La pregunta sonó casi a rendición. «¿Lo único que nos queda a la comunidad creativa es demandar?». Antonio Fernández , presidente de Adepi, que agrupa a las principales entidades de gestión de derechos de autor de España, se la planteó este miércoles durante un foro público al secretario de Estado de Cultura, Jordi Martí . ¿Solo tenemos la opción de demandar por todo el expolio que se ha producido durante la implementación de la inteligencia artificial, por la expropiación y usurpación de los contenidos protegidos por derechos de autor para entrenar los modelos?».La respuesta del número dos de Ernest Urtasun no fue la que habrían esperado los representantes del sector cultural que acudieron a escuchar a Martí a la Fundación Ortega-Marañón: «No tengo una respuesta clara». O el Ministerio de Cultura no sabe qué hacer para afrontar el reto de la inteligencia artificial, o no quiere hacerlo, o no quiere contarlo. Pero el tiempo pasa. «Es evidente que la IA está utilizando creaciones artísticas, culturales, escritas, visuales para generar un negocio sin retribuir, sin transparencia, sin dejar rastro. Es así y no podemos decirlo de otra manera. Y hay que inventar la manera de resolverlo».El único intento que el Ministerio de Cultura ha hecho para dar una respuesta a este problema es un real decreto para regular las licencias colectivas en el uso de la IA , pero lo terminó retirando porque «no convencía a nadie», según Martí. «Tratábamos de aplicar la lógica de una sociedad industrial a una sociedad postindustrial». Las herramientas del Gobierno para responder a este reto «son de una época anterior», pero Cultura no parece tener muchas ideas para afrontarlo: «No me cabe en la cabeza que algún día no podamos conseguir un acuerdo de carácter internacional para regularlo, porque si no tenemos problemas serios». España estará a lo que Bruselas mande, y mientras tanto…Mientras tanto, el panorama que se dibuja es de grandes pérdidas para el sector de la cultura. Según un estudio de la SGAE , la música generada por IA causará pérdidas de entre 160 y 180 millones de euros en España solo hasta 2028. Las plataformas entrenan sus modelos con millones de obras –muchas obtenidas de páginas piratas– sin pedir permiso ni pagar por ello. Luego generan nuevos contenidos que compiten directamente con las obras originales. «Estos modelos tienen una actividad comercial clarísima, que no solo afecta a la comunidad creativa y cultural, sino también a la prensa».Noticia Relacionada estandar Si Urtasun retira el decreto que regula la inteligencia artificial, incapaz de gestionar la división del sector cultural Jaime G. MoraUn día antes, el martes, Fernández había intervenido ante la Comisión de Cultura del Senado para advertir de que Europa está en una posición de extrema debilidad para plantarles cara a las grandes compañías que están desarrollando modelos de IA generativa. No en vano, Nvidia tiene una capitalización bursátil equivalente al 15 por ciento del PIB estadounidense; Google alcanza el 10 por ciento; Meta, el 6 por ciento. Son corporaciones-Estado. La semana pasada, Meta fue condenada a pagar 500 millones de euros a la prensa escrita. Pero son victorias aisladas, dijo. Hay que garantizar el respeto a los creadores con tres condiciones claras: autorización previa, transparencia sobre el uso de obras y pago por uso. Más allá de la necesidad de abrir nuevos procesos regulatorios, Adepi y las entidades de gestión sostienen que primero hay que cumplir la legislación existente. Las propias administraciones públicas utilizan contenidos protegidos sin abonar las licencias correspondientes.El número dos de Urtasun concedió hoy que hace falta «una reflexión a fondo», pero poco más. «Es obvio que con la legislación actual hay cosas que no se pueden hacer y es lógico que, si uno siente violado su derecho de autor, haya denuncias judiciales», dijo. La comunidad creativa ya tiene su respuesta: habrá que demandar. Se verá si el Gobierno español hace algo más que esperar a Bruselas. La pregunta sonó casi a rendición. «¿Lo único que nos queda a la comunidad creativa es demandar?». Antonio Fernández , presidente de Adepi, que agrupa a las principales entidades de gestión de derechos de autor de España, se la planteó este miércoles durante un foro público al secretario de Estado de Cultura, Jordi Martí . ¿Solo tenemos la opción de demandar por todo el expolio que se ha producido durante la implementación de la inteligencia artificial, por la expropiación y usurpación de los contenidos protegidos por derechos de autor para entrenar los modelos?».La respuesta del número dos de Ernest Urtasun no fue la que habrían esperado los representantes del sector cultural que acudieron a escuchar a Martí a la Fundación Ortega-Marañón: «No tengo una respuesta clara». O el Ministerio de Cultura no sabe qué hacer para afrontar el reto de la inteligencia artificial, o no quiere hacerlo, o no quiere contarlo. Pero el tiempo pasa. «Es evidente que la IA está utilizando creaciones artísticas, culturales, escritas, visuales para generar un negocio sin retribuir, sin transparencia, sin dejar rastro. Es así y no podemos decirlo de otra manera. Y hay que inventar la manera de resolverlo».El único intento que el Ministerio de Cultura ha hecho para dar una respuesta a este problema es un real decreto para regular las licencias colectivas en el uso de la IA , pero lo terminó retirando porque «no convencía a nadie», según Martí. «Tratábamos de aplicar la lógica de una sociedad industrial a una sociedad postindustrial». Las herramientas del Gobierno para responder a este reto «son de una época anterior», pero Cultura no parece tener muchas ideas para afrontarlo: «No me cabe en la cabeza que algún día no podamos conseguir un acuerdo de carácter internacional para regularlo, porque si no tenemos problemas serios». España estará a lo que Bruselas mande, y mientras tanto…Mientras tanto, el panorama que se dibuja es de grandes pérdidas para el sector de la cultura. Según un estudio de la SGAE , la música generada por IA causará pérdidas de entre 160 y 180 millones de euros en España solo hasta 2028. Las plataformas entrenan sus modelos con millones de obras –muchas obtenidas de páginas piratas– sin pedir permiso ni pagar por ello. Luego generan nuevos contenidos que compiten directamente con las obras originales. «Estos modelos tienen una actividad comercial clarísima, que no solo afecta a la comunidad creativa y cultural, sino también a la prensa».Noticia Relacionada estandar Si Urtasun retira el decreto que regula la inteligencia artificial, incapaz de gestionar la división del sector cultural Jaime G. MoraUn día antes, el martes, Fernández había intervenido ante la Comisión de Cultura del Senado para advertir de que Europa está en una posición de extrema debilidad para plantarles cara a las grandes compañías que están desarrollando modelos de IA generativa. No en vano, Nvidia tiene una capitalización bursátil equivalente al 15 por ciento del PIB estadounidense; Google alcanza el 10 por ciento; Meta, el 6 por ciento. Son corporaciones-Estado. La semana pasada, Meta fue condenada a pagar 500 millones de euros a la prensa escrita. Pero son victorias aisladas, dijo. Hay que garantizar el respeto a los creadores con tres condiciones claras: autorización previa, transparencia sobre el uso de obras y pago por uso. Más allá de la necesidad de abrir nuevos procesos regulatorios, Adepi y las entidades de gestión sostienen que primero hay que cumplir la legislación existente. Las propias administraciones públicas utilizan contenidos protegidos sin abonar las licencias correspondientes.El número dos de Urtasun concedió hoy que hace falta «una reflexión a fondo», pero poco más. «Es obvio que con la legislación actual hay cosas que no se pueden hacer y es lógico que, si uno siente violado su derecho de autor, haya denuncias judiciales», dijo. La comunidad creativa ya tiene su respuesta: habrá que demandar. Se verá si el Gobierno español hace algo más que esperar a Bruselas.
La pregunta sonó casi a rendición. «¿Lo único que nos queda a la comunidad creativa es demandar?». Antonio Fernández, presidente de Adepi, que agrupa a las principales entidades de gestión de derechos de autor de España, se la planteó este miércoles durante un foro público al secretario de Estado de Cultura, Jordi Martí … . ¿Solo tenemos la opción de demandar por todo el expolio que se ha producido durante la implementación de la inteligencia artificial, por la expropiación y usurpación de los contenidos protegidos por derechos de autor para entrenar los modelos?».
La respuesta del número dos de Ernest Urtasun no fue la que habrían esperado los representantes del sector cultural que acudieron a escuchar a Martí a la Fundación Ortega-Marañón: «No tengo una respuesta clara». O el Ministerio de Cultura no sabe qué hacer para afrontar el reto de la inteligencia artificial, o no quiere hacerlo, o no quiere contarlo. Pero el tiempo pasa. «Es evidente que la IA está utilizando creaciones artísticas, culturales, escritas, visuales para generar un negocio sin retribuir, sin transparencia, sin dejar rastro. Es así y no podemos decirlo de otra manera. Y hay que inventar la manera de resolverlo».
El único intento que el Ministerio de Cultura ha hecho para dar una respuesta a este problema es un real decreto para regular las licencias colectivas en el uso de la IA, pero lo terminó retirando porque «no convencía a nadie», según Martí. «Tratábamos de aplicar la lógica de una sociedad industrial a una sociedad postindustrial». Las herramientas del Gobierno para responder a este reto «son de una época anterior», pero Cultura no parece tener muchas ideas para afrontarlo: «No me cabe en la cabeza que algún día no podamos conseguir un acuerdo de carácter internacional para regularlo, porque si no tenemos problemas serios». España estará a lo que Bruselas mande, y mientras tanto…
Mientras tanto, el panorama que se dibuja es de grandes pérdidas para el sector de la cultura. Según un estudio de la SGAE, la música generada por IA causará pérdidas de entre 160 y 180 millones de euros en España solo hasta 2028. Las plataformas entrenan sus modelos con millones de obras –muchas obtenidas de páginas piratas– sin pedir permiso ni pagar por ello. Luego generan nuevos contenidos que compiten directamente con las obras originales. «Estos modelos tienen una actividad comercial clarísima, que no solo afecta a la comunidad creativa y cultural, sino también a la prensa».
Un día antes, el martes, Fernández había intervenido ante la Comisión de Cultura del Senado para advertir de que Europa está en una posición de extrema debilidad para plantarles cara a las grandes compañías que están desarrollando modelos de IA generativa. No en vano, Nvidia tiene una capitalización bursátil equivalente al 15 por ciento del PIB estadounidense; Google alcanza el 10 por ciento; Meta, el 6 por ciento. Son corporaciones-Estado.
La semana pasada, Meta fue condenada a pagar 500 millones de euros a la prensa escrita. Pero son victorias aisladas, dijo. Hay que garantizar el respeto a los creadores con tres condiciones claras: autorización previa, transparencia sobre el uso de obras y pago por uso. Más allá de la necesidad de abrir nuevos procesos regulatorios, Adepi y las entidades de gestión sostienen que primero hay que cumplir la legislación existente. Las propias administraciones públicas utilizan contenidos protegidos sin abonar las licencias correspondientes.
El número dos de Urtasun concedió hoy que hace falta «una reflexión a fondo», pero poco más. «Es obvio que con la legislación actual hay cosas que no se pueden hacer y es lógico que, si uno siente violado su derecho de autor, haya denuncias judiciales», dijo. La comunidad creativa ya tiene su respuesta: habrá que demandar. Se verá si el Gobierno español hace algo más que esperar a Bruselas.
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