Mucho que decir sobre la casita que Bad Bunny coloca en sus conciertos y llena de celebridades y chicas aparentemente fascinantes que un ojeador selecciona entre el público con criterios pajeros. Hay algo tan loco en fabricar un lugar superexclusivo y llenarlo de gente con sobrepeso y síndrome de Down que lo hecho por Bad Bunny podría caber como crítica al sistema, en plan: “Y ya hecha, ¿qué queréis que haga?”. No haberla hecho, Benito, si no podías llenarla con otra gente. Sólo te falta anunciar diversidad en la Casita, a ver quién es el guapo que quiere ir ahora. La Casita viene a ser una suerte de reproducción del hogar tradicional de Puerto Rico. Y aunque la polémica se ha montado con sus pobladores vip, el problema real ha sido hacerla. Construirla, colocarla en medio, decirle a la gente que ahí está lo top de lo top, que hoy en día es la gente famosa por ser famosa, o sea Miranda Makaroff.
Cuando uno monta un escaparate no es para enseñar lo mejor que tiene, sino lo que cree más fácil vender
Mucho que decir sobre la casita que Bad Bunny coloca en sus conciertos y llena de celebridades y chicas aparentemente fascinantes que un ojeador selecciona entre el público con criterios pajeros. Hay algo tan loco en fabricar un lugar superexclusivo y llenarlo de gente con sobrepeso y síndrome de Down que lo hecho por Bad Bunny podría caber como crítica al sistema, en plan: “Y ya hecha, ¿qué queréis que haga?”. No haberla hecho, Benito, si no podías llenarla con otra gente. Sólo te falta anunciar diversidad en la Casita, a ver quién es el guapo que quiere ir ahora. La Casita viene a ser una suerte de reproducción del hogar tradicional de Puerto Rico. Y aunque la polémica se ha montado con sus pobladores vip, el problema real ha sido hacerla. Construirla, colocarla en medio, decirle a la gente que ahí está lo top de lo top, que hoy en día es la gente famosa por ser famosa, o sea Miranda Makaroff.
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