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  Teatro  Pepe Viyuela, el payaso que se sentó en la silla de los grandes actores: «La gran virtud del ser humano es la diferencia»
Teatro

Pepe Viyuela, el payaso que se sentó en la silla de los grandes actores: «La gran virtud del ser humano es la diferencia»

30 de junio de 2026
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Cuando se anunció el Premio Corral de Comedias de este año, Irene Pardo –directora del Festival de Almagro–, entre otras palabras, se refirió a Pepe Viyuela como un cómico-payaso «entregado a hacernos reír». El actor, tímido, todavía se ruboriza al recordarle la noticia. «Es muy bonito», celebra quien aún se alegra más por el cariño que recibe de la gente en la calle, de niños a abuelos.

«Me asusta es pensar en un mundo robotizado en el que todos pensáramos igual. Sin matices ni opiniones distintas»

Y donde seguro que el pueblo le volverá a mostrar su afecto será en Almagro el 2 de julio, cuando suba a las tablas del Corral de Comedias para recoger ese «pilar» conmemorativo de una villa que Viyuela, desde sus tiempos de estudiante, conserva en sus adentros con una querencia «especial». Lo conoció como público antes que como intérprete y tiene grabadas a fuego muchas de las jornadas en la Plaza Mayor tras la caída del sol. «Ese ambiente…», suspira un hombre que, ya como profesional, se asomó a los escenarios almagreños convertido en el Rebolledo de ‘El alcalde de Zalamea’, con dirección de Sergi Belbel en 2000.

‘Encerrona’ con Pepe

El festival, en su justificación del premio (si es que fuera necesaria) incide en los treinta años de carrera subiéndose «a ese lugar frágil donde el equilibrio nunca está garantizado». En 1992, junto a su compañera y actriz Elena González, fundó la compañía El Vodevil, «desde la que impulsa, crea y produce sus propios espectáculos». Y de ese impulso nació ‘Encerrona’, una pieza de clown que continúa recorriendo el país. Como él mismo ha escrito, «el circo un sueño común nacido de la vulnerabilidad, una forma de asomarse a aquello que no siempre puede explicarse con palabras». Puede que sea por eso por lo que, como apunta el fallo del premio, en su trabajo siempre aparece esa «mezcla de precisión y riesgo, de ligereza y hondura, como quien avanza sabiendo que en cualquier momento puede caer y, aun así, decide seguir».

Y es esa misma mirada la que atraviesa su escritura poética, en la que realiza una búsqueda constante por encontrar la palabra justa que permita dar nombre a lo que pasa. «A todas horas, a tientas, sin descanso», firma con la intuición de que algo se pierde si no logra decirlo. «Y, al mismo tiempo, sus versos se sostienen en una forma de espera, en una atención abierta a lo que llega, «soy un hombre a la espera de tu risa», resume el Corral de Comedias.

«Soy culo de mal asiento y ser actor me da la posibilidad de vivir un carnaval permanente»

Será está la primera gran cita de un verano en el que Viyuela tendrá más de un encuentro con los escenarios nacionales, como el concierto-recital ‘A quién contaré yo mis quejas’ (10 y 11 de julio), con Rosa León, en Almagro precisamente; o el estreno de ‘Timón de Atenas’ sobre las ruinas romanas del Festival de Mérida (15-19 de julio). Además del desembarco, ya pasado el estío, de su mimado pícaro perdido: ‘Guitón Onofre’, con el que, tras años de gira, ya apunta al Teatro de la Comedia para la temporada 26/27. «Nos gustaría darle un lugar como el del Lazarillo».

Un actor al servicio del arte

Gran parte del público todavía recuerda al actor subido a una silla, pero su carrera ha transcurrido entre las figuras del payaso y del actor clásico. Sin embargo, el intérprete sostiene que él no entiende de etiquetas. «No hago distinciones. No programo mi cabeza ni mi cuerpo para hacer una u otra cosa. Sencillamente me pongo al servicio de los proyectos que me interesan. Empecé como payaso y continúo haciéndolo. Solo he querido pertenecer al escenario, al teatro, al espectáculo en vivo, el contacto con el público…».

Pasan los años y no olvida los orígenes, los de «cuando había un cierto estigma para contratar a actores y actrices que hacíamos televisión. La de los 90 era una televisión muy vacía de contenido, colorista, frívola… Pero había que comer e hice aquello, y aprendí mucho. Tampoco me preocupé demasiado de si eso me iba a marcar o me iba a alejar de otro tipo de contenidos que me fascinaban, como el teatro clásico. Al contrario, lo admiraba; y todo fue llegando con el tiempo. Soy culo de mal asiento y ser actor me da la posibilidad de vivir un carnaval permanente».

«Un tipo de segundo término»

Pese a ello, afirma que el Pepe Viyuela de la calle es «menos payaso»: «Lo soy en el escenario. Luego, en la vida, soy bastante discreto. No me caracterizo por brillar demasiado en las reuniones. Ni me considero una persona graciosa en el ámbito privado… Soy un tipo de segundo término, no quiero demasiado protagonismo. Aunque tampoco es que sea un muerto [ríe], pero el payaso empieza en el escenario. Es ahí donde me transformo y disfruto».

«No quiero demasiado protagonismo. Aunque tampoco es que sea un muerto, pero el payaso empieza en el escenario»

En palabras del Festival de Almagro, estamos ante un «hombre sencillo» que, desde lo íntimo, «celebra lo cotidiano».

Viyuela es un ser de esos que llaman «de luz». Un tipo capaz de perdonar hasta cuando suena el móvil en mitad de un espectáculo: «No me enfado. Aunque los teatros son un templo, como las iglesias, donde no ves a nadie al que se le ocurra hablar por el teléfono. Se respetan porque se entiende que son sagradas y no se quiere perturbar la oración. Tenemos que ser capaces de conseguir eso en el teatro».

En el lugar correcto

Será por ese talante por el que el propio Festival de Almagro señala que estar donde está el payaso es, sencillamente, «estar en el lugar correcto». Pero, ¿cuál es ese lado, Pepe? De nuevo aparece el rubor: «El de la calma…», dice con dudas. «Habrá que preguntarle al que ha escrito eso», ríe antes de empezar a divagar: «Entiendo que es aquel lugar en el que no contravienes tus principios. Estar donde quieres estar. Pero mi lado correcto puede ser el incorrecto para mucha gente. No hay lugar correcto. Yo solo procuro estar siempre abierto al diálogo y a que mi postura en un momento determinado puede cambiar. La gran virtud del ser humano es la diferencia. Con el tiempo se cambia y puedes llegar a pensar que ese que eras hace 20 años fue un estúpido o que no te guste. A mí lo que más me asusta es pensar en un mundo robotizado en el que todos pensáramos igual. Sin matices ni opiniones distintas. Me da miedo la uniformidad absoluta y el monolitismo de pensamiento. El mundo actual, en el que hay tanta intransigencia con los que no piensan como tú, es muy peligroso porque te arrastra inmediatamente hacia la violencia. Una violencia que puede empezar siendo verbal y terminar fuera de control. No me gusta este mundo excesivamente crispado y violento. Y no por mí, sino por las generaciones que vienen».

«La gran virtud del ser humano es la diferencia»

Un mundo futuro en el que siempre ha pensado, pero con el que ahora, siendo ya abuelo, pone especial atención: «Ser padre te cambia, pero mi nieta me ha hecho más consciente de todas estas cosas y de la necesidad de convocar a la gente para el diálogo. Quiero un planeta en el que las hachas de guerra estén enterradas constantemente. Me gustaría contribuir a un mundo más bueno, hermoso, esperanzador, menos arrogante…».

En un mundo caótico y desenfrenado, Viyuela es paz. Serán sus años en la facultad de Filosofía los que le han dado esa calma casi total, de donde todavía recuerda a clásicos como Platón: «En sus diálogos encuentras lecciones todavía poco exploradas o no muy repetidas». Pero al ser preguntado por su filósofo de cabecera en la actualidad responde con dos nombres: Hannah Arendt y Simone Weil. «Y no es casualidad que sean mujeres», responde: «Me parece que en el pensamiento femenino existe una idea del cuidado, y que nadie se lo tome mal. Creo que ellas siempre han tenido una actitud ante la vida más conversadora y menos beligerante», reflexiona el actor, payaso y poeta.

–Arendt desarrollo la «banalidad del mal». ¿Está de moda ser malo?

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–Los malos siempre tienen un plus de admiración, quizá por el hecho de ser un poco descarados. Pero no deja de ser un momento estético. El malote de la clase deslumbra en un primer momento porque parece muy valiente, hecho para la lucha y el éxito; y lo que provocan es mal ambiente. Cuanto más poder se les da, más capacidad de destrucción tienen. Son muy peligrosos. Ahora está de moda ser malo y atacar el buenismo. Yo desde luego que prefiero al buenista que al malo profesional, ese al que le va de maravilla porque sabe rentabilizar su apariencia.

 Recibirá el jueves el premio Corral de Comedias del Festival de Almagro por una trayectoria dedicada a «hacernos reír»   

Cuando se anunció el Premio Corral de Comedias de este año, Irene Pardo –directora del Festival de Almagro–, entre otras palabras, se refirió a Pepe Viyuela como un cómico-payaso «entregado a hacernos reír». El actor, tímido, todavía se ruboriza al recordarle la noticia. «Es muy bonito», celebra quien aún se alegra más por el cariño que recibe de la gente en la calle, de niños a abuelos.

«Me asusta es pensar en un mundo robotizado en el que todos pensáramos igual. Sin matices ni opiniones distintas»

Y donde seguro que el pueblo le volverá a mostrar su afecto será en Almagro el 2 de julio, cuando suba a las tablas del Corral de Comedias para recoger ese «pilar» conmemorativo de una villa que Viyuela, desde sus tiempos de estudiante, conserva en sus adentros con una querencia «especial». Lo conoció como público antes que como intérprete y tiene grabadas a fuego muchas de las jornadas en la Plaza Mayor tras la caída del sol. «Ese ambiente…», suspira un hombre que, ya como profesional, se asomó a los escenarios almagreños convertido en el Rebolledo de ‘El alcalde de Zalamea’, con dirección de Sergi Belbel en 2000.

‘Encerrona’ con Pepe

El festival, en su justificación del premio (si es que fuera necesaria) incide en los treinta años de carrera subiéndose «a ese lugar frágil donde el equilibrio nunca está garantizado». En 1992, junto a su compañera y actriz Elena González, fundó la compañía El Vodevil, «desde la que impulsa, crea y produce sus propios espectáculos». Y de ese impulso nació ‘Encerrona’, una pieza de clown que continúa recorriendo el país. Como él mismo ha escrito, «el circo un sueño común nacido de la vulnerabilidad, una forma de asomarse a aquello que no siempre puede explicarse con palabras». Puede que sea por eso por lo que, como apunta el fallo del premio, en su trabajo siempre aparece esa «mezcla de precisión y riesgo, de ligereza y hondura, como quien avanza sabiendo que en cualquier momento puede caer y, aun así, decide seguir».

Y es esa misma mirada la que atraviesa su escritura poética, en la que realiza una búsqueda constante por encontrar la palabra justa que permita dar nombre a lo que pasa. «A todas horas, a tientas, sin descanso», firma con la intuición de que algo se pierde si no logra decirlo. «Y, al mismo tiempo, sus versos se sostienen en una forma de espera, en una atención abierta a lo que llega, «soy un hombre a la espera de tu risa», resume el Corral de Comedias.

«Soy culo de mal asiento y ser actor me da la posibilidad de vivir un carnaval permanente»

Será está la primera gran cita de un verano en el que Viyuela tendrá más de un encuentro con los escenarios nacionales, como el concierto-recital ‘A quién contaré yo mis quejas’ (10 y 11 de julio), con Rosa León, en Almagro precisamente; o el estreno de ‘Timón de Atenas’ sobre las ruinas romanas del Festival de Mérida (15-19 de julio). Además del desembarco, ya pasado el estío, de su mimado pícaro perdido: ‘Guitón Onofre’, con el que, tras años de gira, ya apunta al Teatro de la Comedia para la temporada 26/27. «Nos gustaría darle un lugar como el del Lazarillo».

Un actor al servicio del arte

Gran parte del público todavía recuerda al actor subido a una silla, pero su carrera ha transcurrido entre las figuras del payaso y del actor clásico. Sin embargo, el intérprete sostiene que él no entiende de etiquetas. «No hago distinciones. No programo mi cabeza ni mi cuerpo para hacer una u otra cosa. Sencillamente me pongo al servicio de los proyectos que me interesan. Empecé como payaso y continúo haciéndolo. Solo he querido pertenecer al escenario, al teatro, al espectáculo en vivo, el contacto con el público…».

Pasan los años y no olvida los orígenes, los de «cuando había un cierto estigma para contratar a actores y actrices que hacíamos televisión. La de los 90 era una televisión muy vacía de contenido, colorista, frívola… Pero había que comer e hice aquello, y aprendí mucho. Tampoco me preocupé demasiado de si eso me iba a marcar o me iba a alejar de otro tipo de contenidos que me fascinaban, como el teatro clásico. Al contrario, lo admiraba; y todo fue llegando con el tiempo. Soy culo de mal asiento y ser actor me da la posibilidad de vivir un carnaval permanente».

«Un tipo de segundo término»

Pese a ello, afirma que el Pepe Viyuela de la calle es «menos payaso»: «Lo soy en el escenario. Luego, en la vida, soy bastante discreto. No me caracterizo por brillar demasiado en las reuniones. Ni me considero una persona graciosa en el ámbito privado… Soy un tipo de segundo término, no quiero demasiado protagonismo. Aunque tampoco es que sea un muerto [ríe], pero el payaso empieza en el escenario. Es ahí donde me transformo y disfruto».

«No quiero demasiado protagonismo. Aunque tampoco es que sea un muerto, pero el payaso empieza en el escenario»

En palabras del Festival de Almagro, estamos ante un «hombre sencillo» que, desde lo íntimo, «celebra lo cotidiano».

Viyuela es un ser de esos que llaman «de luz». Un tipo capaz de perdonar hasta cuando suena el móvil en mitad de un espectáculo: «No me enfado. Aunque los teatros son un templo, como las iglesias, donde no ves a nadie al que se le ocurra hablar por el teléfono. Se respetan porque se entiende que son sagradas y no se quiere perturbar la oración. Tenemos que ser capaces de conseguir eso en el teatro».

En el lugar correcto

Será por ese talante por el que el propio Festival de Almagro señala que estar donde está el payaso es, sencillamente, «estar en el lugar correcto». Pero, ¿cuál es ese lado, Pepe? De nuevo aparece el rubor: «El de la calma…», dice con dudas. «Habrá que preguntarle al que ha escrito eso», ríe antes de empezar a divagar: «Entiendo que es aquel lugar en el que no contravienes tus principios. Estar donde quieres estar. Pero mi lado correcto puede ser el incorrecto para mucha gente. No hay lugar correcto. Yo solo procuro estar siempre abierto al diálogo y a que mi postura en un momento determinado puede cambiar. La gran virtud del ser humano es la diferencia. Con el tiempo se cambia y puedes llegar a pensar que ese que eras hace 20 años fue un estúpido o que no te guste. A mí lo que más me asusta es pensar en un mundo robotizado en el que todos pensáramos igual. Sin matices ni opiniones distintas. Me da miedo la uniformidad absoluta y el monolitismo de pensamiento. El mundo actual, en el que hay tanta intransigencia con los que no piensan como tú, es muy peligroso porque te arrastra inmediatamente hacia la violencia. Una violencia que puede empezar siendo verbal y terminar fuera de control. No me gusta este mundo excesivamente crispado y violento. Y no por mí, sino por las generaciones que vienen».

«La gran virtud del ser humano es la diferencia»

Un mundo futuro en el que siempre ha pensado, pero con el que ahora, siendo ya abuelo, pone especial atención: «Ser padre te cambia, pero mi nieta me ha hecho más consciente de todas estas cosas y de la necesidad de convocar a la gente para el diálogo. Quiero un planeta en el que las hachas de guerra estén enterradas constantemente. Me gustaría contribuir a un mundo más bueno, hermoso, esperanzador, menos arrogante…».

En un mundo caótico y desenfrenado, Viyuela es paz. Serán sus años en la facultad de Filosofía los que le han dado esa calma casi total, de donde todavía recuerda a clásicos como Platón: «En sus diálogos encuentras lecciones todavía poco exploradas o no muy repetidas». Pero al ser preguntado por su filósofo de cabecera en la actualidad responde con dos nombres: Hannah Arendt y Simone Weil. «Y no es casualidad que sean mujeres», responde: «Me parece que en el pensamiento femenino existe una idea del cuidado, y que nadie se lo tome mal. Creo que ellas siempre han tenido una actitud ante la vida más conversadora y menos beligerante», reflexiona el actor, payaso y poeta.

–Arendt desarrollo la «banalidad del mal». ¿Está de moda ser malo?

–Los malos siempre tienen un plus de admiración, quizá por el hecho de ser un poco descarados. Pero no deja de ser un momento estético. El malote de la clase deslumbra en un primer momento porque parece muy valiente, hecho para la lucha y el éxito; y lo que provocan es mal ambiente. Cuanto más poder se les da, más capacidad de destrucción tienen. Son muy peligrosos. Ahora está de moda ser malo y atacar el buenismo. Yo desde luego que prefiero al buenista que al malo profesional, ese al que le va de maravilla porque sabe rentabilizar su apariencia.

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