A veces es la mejor manera de llegar al prójimo: torear para sí mismo. Y eso fue lo que hizo Morenito. Creo que incluso desde antes de saludar a portagayola al primero. Daba la sensación de que iba a torear en Azpeitia solo para unos pocos, y entre ellos, para él. Se le vio desde el principio muy metido en el festejo, ensimismado, y así se fue a saludar al animal que abrió plaza, un astado complicado que lo cogió en el saludo de rodillas y lo dejó maltrecho el resto de la lidia.Le planteó, no obstante, una emocionante, batalla, sincera y sentida, antes de darle muerte y retirarse por su pie a la enfermería , de la que salió para lidiar a su segundo toro en quinto lugar, después de haber sufrido un desvanecimiento cuando intentó regresar al ruedo. Lo hizo sin chaquetilla, desmadejado, maltrecho, pero todo eso no le impidió cuajar la faena de la feria. Fue éste un animal de buena clase y mejor condición de Ana Romero, que permitió al arandino torearlo, con gusto, con estética, y, sobre todo, con sentimiento.Las series al natural fueron pura delicia por la despaciosidad y el compás con que deslizó el trapo. Fue una obra intimista, que, sin embargo, caló hondo en el público azpeitiarra, que le hubiera premiado sin duda con el doble trofeo de haber viajado a la espada a un sitio más decoroso. Solo paseó un trofeo, pero fue sin duda el más importante y el de mayor peso de abono. También Ismael Martín, que se presentaba en Azpeitia, pudo cortar una oreja del último, al que lanceó con vistosidad y formó un alboroto en banderillas. Una lástima que el santacoloma llegara muy orientado al último tercio y la labor del salmantino tuviera más de recursos que de asentamiento. Y es que el encierro gaditano no dio en general facilidades. Estuvo Ismael muy por encima de un tercero complicado y difícil, del mismo modo que Colombo con su primero, que nunca terminó de entregarse. Sin embargo el venezolano contó en cuarto lugar con un animal alegre y boyante con el que debió estar menos superficial A veces es la mejor manera de llegar al prójimo: torear para sí mismo. Y eso fue lo que hizo Morenito. Creo que incluso desde antes de saludar a portagayola al primero. Daba la sensación de que iba a torear en Azpeitia solo para unos pocos, y entre ellos, para él. Se le vio desde el principio muy metido en el festejo, ensimismado, y así se fue a saludar al animal que abrió plaza, un astado complicado que lo cogió en el saludo de rodillas y lo dejó maltrecho el resto de la lidia.Le planteó, no obstante, una emocionante, batalla, sincera y sentida, antes de darle muerte y retirarse por su pie a la enfermería , de la que salió para lidiar a su segundo toro en quinto lugar, después de haber sufrido un desvanecimiento cuando intentó regresar al ruedo. Lo hizo sin chaquetilla, desmadejado, maltrecho, pero todo eso no le impidió cuajar la faena de la feria. Fue éste un animal de buena clase y mejor condición de Ana Romero, que permitió al arandino torearlo, con gusto, con estética, y, sobre todo, con sentimiento.Las series al natural fueron pura delicia por la despaciosidad y el compás con que deslizó el trapo. Fue una obra intimista, que, sin embargo, caló hondo en el público azpeitiarra, que le hubiera premiado sin duda con el doble trofeo de haber viajado a la espada a un sitio más decoroso. Solo paseó un trofeo, pero fue sin duda el más importante y el de mayor peso de abono. También Ismael Martín, que se presentaba en Azpeitia, pudo cortar una oreja del último, al que lanceó con vistosidad y formó un alboroto en banderillas. Una lástima que el santacoloma llegara muy orientado al último tercio y la labor del salmantino tuviera más de recursos que de asentamiento. Y es que el encierro gaditano no dio en general facilidades. Estuvo Ismael muy por encima de un tercero complicado y difícil, del mismo modo que Colombo con su primero, que nunca terminó de entregarse. Sin embargo el venezolano contó en cuarto lugar con un animal alegre y boyante con el que debió estar menos superficial
A veces es la mejor manera de llegar al prójimo: torear para sí mismo. Y eso fue lo que hizo Morenito. Creo que incluso desde antes de saludar a portagayola al primero. Daba la sensación de que iba a torear en Azpeitia solo … para unos pocos, y entre ellos, para él. Se le vio desde el principio muy metido en el festejo, ensimismado, y así se fue a saludar al animal que abrió plaza, un astado complicado que lo cogió en el saludo de rodillas y lo dejó maltrecho el resto de la lidia.
Le planteó, no obstante, una emocionante, batalla, sincera y sentida, antes de darle muerte y retirarse por su pie a la enfermería, de la que salió para lidiar a su segundo toro en quinto lugar, después de haber sufrido un desvanecimiento cuando intentó regresar al ruedo. Lo hizo sin chaquetilla, desmadejado, maltrecho, pero todo eso no le impidió cuajar la faena de la feria. Fue éste un animal de buena clase y mejor condición de Ana Romero, que permitió al arandino torearlo, con gusto, con estética, y, sobre todo, con sentimiento.
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José Miguel Arruego
Las series al natural fueron pura delicia por la despaciosidad y el compás con que deslizó el trapo. Fue una obra intimista, que, sin embargo, caló hondo en el público azpeitiarra, que le hubiera premiado sin duda con el doble trofeo de haber viajado a la espada a un sitio más decoroso. Solo paseó un trofeo, pero fue sin duda el más importante y el de mayor peso de abono.
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Plaza de toros de Azpeitia.
Sábado, 1 de agosto de 2026. Tres cuartos de plaza. Toros de Ana Romero, de fina estampa, en tipo pese a su desigualdad de hechuras. La corrida más seria de la feria. En general plantearon complicaciones salvo los lidiados en cuarto y quinto lugar, que dieron juego.
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Morenito de Aranda,
de verde y azabache: estocada tendida y descabello (ovación); estocada trasera (dos orejas). -
Jesús Enrique Colombo,
de corinto y oro: estocada desprendida (ovación); pinchazo y estocada corta (ovación). -
Ismael Martín,
de grana y oro: estocada (ovación); estocada baja (ovación).
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También Ismael Martín, que se presentaba en Azpeitia, pudo cortar una oreja del último, al que lanceó con vistosidad y formó un alboroto en banderillas. Una lástima que el santacoloma llegara muy orientado al último tercio y la labor del salmantino tuviera más de recursos que de asentamiento.
Y es que el encierro gaditano no dio en general facilidades. Estuvo Ismael muy por encima de un tercero complicado y difícil, del mismo modo que Colombo con su primero, que nunca terminó de entregarse. Sin embargo el venezolano contó en cuarto lugar con un animal alegre y boyante con el que debió estar menos superficial
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