El caso de la familia Estay representa de manera palmaria y reveladora la paradoja moral de la propia naturaleza humana. Verónica Estay Stange es hija de represaliados por la dictadura chilena y a su vez es sobrina de un destacado represor, Miguel Estay, conocido como el Fanta, que fue condenado a cadena perpetua por su implicación directa en la muerte tres personas. Lo curioso es que el Fanta había militado antes, junto a su hermano Jaime -el padre de Verónica-, en las filas del comunismo. Fue a raíz de su detención cuando decidió pasarse al otro lado; de acuerdo con su propia versión, lo hizo para salvar su vida y la de su hermano y su cuñada.
Desde luego, el personaje no puede ser más interesante desde una perspectiva filosófica ni puede ser más rico desde el punto de vista dramático. Esto es lo que enseguida advirtieron, cuando dieron con él, los creadores de ‘No mires’, una función que explora, a partir de ese episodio real, la indefectible ambigüedad del corazón humano. La obra lleva la firma en su dramaturgia de Cultura i Conflicte, una compañía -o colectivo, como ellos mismos se definen- afincada en Cataluña y que parte en sus trabajos del análisis periodístico y documental de la realidad social.
El triplete de Arqué
Este será el tercer montaje suyo que recale en el Teatro de La Abadía, después de ‘Hay alguien en el bosque’ y ‘Moríos’. Todos ellos han sido dirigidos por Joan Arqué, que recalca la incómoda complejidad ética del personaje del Fanta y de toda la propuesta como tal: “La idea era hablar de las zonas grises del alma humana, por decirlo de alguna manera; de todo aquello que hay más allá de los titulares, y que no es blanco ni negro. Estamos acostumbrados a verlo todo en términos muy maniqueos, muy binarios. Fue así, investigando sobre esto, como fuimos encaminándonos hacia el tema de las torturas, pero vistas no solo desde el lugar de quien las ha recibido, sino también desde la posición de quien las ha ejercido. La pregunta que nos hacemos en esta obra es cómo es posible que alguien pueda llegar a hacer algo así y a la vez sea un excelente padre, una excelente madre o una excelente persona”.
En efecto, esa es la opinión que tiene sobre el Fanta, en el mundo real, su propia hija -es decir, la prima de Verónica-, alguien que es conocedora de las terribles actividades en las que participó su ya fallecido progenitor y que, sin embargo, no puede dejar de sentir hacia él el amor que le mereció como padre. ¿Cómo son en verdad, por tanto, esos seres a los que llamamos monstruos? ¿Se puede amar a un monstruo? ¿Podríamos cualquiera de nosotros ser un monstruo? Estas son las preguntas que los miembros de la compañía se han planteado para construir con ellas lo que Arqué describe como “un thriller sobre el viaje que emprende Verónica, empujada por los silencios que envuelven el tema dentro de su familia, para conocer a su tío y a su prima, y para conocer, a partir de ellos, esa otra “humanidad” que nunca le presuponemos a un monstruo”. Pep Cruz, Erol Ileri, Marta Marco y Gemma Martínez son los protagonistas de ese thriller ahíto de realidad en el que, según su director, “hay giros más increíbles que en cualquier ficción”.
La historia que presenta La Abadía se centra en los silencios en familia de Verónica Estay Stange, hija de represaliados por la dictadura chilena y a su vez sobrina de un represor
El caso de la familia Estay representa de manera palmaria y reveladora la paradoja moral de la propia naturaleza humana. Verónica Estay Stange es hija de represaliados por la dictadura chilena y a su vez es sobrina de un destacado represor, Miguel Estay, conocido como el Fanta, que fue condenado a cadena perpetua por su implicación directa en la muerte tres personas. Lo curioso es que el Fanta había militado antes, junto a su hermano Jaime -el padre de Verónica-, en las filas del comunismo. Fue a raíz de su detención cuando decidió pasarse al otro lado; de acuerdo con su propia versión, lo hizo para salvar su vida y la de su hermano y su cuñada.
Desde luego, el personaje no puede ser más interesante desde una perspectiva filosófica ni puede ser más rico desde el punto de vista dramático. Esto es lo que enseguida advirtieron, cuando dieron con él, los creadores de ‘No mires’, una función que explora, a partir de ese episodio real, la indefectible ambigüedad del corazón humano. La obra lleva la firma en su dramaturgia de Cultura i Conflicte, una compañía -o colectivo, como ellos mismos se definen- afincada en Cataluña y que parte en sus trabajos del análisis periodístico y documental de la realidad social.
Este será el tercer montaje suyo que recale en el Teatro de La Abadía, después de ‘Hay alguien en el bosque’ y ‘Moríos’. Todos ellos han sido dirigidos por Joan Arqué, que recalca la incómoda complejidad ética del personaje del Fanta y de toda la propuesta como tal: “La idea era hablar de las zonas grises del alma humana, por decirlo de alguna manera; de todo aquello que hay más allá de los titulares, y que no es blanco ni negro. Estamos acostumbrados a verlo todo en términos muy maniqueos, muy binarios. Fue así, investigando sobre esto, como fuimos encaminándonos hacia el tema de las torturas, pero vistas no solo desde el lugar de quien las ha recibido, sino también desde la posición de quien las ha ejercido. La pregunta que nos hacemos en esta obra es cómo es posible que alguien pueda llegar a hacer algo así y a la vez sea un excelente padre, una excelente madre o una excelente persona”.
En efecto, esa es la opinión que tiene sobre el Fanta, en el mundo real, su propia hija -es decir, la prima de Verónica-, alguien que es conocedora de las terribles actividades en las que participó su ya fallecido progenitor y que, sin embargo, no puede dejar de sentir hacia él el amor que le mereció como padre. ¿Cómo son en verdad, por tanto, esos seres a los que llamamos monstruos? ¿Se puede amar a un monstruo? ¿Podríamos cualquiera de nosotros ser un monstruo? Estas son las preguntas que los miembros de la compañía se han planteado para construir con ellas lo que Arqué describe como “un thriller sobre el viaje que emprende Verónica, empujada por los silencios que envuelven el tema dentro de su familia, para conocer a su tío y a su prima, y para conocer, a partir de ellos, esa otra “humanidad” que nunca le presuponemos a un monstruo”. Pep Cruz, Erol Ileri, Marta Marco y Gemma Martínez son los protagonistas de ese thriller ahíto de realidad en el que, según su director, “hay giros más increíbles que en cualquier ficción”.
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