El Reina Sofía muda la piel (se están remozando las fachadas de los edificios de Sabatini y de Nouvel, y también del jardín), además de la rehabilitación de sus sedes en el Retiro: los palacios de Cristal y de Velázquez. Pero no solo cambia por fuera, también por dentro. En mayo de 2021, bajo el título ‘Nueva colección. Vasos comunicantes. 1881-2021’, el Reina Sofía presentaba la reordenación casi completa de su colección. Una relectura integral: 2.000 obras (en torno al 70% inéditas) en 15.000 metros cuadrados, tanto en el edificio Sabatini como en la ampliación de Nouvel. Su entonces director, Manuel Borja-Villel , había dividido la colección en episodios (los denominó así, a lo ‘Star Wars’). Entre las novedades más llamativas, la incorporación de movimientos sociales como el 15-M y el 8-M, la identidad de género, la emigración, el colonialismo, la ecología, el indigenismo, la especulación inmobiliaria… Ya habían entrado en sus salas el cine y la fotografía. Se incorporaban la arquitectura, aunque tímidamente; el teatro y el flamenco.Noticia Relacionada Director de ‘Sirat’ estandar Si Oliver Laxe: «Los cineastas somos unos pesados, nos damos demasiados premios» Fernando Muñoz El cineasta monta una ‘rave’ en el Reina Sofía a la espera de la nominación al Oscar para ‘Sirat’Cinco años después, el mundo y la dirección del museo han cambiado. Aquella reordenación había caducado y el nuevo director del Reina Sofía, Manuel Segade , le ha dado la vuelta como un calcetín, como ya hiciera Borja-Villel en su día, y ha comenzado su propia relectura crítica . De momento, solo podrá verse la parte correspondiente al arte más actual: desde 1975, con la llegada de la Transición, hasta el presente. Ocupa toda la cuarta planta y, al menos, estará tres años. Se ha distribuido en 21 capítulos y en tres itinerarios , que plantean una «historia afectiva, una lectura emocional» de los últimos 50 años en un museo «más habitable». La idea es presentar la reordenación de la colección poco a poco (una planta al año: la tercera planta en 2027 y la segunda en 2028) y dejar los espacios de las plantas inferiores de Sabatini y de Nouvel para exposiciones temporales. Mesa con el vocabulario escultórico y arquitectónico de Juan Navarro Baldeweg Isabel PermuyTras dos horas y media de presentación (con Segade hablando a una velocidad que ya quisieran los AVES en este país, y con la presencia del ministro de Cultura, Ernest Urtasun; la presidenta del Patronato del Reina Sofía, Ángeles González-Sinde, y la subdirectora artística del museo, Amanda de la Garza), resulta difícil condensar las ideas, pero vamos a intentarlo. Se han seleccionado 403 obras de 224 artistas , que se exhiben en más de 3.000 metros cuadrados. La primera conclusión, y clara diferencia con el proyecto de su antecesor, es la firme apuesta por el arte español. El 77% de los artistas presentes son españoles , mientras que solo el 23%, o sea 51, son extranjeros. De estos, el 31% (16) son de origen latinoamericano. Otro dato muy revelador es que 258 obras (el 64%) son inéditas y cuelgan por vez primera en el museo. En cuanto a géneros, los artistas ganan por goleada a las artistas: 129 hombres (65%) frente a 69 mujeres (35%) . Pero es que menos de un 15% de las cerca de 26.000 obras que atesora el museo son hechas por mujeres, explica Segade. Eso sí, saca pecho: de las 70 obras expuestas que han sido compradas en los últimos dos años, más de la mitad (36, un 51%), son de artistas mujeres. Hasta aquí los principales datos que resumen la nueva reordenación de la colección del museo, que se presenta como más ordenada y menos caótica, en un recorrido «más accesible, dinámico y didáctico», algo imposible en un edificio, concebido como hospital, que es un laberinto. En una cuarta planta que ya rehabilitó hace diez años el arquitecto Juan Herreros, firman el montaje el artista Xabier Salaberría, junto con el arquitecto Patxi Eguiluz. Se han centrado en la sostenibilidad, con cartelas y material de apoyo textual en soporte papel, más ecológico que el vinilo, y con iluminación LED. Altar ‘Asunción gloriosa’, del artista ‘queer y underground’ Ocaña Isabel PermuyRespecto a las ausencias , ha desaparecido el material del 15-M que Borja-Villel aupó como obra de arte (carteles, pancartas…). Tampoco está Jaume Plensa , ni al parecer se le espera. No tiene suerte el artista con los directores del Reina Sofía. ¿Por qué no está? «Porque no cuadra… Es imposible hacer todo en todo momento», decía Borja-Villel en 2021. Segade lo explica ahora así: «Hay otros artistas importantes que no están aquí. De Plensa no hay piezas interesantes que encajen en este relato». Advierte que no tiene líneas rojas y que hay obras expuestas que él no pondría, «pero no es mi gusto personal». ¿Estará el realismo madrileño en otra planta? «Eso espero», dice. Cuando le preguntan si no teme que un hipotético cambio de rumbo político afecte a su ordenación del museo, contesta rotundo que no. «El arte es político de por sí. Mondrian y Malevich pueden ser tan políticos como el ‘Guernica’. También lo fueron Velázquez y Goya. Aquí hay multitud de voces, no solo de una determinada tendencia política. En este museo no se siguen unas directrices políticas y se respetan los códigos de buenas prácticas. Ha habido gobiernos de derechas que han sido muy respetuosos con el arte contemporáneo, en el GGAC y en el CA2M». ‘Tierra Baldía’, de Juan Muñoz Isabel PermuyCuriosamente, el montaje, que trata de huir del ‘cubo blanco’, es bastante clásico: una gran sala de escultura, otra de pintura, un espacio dedicado a la fotografía… Vemos poco vídeo, pocas instalaciones… Apenas hay arquitectura, ni moda, ni diseño, ni teatro… Sí un pequeño cine en una de las salas. El recorrido comienza con una viñeta de Chumy Chúmez que fue portada de ‘Hermano Lobo’, del 75, publicada dos días después de la muerte de Franco. En ella vemos a un hombre con los ojos tapados por las manos de una figura que anuncia «¡El futuro!». A su lado, un cuadro de Juan Genovés , pero no ‘El abrazo’, que es el emblema de la Transición española y que está cedido al Congreso. Se ha escogido ‘Documento nº…’, del mismo año, donado por la familia del artista. Bajo una pintura quemada de Miró, los grabados de la ‘Suite Vollard’ de Picasso que fueron atacados con ácido en la Galería Theo de Madrid en 1971 por miembros de los Guerrilleros de Cristo Rey. Dieciséis de las veintisiete obras quedaron destrozadas. Consideraban a Picasso «marxista, homosexual, proxeneta…» A su lado, los mismos grabados intactos. En una pared, ‘Seguimiento de una noticia’, de Concha Jerez, en el que aborda el tema de la censura (textos tachados)… En la misma sala, la proyección de ‘Hotel’, un corto de Iván Zulueta con música de Jota, de Los Planetas.Ernest Urtasun, Ángeles González-Sinde y Manuel Segade, junto a una pintura quemada de Miró Isabel PermuyLos años de la contracultura y la Movida madrileña están representados con pinturas de Pérez Villalta, cómics de Nazario, unos tableros pintados por Ceesepe para el bar ‘La Vaquería’ de la calle Libertad, con los agujeros de las balas a la vista; joyas de Chus Burés diseñadas para películas de Almodóvar, ‘La Collares’, retratada por los Costus; discos de Alaska, Aviador Dro o La Mode; el altar ‘Asunción gloriosa’, del artista ‘queer y underground’ Ocaña… Entre los escasos artistas contemporáneos extranjeros, una pieza de Warhol (‘Pistolas, cuchillos, cruces’) y otra de Richard Serra (la maqueta de una escultura que iba hacer para la plaza de Callao en Madrid, pero que no llegó a realizarse). Finalmente, realizó una para el Reina Sofía, de 38 toneladas, que desapareció y hubo que hacer de nuevo. Esta nueva relectura del museo es, para su director, «una celebración de la diversidad de mundos posibles; no es un relato único, cerrado, sino abierto. Las colecciones del museo son permanentemente revisables, como las condenas ». En el centro, «la diversidad y la calidad del arte español contemporáneo». Los feminismos ocupan un amplio espacio de la reordenación de esta parte de la colección: Judy Chicago, Ana Mendieta, Barbara Hammer, Esther Ferrer, Nan Goldin… El drama del sida y la heroína está presente con trabajos de Pepe Espaliú (una gran instalación, ‘Sin título (Tres jaulas)’, Pepe Miralles, Cabello/Carceller, Peter Hujar o Alberto García-Alix y la conmovedora fotografía de la camisa de su hermano Willy, fallecido por una sobredosis. El duelo lo abordan artistas como Miquel Barceló (y sus retratos del fotógrafo francés Hervé Guibert, que era seropositivo), Tony Oursler (su visión de los atentados de las Torres Gemelas) y Juan Muñoz (‘La tierra baldía’), entre otros. Una de las salas con pinturas de la reordenación de la colección del Reina Sofía desde 1975 hasta el presente Isabel PermuyUna gran sala dedicada a la escultura reúne piezas de Juan Navarro Baldeweg (sobre una mesa, todo su vocabulario escultórico y arquitectónico), Susana Solano, Cristina Iglesias, Carmen Calvo, Susy Gómez, Anthony Caro o artistas más jóvenes como June Crespo y Teresa Solar. De esta última se exhibe ‘Tuneladora’, una especie de alien de color naranja. De Ana Laura Aláez, ‘Tigras y felinas’ (una instalación con ropa interior colgada). Además, Ángela de la Cruz y su pintura convertida en escultura. En cuanto a las performances, aparece Santiago Sierra con la fotografía de una de sus polémicas acciones: el artista tatuó una línea en la espalda de seis personas sin trabajo en La Habana a cambio de 30 dólares. De Alicia Framis, ‘Secret Strike’: paralizó durante dos minutos el trabajo de los empleados de Inditex en Arteixo. Habló Urtasun de la necesidad de reforzar el arte contemporáneo en España, pero ni una palabra del IVA cultural para el sector La pintura despolitizada de los 80 (« una pintura más pintada », en palabras de Juan Manuel Bonet) está presente con nombres como Pérez Villalta, Carlos Alcolea, Chema Cobo, Patricia Gadea, Juan Uslé, Miguel Ángel Campano, Manolo Quejido, Alfonso Albacete… Un espacio está dedicado al Grupo Atlántica, con artistas gallegos como Francisco Leiro, Antón Patiño y Menchu Lamas. La fotografía , con imágenes de Ouka Leele, Cristina García Rodero y su ‘España oculta’, Chema Madoz, Pablo Pérez Mínguez, Manuel Vilariño, Toni Catany… El Reina Sofía se mira el ombligo y dedica un espacio a la propia genealogía del museo y su historia institucional, al nacimiento de ARCO… Una forma de reconocimiento a mujeres como Carmen Giménez, María Corral, Elvira González o Juana de Aizpuru. Dos obras de Dalí se ven por vez primera en el museo: ‘La torre’ y ‘Gran masturbador detrás de las arcadas’. Las últimas salas están dedicadas a lo afro (la lucha antirracista de la diáspora africana y las comunidades negras en España) y las prácticas de género, con trabajos de Laia Abril, Cristina Lucas, Carmela García, Marina Vargas o Pilar Albarracín. El ministro de Cultura considera esta reordenación de la colección del Reina Sofía «un acontecimiento cultural de primera magnitud». Urtasun, que se refiere a los museos como los palacios del pueblo, nos recomienda un espacio: ‘La cocina del Reina’. En realidad, se trata de ‘Alacena’, y no estará listo hasta principios de mayo: será un espacio educativo, punto de encuentro, zona de descanso…. Habló el ministro del importante papel que juega el arte contemporáneo en la defensa de los valores y de la necesidad de reforzarlo en nuestro país. Pero, a las puertas de ARCO, ni una palabra para las galerías de arte , que cerraron sus puertas durante una semana como protesta por no contar el sector con un IVA cultural, como sí tienen otros países. El Reina Sofía muda la piel (se están remozando las fachadas de los edificios de Sabatini y de Nouvel, y también del jardín), además de la rehabilitación de sus sedes en el Retiro: los palacios de Cristal y de Velázquez. Pero no solo cambia por fuera, también por dentro. En mayo de 2021, bajo el título ‘Nueva colección. Vasos comunicantes. 1881-2021’, el Reina Sofía presentaba la reordenación casi completa de su colección. Una relectura integral: 2.000 obras (en torno al 70% inéditas) en 15.000 metros cuadrados, tanto en el edificio Sabatini como en la ampliación de Nouvel. Su entonces director, Manuel Borja-Villel , había dividido la colección en episodios (los denominó así, a lo ‘Star Wars’). Entre las novedades más llamativas, la incorporación de movimientos sociales como el 15-M y el 8-M, la identidad de género, la emigración, el colonialismo, la ecología, el indigenismo, la especulación inmobiliaria… Ya habían entrado en sus salas el cine y la fotografía. Se incorporaban la arquitectura, aunque tímidamente; el teatro y el flamenco.Noticia Relacionada Director de ‘Sirat’ estandar Si Oliver Laxe: «Los cineastas somos unos pesados, nos damos demasiados premios» Fernando Muñoz El cineasta monta una ‘rave’ en el Reina Sofía a la espera de la nominación al Oscar para ‘Sirat’Cinco años después, el mundo y la dirección del museo han cambiado. Aquella reordenación había caducado y el nuevo director del Reina Sofía, Manuel Segade , le ha dado la vuelta como un calcetín, como ya hiciera Borja-Villel en su día, y ha comenzado su propia relectura crítica . De momento, solo podrá verse la parte correspondiente al arte más actual: desde 1975, con la llegada de la Transición, hasta el presente. Ocupa toda la cuarta planta y, al menos, estará tres años. Se ha distribuido en 21 capítulos y en tres itinerarios , que plantean una «historia afectiva, una lectura emocional» de los últimos 50 años en un museo «más habitable». La idea es presentar la reordenación de la colección poco a poco (una planta al año: la tercera planta en 2027 y la segunda en 2028) y dejar los espacios de las plantas inferiores de Sabatini y de Nouvel para exposiciones temporales. Mesa con el vocabulario escultórico y arquitectónico de Juan Navarro Baldeweg Isabel PermuyTras dos horas y media de presentación (con Segade hablando a una velocidad que ya quisieran los AVES en este país, y con la presencia del ministro de Cultura, Ernest Urtasun; la presidenta del Patronato del Reina Sofía, Ángeles González-Sinde, y la subdirectora artística del museo, Amanda de la Garza), resulta difícil condensar las ideas, pero vamos a intentarlo. Se han seleccionado 403 obras de 224 artistas , que se exhiben en más de 3.000 metros cuadrados. La primera conclusión, y clara diferencia con el proyecto de su antecesor, es la firme apuesta por el arte español. El 77% de los artistas presentes son españoles , mientras que solo el 23%, o sea 51, son extranjeros. De estos, el 31% (16) son de origen latinoamericano. Otro dato muy revelador es que 258 obras (el 64%) son inéditas y cuelgan por vez primera en el museo. En cuanto a géneros, los artistas ganan por goleada a las artistas: 129 hombres (65%) frente a 69 mujeres (35%) . Pero es que menos de un 15% de las cerca de 26.000 obras que atesora el museo son hechas por mujeres, explica Segade. Eso sí, saca pecho: de las 70 obras expuestas que han sido compradas en los últimos dos años, más de la mitad (36, un 51%), son de artistas mujeres. Hasta aquí los principales datos que resumen la nueva reordenación de la colección del museo, que se presenta como más ordenada y menos caótica, en un recorrido «más accesible, dinámico y didáctico», algo imposible en un edificio, concebido como hospital, que es un laberinto. En una cuarta planta que ya rehabilitó hace diez años el arquitecto Juan Herreros, firman el montaje el artista Xabier Salaberría, junto con el arquitecto Patxi Eguiluz. Se han centrado en la sostenibilidad, con cartelas y material de apoyo textual en soporte papel, más ecológico que el vinilo, y con iluminación LED. Altar ‘Asunción gloriosa’, del artista ‘queer y underground’ Ocaña Isabel PermuyRespecto a las ausencias , ha desaparecido el material del 15-M que Borja-Villel aupó como obra de arte (carteles, pancartas…). Tampoco está Jaume Plensa , ni al parecer se le espera. No tiene suerte el artista con los directores del Reina Sofía. ¿Por qué no está? «Porque no cuadra… Es imposible hacer todo en todo momento», decía Borja-Villel en 2021. Segade lo explica ahora así: «Hay otros artistas importantes que no están aquí. De Plensa no hay piezas interesantes que encajen en este relato». Advierte que no tiene líneas rojas y que hay obras expuestas que él no pondría, «pero no es mi gusto personal». ¿Estará el realismo madrileño en otra planta? «Eso espero», dice. Cuando le preguntan si no teme que un hipotético cambio de rumbo político afecte a su ordenación del museo, contesta rotundo que no. «El arte es político de por sí. Mondrian y Malevich pueden ser tan políticos como el ‘Guernica’. También lo fueron Velázquez y Goya. Aquí hay multitud de voces, no solo de una determinada tendencia política. En este museo no se siguen unas directrices políticas y se respetan los códigos de buenas prácticas. Ha habido gobiernos de derechas que han sido muy respetuosos con el arte contemporáneo, en el GGAC y en el CA2M». ‘Tierra Baldía’, de Juan Muñoz Isabel PermuyCuriosamente, el montaje, que trata de huir del ‘cubo blanco’, es bastante clásico: una gran sala de escultura, otra de pintura, un espacio dedicado a la fotografía… Vemos poco vídeo, pocas instalaciones… Apenas hay arquitectura, ni moda, ni diseño, ni teatro… Sí un pequeño cine en una de las salas. El recorrido comienza con una viñeta de Chumy Chúmez que fue portada de ‘Hermano Lobo’, del 75, publicada dos días después de la muerte de Franco. En ella vemos a un hombre con los ojos tapados por las manos de una figura que anuncia «¡El futuro!». A su lado, un cuadro de Juan Genovés , pero no ‘El abrazo’, que es el emblema de la Transición española y que está cedido al Congreso. Se ha escogido ‘Documento nº…’, del mismo año, donado por la familia del artista. Bajo una pintura quemada de Miró, los grabados de la ‘Suite Vollard’ de Picasso que fueron atacados con ácido en la Galería Theo de Madrid en 1971 por miembros de los Guerrilleros de Cristo Rey. Dieciséis de las veintisiete obras quedaron destrozadas. Consideraban a Picasso «marxista, homosexual, proxeneta…» A su lado, los mismos grabados intactos. En una pared, ‘Seguimiento de una noticia’, de Concha Jerez, en el que aborda el tema de la censura (textos tachados)… En la misma sala, la proyección de ‘Hotel’, un corto de Iván Zulueta con música de Jota, de Los Planetas.Ernest Urtasun, Ángeles González-Sinde y Manuel Segade, junto a una pintura quemada de Miró Isabel PermuyLos años de la contracultura y la Movida madrileña están representados con pinturas de Pérez Villalta, cómics de Nazario, unos tableros pintados por Ceesepe para el bar ‘La Vaquería’ de la calle Libertad, con los agujeros de las balas a la vista; joyas de Chus Burés diseñadas para películas de Almodóvar, ‘La Collares’, retratada por los Costus; discos de Alaska, Aviador Dro o La Mode; el altar ‘Asunción gloriosa’, del artista ‘queer y underground’ Ocaña… Entre los escasos artistas contemporáneos extranjeros, una pieza de Warhol (‘Pistolas, cuchillos, cruces’) y otra de Richard Serra (la maqueta de una escultura que iba hacer para la plaza de Callao en Madrid, pero que no llegó a realizarse). Finalmente, realizó una para el Reina Sofía, de 38 toneladas, que desapareció y hubo que hacer de nuevo. Esta nueva relectura del museo es, para su director, «una celebración de la diversidad de mundos posibles; no es un relato único, cerrado, sino abierto. Las colecciones del museo son permanentemente revisables, como las condenas ». En el centro, «la diversidad y la calidad del arte español contemporáneo». Los feminismos ocupan un amplio espacio de la reordenación de esta parte de la colección: Judy Chicago, Ana Mendieta, Barbara Hammer, Esther Ferrer, Nan Goldin… El drama del sida y la heroína está presente con trabajos de Pepe Espaliú (una gran instalación, ‘Sin título (Tres jaulas)’, Pepe Miralles, Cabello/Carceller, Peter Hujar o Alberto García-Alix y la conmovedora fotografía de la camisa de su hermano Willy, fallecido por una sobredosis. El duelo lo abordan artistas como Miquel Barceló (y sus retratos del fotógrafo francés Hervé Guibert, que era seropositivo), Tony Oursler (su visión de los atentados de las Torres Gemelas) y Juan Muñoz (‘La tierra baldía’), entre otros. Una de las salas con pinturas de la reordenación de la colección del Reina Sofía desde 1975 hasta el presente Isabel PermuyUna gran sala dedicada a la escultura reúne piezas de Juan Navarro Baldeweg (sobre una mesa, todo su vocabulario escultórico y arquitectónico), Susana Solano, Cristina Iglesias, Carmen Calvo, Susy Gómez, Anthony Caro o artistas más jóvenes como June Crespo y Teresa Solar. De esta última se exhibe ‘Tuneladora’, una especie de alien de color naranja. De Ana Laura Aláez, ‘Tigras y felinas’ (una instalación con ropa interior colgada). Además, Ángela de la Cruz y su pintura convertida en escultura. En cuanto a las performances, aparece Santiago Sierra con la fotografía de una de sus polémicas acciones: el artista tatuó una línea en la espalda de seis personas sin trabajo en La Habana a cambio de 30 dólares. De Alicia Framis, ‘Secret Strike’: paralizó durante dos minutos el trabajo de los empleados de Inditex en Arteixo. Habló Urtasun de la necesidad de reforzar el arte contemporáneo en España, pero ni una palabra del IVA cultural para el sector La pintura despolitizada de los 80 (« una pintura más pintada », en palabras de Juan Manuel Bonet) está presente con nombres como Pérez Villalta, Carlos Alcolea, Chema Cobo, Patricia Gadea, Juan Uslé, Miguel Ángel Campano, Manolo Quejido, Alfonso Albacete… Un espacio está dedicado al Grupo Atlántica, con artistas gallegos como Francisco Leiro, Antón Patiño y Menchu Lamas. La fotografía , con imágenes de Ouka Leele, Cristina García Rodero y su ‘España oculta’, Chema Madoz, Pablo Pérez Mínguez, Manuel Vilariño, Toni Catany… El Reina Sofía se mira el ombligo y dedica un espacio a la propia genealogía del museo y su historia institucional, al nacimiento de ARCO… Una forma de reconocimiento a mujeres como Carmen Giménez, María Corral, Elvira González o Juana de Aizpuru. Dos obras de Dalí se ven por vez primera en el museo: ‘La torre’ y ‘Gran masturbador detrás de las arcadas’. Las últimas salas están dedicadas a lo afro (la lucha antirracista de la diáspora africana y las comunidades negras en España) y las prácticas de género, con trabajos de Laia Abril, Cristina Lucas, Carmela García, Marina Vargas o Pilar Albarracín. El ministro de Cultura considera esta reordenación de la colección del Reina Sofía «un acontecimiento cultural de primera magnitud». Urtasun, que se refiere a los museos como los palacios del pueblo, nos recomienda un espacio: ‘La cocina del Reina’. En realidad, se trata de ‘Alacena’, y no estará listo hasta principios de mayo: será un espacio educativo, punto de encuentro, zona de descanso…. Habló el ministro del importante papel que juega el arte contemporáneo en la defensa de los valores y de la necesidad de reforzarlo en nuestro país. Pero, a las puertas de ARCO, ni una palabra para las galerías de arte , que cerraron sus puertas durante una semana como protesta por no contar el sector con un IVA cultural, como sí tienen otros países.
El Reina Sofía muda la piel (se están remozando las fachadas de los edificios de Sabatini y de Nouvel, y también del jardín), además de la rehabilitación de sus sedes en el Retiro: los palacios de Cristal y de Velázquez. Pero no solo cambia … por fuera, también por dentro. En mayo de 2021, bajo el título ‘Nueva colección. Vasos comunicantes. 1881-2021’, el Reina Sofía presentaba la reordenación casi completa de su colección. Una relectura integral : 2.000 obras (en torno al 70% inéditas) en 15.000 metros cuadrados, tanto en el edificio Sabatini como en la ampliación de Nouvel.
Su entonces director, Manuel Borja-Villel, había dividido la colección en episodios (los denominó así, a lo ‘Star Wars’). Entre las novedades más llamativas, la incorporación de movimientos sociales como el 15-M y el 8-M, la identidad de género, la emigración, el colonialismo, la ecología, el indigenismo, la especulación inmobiliaria… Ya habían entrado en sus salas el cine y la fotografía. Se incorporaban la arquitectura, aunque tímidamente; el teatro y el flamenco.
Cinco años después, el mundo y la dirección del museo han cambiado. Aquella reordenación había caducado y el nuevo director del Reina Sofía, Manuel Segade, le ha dado la vuelta como un calcetín, como ya hiciera Borja-Villel en su día, y ha comenzado su propia relectura crítica. De momento, solo podrá verse la parte correspondiente al arte más actual: desde 1975, con la llegada de la Transición, hasta el presente. Ocupa toda la cuarta planta y, al menos, estará tres años. Se ha distribuido en 21 capítulos y en tres itinerarios, que plantean una «historia afectiva, una lectura emocional» de los últimos 50 años en un museo «más habitable». La idea es presentar la reordenación de la colección poco a poco (una planta al año: la tercera planta en 2027 y la segunda en 2028) y dejar los espacios de las plantas inferiores de Sabatini y de Nouvel para exposiciones temporales.
Isabel Permuy
Tras dos horas y media de presentación (con Segade hablando a una velocidad que ya quisieran los AVES en este país, y con la presencia del ministro de Cultura, Ernest Urtasun; la presidenta del Patronato del Reina Sofía, Ángeles González-Sinde, y la subdirectora artística del museo, Amanda de la Garza), resulta difícil condensar las ideas, pero vamos a intentarlo. Se han seleccionado 403 obras de 224 artistas, que se exhiben en más de 3.000 metros cuadrados. La primera conclusión, y clara diferencia con el proyecto de su antecesor, es la firme apuesta por el arte español. El 77% de los artistas presentes son españoles, mientras que solo el 23%, o sea 51, son extranjeros. De estos, el 31% (16) son de origen latinoamericano. Otro dato muy revelador es que 258 obras (el 64%) son inéditas y cuelgan por vez primera en el museo.
En cuanto a géneros, los artistas ganan por goleada a las artistas: 129 hombres (65%) frente a 69 mujeres (35%). Pero es que menos de un 15% de las cerca de 26.000 obras que atesora el museo son hechas por mujeres, explica Segade. Eso sí, saca pecho: de las 70 obras expuestas que han sido compradas en los últimos dos años, más de la mitad (36, un 51%, son de artistas mujeres). Hasta aquí los principales datos que resumen la nueva reordenación de la colección del museo, que se presenta como más ordenada y menos caótica, en un recorrido «más accesible, dinámico y didáctico», algo imposible en un edificio, concebido como hospital, que es un laberinto. En una cuarta planta que ya rehabilitó hace diez años el arquitecto Juan Herreros, firman el montaje el artista Xabier Salaberría, junto con el arquitecto Patxi Eguiluz. Se han centrado en la sostenibilidad, con cartelas y material de apoyo textual en soporte papel, más ecológico que el vinilo, y con iluminación LED.
Isabel Permuy
Respecto a las ausencias, ha desaparecido el material del 15-M que Borja-Villel aupó como obra de arte (carteles, pancartas…). Tampoco está Jaume Plensa, ni al parecer se le espera. No tiene suerte el artista con los directores del Reina Sofía. ¿Por qué no está? «Porque no cuadra… Es imposible hacer todo en todo momento», decía Borja-Villel en 2021. Segade lo explica ahora así: «Hay otros artistas importantes que no están aquí. De Plensa no hay piezas interesantes que encajen en este relato». Advierte que no tiene líneas rojas y que hay obras expuestas que él no pondría, «pero no es mi gusto personal». ¿Estará el realismo madrileño en otra planta? «Eso espero», dice. Cuando le preguntan si no teme que un hipotético cambio de rumbo político afecte a su ordenación del museo, contesta rotundo que no. «El arte es político de por sí. Mondrian y Malevich pueden ser tan políticos como el ‘Guernica’. También lo fueron Velázquez y Goya. Aquí hay multitud de voces, no solo de una determinada tendencia política. En este museo no se siguen unas directrices políticas y se respetan los códigos de buenas prácticas. Ha habido gobiernos de derechas que han sido muy respetuosos con el arte contemporáneo, en el GGAC y en el CA2M».
Isabel Permuy
Curiosamente, el montaje, que trata de huir del ‘cubo blanco’, es bastante clásico: una gran sala de escultura, otra de pintura, un espacio dedicado a la fotografía… Vemos poco vídeo, pocas instalaciones… Apenas hay arquitectura, ni moda, ni diseño, ni teatro… Sí un pequeño cine en una de las salas. El recorrido comienza con una viñeta de Chumy Chúmez que fue portada de ‘Hermano Lobo’, del 75, publicada dos días después de la muerte de Franco. En ella vemos a un hombre con los ojos tapados por las manos de una figura que anuncia «¡El futuro!». A su lado, un cuadro de Juan Genovés, pero no ‘El abrazo’, que es el emblema de la Transición española y que está cedido al Congreso. Se ha escogido ‘Documento nº…’, del mismo año, donado por la familia del artista.
Bajo una pintura quemada de Miró, los grabados de la ‘Suite Vollard’ de Picasso que fueron atacados con ácido en la Galería Theo de Madrid en 1971 por miembros de los Guerrilleros de Cristo Rey. Dieciséis de las veintisiete obras quedaron destrozadas. Consideraban a Picasso «marxista, homosexual, proxeneta…» A su lado, los mismos grabados intactos. En una pared, ‘Seguimiento de una noticia’, de Concha Jerez, en el que aborda el tema de la censura (textos tachados)… En la misma sala, la proyección de ‘Hotel’, un corto de Iván Zulueta con música de Jota, de Los Planetas.
Isabel Permuy
Los años de la contracultura y la Movida madrileña están representados con pinturas de Pérez Villalta, cómics de Nazario, unos tableros pintados por Ceesepe para el bar ‘La Vaquería’ de la calle Libertad, con los agujeros de las balas a la vista; joyas de Chus Burés diseñadas para películas de Almodóvar, ‘La Collares’, retratada por los Costus; discos de Alaska, Aviador Dro o La Mode; el altar ‘Asunción gloriosa’, del artista ‘queer y underground’ Ocaña… Entre los escasos artistas contemporáneos extranjeros, una pieza de Warhol (‘Pistolas, cuchillos, cruces’) y otra Richard Serra (la maqueta de una escultura que iba hacer para la plaza de Callao en Madrid, pero que no llegó a realizarse). Finalmente, realizó una para el Reina Sofía, de 38 toneladas, que desapareció y hubo que hacer de nuevo.
Esta nueva relectura del museo es, para su director, «una celebración de la diversidad de mundos posibles; no es un relato único, cerrado, sino abierto. Las colecciones del museo son permanentemente revisables, como las condenas». En el centro, «la diversidad y la calidad del arte español contemporáneo». Los feminismos ocupan un amplio espacio de la reordenación de esta parte de la colección: Judy Chicago, Ana Mendieta, Barbara Hammer, Esther Ferrer, Nan Goldin… El drama del sida y la heroína está presente con trabajos de Pepe Espaliú (una gran instalación, ‘Sin título (Tres jaulas)’, Pepe Miralles, Cabello/Carceller, Peter Hujar o Alberto García-Alix y la conmovedora fotografía de la camisa de su hermano Willy, fallecido por una sobredosis. El duelo lo abordan artistas como Miquel Barceló (y sus retratos del fotógrafo francés Hervé Guibert, que era seropositivo), Tony Oursler (su visión de los atentados de las Torres Gemelas) y Juan Muñoz (‘La tierra baldía’), entre otros.
Isabel Permuy
Una gran sala dedicada a la escultura reúne piezas de Juan Navarro Baldeweg (sobre una mesa, todo su vocabulario escultórico y arquitectónico), Susana Solano, Cristina Iglesias, Carmen Calvo, Susy Gómez, Anthony Caro o artistas más jóvenes como June Crespo y Teresa Solar. De esta última se exhibe ‘Tuneladora’, una especie de alien de color naranja. De Ana Laura Aláez, ‘Tigras y felinas’ (una instalación con ropa interior colgada). Además, Ángela de la Cruz y su pintura convertida en escultura. En cuanto a las performances, aparece Santiago Sierra con la fotografía de una de sus polémicas acciones: el artista tatuó una línea en la espalda de seis personas sin trabajo en La Habana a cambio de 30 dólares. De Álvaro Perdices, ‘Secret Strike’: paralizó durante dos minutos el trabajo de los empleados de Inditex en Arteixo.
Habló Urtasun de la necesidad de reforzar el arte contemporáneo en España, pero ni una palabra del IVA cultural para el sector
La pintura despolitizada de los 80 («una pintura más pintada», en palabras de Juan Manuel Bonet) está presente con nombres como Pérez Villalta, Carlos Alcolea, Chema Cobo, Patricia Gadea, Juan Uslé, Miguel Ángel Campano, Manolo Quejido, Alfonso Albacete… Un espacio está dedicado al Grupo Atlántica, con artistas gallegos como Francisco Leiro, Antón Patiño y Menchu Lamas. La fotografía, con imágenes de Ouka Leele, Cristina García Rodero y su ‘España oculta’, Chema Madoz, Pablo Pérez Mínguez, Manuel Vilariño, Toni Catany…
El Reina Sofía se mira el ombligo y dedica un espacio a la propia genealogía del museo y su historia institucional, al nacimiento de ARCO… Una forma de reconocimiento a mujeres como Carmen Giménez, María Corral, Elvira González o Juana de Aizpuru. Dos obras de Dalí se ven por vez primera en el museo: ‘La torre’ y ‘Gran masturbador detrás de las arcadas’. Las últimas salas están dedicadas a lo afro (la lucha antirracista de la diáspora africana y las comunidades negras en España) y las prácticas de género, con trabajos de Laia Abril, Cristina Lucas, Carmela García, Marina Vargas o Pilar Albarracín.
El ministro de Cultura considera esta reordenación de la colección del Reina Sofía «un acontecimiento cultural de primera magnitud». Urtasun, que se refiere a los museos como los palacios del pueblo, nos recomienda un espacio: ‘La cocina del Reina’. En realidad, se trata de ‘La alacena’, y no estará listo hasta principios de mayo: será un espacio educativo, punto de encuentro, zona de descanso…. Habló el ministro del importante papel que juega el arte contemporáneo en la defensa de los valores y de la necesidad de reforzarlo en nuestro país. Pero, a las puertas de ARCO, ni una palabra para las galerías de arte, que cerraron sus puertas durante una semana como protesta por no contar el sector con un IVA cultural, como sí tienen otros países.
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