No resiste alguien más de 60 años en una trituradora de almas como Hollywood si no es uno de los elegidos. Y Robert Duvall lo era, aunque nunca se le reconociera como uno de los más grandes intérpretes de su época. El californiano, que ha fallecido este lunes a los 95 años, resistió desde 1962 trabajando hasta sus últimos años, y siempre logró estar en algunas de las mejores películas de su tiempo, con personajes a los que llenaba de un naturalismo salvaje, ya fuera el coronel Kilgore en ‘ Apocalypse now ‘ o como ‘consigliere’ de la familia Corleone en ‘ El Padrino ‘. La prensa de Hollywood lo despide hoy como un «actor de actores» que inspiró a coetáneos como Robert De Niro, Dustin Hoffman o Gene Hackman, y su familia como un apasionado de la buena vida: «Para el mundo, fue un actor ganador del Oscar, un director y un narrador. Para mí, lo era todo», lamentó su viuda, Luciana Duvall. «Su pasión por su oficio solo era comparable a su profundo amor por los personajes o una comida exquisita. En cada uno de sus numerosos papeles, Bob se entregó por completo a sus personajes y a la auténtica esencia humana que representaban. Al hacerlo, nos deja algo duradero e inolvidable», expresó la familia en un comunicado.Su debut en la gran pantalla fue en 1962 en ‘Matar a un ruiseñor’, de Robert Mulligan, aunque desde los años 50 ya estaba ganándose el pan en series de televisión, donde siguió trabajando en títulos como ‘El fugitivo’ o ‘La dimensión desconocida’, hasta que ya en 1966 compartió cartel con Marlon Brando y Robert Redford en ‘La jauría humana’. Poco después lo haría con Frank Sinatra en ‘El detective’ o con John Wayne y Glen Campbell en ‘Valor de ley’ (1969). Ese mismo año trabajaría por primera vez con Francis Ford Coppola en ‘Llueve sobre mi corazón’, y ya hubo una conexión inmediata que le llevó también a trabajar con él en ‘La conversación’, además de las ya mencionadas antes de esa locura en la selva de Vietnam o en la familia Corleone. Pero hay más, en los 70 también trabajó con Robert Altman en ‘M.A.S.H.’, con George Lucas, con Burt Lancaster, con John Sturges, con Sam Peckinpah… No había nadie importante que no le llamara para complementar con su talento unos carteles en los que casi siempre el nombre de Robert Duvall no era el más grande, aunque luego en las escenas su imponente presencia lo convirtiera en un verdadero ‘roba escenas’. Es imposible no recordar a Robert Duvall sin repetir la frase: «Me encanta el olor del napalm por la mañana», y aunque hay papeles que marcan una carrera, la de Robert Duvall no se puede condensar a un impacto como ese. En sus más de 140 títulos acreditados, se cuelan siete nominaciones al Oscar, entre ellas la que le dieron por su Kilgore y la de ‘El Padrino’. La tercera le llegó por ‘El gran Santini’, de nuevo con Vietnam y el uniforme puesto, aunque en este caso como protagonista absoluto. A la cuarta fue la vencida, con ‘Gracias y favores’, de Bruce Beresford, en la que daba vida a un viejo cantante caído en desgracia. Fue la única vez que sus compañeros de Hollywood le premiaron con una estatuilla, aunque sí lo nominaron por ‘Camino al cielo’, ‘Acción civil’ y ‘El juez’, ya en 2014. Precisamente, ‘Camino al cielo’, de 1997, marcó un hito en su carrera. Una película que él mismo escribió, dirigió y protagonizó y que llevó por Cannes y otros tantos festivales de ‘autor’. El actor que durante décadas había trabajado a las órdenes de los mejores directores y había compartido plano con los actores más celebrados se hizo a un lado para volcar todo lo que había aprendido hasta entonces. Volvería a dirigir, ya con menos tino, ‘Assassination Tango’, en 2002, y en 2015 filmó su último trabajo tras las cámaras, ‘Caballos salvajes’, un fallido wéstern en el que compartió plano con dos estrellas jóvenes de la época, James Franco y Josh Hartnett. Hasta el final rodeado de los mejores nombres. También trabajó en España, en una cinta dirigida por Emilio Aragón titulada ‘Una noche en el Viejo México’ que producía el propio Duvall con Aragón y en la que recogían el encuentro entre un abuelo (Robert Duvall) y su nieto (Jeremy Irvine).Arriba, en ‘Apocalypse now’, abajo, en ‘Gracias y favores’ y en ‘El padrino’Su retirada frente a las cámaras fue más tardía. En 2018, Steve McQueen le regaló un papel clave en ‘Viudas’, donde encarnaba a un político corrupto que legaba el poder en su hijo. Incluso ahí, su estilo interpretativo le hacía parecer más vigoroso y joven de lo que en realidad era en la vida real. Porque poco después llegaría la pandemia, y con ella el lento adiós del viejo intérprete que, pese a todo, nunca renunció. Le quedaban todavía dos papeles que, como siempre en su carrera, rodó junto a los mejores. No resiste alguien más de 60 años en una trituradora de almas como Hollywood si no es uno de los elegidos. Y Robert Duvall lo era, aunque nunca se le reconociera como uno de los más grandes intérpretes de su época. El californiano, que ha fallecido este lunes a los 95 años, resistió desde 1962 trabajando hasta sus últimos años, y siempre logró estar en algunas de las mejores películas de su tiempo, con personajes a los que llenaba de un naturalismo salvaje, ya fuera el coronel Kilgore en ‘ Apocalypse now ‘ o como ‘consigliere’ de la familia Corleone en ‘ El Padrino ‘. La prensa de Hollywood lo despide hoy como un «actor de actores» que inspiró a coetáneos como Robert De Niro, Dustin Hoffman o Gene Hackman, y su familia como un apasionado de la buena vida: «Para el mundo, fue un actor ganador del Oscar, un director y un narrador. Para mí, lo era todo», lamentó su viuda, Luciana Duvall. «Su pasión por su oficio solo era comparable a su profundo amor por los personajes o una comida exquisita. En cada uno de sus numerosos papeles, Bob se entregó por completo a sus personajes y a la auténtica esencia humana que representaban. Al hacerlo, nos deja algo duradero e inolvidable», expresó la familia en un comunicado.Su debut en la gran pantalla fue en 1962 en ‘Matar a un ruiseñor’, de Robert Mulligan, aunque desde los años 50 ya estaba ganándose el pan en series de televisión, donde siguió trabajando en títulos como ‘El fugitivo’ o ‘La dimensión desconocida’, hasta que ya en 1966 compartió cartel con Marlon Brando y Robert Redford en ‘La jauría humana’. Poco después lo haría con Frank Sinatra en ‘El detective’ o con John Wayne y Glen Campbell en ‘Valor de ley’ (1969). Ese mismo año trabajaría por primera vez con Francis Ford Coppola en ‘Llueve sobre mi corazón’, y ya hubo una conexión inmediata que le llevó también a trabajar con él en ‘La conversación’, además de las ya mencionadas antes de esa locura en la selva de Vietnam o en la familia Corleone. Pero hay más, en los 70 también trabajó con Robert Altman en ‘M.A.S.H.’, con George Lucas, con Burt Lancaster, con John Sturges, con Sam Peckinpah… No había nadie importante que no le llamara para complementar con su talento unos carteles en los que casi siempre el nombre de Robert Duvall no era el más grande, aunque luego en las escenas su imponente presencia lo convirtiera en un verdadero ‘roba escenas’. Es imposible no recordar a Robert Duvall sin repetir la frase: «Me encanta el olor del napalm por la mañana», y aunque hay papeles que marcan una carrera, la de Robert Duvall no se puede condensar a un impacto como ese. En sus más de 140 títulos acreditados, se cuelan siete nominaciones al Oscar, entre ellas la que le dieron por su Kilgore y la de ‘El Padrino’. La tercera le llegó por ‘El gran Santini’, de nuevo con Vietnam y el uniforme puesto, aunque en este caso como protagonista absoluto. A la cuarta fue la vencida, con ‘Gracias y favores’, de Bruce Beresford, en la que daba vida a un viejo cantante caído en desgracia. Fue la única vez que sus compañeros de Hollywood le premiaron con una estatuilla, aunque sí lo nominaron por ‘Camino al cielo’, ‘Acción civil’ y ‘El juez’, ya en 2014. Precisamente, ‘Camino al cielo’, de 1997, marcó un hito en su carrera. Una película que él mismo escribió, dirigió y protagonizó y que llevó por Cannes y otros tantos festivales de ‘autor’. El actor que durante décadas había trabajado a las órdenes de los mejores directores y había compartido plano con los actores más celebrados se hizo a un lado para volcar todo lo que había aprendido hasta entonces. Volvería a dirigir, ya con menos tino, ‘Assassination Tango’, en 2002, y en 2015 filmó su último trabajo tras las cámaras, ‘Caballos salvajes’, un fallido wéstern en el que compartió plano con dos estrellas jóvenes de la época, James Franco y Josh Hartnett. Hasta el final rodeado de los mejores nombres. También trabajó en España, en una cinta dirigida por Emilio Aragón titulada ‘Una noche en el Viejo México’ que producía el propio Duvall con Aragón y en la que recogían el encuentro entre un abuelo (Robert Duvall) y su nieto (Jeremy Irvine).Arriba, en ‘Apocalypse now’, abajo, en ‘Gracias y favores’ y en ‘El padrino’Su retirada frente a las cámaras fue más tardía. En 2018, Steve McQueen le regaló un papel clave en ‘Viudas’, donde encarnaba a un político corrupto que legaba el poder en su hijo. Incluso ahí, su estilo interpretativo le hacía parecer más vigoroso y joven de lo que en realidad era en la vida real. Porque poco después llegaría la pandemia, y con ella el lento adiós del viejo intérprete que, pese a todo, nunca renunció. Le quedaban todavía dos papeles que, como siempre en su carrera, rodó junto a los mejores. No resiste alguien más de 60 años en una trituradora de almas como Hollywood si no es uno de los elegidos. Y Robert Duvall lo era, aunque nunca se le reconociera como uno de los más grandes intérpretes de su época. El californiano, que ha fallecido este lunes a los 95 años, resistió desde 1962 trabajando hasta sus últimos años, y siempre logró estar en algunas de las mejores películas de su tiempo, con personajes a los que llenaba de un naturalismo salvaje, ya fuera el coronel Kilgore en ‘ Apocalypse now ‘ o como ‘consigliere’ de la familia Corleone en ‘ El Padrino ‘. La prensa de Hollywood lo despide hoy como un «actor de actores» que inspiró a coetáneos como Robert De Niro, Dustin Hoffman o Gene Hackman, y su familia como un apasionado de la buena vida: «Para el mundo, fue un actor ganador del Oscar, un director y un narrador. Para mí, lo era todo», lamentó su viuda, Luciana Duvall. «Su pasión por su oficio solo era comparable a su profundo amor por los personajes o una comida exquisita. En cada uno de sus numerosos papeles, Bob se entregó por completo a sus personajes y a la auténtica esencia humana que representaban. Al hacerlo, nos deja algo duradero e inolvidable», expresó la familia en un comunicado.Su debut en la gran pantalla fue en 1962 en ‘Matar a un ruiseñor’, de Robert Mulligan, aunque desde los años 50 ya estaba ganándose el pan en series de televisión, donde siguió trabajando en títulos como ‘El fugitivo’ o ‘La dimensión desconocida’, hasta que ya en 1966 compartió cartel con Marlon Brando y Robert Redford en ‘La jauría humana’. Poco después lo haría con Frank Sinatra en ‘El detective’ o con John Wayne y Glen Campbell en ‘Valor de ley’ (1969). Ese mismo año trabajaría por primera vez con Francis Ford Coppola en ‘Llueve sobre mi corazón’, y ya hubo una conexión inmediata que le llevó también a trabajar con él en ‘La conversación’, además de las ya mencionadas antes de esa locura en la selva de Vietnam o en la familia Corleone. Pero hay más, en los 70 también trabajó con Robert Altman en ‘M.A.S.H.’, con George Lucas, con Burt Lancaster, con John Sturges, con Sam Peckinpah… No había nadie importante que no le llamara para complementar con su talento unos carteles en los que casi siempre el nombre de Robert Duvall no era el más grande, aunque luego en las escenas su imponente presencia lo convirtiera en un verdadero ‘roba escenas’. Es imposible no recordar a Robert Duvall sin repetir la frase: «Me encanta el olor del napalm por la mañana», y aunque hay papeles que marcan una carrera, la de Robert Duvall no se puede condensar a un impacto como ese. En sus más de 140 títulos acreditados, se cuelan siete nominaciones al Oscar, entre ellas la que le dieron por su Kilgore y la de ‘El Padrino’. La tercera le llegó por ‘El gran Santini’, de nuevo con Vietnam y el uniforme puesto, aunque en este caso como protagonista absoluto. A la cuarta fue la vencida, con ‘Gracias y favores’, de Bruce Beresford, en la que daba vida a un viejo cantante caído en desgracia. Fue la única vez que sus compañeros de Hollywood le premiaron con una estatuilla, aunque sí lo nominaron por ‘Camino al cielo’, ‘Acción civil’ y ‘El juez’, ya en 2014. Precisamente, ‘Camino al cielo’, de 1997, marcó un hito en su carrera. Una película que él mismo escribió, dirigió y protagonizó y que llevó por Cannes y otros tantos festivales de ‘autor’. El actor que durante décadas había trabajado a las órdenes de los mejores directores y había compartido plano con los actores más celebrados se hizo a un lado para volcar todo lo que había aprendido hasta entonces. Volvería a dirigir, ya con menos tino, ‘Assassination Tango’, en 2002, y en 2015 filmó su último trabajo tras las cámaras, ‘Caballos salvajes’, un fallido wéstern en el que compartió plano con dos estrellas jóvenes de la época, James Franco y Josh Hartnett. Hasta el final rodeado de los mejores nombres. También trabajó en España, en una cinta dirigida por Emilio Aragón titulada ‘Una noche en el Viejo México’ que producía el propio Duvall con Aragón y en la que recogían el encuentro entre un abuelo (Robert Duvall) y su nieto (Jeremy Irvine).Arriba, en ‘Apocalypse now’, abajo, en ‘Gracias y favores’ y en ‘El padrino’Su retirada frente a las cámaras fue más tardía. En 2018, Steve McQueen le regaló un papel clave en ‘Viudas’, donde encarnaba a un político corrupto que legaba el poder en su hijo. Incluso ahí, su estilo interpretativo le hacía parecer más vigoroso y joven de lo que en realidad era en la vida real. Porque poco después llegaría la pandemia, y con ella el lento adiós del viejo intérprete que, pese a todo, nunca renunció. Le quedaban todavía dos papeles que, como siempre en su carrera, rodó junto a los mejores. RSS de noticias de play
