La muerte le sienta más que bien a Muriel Spark (Edimburgo, 1918-2006). Y dos décadas después de haberse ido al otro lado -con el que tanto fantasean y donde transcurren varias de sus ficciones-, lo suyo sigue ardiendo y calentando. Y nada es casual: ‘spark’ en inglés se traduce al español como chispa y sinónimo de gracia, ingenio y sorpresa. Sí, Spark sigue echando chispas (de ácida malicia y de dulce genio ) en sus ficciones. Y esta de nuevo servida de ‘El banquete’ (1990) nos invita -en el contexto-efeméride de revisitación ‘made in UK’ con la publicación de su correspondencia y nuevas biografías suyas- a devorarla. Y, sí, Spark como una de esas normales-raras británicas (como Iris Murdoch, Penelope Fitzgerald o Elizabeth Taylor o Dinah Brooke), que parecen escribir sentadas a la mesa de una tradición por el sólo placer de experimentar pateando el tablero de lo establecido cuando menos se lo espera. Lo de Spark -como bien lo definió ‘Time’- es el fino arte de la «elegancia siniestra» y la práctica de la comedia-satírica más perturbadora con, en ocasiones, un dejo de la Patricia Highsmith más graciosa.’El banquete’ Autora Muriel Spark Traducción José María Gómez Editorial Blackie Books Año 2026 Páginas 208 Precio 21 euros 5 Y ‘El banquete’ reincide en una de sus maniobras predilectas: la reunión cuasi teatral de un puñado de personajes en ambiente cada vez más cerrado y asfixiante . Aquí, una cena convocada por Hurley Reed (artista católico y norteamericano bien relacionado) y su amante Chris Donovan (una muy adinerada viuda australiana), todavía reponiéndose a un robo en su casa mientras dormían (y en el que los ladrones ignoraron a valiosa pintura prefiriendo orinar en las paredes). Noticia Relacionada Crítica estandar Si Cynthia Ozick vintage Rodrigo Fresán A sus casi cien años, la autora demuestra que el genio no entiende de calendarios con ‘Antigüedades’Y aquí vienen el disfuncional Lord Suzy y la muy joven y tercera Lady Suzy; Annabel Treece con su obsesión neo-zodiacal de que a toda persona le corresponde una determinada época; los recién casados William y Margaret Damien predicando (sin ganar adeptos) «la filosofía de los otros» y del despojamiento de todo lo material; los poco capaces de concentrarse en algo más allá de la servidumbre Ella y Ernst Untziger, y el investigador-genealogista Ronald Sykes y su prima Annabel de la BBC. Todos, digámoslo, son personas muy desagradables quienes no se fían de nadie pero, a la vez, imposibles de ignorar y de disfrutar desde afuera por el lector quien, a su manera, es un invitado más. Y todos conversan entre ellos para así poder practicar lo que más les apasiona: el monólogo. Así, todos hablan pero casi nadie escucha porque están muy concentrados en lo que dirán. «No hay escritor vivo que maneje mejor la tensión entre la formalidad de lo que se expresa y lo subversivo de lo que se piensa con mayor elegancia«, dijo alguien. Y, sí, Spark es eso, exactamente esto.El chantaje y la revelación de oscuros secretos se susurran alrededor de la teoría y práctica de las leyes fuera de la ley del matrimonio y del divorcio y de la herencia Y de pronto el misterio de un asesinato lejos de allí y la víctima (la formidable magnate de la prensa Hilda Damien, madre de William) es alguien a quien se esperaba más tarde y quien ya no llegará. Pero -y esto es lo magistral- este es un misterio que se investiga como escrito por una Agatha Christie bajo la influencia del opio. Thriller donde no importan tanto los sospechosos (aunque, sí, la catastrofista y platónica Margaret sea la más intrigante entre los comensales) como lo insospechado de sus dichos y comportamientos observado a través de una sucesión de declarativos ‘flashbacks’, resultando en chantaje y la revelación de oscuros secretos susurrados alrededor de la teoría y práctica de las leyes fuera de la ley del matrimonio y del divorcio y de la herencia. (Y atención: ‘El banquete’ también incluye a una suerte de desordenada orden de monjas iracundas y blasfemas ). Y sí: como en todo lo de Spark, el mecanismo que teje y desteje -con modales de omnisciencia cómplice- el entramado de sus tramas se cuece a fuego lento y se engulle a toda velocidad con felicitaciones a la chispeante chef. R. S. V. P. La muerte le sienta más que bien a Muriel Spark (Edimburgo, 1918-2006). Y dos décadas después de haberse ido al otro lado -con el que tanto fantasean y donde transcurren varias de sus ficciones-, lo suyo sigue ardiendo y calentando. Y nada es casual: ‘spark’ en inglés se traduce al español como chispa y sinónimo de gracia, ingenio y sorpresa. Sí, Spark sigue echando chispas (de ácida malicia y de dulce genio ) en sus ficciones. Y esta de nuevo servida de ‘El banquete’ (1990) nos invita -en el contexto-efeméride de revisitación ‘made in UK’ con la publicación de su correspondencia y nuevas biografías suyas- a devorarla. Y, sí, Spark como una de esas normales-raras británicas (como Iris Murdoch, Penelope Fitzgerald o Elizabeth Taylor o Dinah Brooke), que parecen escribir sentadas a la mesa de una tradición por el sólo placer de experimentar pateando el tablero de lo establecido cuando menos se lo espera. Lo de Spark -como bien lo definió ‘Time’- es el fino arte de la «elegancia siniestra» y la práctica de la comedia-satírica más perturbadora con, en ocasiones, un dejo de la Patricia Highsmith más graciosa.’El banquete’ Autora Muriel Spark Traducción José María Gómez Editorial Blackie Books Año 2026 Páginas 208 Precio 21 euros 5 Y ‘El banquete’ reincide en una de sus maniobras predilectas: la reunión cuasi teatral de un puñado de personajes en ambiente cada vez más cerrado y asfixiante . Aquí, una cena convocada por Hurley Reed (artista católico y norteamericano bien relacionado) y su amante Chris Donovan (una muy adinerada viuda australiana), todavía reponiéndose a un robo en su casa mientras dormían (y en el que los ladrones ignoraron a valiosa pintura prefiriendo orinar en las paredes). Noticia Relacionada Crítica estandar Si Cynthia Ozick vintage Rodrigo Fresán A sus casi cien años, la autora demuestra que el genio no entiende de calendarios con ‘Antigüedades’Y aquí vienen el disfuncional Lord Suzy y la muy joven y tercera Lady Suzy; Annabel Treece con su obsesión neo-zodiacal de que a toda persona le corresponde una determinada época; los recién casados William y Margaret Damien predicando (sin ganar adeptos) «la filosofía de los otros» y del despojamiento de todo lo material; los poco capaces de concentrarse en algo más allá de la servidumbre Ella y Ernst Untziger, y el investigador-genealogista Ronald Sykes y su prima Annabel de la BBC. Todos, digámoslo, son personas muy desagradables quienes no se fían de nadie pero, a la vez, imposibles de ignorar y de disfrutar desde afuera por el lector quien, a su manera, es un invitado más. Y todos conversan entre ellos para así poder practicar lo que más les apasiona: el monólogo. Así, todos hablan pero casi nadie escucha porque están muy concentrados en lo que dirán. «No hay escritor vivo que maneje mejor la tensión entre la formalidad de lo que se expresa y lo subversivo de lo que se piensa con mayor elegancia«, dijo alguien. Y, sí, Spark es eso, exactamente esto.El chantaje y la revelación de oscuros secretos se susurran alrededor de la teoría y práctica de las leyes fuera de la ley del matrimonio y del divorcio y de la herencia Y de pronto el misterio de un asesinato lejos de allí y la víctima (la formidable magnate de la prensa Hilda Damien, madre de William) es alguien a quien se esperaba más tarde y quien ya no llegará. Pero -y esto es lo magistral- este es un misterio que se investiga como escrito por una Agatha Christie bajo la influencia del opio. Thriller donde no importan tanto los sospechosos (aunque, sí, la catastrofista y platónica Margaret sea la más intrigante entre los comensales) como lo insospechado de sus dichos y comportamientos observado a través de una sucesión de declarativos ‘flashbacks’, resultando en chantaje y la revelación de oscuros secretos susurrados alrededor de la teoría y práctica de las leyes fuera de la ley del matrimonio y del divorcio y de la herencia. (Y atención: ‘El banquete’ también incluye a una suerte de desordenada orden de monjas iracundas y blasfemas ). Y sí: como en todo lo de Spark, el mecanismo que teje y desteje -con modales de omnisciencia cómplice- el entramado de sus tramas se cuece a fuego lento y se engulle a toda velocidad con felicitaciones a la chispeante chef. R. S. V. P.
La muerte le sienta más que bien a Muriel Spark (Edimburgo, 1918-2006). Y dos décadas después de haberse ido al otro lado -con el que tanto fantasean y donde transcurren varias de sus ficciones-, lo suyo sigue ardiendo y calentando. Y nada es … casual: ‘spark’ en inglés se traduce al español como chispa y sinónimo de gracia, ingenio y sorpresa. Sí, Spark sigue echando chispas (de ácida malicia y de dulce genio) en sus ficciones.
Y esta de nuevo servida de ‘El banquete’ (1990) nos invita -en el contexto-efeméride de revisitación ‘made in UK’ con la publicación de su correspondencia y nuevas biografías suyas- a devorarla.
Y, sí, Spark como una de esas normales-raras británicas (como Iris Murdoch, Penelope Fitzgerald o Elizabeth Taylor o Dinah Brooke), que parecen escribir sentadas a la mesa de una tradición por el sólo placer de experimentar pateando el tablero de lo establecido cuando menos se lo espera. Lo de Spark -como bien lo definió ‘Time’- es el fino arte de la «elegancia siniestra» y la práctica de la comedia-satírica más perturbadora con, en ocasiones, un dejo de la Patricia Highsmith más graciosa.
‘El banquete’

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Autora
Muriel Spark -
Traducción
José María Gómez -
Año
2026 -
Páginas
208 -
Precio
21 euros
Y ‘El banquete’ reincide en una de sus maniobras predilectas: la reunión cuasi teatral de un puñado de personajes en ambiente cada vez más cerrado y asfixiante. Aquí, una cena convocada por Hurley Reed (artista católico y norteamericano bien relacionado) y su amante Chris Donovan (una muy adinerada viuda australiana), todavía reponiéndose a un robo en su casa mientras dormían (y en el que los ladrones ignoraron a valiosa pintura prefiriendo orinar en las paredes).
Y aquí vienen el disfuncional Lord Suzy y la muy joven y tercera Lady Suzy; Annabel Treece con su obsesión neo-zodiacal de que a toda persona le corresponde una determinada época; los recién casados William y Margaret Damien predicando (sin ganar adeptos) «la filosofía de los otros» y del despojamiento de todo lo material; los poco capaces de concentrarse en algo más allá de la servidumbre Ella y Ernst Untziger, y el investigador-genealogista Ronald Sykes y su prima Annabel de la BBC.
Todos, digámoslo, son personas muy desagradables quienes no se fían de nadie pero, a la vez, imposibles de ignorar y de disfrutar desde afuera por el lector quien, a su manera, es un invitado más. Y todos conversan entre ellos para así poder practicar lo que más les apasiona: el monólogo. Así, todos hablan pero casi nadie escucha porque están muy concentrados en lo que dirán. «No hay escritor vivo que maneje mejor la tensión entre la formalidad de lo que se expresa y lo subversivo de lo que se piensa con mayor elegancia«, dijo alguien. Y, sí, Spark es eso, exactamente esto.
El chantaje y la revelación de oscuros secretos se susurran alrededor de la teoría y práctica de las leyes fuera de la ley del matrimonio y del divorcio y de la herencia
Y de pronto el misterio de un asesinato lejos de allí y la víctima (la formidable magnate de la prensa Hilda Damien, madre de William) es alguien a quien se esperaba más tarde y quien ya no llegará. Pero -y esto es lo magistral- este es un misterio que se investiga como escrito por una Agatha Christie bajo la influencia del opio. Thriller donde no importan tanto los sospechosos (aunque, sí, la catastrofista y platónica Margaret sea la más intrigante entre los comensales) como lo insospechado de sus dichos y comportamientos observado a través de una sucesión de declarativos ‘flashbacks’, resultando en chantaje y la revelación de oscuros secretos susurrados alrededor de la teoría y práctica de las leyes fuera de la ley del matrimonio y del divorcio y de la herencia.
(Y atención: ‘El banquete’ también incluye a una suerte de desordenada orden de monjas iracundas y blasfemas). Y sí: como en todo lo de Spark, el mecanismo que teje y desteje -con modales de omnisciencia cómplice- el entramado de sus tramas se cuece a fuego lento y se engulle a toda velocidad con felicitaciones a la chispeante chef.
R. S. V. P.
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