Hubo un momento en que los dibujos animados dejaron de pedir permiso para entrar en el cine de los mayores. Ocurrió en 1991, cuando Disney convirtió un cuento de hadas que llevaba siglos contando lo mismo en algo nuevo. Era una historia de amor protagonizada por una lectora que quería escapar de su pueblo, una bestia capaz de bailar un vals y unos objetos de cocina con complejo de musical de Broadway. La ‘Bella y la Bestia’ no solo fue un éxito. Fue la película que consiguió que Hollywood mirara a la animación de otra manera. Llegó a los Oscar y se sentó en la mesa grande: fue la primera película animada nominada a Mejor Película. No ganó, porque aquella noche el premio fue para ‘El silencio de los corderos, pero ya había ocurrido algo más importante. Disney había demostrado que una película dibujada a mano podía aspirar a ser considerada cine con mayúsculas. Por eso, 35 años después, sus personajes siguen teniendo algo que celebrar.Y lo hicieron a lo grande. Para celebrar aquel milagro, y también recordar que los milagros suelen tener bastante trabajo detrás, D23 sentó en un mismo escenario a quienes ayudaron a hacerlo posible: Paige O’Hara, la voz original de Belle; a Don Hahn , el productor; Mark Henn, uno de los animadores que dio vida a Belle y Alan Menken, el compositor que puso música a buena parte de aquella aventura. Juntos repasaron las luces y las sombras de una película que hoy parece haber nacido destinada a ser un clásico, pero que entonces estuvo llena de decisiones que, vistas desde 2026, rozan la temeridad. Porque hay que imaginar lo que debió de ser convencer a la mismísima Angela Lansbury para interpretar a una tetera y, además, pedirle que cantara una de las canciones más importantes de la película. «’No, no y no’ gritaba Lansbury cuando le propusimos la idea y le cantamos aquello de ‘Cierto como el sol’», contaba entre risas Alan Menken, mientras minutos después se emocionaba hasta las lágrimas al recordar al fallecido compositor Howard Ashman, que durante las grabaciones ya era patente su enfermedad, «Cada segundo de ‘La Bella y la Bestia’ lleva su corazón, y espero que, de alguna manera inefable, en momentos como este, su espíritu sepa que estamos aquí», decía.Es asombroso el parecido que sigue manteniendo la actriz Paige O’Hara con su personaje, Bella, y de eso tiene parte de la culpa Henn. « Los animadores en mi posición éramos una especie de recolectores de información, así que escuchabas la pista que Paige grabó, mirabas el guion gráfico, obtenías la información de los directores, la juntábamos juntamos para crear una actuación y así quedó […] Muchos de los que estamos aquí vivimos en los años 90, en el siglo pasado. Tened en cuenta que esto fue antes de las videollamadas, cuando había teléfonos fijos y buscapersonas, y no se podía simplemente descolgar el teléfono y hacer una videollamada con alguien», contaba. Podría parecer que el trabajo de todos ellos consistía en encontrar grandes voces de Hollywood para dar vida a unos personajes ya dibujados, pero con La bella y la bestia ocurrió justo al revés. No escribieron canciones para que las estrellas las hicieran grandes, sino canciones que ya nacieron con vocación de convertirse en hits. Cada tema tenía que funcionar por sí mismo, contar una historia, revelar un personaje y hacer avanzar la película; no necesitaba una voz famosa que lo salvase. Pero, claro, aquello no bastaba: si las canciones aspiraban al cielo, las voces tenían que llegar hasta él. Y así acabaron Angela Lansbury, Jerry Orbach o Paige O’Hara poniendo su talento al servicio de unas melodías que ya tenían vida propia. «No se trata de voces para una película de animación, para empezar, y sin embargo, cada canción está diseñada para una interpretación icónica, un personaje que realmente captura el tono y el estilo de la canción, de la cultura, toda la dinámica de esa canción se transmite a través de esa voz. En cuanto a los momentos musicales, todo forma parte de una estructura; cualquier musical se basa en ella. Se cuenta una historia a través de un protagonista que emprende un viaje, y se busca la manera de hacer avanzar la trama, capturando los momentos clave, que suelen ser los puntos de inflexión emocionales. Pero también se busca el equilibrio entre ciertos elementos. Howard era un experto en darles una paliza a sus villanos, y realmente lo era», contaba Alan.Fuera de las salas, ‘La bella y la bestia’ demostró que aquello no era solo una película, sino una máquina de hacer historia. Su éxito en taquilla, unos 450 millones de dólares en todo el mundo, terminó abriendo una puerta que Disney no tardaría en atravesar de par en par: en 1994, la historia saltó de la pantalla a Broadway con Susan Egan como Belle y Terrence Mann como Bestia. Lo que podía haber parecido una extravagancia (¿un dibujo animado convertido en musical de Broadway ?) acabó funcionando durante 13 años y 5.461 funciones, y su éxito inauguró prácticamente la era de los grandes musicales de Disney, de ‘El rey león’ a ‘Aladdin’ o ‘Frozen’. Y la historia sigue viajando: hoy ‘La Bella y la bestia’ continúa recorriendo escenarios, porque hay cuentos que, una vez que encuentran una buena canción, se niegan a marcharse.Y así, 35 años después, el círculo se cerró en D23. Susan Egan, la primera Belle de Broadway, se reunió con Kyra Belle Johnson, la actual Belle de la gira norteamericana, para regalar al público ‘Bella y Bestia son’. Dos Belles separadas por tres décadas, cantando juntas una canción que ya no pertenece del todo a ninguna de las dos.Y entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir. Entre el público hubo lágrimas, sonrisas y quienes directamente no pudieron contener la emoción y rompieron a aplaudir. Por un instante, la Belle que abrió aquella puerta en Broadway y la que hoy continúa atravesándola compartieron escenario. La historia que empezó con un dibujo, una rosa y una canción volvía a encontrarse de nuevo. Hubo un momento en que los dibujos animados dejaron de pedir permiso para entrar en el cine de los mayores. Ocurrió en 1991, cuando Disney convirtió un cuento de hadas que llevaba siglos contando lo mismo en algo nuevo. Era una historia de amor protagonizada por una lectora que quería escapar de su pueblo, una bestia capaz de bailar un vals y unos objetos de cocina con complejo de musical de Broadway. La ‘Bella y la Bestia’ no solo fue un éxito. Fue la película que consiguió que Hollywood mirara a la animación de otra manera. Llegó a los Oscar y se sentó en la mesa grande: fue la primera película animada nominada a Mejor Película. No ganó, porque aquella noche el premio fue para ‘El silencio de los corderos, pero ya había ocurrido algo más importante. Disney había demostrado que una película dibujada a mano podía aspirar a ser considerada cine con mayúsculas. Por eso, 35 años después, sus personajes siguen teniendo algo que celebrar.Y lo hicieron a lo grande. Para celebrar aquel milagro, y también recordar que los milagros suelen tener bastante trabajo detrás, D23 sentó en un mismo escenario a quienes ayudaron a hacerlo posible: Paige O’Hara, la voz original de Belle; a Don Hahn , el productor; Mark Henn, uno de los animadores que dio vida a Belle y Alan Menken, el compositor que puso música a buena parte de aquella aventura. Juntos repasaron las luces y las sombras de una película que hoy parece haber nacido destinada a ser un clásico, pero que entonces estuvo llena de decisiones que, vistas desde 2026, rozan la temeridad. Porque hay que imaginar lo que debió de ser convencer a la mismísima Angela Lansbury para interpretar a una tetera y, además, pedirle que cantara una de las canciones más importantes de la película. «’No, no y no’ gritaba Lansbury cuando le propusimos la idea y le cantamos aquello de ‘Cierto como el sol’», contaba entre risas Alan Menken, mientras minutos después se emocionaba hasta las lágrimas al recordar al fallecido compositor Howard Ashman, que durante las grabaciones ya era patente su enfermedad, «Cada segundo de ‘La Bella y la Bestia’ lleva su corazón, y espero que, de alguna manera inefable, en momentos como este, su espíritu sepa que estamos aquí», decía.Es asombroso el parecido que sigue manteniendo la actriz Paige O’Hara con su personaje, Bella, y de eso tiene parte de la culpa Henn. « Los animadores en mi posición éramos una especie de recolectores de información, así que escuchabas la pista que Paige grabó, mirabas el guion gráfico, obtenías la información de los directores, la juntábamos juntamos para crear una actuación y así quedó […] Muchos de los que estamos aquí vivimos en los años 90, en el siglo pasado. Tened en cuenta que esto fue antes de las videollamadas, cuando había teléfonos fijos y buscapersonas, y no se podía simplemente descolgar el teléfono y hacer una videollamada con alguien», contaba. Podría parecer que el trabajo de todos ellos consistía en encontrar grandes voces de Hollywood para dar vida a unos personajes ya dibujados, pero con La bella y la bestia ocurrió justo al revés. No escribieron canciones para que las estrellas las hicieran grandes, sino canciones que ya nacieron con vocación de convertirse en hits. Cada tema tenía que funcionar por sí mismo, contar una historia, revelar un personaje y hacer avanzar la película; no necesitaba una voz famosa que lo salvase. Pero, claro, aquello no bastaba: si las canciones aspiraban al cielo, las voces tenían que llegar hasta él. Y así acabaron Angela Lansbury, Jerry Orbach o Paige O’Hara poniendo su talento al servicio de unas melodías que ya tenían vida propia. «No se trata de voces para una película de animación, para empezar, y sin embargo, cada canción está diseñada para una interpretación icónica, un personaje que realmente captura el tono y el estilo de la canción, de la cultura, toda la dinámica de esa canción se transmite a través de esa voz. En cuanto a los momentos musicales, todo forma parte de una estructura; cualquier musical se basa en ella. Se cuenta una historia a través de un protagonista que emprende un viaje, y se busca la manera de hacer avanzar la trama, capturando los momentos clave, que suelen ser los puntos de inflexión emocionales. Pero también se busca el equilibrio entre ciertos elementos. Howard era un experto en darles una paliza a sus villanos, y realmente lo era», contaba Alan.Fuera de las salas, ‘La bella y la bestia’ demostró que aquello no era solo una película, sino una máquina de hacer historia. Su éxito en taquilla, unos 450 millones de dólares en todo el mundo, terminó abriendo una puerta que Disney no tardaría en atravesar de par en par: en 1994, la historia saltó de la pantalla a Broadway con Susan Egan como Belle y Terrence Mann como Bestia. Lo que podía haber parecido una extravagancia (¿un dibujo animado convertido en musical de Broadway ?) acabó funcionando durante 13 años y 5.461 funciones, y su éxito inauguró prácticamente la era de los grandes musicales de Disney, de ‘El rey león’ a ‘Aladdin’ o ‘Frozen’. Y la historia sigue viajando: hoy ‘La Bella y la bestia’ continúa recorriendo escenarios, porque hay cuentos que, una vez que encuentran una buena canción, se niegan a marcharse.Y así, 35 años después, el círculo se cerró en D23. Susan Egan, la primera Belle de Broadway, se reunió con Kyra Belle Johnson, la actual Belle de la gira norteamericana, para regalar al público ‘Bella y Bestia son’. Dos Belles separadas por tres décadas, cantando juntas una canción que ya no pertenece del todo a ninguna de las dos.Y entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir. Entre el público hubo lágrimas, sonrisas y quienes directamente no pudieron contener la emoción y rompieron a aplaudir. Por un instante, la Belle que abrió aquella puerta en Broadway y la que hoy continúa atravesándola compartieron escenario. La historia que empezó con un dibujo, una rosa y una canción volvía a encontrarse de nuevo.
Hubo un momento en que los dibujos animados dejaron de pedir permiso para entrar en el cine de los mayores. Ocurrió en 1991, cuando Disney convirtió un cuento de hadas que llevaba siglos contando lo mismo en algo nuevo. Era una historia de amor protagonizada … por una lectora que quería escapar de su pueblo, una bestia capaz de bailar un vals y unos objetos de cocina con complejo de musical de Broadway. La ‘Bella y la Bestia’ no solo fue un éxito. Fue la película que consiguió que Hollywood mirara a la animación de otra manera. Llegó a los Oscar y se sentó en la mesa grande: fue la primera película animada nominada a Mejor Película. No ganó, porque aquella noche el premio fue para ‘El silencio de los corderos, pero ya había ocurrido algo más importante. Disney había demostrado que una película dibujada a mano podía aspirar a ser considerada cine con mayúsculas. Por eso, 35 años después, sus personajes siguen teniendo algo que celebrar.
Y lo hicieron a lo grande. Para celebrar aquel milagro, y también recordar que los milagros suelen tener bastante trabajo detrás, D23 sentó en un mismo escenario a quienes ayudaron a hacerlo posible: Paige O’Hara, la voz original de Belle; a Don Hahn, el productor; Mark Henn, uno de los animadores que dio vida a Belle y Alan Menken, el compositor que puso música a buena parte de aquella aventura. Juntos repasaron las luces y las sombras de una película que hoy parece haber nacido destinada a ser un clásico, pero que entonces estuvo llena de decisiones que, vistas desde 2026, rozan la temeridad. Porque hay que imaginar lo que debió de ser convencer a la mismísima Angela Lansbury para interpretar a una tetera y, además, pedirle que cantara una de las canciones más importantes de la película. «’No, no y no’ gritaba Lansbury cuando le propusimos la idea y le cantamos aquello de ‘Cierto como el sol’», contaba entre risas Alan Menken, mientras minutos después se emocionaba hasta las lágrimas al recordar al fallecido compositor Howard Ashman, que durante las grabaciones ya era patente su enfermedad, «Cada segundo de ‘La Bella y la Bestia’ lleva su corazón, y espero que, de alguna manera inefable, en momentos como este, su espíritu sepa que estamos aquí», decía.
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Es asombroso el parecido que sigue manteniendo la actriz Paige O’Hara con su personaje, Bella, y de eso tiene parte de la culpa Henn. «Los animadores en mi posición éramos una especie de recolectores de información, así que escuchabas la pista que Paige grabó, mirabas el guion gráfico, obtenías la información de los directores, la juntábamos juntamos para crear una actuación y así quedó […] Muchos de los que estamos aquí vivimos en los años 90, en el siglo pasado. Tened en cuenta que esto fue antes de las videollamadas, cuando había teléfonos fijos y buscapersonas, y no se podía simplemente descolgar el teléfono y hacer una videollamada con alguien», contaba.
Podría parecer que el trabajo de todos ellos consistía en encontrar grandes voces de Hollywood para dar vida a unos personajes ya dibujados, pero con La bella y la bestia ocurrió justo al revés. No escribieron canciones para que las estrellas las hicieran grandes, sino canciones que ya nacieron con vocación de convertirse en hits. Cada tema tenía que funcionar por sí mismo, contar una historia, revelar un personaje y hacer avanzar la película; no necesitaba una voz famosa que lo salvase. Pero, claro, aquello no bastaba: si las canciones aspiraban al cielo, las voces tenían que llegar hasta él.
Y así acabaron Angela Lansbury, Jerry Orbach o Paige O’Hara poniendo su talento al servicio de unas melodías que ya tenían vida propia. «No se trata de voces para una película de animación, para empezar, y sin embargo, cada canción está diseñada para una interpretación icónica, un personaje que realmente captura el tono y el estilo de la canción, de la cultura, toda la dinámica de esa canción se transmite a través de esa voz. En cuanto a los momentos musicales, todo forma parte de una estructura; cualquier musical se basa en ella. Se cuenta una historia a través de un protagonista que emprende un viaje, y se busca la manera de hacer avanzar la trama, capturando los momentos clave, que suelen ser los puntos de inflexión emocionales. Pero también se busca el equilibrio entre ciertos elementos. Howard era un experto en darles una paliza a sus villanos, y realmente lo era», contaba Alan.
Fuera de las salas, ‘La bella y la bestia’ demostró que aquello no era solo una película, sino una máquina de hacer historia. Su éxito en taquilla, unos 450 millones de dólares en todo el mundo, terminó abriendo una puerta que Disney no tardaría en atravesar de par en par: en 1994, la historia saltó de la pantalla a Broadway con Susan Egan como Belle y Terrence Mann como Bestia. Lo que podía haber parecido una extravagancia (¿un dibujo animado convertido en musical de Broadway?) acabó funcionando durante 13 años y 5.461 funciones, y su éxito inauguró prácticamente la era de los grandes musicales de Disney, de ‘El rey león’ a ‘Aladdin’ o ‘Frozen’. Y la historia sigue viajando: hoy ‘La Bella y la bestia’ continúa recorriendo escenarios, porque hay cuentos que, una vez que encuentran una buena canción, se niegan a marcharse.
Y así, 35 años después, el círculo se cerró en D23. Susan Egan, la primera Belle de Broadway, se reunió con Kyra Belle Johnson, la actual Belle de la gira norteamericana, para regalar al público ‘Bella y Bestia son’. Dos Belles separadas por tres décadas, cantando juntas una canción que ya no pertenece del todo a ninguna de las dos.Y entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir. Entre el público hubo lágrimas, sonrisas y quienes directamente no pudieron contener la emoción y rompieron a aplaudir. Por un instante, la Belle que abrió aquella puerta en Broadway y la que hoy continúa atravesándola compartieron escenario. La historia que empezó con un dibujo, una rosa y una canción volvía a encontrarse de nuevo.
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