Azalea Sánchez pulsa el ratón de su computadora y, de ella, sale una melodía de percusiones y rugidos de jaguar. Es parte del boceto en el que trabaja, Báalam (jaguar, en maya), un tema que formará parte de su próximo álbum cuando esté listo. “Lo produzco todo aquí, en mi cuarto. Primero, porque me gusta tener el control de todo y también, por presupuesto, para que me salga más barato”, dice. Sánchez, que ha saltado al mundo artístico con el alias Azalea Báalam, combina en sus canciones el español, el maya y el náhuatl, una mezcla que ha logrado hacerse un hueco en la viralidad de las redes: ya cuenta con 10.000 seguidores y cerca de 120.000 me gustas en TikTok. Esos sonidos la han llevado a etiquetar su música como mayapop o nahuapop. Es una de las crecientes voces que apuestan por la identidad y la resistencia de las culturas originarias en una industria arrastrada por la dictadura del algoritmo.
Las voces de los dos jóvenes músicos apuestan por la identidad de las culturas originarias con temas en lengua maya o náhuatl que se han viralizado en redes
Azalea Sánchez pulsa el ratón de su computadora y, de ella, sale una melodía de percusiones y rugidos de jaguar. Es parte del boceto en el que trabaja, Báalam (jaguar, en maya), un tema que formará parte de su próximo álbum cuando esté listo. “Lo produzco todo aquí, en mi cuarto. Primero, porque me gusta tener el control de todo y también, por presupuesto, para que me salga más barato”, dice. Sánchez, que ha saltado al mundo artístico con el alias Azalea Báalam, combina en sus canciones el español, el maya y el náhuatl, una mezcla que ha logrado hacerse un hueco en la viralidad de las redes: ya cuenta con 10.000 seguidores y cerca de 120.000 me gustas en TikTok. Esos sonidos la han llevado a etiquetar su música como mayapop o nahuapop. Es una de las crecientes voces que apuestan por la identidad y la resistencia de las culturas originarias en una industria arrastrada por la dictadura del algoritmo.
Un gato asoma su cabeza de manera prudente por debajo de la cama de Báalam (Yucatán, 32 años), abrumado ante las personas que han entrado a la habitación o asustado por los rugidos que salen de la bocina de la computadora. Es en esa pequeña habitación de cortinas rosadas del centro de Ciudad de México donde la cantante trabaja en su proyecto, nacido en 2018. La gran motivación que la llevó a aprender las lenguas fue, precisamente, no haberlo hecho durante su infancia. “[De niña] no aprendí el maya yucateco, que es el que habla mi papá. Eso me motivó a buscar dónde aprender maya y luego náhuatl, porque yo crecí aquí, en Ciudad de México”. Fue entonces cuando empezó a prepararse poco a poco, primero con los idiomas, y más tarde con la música y danza folclórica.

El rostro de Miroslav Ü (Oaxaca, 26 años) queda a menudo cubierto por una colorida máscara que recuerda a los alebrijes, esas vistosas artesanías popularizadas en tierras oaxaqueñas. Al otro lado de la línea, también esconderá su nombre real. Es el misticismo que rodea al joven DJ, que abraza el náhuatl y el zapoteco en su música electrónica.
La pandemia de la covid-19, que llevó al planeta a un encierro temporal, forzó al oaxaqueño a mudarse y buscar otro trabajo. “El proyecto inicia como una propuesta de resurgimiento. Yo ya tenía una pequeña carrera establecida, ya vivía de la música”, asegura. Habla en plural para referirse al proyecto y explica que su música de entonces era muy diferente a la actual: “Perseguíamos tendencias, el aplauso fácil. No teníamos una identidad. Es una realidad que muchos artistas persiguen hoy en día. No es que esté mal; al final del día, para eso trabajamos”.
“Un caballo de Troya”
El oaxaqueño (123.500 seguidores en TikTok; 1,6 millones de me gustas) entró en una especie de proceso introspectivo durante la pandemia, con la mente puesta en cómo renovar su propuesta. Todo había cambiado en su Oaxaca natal durante el encierro. “Es otra generación, son nuevos antros, nuevas propuestas, un nuevo mundo después de la pandemia. Y comenzamos a construir el proyecto basado en la identidad de Oaxaca”, explica. Dice que ahora su proyecto es como un caballo de Troya cultural, “un despertar de las conciencias de una forma más pacífica y más estratégica”. “No lo vemos como lo hacen hoy en día, de ir a la Cámara de Diputados, dar un discurso chafa, que te den recursos, te lo robas y no pasa nada […] Nuestra visión es compartir y despertar las conciencias basándonos en la cultura e historia, motivando a los jóvenes”, indica.

La apuesta de los dos músicos es parte de la resistencia de las lenguas indígenas, que en las últimas décadas han perdido parte de su influencia en México. Pero no son los únicos, otros artistas como el también activista estadounidense Xiuhtezcatl Tonatiuh han alzado la voz por la defensa de estas lenguas. “La música es un arma en la lucha de levantar los idiomas originarios de nuestros pueblos”, expuso tiempo atrás en redes.
Los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), de 2020, arrojaban que solo el 5,8% de la población hablaba alguna lengua indígena, 7,3 millones de los 126 millones de mexicanos censados entonces. De esas lenguas, el náhuatl es la más extendida (1,6 millones de hablantes), seguida por el maya (774.000). Algo más atrás queda el zapoteco, predominante en Oaxaca (490.000). De cada 100 personas que hablaban esas lenguas, 88 también hablaba español.
Algunas de esas lenguas permiten expresar realidades que en español no tienen una traducción literal. Es algo que Báalam explica a partir de una de sus canciones, Niyolmatis. “Ni es yo, yol significa corazón y matis es saber. Algo interesante del náhuatl es que es aglutinante. Puedes ponerle a los verbos el prefijo yol y eso da más intensidad o se repite. Matis es saber, pero como un saber más intenso”, destaca.
Báalam ha bajado el misticismo que rodea a las lenguas mesoamericanas a la cultura pop, tratando temas más personales. “El mensaje es realmente lo que me llama la atención, lo que me gusta o lo que estoy pasando. Tengo una canción que se llama Hikikomori. Es un título en japonés que significa este aislamiento social y hablo de eso. Tengo otras que hablan de amor, otra más erótica. Son temas muy individuales”, cuenta. Y añade: “Aprovecho los idiomas originarios para expresar eso y también para darlos a conocer”. La música de Miroslav, en cambio, es algo más espiritual. Sus letras son una apuesta por la relación del ser con la naturaleza y lo místico. “Tiene que ver mucho con las historias que se cuentan de nuestra cultura, […] el agradecimiento a la tierra, al agua, con los elementos, con las personas”, afirma.
La cantante yucateca dice que Michael Jackson es su gran ídolo. De él es el disco que preside la cabecera de su cama, This is it. Báalam abre uno de los cajones de la habitación y saca media docena de instrumentos hechos a mano. “Estoy empezando mi colección. Por ejemplo, tengo una flauta de Jaina”, cuenta y muestra el resto: “Esta es este estilo maya y esta es la que utilizan los voladores de Papantla…”. Agarra una de ellas y sopla. La artesanía, dice, hace que no haya dos que suenen como esa.
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