Alejandro Magno iba camino de hacerse con el Imperio persa. Acababa de cruzar el Helesponto (el estrecho de los Dardanelos) y de conquistar Frigia, y se le presentó el dilema de desatar el «imposible» nudo gordiano. Aquel que lo consiguiese se haría con Asia. El rey de Macedonia no se lo pensó: sacó su espada de caballería y terminó con el problema de un solo corte: «Eligió esa forma de solucionar el problema para consolidarse como líder. Ante una situación intrincada, lo mejor era una decisión drástica», comenta Israel Elejalde en consonancia con la narración histórica de Curcio Rufo: «Es lo mismo cortarlo que desatarlo».
Esa misma decisión «audaz y resolutiva» es la que ahora propone Elejalde, como director, en la sala pequeña del Teatro Español (la Margarita Xirgu) con «El nudo gordiano», de Johnna Adams –y coproducción de Teatro Kamikaze–. Se recoge así la metáfora clásica para trasladarla a un «intenso drama psicológico», presentan, que se adentra «en los rincones más oscuros de la maternidad, la lealtad y el dolor» mediante una estructura que recuerda a la de un juicio.
La autora conforma un drama para dos actrices repleto de claroscuros. Una pieza, para su director, «apasionante y misteriosa, que plantea una dicotomía ante el abismo: ¿qué hacer? ¿Cortar el nudo o intentar deshacerlo? ¿A quién corresponde esa decisión? Y, sobre todo, ¿quién es responsable de sus consecuencias? ¿El sistema? ¿La familia? ¿Ambos? ¿Ninguno?».
Eva Rufo (Heather, profesora) y María Morales (Corryn, madre) serán las protagonistas de una historia ambientada en una pequeña comunidad estadounidense sacudida por una tragedia escolar que enfrentará a la madre con la maestra de su hijo Gidion. «Dos personajes femeninos fascinantes, encerrados en una situación límite y con una necesidad brutal la una de la otra para intentar resolver lo que ha pasado con un niño de once años. Con los datos que tienen, deben conseguir saber qué pasó. No tienen ni idea de lo que ocurrió. Ha sucedido algo con un vídeo y el chico ha sido expulsado del colegio. Heather lo manda a casa con una nota para tener una reunión con Corryn el lunes, pero en el medio pasa algo más grave que anula esa cita», explica Elejalde sin querer hacer más «spoiler» de la trama. «Es una obra que te deja con la sensación de que da igual lo irresoluble que sea algo, que merece la pena enfrentarse a este diálogo difícil que “a priori” es antagónico, pero del que sales distinto aunque no se haya resuelto la situación –comenta Morales–. Sales más relajada, aunque no calme. No hay ninguna moraleja ni conclusión; y sí una especie de tranquilidad. Te abre el cerebro y te deja un pozo de amargura más esperanzador».
Un rompecabezas
«Si la mente adulta es ya un rompecabezas lleno de contradicciones y peculiaridades», añade el director, «la de un niño es un lugar prácticamente ignoto, en donde abundan los prejuicios y los lugares comunes. Como material dramático, es probablemente uno de los más apasionantes. Está repleto de incógnitas y es un terreno de permanente lucha ideológica y cultural desde el siglo XIX».
Adams recurre al ejemplo del nudo gordiano para introducirse en un problema difícilmente resoluble y llegar a la conclusión, añade el director, que «la vida no es como un cuento y que a veces acudimos a la ficción para tener las cosas bien resueltas con apertura, desarrollo y desenlace. Pero la vida no es así; y no poder cerrar las cosas suele generar un inmenso dolor».
Para Elejalde, el tema que sobresale es «el dolor profundo que produce algo traumático y no se consigue saber por qué ocurrió», pero aun así, no se «trata de una pieza de temas, sino de personajes». Y en esas, el kamikaze no ha querido jugársela: como escribió John Strasberg en su libro «Accidentalmente a propósito», «cuando haces teatro de personajes, el 70% te lo juegas con el “cast”, y yo tengo la fortuna de contar con dos de las mejores actrices de esta ciudad. Sin ellas sería absolutamente imposible sacar adelante una obra encabezada por el dolor, las emociones y la inteligencia».
Estados Unidos como espejo
Incide Morales en esa «inteligencia» del texto: «Hay muchas temáticas y emociones atravesadas, pero no hay ningún desarrollo conclusivo. La confusión orbita y lo mezcla todo. Es una historia más o menos lineal atravesada por muchas disrupciones extrañas que forman parte de la lógica de la obra. Por eso me parece un reto interpretativo y me fascina al mismo tiempo».
Aparece «El nudo gordiano» en la escena madrileña en un momento en el que, apunta Rufo, «Estados Unidos nos sirve de espejo para ver cómo se está gestionando la violencia y aprender a cómo no hacer las cosas». Así, mantener la acción en EE UU ha sido una decisión meditada por Elejalde, además de por los propios derechos del título, para «mantener la distancia que nos permita reflexionar», asegura de una pieza «profundamente humanista: son dos mujeres intentando comprenderse porque se necesitan», insiste el director.
Adams plantea «preguntas incómodas sobre la responsabilidad, el perdón y los límites del amor materno», añade del montaje: ¿cómo educar a nuestros hijos? ¿Quiénes los educan? ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de los profesores frente a la de los padres? ¿Cuál es la manera de reconducir sus conflictos? ¿Cómo dar respuesta a aquellos niños que no entran en los cánones de lo que consideramos normativo? ¿Qué es la infancia?
«El nudo gordiano» no ofrece respuestas fáciles, pero invita «a mirar de frente las complejidades morales de un mundo donde el bien y el mal rara vez están claramente definidos. Una obra brutalmente honesta», cierra Elejalde.
- Dónde: Teatro Español, Madrid. Cuándo: hasta el 22 de marzo. Cuánto: 18 euros.
Israel Elejalde dirige a María Morales y Eva Rufo en un drama contemporáneo de Johnna Adams que se estrena en el Teatro Español
Alejandro Magno iba camino de hacerse con el Imperio persa. Acababa de cruzar el Helesponto (el estrecho de los Dardanelos) y de conquistar Frigia, y se le presentó el dilema de desatar el «imposible» nudo gordiano. Aquel que lo consiguiese se haría con Asia. El rey de Macedonia no se lo pensó: sacó su espada de caballería y terminó con el problema de un solo corte: «Eligió esa forma de solucionar el problema para consolidarse como líder. Ante una situación intrincada, lo mejor era una decisión drástica», comenta Israel Elejalde en consonancia con la narración histórica de Curcio Rufo: «Es lo mismo cortarlo que desatarlo».
Esa misma decisión «audaz y resolutiva» es la que ahora propone Elejalde, como director, en la sala pequeña del Teatro Español (la Margarita Xirgu) con «El nudo gordiano», de Johnna Adams –y coproducción de Teatro Kamikaze–. Se recoge así la metáfora clásica para trasladarla a un «intenso drama psicológico», presentan, que se adentra «en los rincones más oscuros de la maternidad, la lealtad y el dolor» mediante una estructura que recuerda a la de un juicio.
La autora conforma un drama para dos actrices repleto de claroscuros. Una pieza, para su director, «apasionante y misteriosa, que plantea una dicotomía ante el abismo: ¿qué hacer? ¿Cortar el nudo o intentar deshacerlo? ¿A quién corresponde esa decisión? Y, sobre todo, ¿quién es responsable de sus consecuencias? ¿El sistema? ¿La familia? ¿Ambos? ¿Ninguno?».
Eva Rufo (Heather, profesora) y María Morales (Corryn, madre) serán las protagonistas de una historia ambientada en una pequeña comunidad estadounidense sacudida por una tragedia escolar que enfrentará a la madre con la maestra de su hijo Gidion. «Dos personajes femeninos fascinantes, encerrados en una situación límite y con una necesidad brutal la una de la otra para intentar resolver lo que ha pasado con un niño de once años. Con los datos que tienen, deben conseguir saber qué pasó. No tienen ni idea de lo que ocurrió. Ha sucedido algo con un vídeo y el chico ha sido expulsado del colegio. Heather lo manda a casa con una nota para tener una reunión con Corryn el lunes, pero en el medio pasa algo más grave que anula esa cita», explica Elejalde sin querer hacer más «spoiler» de la trama. «Es una obra que te deja con la sensación de que da igual lo irresoluble que sea algo, que merece la pena enfrentarse a este diálogo difícil que “a priori” es antagónico, pero del que sales distinto aunque no se haya resuelto la situación –comenta Morales–. Sales más relajada, aunque no calme. No hay ninguna moraleja ni conclusión; y sí una especie de tranquilidad. Te abre el cerebro y te deja un pozo de amargura más esperanzador».
Un rompecabezas
«Si la mente adulta es ya un rompecabezas lleno de contradicciones y peculiaridades», añade el director, «la de un niño es un lugar prácticamente ignoto, en donde abundan los prejuicios y los lugares comunes. Como material dramático, es probablemente uno de los más apasionantes. Está repleto de incógnitas y es un terreno de permanente lucha ideológica y cultural desde el siglo XIX».
Adams recurre al ejemplo del nudo gordiano para introducirse en un problema difícilmente resoluble y llegar a la conclusión, añade el director, que «la vida no es como un cuento y que a veces acudimos a la ficción para tener las cosas bien resueltas con apertura, desarrollo y desenlace. Pero la vida no es así; y no poder cerrar las cosas suele generar un inmenso dolor».
Para Elejalde, el tema que sobresale es «el dolor profundo que produce algo traumático y no se consigue saber por qué ocurrió», pero aun así, no se «trata de una pieza de temas, sino de personajes». Y en esas, el kamikaze no ha querido jugársela: como escribió John Strasberg en su libro «Accidentalmente a propósito», «cuando haces teatro de personajes, el 70% te lo juegas con el “cast”, y yo tengo la fortuna de contar con dos de las mejores actrices de esta ciudad. Sin ellas sería absolutamente imposible sacar adelante una obra encabezada por el dolor, las emociones y la inteligencia».
Estados Unidos como espejo
Incide Morales en esa «inteligencia» del texto: «Hay muchas temáticas y emociones atravesadas, pero no hay ningún desarrollo conclusivo. La confusión orbita y lo mezcla todo. Es una historia más o menos lineal atravesada por muchas disrupciones extrañas que forman parte de la lógica de la obra. Por eso me parece un reto interpretativo y me fascina al mismo tiempo».
Aparece «El nudo gordiano» en la escena madrileña en un momento en el que, apunta Rufo, «Estados Unidos nos sirve de espejo para ver cómo se está gestionando la violencia y aprender a cómo no hacer las cosas». Así, mantener la acción en EE UU ha sido una decisión meditada por Elejalde, además de por los propios derechos del título, para «mantener la distancia que nos permita reflexionar», asegura de una pieza «profundamente humanista: son dos mujeres intentando comprenderse porque se necesitan», insiste el director.
Adams plantea «preguntas incómodas sobre la responsabilidad, el perdón y los límites del amor materno», añade del montaje: ¿cómo educar a nuestros hijos? ¿Quiénes los educan? ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de los profesores frente a la de los padres? ¿Cuál es la manera de reconducir sus conflictos? ¿Cómo dar respuesta a aquellos niños que no entran en los cánones de lo que consideramos normativo? ¿Qué es la infancia?
«El nudo gordiano» no ofrece respuestas fáciles, pero invita «a mirar de frente las complejidades morales de un mundo donde el bien y el mal rara vez están claramente definidos. Una obra brutalmente honesta», cierra Elejalde.
- Dónde: Teatro Español, Madrid. Cuándo: hasta el 22 de marzo. Cuánto: 18 euros.
Teatro
