, «a nosotros nos prometieron que si estudiábamos, podríamos acceder a trabajos más estables y ya nos hemos dado cuenta de que no, porque el contexto cambia, nos influye y hay una volatilidad de los trabajos brutal».
En definitiva, esto es lo que hace que ‘Hermanos’ sea un espejo claramente realista, porque el arte y la cultura siempre van a imitar a la vida y viceversa.
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