Tenía todo en contra para ser artista. La vida se empeñó en ponérselo muy difícil. Sufrió el racismo y la misoginia. Sus padres eran agricultores, japoneses inmigrantes en Estados Unidos en una época en la que no tenían derechos de propiedad de la tierra, estaban prohibidos los matrimonios interraciales… Con la Segunda Guerra Mundial, la cosa empeoró por el sentimiento antijaponés que invadió el país. Ruth Asawa (Norwalk, California, 1926-San Francisco, 2013) fue recluida con su familia por el Gobierno norteamericano primero en un antiguo hipódromo de Santa Anita reconvertido en centro de detención (recibió allí clases de dibujo de tres animadores japoneses que habían trabajado en Disney) y después en un campo de internamiento de Arkansas, donde hace caricaturas de sus compañeros. Parte de la crítica ninguneó su trabajo: decían que hacía objetos decorativos, que era un arte hecho por un ama de casaPudo salir y estudiar en una escuela de Milwaukee, donde se forma para ser profesora de arte, pero no le permitieron graduarse y recibir el título. Por si fuera poco, años después tuvo que sufrir el ninguneo de buena parte de la crítica: en los 50 decían que hacía objetos decorativos, un arte hecho por un ama de casa, simple artesanía . Pero, gracias a su talento y a su perseverancia, se sobrepuso a todo ello y consiguió ser una espléndida y reconocida creadora. Fue decisivo su paso por el Black Mountain College , una institución progresista de Carolina del Norte, donde estuvo entre 1946 y 1949. Allí tuvo que ordeñar vacas, pero pudo experimentar con libertad en ideas sobre la transparencia y el espacio, dando vida a radicales innovaciones, sin que su origen japonés fuese un hándicap. Entre sus profesores, Josef Albers (que la ‘apadrinó’ junto con su esposa, Anni), quien le enseñó ‘a ver’; Buckminster Fuller (diseñó su anillo de boda) y Merce Cunningham. Entre sus compañeros, Robert Rauschenberg . Estudió matemáticas, filosofía, música, danza… La danza fue importante para ella: la relación del cuerpo con el espacio le serviría para la relación de su escultura con el espacio. Noticia relacionada No No El Guggenheim reivindica a la pintora Hilma af Klint La ‘inventora’ de la abstracción que se llevó el secreto a la tumba Natividad Pulido Una exposición en 2019 en el Whitney Museum de Nueva York la resucitó. Su cotización en el mercado ha ido al alza en los últimos años. En una subasta celebrada en Christie’s de Nueva York en 2020, una de sus obras se vendió por 5,3 millones de dólares . Su galería es la todopoderosa David Zwirner, una de las mejores del mundo. Su consagración definitiva llega en forma de regalo de cumpleaños en el centenario de su nacimiento con una completísima retrospectiva de su trabajo en la que están involucrados cuatro de los grandes museos del mundo. Abrió la itinerancia en 2025 el San Francisco Museum of Modern Art, después llegó al MoMA neoyorquino. En ambas sedes fue una de las mayores exposiciones dedicadas a un solo artista (y la mayor de la historia dedicada a una mujer), que se saldaron con gran éxito de público. Ahora puede verse, hasta el 13 de septiembre, en el Guggenheim Bilbao (es su primera monográfica en España) y cerrará la gira en la Fundación Beyeler de Basilea. Sus esculturas aparecieron en las páginas de ‘Vogue’. Una joven pasea junto a las esculturas de alambre de Ruth Asawa en el Guggenheim Bilbao. EfeUna de las características que define su personalísimo trabajo a lo largo de seis décadas es el alambre : aluminio, bronce, hierro, latón… La idea de utilizar este material le vino en un viaje en 1947 a México. En el mercado de Toluca descubrió las cestas de alambre que servían para transportar los huevos. Aprendió cómo elaborar la técnica de trenzar alambre. Supuso un punto de inflexión en su trabajo. Por un lado, utiliza alambre en bucle , con el que crea hermosas y etéreas esculturas colgantes con formas orgánicas (una forma continua dentro de otra forma): lóbulos entrelazados con los que crea conos y estrellas en cascada. Explora la transparencia en la escultura y cómo dibujar con alambre en el espacio, como hicieron otros artistas como Calder y Gego. Esculturas de Asawa, en el Guggenheim Bilbao. ABCPor otro lado, usa alambre atado . Esta cambio de rumbo en su escultura con alambre se lo inspiró una planta seca del desierto del Valle de la Muerte que le regalaron. Manipulando el alambre crea una especie de ramas y formas botánicas. «La naturaleza es mi maestra», decía la artista. De ambos tipos de trabajos con alambre hay buenos ejemplos en la exposición. Algunas, en el atrio mismo del museo, donde el alambre de Asawa le va como anillo al dedo al titanio de Gehry. Aparte del alambre, marca de la casa y su sello de identidad , también trabaja con arcilla, bronce, hace papiroflexia (pliega el papel consiguiendo un aspecto casi arquitectónico), experimenta con la galvanoplastia, realiza pinturas, dibujos, grabados… Estos últimos los crea en el taller Tamarind, donde descubrió las posibilidades de la litografía. Crea unas 150. Obras de Ruth Asawa en el Guggenheim Bilbao. EfeArtista muy prolífica -confesaba que no dormía más de cuatro horas-, educadora y defensora de las artes -abogó incansable por la educación artística e incluso fundó una escuela de arte en san Francisco-, todo lo que tocaba lo convertía en arte. Su propia vida fue una obra de arte total. No distinguía entre arte y vida familiar. Su casa-taller en Noe Valley, San Francisco , era una continuación de su trabajo. «Mi casa era y sigue siendo mi estudio», comentaba la artista. En una de las salas del Guggenheim bilbaíno se exhibe material de ese espacio. Como las puertas en madera de sequoia, talladas a mano por Asawa, o las máscaras mortuorias con moldes de yeso que hacía de los rostros de familiares, amigos e invitados (más de 200 colgaban de una pared de la casa), a modo de libro de visitas escultórico. Ella las llamaba máscaras de vida. La gran sala de estar estaba plagada de sus esculturas de alambre, como se aprecia en fotografías tomadas por Rondal Partdridge, hijo de su amiga la célebre fotógrafa Imogen Cunningham. que la inmortalizó en una espléndidos retratos. En el exterior de la casa plantó parterres de flores, hierbas aromáticas y hortalizas, que dibujaba. Casada con Albert Lanier, arquitecto y antiguo compañero en Black Mountain College, tuvieron seis hijos y diez nietos . Asawa involucró a sus hijos para que le ayudaran en algunas de sus obras. Manejar el alambre suponía un esfuerzo físico. Obras de Ruth Asawa en la muestra que le dedica el Guggenheim bilbaíno. EfeHay en la muestra bocetos y fotografías de sus proyectos de arte público , sobre todo en San Francisco, donde es un icono: una fuente de bronce en Ghirardelli Square, otra en Union Square, las Fuentes de Origami para el paseo del barrio japonés… En 1985 fue diagnosticada de lupus , lo que la debilitó. Pero siguió trabajando. Hacía dibujos y acuarelas de flores, hortalizas y frutas de su jardín y su huerto: crisantemos, hortensias, sandías, berenjenas… Era terapéutico para ella. Murió en 2013 a los 87 años.Formó parte del Consejo de las Artes de California y del Fondo Nacional para las Artes. Le conceden sendos doctorados ‘honoris causa’ en San Francisco, un cráter en Mercurio lleva su nombre , el Servicio Postal de Estados Unidos emitió una serie de sellos postales de Asawa… En 2022 su obra se expuso en la Bienal de Arte de Venecia. Y el presidente norteamericano Joe Biden le otorgó póstumamente la Medalla Nacional de las Artes , máximo reconocimiento artístico de Estados Unidos. En vida le fue denegada hasta cuatro veces la beca Guggenheim. Hoy, 250 de sus obras lucen en el Museo Guggenheim Bilbao. La venganza, dicen, es un plato que se sirve frío. No creemos que Asawa quisiera vengarse de aquellos que no creyeron en ella, pero hubiera disfrutado mucho. Tenía todo en contra para ser artista. La vida se empeñó en ponérselo muy difícil. Sufrió el racismo y la misoginia. Sus padres eran agricultores, japoneses inmigrantes en Estados Unidos en una época en la que no tenían derechos de propiedad de la tierra, estaban prohibidos los matrimonios interraciales… Con la Segunda Guerra Mundial, la cosa empeoró por el sentimiento antijaponés que invadió el país. Ruth Asawa (Norwalk, California, 1926-San Francisco, 2013) fue recluida con su familia por el Gobierno norteamericano primero en un antiguo hipódromo de Santa Anita reconvertido en centro de detención (recibió allí clases de dibujo de tres animadores japoneses que habían trabajado en Disney) y después en un campo de internamiento de Arkansas, donde hace caricaturas de sus compañeros. Parte de la crítica ninguneó su trabajo: decían que hacía objetos decorativos, que era un arte hecho por un ama de casaPudo salir y estudiar en una escuela de Milwaukee, donde se forma para ser profesora de arte, pero no le permitieron graduarse y recibir el título. Por si fuera poco, años después tuvo que sufrir el ninguneo de buena parte de la crítica: en los 50 decían que hacía objetos decorativos, un arte hecho por un ama de casa, simple artesanía . Pero, gracias a su talento y a su perseverancia, se sobrepuso a todo ello y consiguió ser una espléndida y reconocida creadora. Fue decisivo su paso por el Black Mountain College , una institución progresista de Carolina del Norte, donde estuvo entre 1946 y 1949. Allí tuvo que ordeñar vacas, pero pudo experimentar con libertad en ideas sobre la transparencia y el espacio, dando vida a radicales innovaciones, sin que su origen japonés fuese un hándicap. Entre sus profesores, Josef Albers (que la ‘apadrinó’ junto con su esposa, Anni), quien le enseñó ‘a ver’; Buckminster Fuller (diseñó su anillo de boda) y Merce Cunningham. Entre sus compañeros, Robert Rauschenberg . Estudió matemáticas, filosofía, música, danza… La danza fue importante para ella: la relación del cuerpo con el espacio le serviría para la relación de su escultura con el espacio. Noticia relacionada No No El Guggenheim reivindica a la pintora Hilma af Klint La ‘inventora’ de la abstracción que se llevó el secreto a la tumba Natividad Pulido Una exposición en 2019 en el Whitney Museum de Nueva York la resucitó. Su cotización en el mercado ha ido al alza en los últimos años. En una subasta celebrada en Christie’s de Nueva York en 2020, una de sus obras se vendió por 5,3 millones de dólares . Su galería es la todopoderosa David Zwirner, una de las mejores del mundo. Su consagración definitiva llega en forma de regalo de cumpleaños en el centenario de su nacimiento con una completísima retrospectiva de su trabajo en la que están involucrados cuatro de los grandes museos del mundo. Abrió la itinerancia en 2025 el San Francisco Museum of Modern Art, después llegó al MoMA neoyorquino. En ambas sedes fue una de las mayores exposiciones dedicadas a un solo artista (y la mayor de la historia dedicada a una mujer), que se saldaron con gran éxito de público. Ahora puede verse, hasta el 13 de septiembre, en el Guggenheim Bilbao (es su primera monográfica en España) y cerrará la gira en la Fundación Beyeler de Basilea. Sus esculturas aparecieron en las páginas de ‘Vogue’. Una joven pasea junto a las esculturas de alambre de Ruth Asawa en el Guggenheim Bilbao. EfeUna de las características que define su personalísimo trabajo a lo largo de seis décadas es el alambre : aluminio, bronce, hierro, latón… La idea de utilizar este material le vino en un viaje en 1947 a México. En el mercado de Toluca descubrió las cestas de alambre que servían para transportar los huevos. Aprendió cómo elaborar la técnica de trenzar alambre. Supuso un punto de inflexión en su trabajo. Por un lado, utiliza alambre en bucle , con el que crea hermosas y etéreas esculturas colgantes con formas orgánicas (una forma continua dentro de otra forma): lóbulos entrelazados con los que crea conos y estrellas en cascada. Explora la transparencia en la escultura y cómo dibujar con alambre en el espacio, como hicieron otros artistas como Calder y Gego. Esculturas de Asawa, en el Guggenheim Bilbao. ABCPor otro lado, usa alambre atado . Esta cambio de rumbo en su escultura con alambre se lo inspiró una planta seca del desierto del Valle de la Muerte que le regalaron. Manipulando el alambre crea una especie de ramas y formas botánicas. «La naturaleza es mi maestra», decía la artista. De ambos tipos de trabajos con alambre hay buenos ejemplos en la exposición. Algunas, en el atrio mismo del museo, donde el alambre de Asawa le va como anillo al dedo al titanio de Gehry. Aparte del alambre, marca de la casa y su sello de identidad , también trabaja con arcilla, bronce, hace papiroflexia (pliega el papel consiguiendo un aspecto casi arquitectónico), experimenta con la galvanoplastia, realiza pinturas, dibujos, grabados… Estos últimos los crea en el taller Tamarind, donde descubrió las posibilidades de la litografía. Crea unas 150. Obras de Ruth Asawa en el Guggenheim Bilbao. EfeArtista muy prolífica -confesaba que no dormía más de cuatro horas-, educadora y defensora de las artes -abogó incansable por la educación artística e incluso fundó una escuela de arte en san Francisco-, todo lo que tocaba lo convertía en arte. Su propia vida fue una obra de arte total. No distinguía entre arte y vida familiar. Su casa-taller en Noe Valley, San Francisco , era una continuación de su trabajo. «Mi casa era y sigue siendo mi estudio», comentaba la artista. En una de las salas del Guggenheim bilbaíno se exhibe material de ese espacio. Como las puertas en madera de sequoia, talladas a mano por Asawa, o las máscaras mortuorias con moldes de yeso que hacía de los rostros de familiares, amigos e invitados (más de 200 colgaban de una pared de la casa), a modo de libro de visitas escultórico. Ella las llamaba máscaras de vida. La gran sala de estar estaba plagada de sus esculturas de alambre, como se aprecia en fotografías tomadas por Rondal Partdridge, hijo de su amiga la célebre fotógrafa Imogen Cunningham. que la inmortalizó en una espléndidos retratos. En el exterior de la casa plantó parterres de flores, hierbas aromáticas y hortalizas, que dibujaba. Casada con Albert Lanier, arquitecto y antiguo compañero en Black Mountain College, tuvieron seis hijos y diez nietos . Asawa involucró a sus hijos para que le ayudaran en algunas de sus obras. Manejar el alambre suponía un esfuerzo físico. Obras de Ruth Asawa en la muestra que le dedica el Guggenheim bilbaíno. EfeHay en la muestra bocetos y fotografías de sus proyectos de arte público , sobre todo en San Francisco, donde es un icono: una fuente de bronce en Ghirardelli Square, otra en Union Square, las Fuentes de Origami para el paseo del barrio japonés… En 1985 fue diagnosticada de lupus , lo que la debilitó. Pero siguió trabajando. Hacía dibujos y acuarelas de flores, hortalizas y frutas de su jardín y su huerto: crisantemos, hortensias, sandías, berenjenas… Era terapéutico para ella. Murió en 2013 a los 87 años.Formó parte del Consejo de las Artes de California y del Fondo Nacional para las Artes. Le conceden sendos doctorados ‘honoris causa’ en San Francisco, un cráter en Mercurio lleva su nombre , el Servicio Postal de Estados Unidos emitió una serie de sellos postales de Asawa… En 2022 su obra se expuso en la Bienal de Arte de Venecia. Y el presidente norteamericano Joe Biden le otorgó póstumamente la Medalla Nacional de las Artes , máximo reconocimiento artístico de Estados Unidos. En vida le fue denegada hasta cuatro veces la beca Guggenheim. Hoy, 250 de sus obras lucen en el Museo Guggenheim Bilbao. La venganza, dicen, es un plato que se sirve frío. No creemos que Asawa quisiera vengarse de aquellos que no creyeron en ella, pero hubiera disfrutado mucho.
Tenía todo en contra para ser artista. La vida se empeñó en ponérselo muy difícil. Sufrió el racismo y la misoginia. Sus padres eran agricultores, japoneses inmigrantes en Estados Unidos en una época en la que no tenían derechos de propiedad de la tierra, estaban … prohibidos los matrimonios interraciales… Con la Segunda Guerra Mundial, la cosa empeoró por el sentimiento antijaponés que invadió el país. Ruth Asawa (Norwalk, California, 1926-San Francisco, 2013) fue recluida con su familia por el Gobierno norteamericano primero en un antiguo hipódromo de Santa Anita reconvertido en centro de detención (recibió allí clases de dibujo de tres animadores japoneses que habían trabajado en Disney) y después en un campo de internamiento de Arkansas, donde hace caricaturas de sus compañeros.
Parte de la crítica ninguneó su trabajo: decían que hacía objetos decorativos, que era un arte hecho por un ama de casa
Pudo salir y estudiar en una escuela de Milwaukee, donde se forma para ser profesora de arte, pero no le permitieron graduarse y recibir el título. Por si fuera poco, años después tuvo que sufrir el ninguneo de buena parte de la crítica: en los 50 decían que hacía objetos decorativos, un arte hecho por un ama de casa, simple artesanía. Pero, gracias a su talento y a su perseverancia, se sobrepuso a todo ello y consiguió ser una espléndida y reconocida creadora.
Fue decisivo su paso por el Black Mountain College, una institución progresista de Carolina del Norte, donde estuvo entre 1946 y 1949. Allí tuvo que ordeñar vacas, pero pudo experimentar con libertad en ideas sobre la transparencia y el espacio, dando vida a radicales innovaciones, sin que su origen japonés fuese un hándicap. Entre sus profesores, Josef Albers (que la ‘apadrinó’ junto con su esposa, Anni), quien le enseñó ‘a ver’; Buckminster Fuller (diseñó su anillo de boda) y Merce Cunningham. Entre sus compañeros, Robert Rauschenberg. Estudió matemáticas, filosofía, música, danza… La danza fue importante para ella: la relación del cuerpo con el espacio le serviría para la relación de su escultura con el espacio.
Una exposición en 2019 en el Whitney Museum de Nueva York la resucitó. Su cotización en el mercado ha ido al alza en los últimos años. En una subasta celebrada en Christie’s de Nueva York en 2020, una de sus obras se vendió por 5,3 millones de dólares. Su galería es la todopoderosa David Zwirner, una de las mejores del mundo. Su consagración definitiva llega en forma de regalo de cumpleaños en el centenario de su nacimiento con una completísima retrospectiva de su trabajo en la que están involucrados cuatro de los grandes museos del mundo. Abrió la itinerancia en 2025 el San Francisco Museum of Modern Art, después llegó al MoMA neoyorquino. En ambas sedes fue una de las mayores exposiciones dedicadas a un solo artista (y la mayor de la historia dedicada a una mujer), que se saldaron con gran éxito de público. Ahora puede verse, hasta el 13 de septiembre, en el Guggenheim Bilbao (es su primera monográfica en España) y cerrará la gira en la Fundación Beyeler de Basilea. Sus esculturas aparecieron en las páginas de ‘Vogue’.
(Efe)
Una de las características que define su personalísimo trabajo a lo largo de seis décadas es el alambre: aluminio, bronce, hierro, latón… La idea de utilizar este material le vino en un viaje en 1947 a México. En el mercado de Toluca descubrió las cestas de alambre que servían para transportar los huevos. Aprendió cómo elaborar la técnica de trenzar alambre. Supuso un punto de inflexión en su trabajo. Por un lado, utiliza alambre en bucle, con el que crea hermosas y etéreas esculturas colgantes con formas orgánicas (una forma continua dentro de otra forma): lóbulos entrelazados con los que crea conos y estrellas en cascada. Explora la transparencia en la escultura y cómo dibujar con alambre en el espacio, como hicieron otros artistas como Calder y Gego.
(ABC)
Por otro lado, usa alambre atado. Esta cambio de rumbo en su escultura con alambre se lo inspiró una planta seca del desierto del Valle de la Muerte que le regalaron. Manipulando el alambre crea una especie de ramas y formas botánicas. «La naturaleza es mi maestra», decía la artista. De ambos tipos de trabajos con alambre hay buenos ejemplos en la exposición. Algunas, en el atrio mismo del museo, donde el alambre de Asawa le va como anillo al dedo al titanio de Gehry. Aparte del alambre, marca de la casa y su sello de identidad, también trabaja con arcilla, bronce, hace papiroflexia (pliega el papel consiguiendo un aspecto casi arquitectónico), experimenta con la galvanoplastia, realiza pinturas, dibujos, grabados… Estos últimos los crea en el taller Tamarind, donde descubrió las posibilidades de la litografía. Crea unas 150.
(Efe)
Artista muy prolífica -confesaba que no dormía más de cuatro horas-, educadora y defensora de las artes -abogó incansable por la educación artística e incluso fundó una escuela de arte en san Francisco-, todo lo que tocaba lo convertía en arte. Su propia vida fue una obra de arte total. No distinguía entre arte y vida familiar. Su casa-taller en Noe Valley, San Francisco, era una continuación de su trabajo. «Mi casa era y sigue siendo mi estudio», comentaba la artista. En una de las salas del Guggenheim bilbaíno se exhibe material de ese espacio. Como las puertas en madera de sequoia, talladas a mano por Asawa, o las máscaras mortuorias con moldes de yeso que hacía de los rostros de familiares, amigos e invitados (más de 200 colgaban de una pared de la casa), a modo de libro de visitas escultórico. Ella las llamaba máscaras de vida.
La gran sala de estar estaba plagada de sus esculturas de alambre, como se aprecia en fotografías tomadas por Rondal Partdridge, hijo de su amiga la célebre fotógrafa Imogen Cunningham. que la inmortalizó en una espléndidos retratos. En el exterior de la casa plantó parterres de flores, hierbas aromáticas y hortalizas, que dibujaba. Casada con Albert Lanier, arquitecto y antiguo compañero en Black Mountain College, tuvieron seis hijos y diez nietos. Asawa involucró a sus hijos para que le ayudaran en algunas de sus obras. Manejar el alambre suponía un esfuerzo físico.
(Efe)
Hay en la muestra bocetos y fotografías de sus proyectos de arte público, sobre todo en San Francisco, donde es un icono: una fuente de bronce en Ghirardelli Square, otra en Union Square, las Fuentes de Origami para el paseo del barrio japonés… En 1985 fue diagnosticada de lupus, lo que la debilitó. Pero siguió trabajando. Hacía dibujos y acuarelas de flores, hortalizas y frutas de su jardín y su huerto: crisantemos, hortensias, sandías, berenjenas… Era terapéutico para ella. Murió en 2013 a los 87 años.
Formó parte del Consejo de las Artes de California y del Fondo Nacional para las Artes. Le conceden sendos doctorados ‘honoris causa’ en San Francisco, un cráter en Mercurio lleva su nombre, el Servicio Postal de Estados Unidos emitió una serie de sellos postales de Asawa… En 2022 su obra se expuso en la Bienal de Arte de Venecia. Y el presidente norteamericano Joe Biden le otorgó póstumamente la Medalla Nacional de las Artes, máximo reconocimiento artístico de Estados Unidos. En vida le fue denegada hasta cuatro veces la beca Guggenheim. Hoy, 250 de sus obras lucen en el Museo Guggenheim Bilbao. La venganza, dicen, es un plato que se sirve frío. No creemos que Asawa quisiera vengarse de aquellos que no creyeron en ella, pero hubiera disfrutado mucho.
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